Un Caballero Elegante 13

  


Capítulo 13: Caballero Yi Nian (V)

 

 

Ming Changyan dejó la taza de té y en su corazón, maldijo a Li Minjun ochocientas veces. Al fin y al cabo, siendo él un adulto, había sido el primero en burlarse de aquella escena absurda que él y Huai Yu habían provocado al conocerse.

 

«Con el tejado torcido, las vigas también se tuercen», pensó. «Ahora todos estos mocosos van a imitarme.»

 

Ming Changyan no tuvo más remedio que explicar:

—Su hermano Huai Yu y yo estábamos bromeando.

 

Y acto seguido lanzó a Li Minjun una mirada fulminante.

 

***

 

De regreso a Baoxuan desde Xiaoxietai, Huai Yu recuperó su habitual expresión fría. Ming Changyan, acostumbrado, buscó excusa para hablarle:

—Oye… ¿Estás enfadado? ¿Qué te pasa?

 

Huai Yu, con el rostro rígido, fingió no oírlo.

 

Ming Changyan jamás se intimidaba ante una cara larga. Su piel era gruesa: si una frase no funcionaba, decía otra.

 

—¿Te atendí mal? ¿Por qué caminas tan rápido? ¡Está lloviendo! ¡Oye!

 

«¡Joder! ¡Pequeño mocoso!»

 

Huai Yu se detuvo y dijo con brusquedad:

—Tienes mucha confianza en tu propia habilidad. Cuando salga de la secta Tianqing, voy a publicar tu rostro.

 

Ming Changyan le sostuvo el paraguas con una sonrisa:

—Ya te dije que no me importa. Este joven héroe es hermoso. ¿Cómo voy a temer que me miren?

 

—¡Hmph! —Huai Yu bufó.

 

—No te enfades. ¿Por qué eres tan difícil de consolar? —añadió Ming Changyan.

 

Huai Yu respondió, aún con el ceño fruncido:

—No soy un niño. No me hables con tono infantil.

 

Ming Changyan se detuvo un instante y luego soltó una carcajada:

—¿Estás enfadado por eso? ¿Qué tiene de malo? Si apenas tienes diecisiete años. No eres mayor que Yunan. ¿Qué tiene de malo que te consuele?

 

Huai Yu replicó molesto:

—Tú tampoco eres mucho mayor que yo ¿Por qué te comportas como un adulto? —Hizo una pausa y añadió, casi en voz baja—: Ya casi tengo diecinueve…

 

Ming Changyan giró el paraguas; las gotas trazaron un pequeño círculo alrededor de ambos. Con los ojos entrecerrados y una sonrisa suave, dijo:

—Eres muy guapo. Me gustas. Siento que tú y yo tenemos afinidad. Por eso te consuelo. A otros, aunque me lo pidan, no los consuelo.

 

El “me gustas” de Ming Changyan era amplio, despreocupado, propio de su carácter libre y coqueto. Pero Huai Yu, sorprendido, dio un paso en falso y casi se cayó.

 

Ming Changyan lo sostuvo de inmediato:

—¿No miras por dónde caminas?

 

Huai Yu se quedó quieto, temblando apenas, y dijo:

—Tú… tú…

 

Pensó un buen rato, sin saber qué responder, y al final se limitó a sacudir sus mangas y callarse.

 

Ming Changyan encontró aquel carácter infantil encantador. No pudo evitar provocarlo un poco más, hasta que Huai Yu, avergonzado y furioso, explotó:

—¡CÁLLATE! SI DICES UNA PALABRA MÁS, TE MATO.

 

Ming Changyan se cubrió el pecho con dramatismo.

 

—Ay, qué miedo tengo —dijo con voz temblorosa, aunque los ojos le brillaban de risa—. Mira tú, hace un momento dijiste que eras mi hombre y ahora que quiero acercarme un poquito, ¡me quieres matar! ¡Qué agraviado me siento!

 

Su tono tenía claramente la intención de tomar a Huai Yu como un niño y provocarlo. Huai Yu, irritado hasta el límite, lo agarró de la mano y lo jaló hacia sí con brusquedad.

 

Ming Changyan, que estaba saltando y provocando sin descanso, no tuvo tiempo de reaccionar. De repente, sus rostros se encontraron cara a cara, sus respiraciones entrecortadas en un silencio estrecho, a un pelo de que sus labios se encontraran.

 

Los ojos de Ming Changyan se abrieron apenas. Su mente quedó en blanco.

 

Huai Yu, al verlo así, sintió un triunfo cálido subirle al pecho. Sus labios se curvaron:

—Nada del otro mundo ¡Hmph!

 

Soltó su mano, tomó el paraguas de Ming Changyan y se encaminó hacia Baoxuan. Ming Changyan, empapado por la lluvia, volvió en sí de golpe. El corazón le dio un salto vacío y gritó:

—¡AIYOO! ¡ESE ES MI PARAGUAS! ¡ME ESTOY MOJANDO!

 

Huai Yu, al escucharlo, redujo el paso. Ming Changyan corrió para alcanzarlo y se metió bajo el paraguas.

