Capítulo 12: Caballero Yi
Nian (IV)
Tras la Invitación del Farol de Cristal, a la mañana
siguiente, Huai Yu fue despertado por un leve golpeteo en la ventana.
Vaciló un instante y se acercó. Apenas la abrió,
una rama de melocotón irrumpió frente a sus ojos; al apartarse el ramillete,
apareció un rostro apuesto.
Ming Changyan lo miraba con una sonrisa
radiante.
—Las flores de melocotón de la montaña ya florecieron.
Fui a recogerlas especialmente; aún tienen el rocío encima. Anda, anda, ponlas
en el jarrón.
Hizo una pausa, y sacó otra ramita de su pecho
para entregársela a Huai Yu:
—A ti te doy una más, por excepción.
Huai Yu observó las ramas en sus brazos.
—¿Y esto para qué?
—¿Mm? Pues para dártelas. Pero no vayas a
presumir que recibiste más que los demás o vendrán a reclamarme.
Dicho eso, Ming Changyan se dio la vuelta y
saltó al pasillo, corriendo hacia la siguiente habitación. Un momento después,
Huai Yu escuchó la voz de Zhong Yulou desde el edificio de enfrente.
Ming Changyan terminó de repartir las flores y
el desayuno ya estaba servido. Qin Yubao entró corriendo en la sala; apenas olfateó
el aroma, exclamó:
—¡Hoy el desayuno lo hizo el hermano mayor!
—Ya lo sabes, así que ven a comer —respondió
Ming Changyan.
Cuando Huai Yu cruzó el umbral de la puerta, Li
Minjun estaba colocando los palillos y tazones. Al verlo, levantó la cabeza y
luego le guiñó el ojo a Ming Changyan:
—¡Eh! ¡Joven héroe Ming, llegó tu hombre!
Huai Yu se detuvo en seco.
Ming Changyan, sirviendo la sopa, vio que Li
Minjun seguía aferrado a la apuesta del día anterior, con esa cara de pillo
satisfecho tan odiosa, y decidió ignorarlo por completo.
Zhong Yulou y los discípulos internos fueron
llegando uno tras otro y se sentaron según el orden. Tras la comida, Ming
Changyan habló:
—¿Memorizaron la técnica de cultivo que les pedí
ayer?
Qin Yubao, moviendo las piernas, respondió con
voz clara:
—¡Sí!
Ming Changyan sacó una regla de disciplina.
—Bien. Hoy el señor Zhou no está, así que yo
revisaré sus deberes. Vayan todos al salón de estudio y espérenme allí.
La sala estaba a media varilla de incienso de
distancia del salón. Una vez allí, todos comenzaron a escribir con seriedad,
excepto Huai Yu, que sin nada que hacer, se quedó sentado, distraído. Un cuarto
de hora después, Zhong Yulou dejó de escribir y sopló la tinta fresca. No pasó
mucho antes de que los demás también terminaran. Como Zhong Yulou era el más
destacado entre los discípulos internos, los otros se acercaron enseguida a ver
su pergamino.
—Yulou, ¿Qué significa esto? —preguntó Yan
Yunan. Era el mayor entre los discípulos internos de la secta Tianqing y
también el de carácter más sereno.
—¡Últimamente he comprendido algunas cosas
nuevas sobre la técnica de espada básica! —dijo Zhong Yulou—. ¡Mis reflexiones
están todas escritas ahí! Cuando llegue el hermano mayor Ming, se lo mostraré.
—La espada básica es el fundamento de las artes
marciales de Tianqing —dijo Mingyue con el rostro rígido—. No es algo que
puedas cambiar solo porque lo dices.
Zhong Yulou ladeó la cabeza, desconcertado.
—Yo no he dicho que haya cambiado la técnica.
Solo que ahora se me ocurrió una mejor.
Mingyue cruzó los brazos y soltó una carcajada
fría.
