Capítulo 19: El
caballero caído (VIII)
Todo el mundo sabía que, aparte de Ming Changyan,
nadie más en el mundo ha sido capaz de desenvainar esta espada. Una vez
desenvainada, solo hay dos posibilidades.
Primero, esta persona es Ming Changyan.
Segundo, esta persona tiene incluso más talento
que Ming Changyan.
Una vez que la espada Cangsheng reconoce a su
amo, solo puede ser extraída si las artes marciales del siguiente hábil maestro
son más fuertes que las del anterior. Si alguien extrae esta espada, el maestro
anterior será abandonado por ella. Por lo tanto, en los últimos cien años, la
dificultad para extraer a Cangsheng ha aumentado significativamente. ¡Antes de
la época del Caballero Yi Nian, Cangsheng permaneció vacante durante
cuarenta años completos!
Ahora, a la vista de todos, la espada Cangsheng
ha sido extraído por una simple concubina del Palacio Imperial; esto es
completamente absurdo. Si esta persona no es Ming Changyan, ¿cómo podría
alguien con tal talento infiltrarse en el palacio y disfrazarse de una
concubina común?
—¡DUANDUAN! ¡PARA! ¿QUIÉN TE DIJO QUE LA
GOLPEARAS? —gritó A-Jun.
Duanduan permaneció en silencio, con una
expresión algo inocente. A-Jun no pudo regañarlo con demasiada dureza, así que
se puso de puntillas y le acarició la cabeza, diciéndole con dulzura:
—Está bien, es mi culpa. Fui muy dura contigo.
—El joven maestro Duan tiene problemas mentales
y sus acciones son imprudentes, así que no se le puede culpar del todo. La
princesa le dijo claramente que fuera a intercambiar algunos golpes con esa
pequeña concubina del palacio; él lo malinterpretó, así que ¿cómo se puede
culpar a la princesa? —dijo la vieja nodriza.
A-Jun se giró para mirar a Huai Yu, cuyo rostro
estaba frío. Frunció los labios y bajó la cabeza, diciendo:
—Hermano Huai Yu…
Zhao Xiaolan salió de su trance y exclamó:
—¡LA HERMANA YAN ACABA DE SACAR LA ESPADA
CANGSHENG! ¡LO VI!
—¡Zhao Xiaolan! ¡¿Por qué gritas?! —exclamó
A-Jun.
Se acercó a Ming Changyan y vio que el pecho de
la otra mujer estaba cubierto de grandes manchas de sangre, que supuso que
provenían de lo que acababa de vomitar. A-Jun se retorció el dobladillo de la
falda y dijo rápida y suavemente:
—¡Lo siento! Iré a buscar al médico imperial.
En ese momento, llegó el Príncipe Heredero con
sus guardias.
—¡Qué ambiente tan animado! ¿De qué están hablando?
—¡HERMANO IMPERIAL, VAMOS A VOLAR COMETAS AQUÍ! —gritó
A-Jun.
—Últimamente, se han dado muchísimos casos de espíritus buscando
venganza en el palacio. El número de guardias se ha duplicado con creces. Solo
tú y Xiaolan pueden encontrar tiempo para volar cometas aquí.
El Tercer Príncipe, de pie junto a él, abrió su
abanico plegable y preguntó:
—¿Acabo de oír a Xiaolan mencionar la espada
Cangsheng? ¿A qué se refieren?
La sonrisa del Príncipe Heredero se congeló y su
expresión cambió.
Zhao Xiaolan se quedó sin palabras.
—N-nada…
Años atrás, era de dominio público en la Corte Imperial
el hecho de que el Primer Príncipe liderara al ejército imperial para sofocar
la rebelión de Ming Changyan. Ahora, el fantasma de Ming Changyan ha regresado
para atormentar el Palacio Imperial y la tercera víctima fue la madre biológica
de este príncipe, la Consorte Yuan. El Príncipe Heredero ha sido llevado al palacio
y en el harén circulan rumores que insinúan que será la próxima víctima del
fantasma.