 

***

 

A la mañana siguiente, Yan Yunan abrió la puerta:

—Hermano mayor Ming, ¡ese hombre despertó!

 

Ming Changyan se incorporó, se vistió y fue a Xiaoxietai.

 

Apenas entró, el hombre en la cama intentó rodar y arrodillarse ante él.

 

Li Minjun lo sostuvo:

—¡No te muevas! ¡Las heridas se te van a abrir! ¡No te arrodilles! ¡Nadie te está pidiendo que te arrodilles!

 

El hombre tosió dos veces y, llorando, dijo:

—¡La Agencia de Escoltas de la familia Gou solicita ver al joven héroe Ming Changyan!

 

Ming Changyan se detuvo.

 

—¿Para qué buscas a Ming Changyan?

 

El hombre se limpió la sangre del rostro, temblando:

—Soy el segundo jefe de la Agencia de Escoltas Gou. Hace tres días escoltábamos una caravana desde Runzhou hacia Lin’an. Al pasar por la montaña Xiaozhou, nos… nos… nos…

 

Parecía aterrorizado. Cada palabra le salía entre diez tartamudeos.

 

Ming Changyan dijo con paciencia:

—¿Qué encontraron? Habla despacio. Ya estás bajo la protección de la secta Tianqing. Conmigo… ejem, con “Ming Changyan” aquí, nadie se atreverá a tocarte.

 

El hombre tembló, tragó saliva y dijo:

—¡El Rey Demonio… el Rey Demonio celebró un banquete! —Sus ojos se enrojecieron, casi desmayándose—. ¡Es… es ese Demonio! ¡El de la ropa de boda! ¡El Demonio de la Boda Roja!

 

Li Minjun, con el cuenco de medicina en la mano, intercambió una mirada con Ming Changyan.

—¿El Demonio de la Boda Roja?

 

Ming Changyan asintió y recitó:

—«El Rey Demonio celebra un banquete; la Puerta del Infierno está cerrada, en el Camino hacia el Huangquan, no vuelvas la cabeza…»

 

—Segundo hermano mayor, ¿qué es el Demonio de la Boda Roja? —preguntó Yan Yunan.

 

Li Minjun dejó el cuenco:

—El Demonio de la Boda Roja, también llamado el “Demonio Feliz”. Fue un monstruo que apareció en el mundo marcial hace dos años.

 

—¿Qué tiene de monstruoso? —preguntó Yan Yunan.

 

—Lo monstruoso es que viste un traje nupcial… pero lo que hace es exterminar familias enteras —respondió Ming Changyan.

 

Li Minjun añadió:

—Ese demonio no aparece a menudo. Suele manifestarse en senderos de montaña. Antes de que llegue, se escucha música: tambores, gongs, melodías festivas mezcladas con música fúnebre. Luego aparecen dos procesiones: una de boda y otra de funeral. Rojos y blancos mezclados, papel moneda volando, el palanquín nupcial junto al ataúd. Es espeluznante. Terriblemente siniestro.

 

—Que una boda y un funeral se crucen es un presagio de gran tragedia, gran desgracia y muerte —comentó Huai Yu.

 

Yan Yunan se estremeció.

 

—Ese monstruo suele quedarse en la ladera junto a la procesión, con un guqin en brazos. Si él decide que mueres a la tercera vigilia, no vivirás hasta la quinta. Por eso lo llaman “Rey Demonio”. Cualquier secta que se cruza con él en el camino… no queda nadie vivo. Por eso también se dice que ese “Rey Demonio” celebra un banquete: si él te invita a comer, ¿no es acaso un viaje sin retorno? —dijo Li Minjun.

 

—Pero si está en la montaña… ¿cómo mata? —preguntó Yan Yunan.

 

—¿Quién sabe? —respondió Li Minjun—. Hasta ahora, nadie ha vuelto para contarlo. Tendrías que preguntarle a él.

 

Todas las miradas se posaron en el hombre de la cama.

 

El segundo jefe de la Agencia de Escoltas Gou, tras beber la medicina para calmarse, habló con voz temblorosa:

—No sé cómo mata…

 

Ming Changyan guardó silencio unos segundos.

 

De pronto, el hombre recordó algo y gritó como un epiléptico:

—¡LOS MUÑECOS DE PAPEL! ¡YA ME ACORDÉ! ¡LOS MUÑECOS DE PAPEL MATARON A MIS HERMANOS DE ESCOLTA! ¡ÉL ES UN MONSTRUO, UN DEMONIO! ¡HACE QUE ESOS MUÑECOS MATEN! ¡LOS CONVIRTIÓ EN ESPECTROS QUE NOS ARRANCARON LA VIDA!

 

El hombre deliraba, con baba en la boca:

—¡Es el Rey Demonio… el Rey Demonio! ¡No es humano! ¡Solo un demonio puede hacer que los muñecos de papel se muevan!

 

Li Minjun, viendo que la cosa se descontrolaba, presionó dos puntos en su pecho. El hombre perdió la fuerza y cayó inconsciente.