—¿Crees que lo tuyo es lo mejor? Solo porque el hermano
mayor Ming te elogia un par de veces, ya te atreves a venir a “mejorar” su técnica
de espada.
Zhong Yulou frunció el ceño, apartó a Yubao y
preguntó:
—Primero: dije que no he cambiado la técnica.
Segundo: Mingyue, ¿Por qué tienes que estar siempre en mi contra?
—¡¿Quién quiere estar en tu contra?! —alzó la
voz Mingyue—. Te amparas en tu talento, en que entraste antes que todos y ya no
ves a nadie por encima del hombro. Ahora la técnica de espada se cambia cuando
tú quieres; ¿y después qué? ¿Serás el líder de la secta solo porque te apetece?
¡Es solo un pergamino de reflexiones! ¿Qué tiene de extraordinario?
Zhong Yulou, enfadado, gritó:
—¡CLARO QUE SÍ, SOY EXTRAORDINARIO! ¿Y SI NO, QUIÉN?
¿TÚ? EL HERMANO MAYOR MING AÚN NO HA DICHO NADA, ¿QUIÉN TE CREES QUE ERES PARA
SERMONEARME?
Acto seguido, Zhong Yulou lo recorrió con la
mirada de arriba abajo, con deliberada lentitud, y sonrió:
—Acaso… ¿tú estás a la altura de sermonearme?
Mingyue sabía que se burlaba de su talento
inferior, justo la espina que llevaba clavada en el corazón. Respondió al
instante:
—¡Tú…!
Yan Yunan, viendo que la cosa se desbordaba,
intervino apresurado:
—¡No peleen! ¡Somos hermanos de la misma secta!
¡Somos una familia!
Zhong Yulou dio un salto:
—¡¿Quién es familia de este “cara de yin-yang”?!
Siempre con esa cara de funeral, como si todos le debieran ochenta mil taeles.
¡Y cada día viene a arruinar el ambiente con su voz rara! ¡Hace tiempo que me
cae mal!
El rostro de Mingyue se puso blanco como la cal
y de pronto rojo como la sangre. Temblando de furia, maldijo:
—¡¿Y tú qué eres?! —se volvió de golpe señalando
hacia Yan Yunan—. ¡Y tú también! Son todos de la misma calaña. ¿Crees que eres
muy bueno? ¿Qué derecho tienes a hablarme? No eres más que barro podrido que ni
siquiera se puede moldear. Y encima sin vergüenza, siguiendo a Zhong Yulou para
hacerle el juego. ¡Hasta Qin Yubao tiene más talento que tú! Eres el mayor de
todos… y el más inútil.
Zhong Yulou enseñó los dientes y levantó las
manos, listo para lanzarse. Mingyue desenvainó la espada con frialdad.
—¿Quién le teme a quién?
El alboroto fue tan grande que finalmente atrajo
a Ming Changyan. Separó a ambos de un tirón y les dio diez golpes de vara a
cada uno.
—¡¿Por qué están peleando?!
Zhong Yulou se limpió la cara con rabia, sin
decir palabra alguna. Mingyue también se quedó de lado, cabizbajo.
—¿Ven a Huai Yu? Tiene la misma edad que ustedes
y no se ha movido ni una vez. Mucho más tranquilo que todos ustedes —dijo Ming
Changyan.
Todos miraron a Huai Yu: estaba sentado a un
lado, observando el caos como quien mira un incendio desde la otra orilla, sin
mover un dedo. Los jóvenes de la secta Tianqing se sonrojaron.
—Hermano mayor, ya entendimos…
Mingyue lanzó una mirada llena de odio a Huai Yu,
luego cerró los ojos y guardó silencio.
Ming Changyan terminó de repartir los azotes,
los consoló un poco y se llevó los escritos para revisarlos. Cuando se alejó,
Zhong Yulou murmuró:
—¡Qué mala suerte! Voy a bajar la montaña a
despejar la mente.
Luego le dijo a Yan Yunan:
—Hermano mayor, cuando vuelva esta noche les
traeré algo rico. Avísale al hermano mayor Ming. ¡Me voy!