Zhao Xiaolan, tras escuchar rumores, sabía que
su primo mayor ahora sentía aversión por todo lo relacionado con Ming Changyan
y era propenso a creer todo lo que oía. Estaba seguro de que, si se enteraba de
algo, arrestaría e interrogaría a los implicados. Por lo tanto, al darse cuenta
de que había dicho algo fuera de lugar, guardó silencio.
A-Jun, sin ser consciente de las complejidades
involucradas, declaró sin rodeos:
—¿Y qué si le sacó la espada de Huai Yu? ¿Cuál
es el problema? ¡Ya se la devolvió así que no pasa nada!
La mirada del Príncipe Heredero se agudizó al
observar la cintura de Huai Yu. Inmediatamente reconoció la espada Cangsheng.
—¡¿Quién desenvainó esa espada?!
A-Jun se sobresaltó al verlo y señaló a Ming Changyan:
—Ella la sacó.
Ming Changyan sintió un fuerte dolor en el pecho
y temió vomitar sangre si abría la boca.
—La espada es falsa —dijo Huai Yu— Cangsheng es
tan importante que mandé hacer varias falsificaciones para confundir a la
gente. La que llevo hoy es una de ellas.
El Príncipe Heredero suspiró aliviado.
—¿Una falsificación? Es cierto. ¿Quién en el
mundo no querría esto? Menos mal que el Joven Primer Ministro lo ha pensado
bien —Levantó la vista y miró a Ming Changyan. Al ver que Ming Changyan era una
mujer, confió aún más en Huai Yu.
Zhao Xiaolan ladeó la cabeza y murmuró para sí
mismo:
—Una falsificación, ¿eh? ¿Cómo puede parecer
tan real?
—Últimamente ha habido demasiados problemas en
el palacio —comentó el Tercer Príncipe— A-Jun y Xiaolan deben tener mucho
cuidado y evitar andar de un lado para otro a menos que sea necesario.
—Tengo a Duanduan protegiéndome, así que no
tengo miedo. ¡Si me encierran en el palacio, me asfixiaré! —dijo A-Jun— Tercer Hermano
Imperial, ¿adónde vas?
—El Hermano Mayor Imperial y yo vamos al Salón
Da Ming. Hay una plaga en Guangling y la gente del pueblo tiene la costumbre de
ofrecer novias al Río Bo para aplacar la ira de los dioses. Innumerables
muchachas inocentes han muerto y nuestro Padre Imperial está muy preocupado por
esto. —respondió el Tercer Príncipe.
—Entonces deberías ir. Tercer hermano, tú y el Hermano
Mayor Imperial deberían intentar convencer a Padre Imperial. Es demasiado
supersticioso y está fomentando la arrogancia de los hechiceros populares —sugirió
A-Jun.
El Tercer Príncipe le dio un golpecito en la
cabeza a A-Jun con su abanico.
—Oye… ¿cómo podríamos tú o yo controlar los
pensamientos de Padre Imperial? —El Tercer Príncipe miró a Huai Yu y sonrió— Joven
Primer Ministro, nos marchamos ahora.
Huai Yu asintió y la mirada del Tercer Príncipe
se posó de nuevo en Ming Changyan. Continuó sonriendo y dijo:
—Antes de que te vayas, te pido disculpas por mi
franqueza, pero dado que ella es la concubina de Padre Imperial, ¿Acaso el
comportamiento del Joven Primer Ministro es inapropiado?
«¿Concubina? ¿Quién es la concubina?» Se preguntó Ming Changyan.
Entonces, de repente, se dio cuenta.
—Suéltame —dijo fríamente Huai Yu.
Al oír esto, Ming Changyan se alejó de él.
Después de que el Príncipe Heredero se marchara,
una joven concubina del palacio preguntó:
—A-Jun, ¿todavía quieres volar cometas?