 

—No puede ni hablar —dijo Li Minjun—. Mejor que no diga más. El incidente ocurrió dos li más adelante de la montaña Xiaozhou, en un lugar llamado, pueblo de Banpo. Está cerca. Será mejor enviar a algunos a echar un vistazo.

 

Pero Ming Changyan apenas lo escuchaba. Tocándose la barbilla, murmuró:

—¿Qué arte marcial puede hacer que el papel se mueva? ¿Han oído algo así?

 

Li Minjun soltó una carcajada:

—Ming Changyan, deja de soñar. ¿También quieres aprender artes oscuras? Hay miles de técnicas en el mundo. ¿Pretendes dominarlas todas?

 

—Si puedo aprenderlas, las aprenderé —respondió Ming Changyan con total naturalidad—. ¿Cómo si no voy a ser el número uno del mundo?

 

Li Minjun tomó el sombrero de viaje cubierto con gasa negra y se lo lanzó al pecho:

—Muy bien, número uno del mundo. Ve al pueblo Banpo a ver cuántos murieron.

 

Yan Yunan se apresuró a tomar su espada:

—Hermano mayor, ¡voy contigo!

 

En la puerta, Zhong Yulou y Hua Yuling, que llevaban rato escuchando, se metieron de golpe en la habitación.

 

—¡Yo también voy!

 

—¡Yo también voy!

 

Zhong Yulou abrió los ojos como platos:

—¡¿Por qué estás copiando lo que digo?!

 

Hua Yuling resopló con un sonido sorprendente, se dio una palmada en la ropa y dijo:

—¡Qué descaro! ¿Quién está copiando tu manera de hablar?

 

Ming Changyan se colocó el sombrero de viaje y salió de la habitación:

—Las piernas no me crecen en el cuerpo de ustedes. ¿Cómo voy a impedir que vengan?

 

Al escucharlo, todos los jóvenes se pusieron felices y corrieron detrás de él.

 

Li Minjun, viendo a Ming Changyan con una hilera de discípulos pegados como una cola, no pudo evitar reírse.

«De verdad los consiente demasiado.»

 

***

 

La montaña Xiaozhou estaba al norte de Lin’an, rodeado de agua por tres lados y con una montaña en el cuarto. El mercado era bullicioso y animado.

 

Apenas llegaron, Ming Changyan compró un tanghulu para cada uno, para callar las bocas de los pequeños que no dejaban de parlotear. Cuando se la ofreció a Huai Yu, este cruzó los brazos y apartó la cabeza:

—No quiero. No soy como ellos.

 

Ming Changyan se rio:

—Sí, sí, tú no eres como ellos. Tú eres más guapo. Anda, cómetelo. Tenemos que seguir el camino.

 

Huai Yu dudó un instante, tomó el tanghulu, lo olió y dictaminó de inmediato:

—Sabe mal.

 

—¡No lo has probado! —dijo Ming Changyan—. A ver…

 

Ming Changyan le dio un mordisco, dejando medio fruto en el palillo. Masticó, tragó y dijo:

—Está rico. Tu paladar es demasiado exigente.

 

Huai Yu caminó un trecho con el tanghulu en la mano. Ming Changyan seguía entretenido molestando a Zhong Yulou. Tras vacilar un momento, Huai Yu se comió el resto. Conclusión: no solo sabía mal, sino que se pegaba a los dientes.

 

Cuando terminó el tanghulu entero, habían llegado al pueblo Banpo.

 

Antes de cruzar la entrada del pueblo, un olor espeso a sangre los golpeó. Zhong Yulou se tapó la nariz:

—Hermano mayor Ming… esto es asqueroso.

 

Al avanzar, vieron que la mitad baja del pueblo era una montaña de cadáveres. Todos habían muerto recientemente. La lluvia del día anterior había arrastrado la sangre, mezclándola en una masa oscura. Muchos cuerpos habían sido desplazados por el agua. Cada tres pasos, Ming Changyan tropezaba con uno. Era un auténtico infierno en la tierra.

 

Yan Yunan usó la punta de la espada para apartar la ropa de un cadáver. Zhong Yulou, horrorizado, le tiró de la manga y se escondió detrás de él.

 

Hua Yuling soltó un bufido:

—¡Mírate! ¡Qué delicadito!

 

—No peleen —intervino Yan Yunan. Luego se volvió hacia Ming Changyan—: Hermano mayor Ming, igual que el segundo jefe de la Agencia de escoltas Gou: no tienen ni un pedazo de piel sano.

 

Ming Changyan observó con atención. De pronto, de un cadáver masculino sacó una aguja.

 

En ese instante, ocurrió el cambio: desde el bosque alrededor, decenas de figuras salieron entre el follaje con un estruendo de hojas.

 

Ming Changyan bajó de inmediato la gasa negra del sombrero, ocultando su rostro.

 

El autor tiene algo que decir:

 

¡El pequeño Huai Yu ya casi cumple diecinueve años! Es el hermano mayor de los cuarenta y ocho discípulos internos de la secta Tianqing, ¡No es un niño pequeño!



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