—Ten cuidado. Y recuerda no recoger cosas raras
en el camino —respondió Yan Yunan.
Zhong Yulou ya estaba lejos, pero su voz regresó
con el viento:
—¡Lo sé, lo sé! ¡No recogeré nada!
Pero al caer la tarde, empezó a llover en el
Montaña Xianyue… y Zhong Yulou apareció en la puerta de la secta Tianqing
cargando a un hombre ensangrentado.
Esta imagen fue tan impactante que Ming Changyan
dejó caer su taza de té y su conversación con Huai Yu se cortó de golpe.
Zhong Yulou abrió la boca varias veces antes de
decir, vacilante:
—He-hermano mayor… recogí a alguien…
Li Minjun salió de la habitación oeste. Al ver
la escena, se quedó helado un instante y luego explotó:
—¡¡ZHONG YULOU!! ¡MALDITO MOCOSO! ¡¿QUÉ DEMONIOS
RECOGISTE AHORA?!
—Yo… —Zhong Yulou hizo un puchero.
Li Minjun le agarró la oreja y lo arrastró hacia
dentro:
—¿Tu madre te mandó a la secta Tianqing a
aprender artes marciales o a recoger basura? ¡¿Eh?! ¡Si eres tan bueno
recogiendo cosas, vete al Clan Qiqiao, ellos sí se dedican a recoger basura!
¡Con tu talento, serías el líder del clan en un día!
Zhong Yulou lloró.
—¡Segundo hermano mayor, me duele la oreja!
—¿Duele? ¡Pues hoy te voy a dar una paliza que
no olvidarás! ¡Antes recogías animalitos y ahora recoges personas! —Li Minjun lo
empujó hacia el lavabo y empezó a enjabonarle la cabeza mientras seguía
regañándolo.
Ming Changyan y Huai Yu se agacharon para
examinar al hombre inconsciente.
Huai Yu tomó su pulso, pensó un momento y finalmente
dijo:
—Está envenenado.
Ming Changyan levantó la ropa del hombre con su
abanico.
—No tiene ni un pedazo de piel sano. Las heridas
parecen hechas con armas de hilo o seda cortante —Luego miró de reojo a Huai Yu
y preguntó de pronto— ¿Sabes de medicina?
Huai Yu no respondió.
—¿Tiene salvación? —volvió a preguntar Ming
Changyan.
—Sí. Si fuera otro tipo de persona, no —respondió
Huai Yu.
La respuesta, llena de orgullo juvenil, dejaba
claro que confiaba plenamente en su propia habilidad médica.
Zhong Yulou, ya con las manos limpias, asomó la
cabeza con una sonrisa traviesa:
—Hermano mayor Chang… ¿tiene salvación?
Ming Changyan le dio un golpecito en la frente:
—¿Quién te dijo que recogieras gente de
procedencia desconocida? ¿Qué te he dicho siempre?
Zhong Yulou, con la voz baja, recitó:
—La secta Tianqing está aislada por las demás
sectas del mundo marcial, no conviene meterse en problemas afuera, hay que
comportarse con prudencia…
Li Minjun soltó un bufido.
—¡Yo… yo lo recogí porque me dio lástima! Con la
lluvia tan fuerte, si lo dejaba ahí, seguramente moriría —añadió Zhong Yulou.
—Hablaremos de eso después. Hoy llueve
demasiado. Primero llevémoslo a Xiaoxietai y pidamos a la señorita Hua que
prepare unas medicinas. —Ming Changyan miró a Huai Yu—. Tú tampoco te vayas
esta noche. El camino de bajada está resbaloso. Haré que preparen la habitación
de Baoxuan.
En el camino hacia Xiaoxietai, se encontraron
con Yumao y Yumi, que habían venido a ver el alboroto, acompañados por Yan
Yunan.
—Hermano mayor Ming, no pude detenerlos —dijo
Yan Yunan.