A-Jun agitó la mano.
—¡No, no volaré más cometas! ¡Voy a la academia
a llevarle algo al señor Liu más tarde!
Al oír esto, la mente de Ming Changyan se emocinó.
A-Jun se adelantó y preguntó con preocupación:
—Oye, lo siento por lo de antes. ¿Te encuentras
mejor?
Ming Changyan se palmeó la ropa y preguntó:
—¿Me estás hablando a mí?
—¡Por supuesto! ¿Con quién más iba a hablar? —dijo
A-Jun.
Ming Changyan se llevó la mano al pecho.
—Estoy perfectamente bien. Vomitar sangre no es
nada; te acostumbrarás después de un tiempo. Pero si sientes lástima por mí, necesito
que me prometas una cosa. ¡Solo me temo que, si te lo cuento, no podrás cumplir
mi promesa!
Al oír esto, A-Jun resopló:
—¡No solo una promesa, podría con cien! ¡Qué no
puedo hacer!
Ming Changyan le guiñó un ojo rápidamente a Zhao
Xiaolan.
Zhao Xiaolan: ¿Eh?
Ming Changyan pensó para sí mismo: «¡Qué bobo!»
Luego Ming Changyan dio un paso al frente
diciendo:
—¿Vas a la Academia Bailu? Llévame contigo, ¿de
acuerdo? ¡Te prometo que no causaré ningún problema!
Antes de que A-Jun pudiera responder, Huai Yu
dijo:
—No.
Al oír esto, Ming Changyan exclamó sorprendido:
—¡¿Por qué no?!
—No significa no —resopló Huai Yu.
Los dos se miraron fijamente por un momento y
entonces Huai Yu susurró de repente:
—¿Crees que morir una vez no fue suficiente para
ti?
El corazón de Ming Changyan dio un vuelco.
Acababa de sacar la espada Cangsheng y sabía que este joven maestro
probablemente ya había adivinado su identidad; de lo contrario, no habría usado
una falsificación como excusa para engañar al Primer Príncipe.
Desafortunadamente, Ming Changyan no entendía
por qué Huai Yu lo ayudaría. ¿Sería por una vieja amistad? Tras su muerte, su
reputación en el mundo marcial era pésima, casi hasta el punto de ser
universalmente odiado. Incluso si existiera alguna vieja amistad que recordar,
probablemente no sería gran cosa.
Ming Changyan dijo con una sonrisa:
—¡Tus habilidades médicas son excelentes,
sálvame una vez y con eso bastará!
Tras escuchar esto, Huai Yu dijo de repente:
—¿Crees que salvar a un muerto es fácil?
Ming Changyan fingió inocencia y dijo:
—¡Todavía no estoy muerto! Además, ir a la
Academia Bailu es asunto mío, así que no te metas. Ayer dije que
definitivamente no te molestaré en el futuro y que cada uno se ocupará de sus
propios asuntos.
—De todos modos, me ocuparé de los tuyos —dijo
Huai Yu con una sonrisa.
Ming Changyan se quedó perplejo ante su réplica
y, riéndose, dijo:
—¿Esta rogando? No está bien que ruegue. Usted
es un funcionario de alto rango, sin preocupaciones por la comida ni la ropa.
No haga algo tan bajo.
Se soltó rápidamente de la mano de Huai Yu y
sonrió mientras se acercaba a A-Jun:
—A-Jun, llévame contigo a la Academia Bailu. La
palabra de un hombre es su garantía. Aunque eres mujer y no hombre, dividámoslo
a la mitad. Digamos que tienes cuatro garantías y media, entonces no puedes
retractarte de tu palabra y tienes que llevarme contigo.
—¡Esta princesa cumple su palabra y nunca se
retracta! —dijo A-Jun.
Zhao Xiaolan alzó la mano.
—¡Llévenme con ustedes, yo también iré! —Luego
miró disimuladamente a Huai Yu.