—Lo sé —respondió Ming Changyan—. Estos dos
nunca han sido un problema. ¿Mingyue no vino? Si viniera, seguro pelearía con
Yulou. Me da dolor de cabeza.
—No, Mingyue ya se fue a la cama —dijo Yan
Yunan—. Hermano mayor Ming, déjame llevarlo. Está cubierto de sangre y te
puedes ensuciar.
—Déjalo —respondió Ming Changyan—. Tú llevas
ropa blanca. Si la manchas, será difícil lavarla. Déjame ahorrarme el trabajo.
No quiero lavar tu ropa.
En los primeros años, cuando Ming Changyan tomó
el mando de la secta Tianqing, decir que “no tenían ni para levantar la olla”
era casi un elogio. ¡No solo no podían levantar la olla, es que ni siquiera
tenían olla! Aun así, había varios discípulos que alimentar. «Una moneda
puede derrotar a un héroe», «hasta un caballero se preocupa por la
pobreza», y Ming Changyan lo vivió en carne propia.
A los diecisiete o dieciocho años, ya tenía el
corazón de un padre: ahorrando hasta el extremo, robando a los ricos para
ayudar a los pobres, aceptando encargos de asesinatos encubiertos y abiertos,
cargando con todos, actuando como héroe de día y cosiendo ropa de noche,
remendando lo que podía, año tras año… hasta convertir a la secta Tianqing en
la primera secta del Jianghu.
Por eso, los discípulos internos, criados por él
desde pequeños, dependían de Ming Changyan casi hasta no poder dar un paso sin
él.
El grupo descendió por los escalones de piedra
azul, cruzó un arco y siguió bajando hasta llegar a Xiaoxietai.
Xiaoxietai estaba en la ladera media del Montaña
Xianyue, cerca del lago del Oeste: montañas hermosas, agua clara, un entorno
elegante y silencioso. El lago estaba cubierto de hojas de loto, las barcas
pintadas flotaban sobre el agua, y un pequeño pabellón se apoyaba en la
montaña.
A la luz tenue de la noche, Huai Yu observó el
entorno con calma. Ming Changyan, creyendo que no veía bien el camino, lo tomó
de la mano para guiarlo. Su mano cayó de golpe en la palma de Huai Yu, quien se
sobresaltó.
—La primera vez que uno viene a Xiaoxietai,
nunca ve bien el borde del lago ni el camino. Siempre terminan metiendo el pie
en el agua —comentó Ming Changyan.
Huai Yu, aún tomado de la mano, preguntó sin
mover un músculo:
—¿Por qué me estás agarrando la mano?
Ming Changyan sonrió:
—Te agarro y ya. ¿Qué? ¿Te va a faltar un pedazo
de carne? Con la lluvia y el suelo resbaloso, si no te agarro, seguramente te
caerás.
Lo guio por los escalones y luego extendió la
mano para ayudar también a Yan Yunan. Este, acostumbrado a ser cuidado, aceptó
sin cambiar la expresión.
Huai Yu, al verlo, frotó la tela de su manga y
soltó un resoplido leve.
Las luces de Xiaoxietai parpadeaban. Una pequeña
barca llegó bamboleándose. De ella bajó una joven vestida de rojo, que dijo con
una sonrisa:
—La señorita Hua no se siente bien hoy y ya se
ha acostado. Me dijo que, si el joven héroe Changyan venía a Xiaoxietai, podía
pasar sin problema. Síganme, por favor.
Li Minjun entregó las medicinas que llevaba:
—Xiao A-Cai, dale esto a la señorita Hua. Dile
que no lo tire a escondidas. Es difícil de conseguir.
Xiao A-Cai los invitó a subir a la barca y colgó
un farol de papel en la proa.
—La señorita Hua nunca quiere tomar medicinas.
Xiao A-Cai agradece que el joven héroe Changyan se preocupe.
—¿Ha vuelto a toser sangre? —preguntó Ming
Changyan.
—No —respondió Xiao A-Cai—. Solo tiene problemas
para respirar. Es su vieja dolencia. No es grave.
Ming Changyan se sentó en la popa, cruzó las
piernas:
—Esa enfermedad la arrastra desde hace más de
diez años. Cada tres días le da un ataque. Cada vez que la veo, parece que
fuera una despedida final.
Xiao A-Cai bajó la cabeza y sonrió, sin
responder.
Al llegar a Xiaoxietai, unas sirvientas llevaron
al hombre moribundo a la cama. Huai Yu dio un paso adelante, le levantó los
párpados y comprobó su respiración.
—¿Tienes agujas?
Ming Changyan sacó unas agujas de plata de su
pecho. Huai Yu las tomó y aplicó once agujas: en el punto Renzhong, en los diez
dedos… Al perforar la piel, salió sangre negra y espesa, formando hilos que
caían al suelo.
—¿Hay medicinas? —preguntó Huai Yu.
—A la derecha, giras a la izquierda —dijo Ming
Changyan—. Hay un pequeño gabinete. Lo básico debería estar ahí.
Prepararon la medicina. Yan Yunan se la dio al
herido con cuidado y lo acomodó. Luego miró a Ming Changyan con ojos
suplicantes, esperando elogios.
Ming Changyan volvió en sí. Yan Yunan claramente
quería que lo alabaran. Pero lo que había hecho era lo más normal del mundo. El
joven héroe pensó y pensó, sin encontrar nada especial que decir, y soltó:
—Bien hecho, bien hecho. Yunan, cada día más
responsable.
Tras elogiarlo, Yumao y Yumi lo miraron con ojos
brillantes. Ellos también habían ayudado, trayendo agua y cuencos. A Ming
Changyan le dolió la cabeza, pero logró sacar:
—Ustedes también lo hicieron bien. Muy bien. Muy
sensatos.
Luego miró a Huai Yu y, ya que estaba
repartiendo elogios, decidió incluirlo.
—Y tú también, pequeño Huai Yu. Tan joven y ya
tan hábil en medicina. En el futuro, seguro que serás alguien extraordinario.
Los discípulos se iluminaron de alegría. Pero
Huai Yu… apenas Ming Changyan terminó de hablar, su rostro se volvió frío como
el hielo.
Ming Changyan se quedó perplejo.
—¿Qué me miras? Cambia el agua. Aún faltan unas
agujas —dijo Huai Yu.
Yumao, pequeño pero muy espabilado, salió
corriendo con sus cortas piernas y trajo agua fresca. Él y Yumi se sentaron
obedientes en sus banquitos. Huai Yu aplicó las últimas agujas.
De pronto, Yumao parpadeó, como si recién
entendiera algo, y preguntó:
—Hermano mayor… ¿quién es él?
Li Minjun recordó que Yumao había estado unos
días en casa de su madre y había regresado justo después del Festival de Contemplación
de las Flores. Era normal que no conociera a Huai Yu.
—Ah, sí, olvidé presentarlo. Es un amigo del
hermano mayor Ming. Se llama Huai Yu. Puedes llamarlo… llamarlo “hermano”.
Huai Yu, al oírlo, dijo de pronto:
—¿Un amigo? ¿No soy tu hombre?
Al escuchar eso, Ming Changyan, que estaba
tomando té, escupió todo sobre la mesa.
El autor tiene algo que
decir:
El Pequeño Yulou no solo es el más talentoso de
los cuarenta y ocho discípulos internos de la secta Tianqing, sino también el
más hermoso. Tan hermoso que cada vez que baja de la montaña alguna jovencita
le regala cosas… aunque él, personalmente, está más interesado en recoger
basura. [Sonrisa alegre]
Este pequeño niño apuesto tiene la costumbre de recoger basura desde que era niño. Al principio recogía flores y hierbas que veía por el camino; luego pasó a recoger todo tipo de animalitos heridos… y al final terminó recogiendo a una persona.


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