Ming Changyan le bajó la cabeza, obligándolo a
mirar al frente.
—¿Por qué miras a tu hermano Yu? ¡Ignóralo, no
lo llevaremos!
—¿Pero para qué vas a la Academia Bailu? —preguntó
A-Jun.
—¡En cuanto a mí, iré contigo a ver el mundo! —dijo
Ming Changyan.
En ese momento, la vieja nodriza intervino:
—Princesa, estos últimos días, después de las
clases en la Academia Bailu, he visto a varios príncipes jóvenes tocando en la
sala de música. Seguramente el señor Liu tampoco estará en la academia.
Al oír esto, A-Jun dijo con fastidio:
—¿Dónde debería estar si no en la academia?
Acordamos que yo iría al Templo Dahan a rezar y le llevaría el amuleto de la
paz, ¡pero siempre incumple su promesa!
Justo cuando Ming Changyan estaba a punto de
hablar, sintió un sabor metálico en la garganta y vomitó un chorro de sangre.
Su visión se nubló y sintió un dolor agudo en la nuca, como si le clavaran
agujas.
—¡HERMANA MAYOR YAN! —gritó Zhao Xiaolan.
Al ver esto, A-Jun exclamó presa del pánico:
—¡¿Qué le pasa?! ¡¿Por qué está vomitando sangre
otra vez?!
Ming Changyan extendió la mano y se la llevó a
la nuca, donde la piel se contrajo repentinamente. Huai Yu dio un paso al
frente para sostenerlo.
—Tú…
Todo el peso de Ming Changyan cayó sobre él, y
jadeó en busca de aire, diciendo:
—¿Cargas contigo otra espada? Aparte de la que
llevas en la cintura.
(N.T: ¡Le agarró el
sable de luz! xD)
Huai Yu lo ignoró. Le tomó el pulso a Ming
Changyan con la mano izquierda e inmediatamente notó que era inestable.
Normalmente estaba bien, podía comer, beber y
dormir; esto probablemente era un efecto secundario de haber desenvainado a
Cangsheng antes. La espada Cangsheng era conocida por su energía demoníaca extremadamente
fuerte; su extracción forzada usando su energía interna solo aceleró el flujo
de veneno en su cuerpo.
Huai Yu intentó cargarlo horizontalmente, pero
Ming Changyan rápidamente dijo:
—No me sostengas como si fuera una mujer.
Huai Yu reflexionó un momento y luego lo cargó
sobre su hombro. El estómago de Ming Changyan se comprimió y vomitó otra
bocanada de sangre, gritando de agonía:
—¡ANCESTRO*! ¡QUERIDO ANCESTRO! ¡TE LO RUEGO!
¡PODRÍAS DARME UN ABRAZO!
(N.t.: una forma
aduladora de llamar a Huai Yu)
Su cabeza golpeó contra la espalda de Huai Yu,
dejándolo mareado.
—¡Tsk! —Huai Yu chasqueó la lengua y no tuvo más
remedio que tirar de él hacia adelante.
Ahora, Ming Changyan estaba sentado en su regazo.
Ahora era una “mujer” y no muy alto, así que sentarse era más cómodo que ser
cargado. Tras varios tirones, Ming Changyan estaba delirando y dijo débilmente:
—Qué desastre…
Incapaz de encontrar nada a lo que agarrarse,
solo logró sujetar el collar de ámbar que colgaba del cuello de Huai Yu. Los
efectos del veneno se hacían más fuertes, recorriendo su cuerpo y Ming
Changyan, inconsciente, se apoyó en su hombro, murmurando para sí mismo:
—Este collar es bastante peculiar…
Tocó casualmente el collar de ámbar que colgaba
de la parte inferior del atuendo de Huai Yu y aunque estaba mareado, no pudo
evitar maravillarse: «¡Qué piedra tan grande y transparente! ¡Este mocoso es
realmente rico y muy vanidoso!»
Tras decir eso, finalmente se desmayó.


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