Capítulo 11: Caballero Yi
Nian (III)
—¡BUEN CHICO! —Ming Changyan aplaudió y
gritó.
Huai Yu movió la muñeca y bajó de la plataforma.
A lo largo del camino, la gente lo colmó de elogios. El encargado del puesto
cumplió su palabra: dijo que iría a informar al patriarca de la familia Zhao y
que la torre quedaría a nombre de Huai Yu.
Apenas Ming Changyan se acercó a él, extendió la
mano y le agarró la izquierda. Huai Yu se sobresaltó:
—¿Qué haces?
—¿Qué hago? Mirarte la mano, claro —respondió
Ming Changyan, quitándole el protector de la muñeca. Tal como sospechaba, la
piel estaba enrojecida.
Huai Yu se irritó:
—Esto no es nada.
Ming Changyan arqueó una ceja:
—¿Qué ganas con hacerte el fuerte, mocoso?
Déjame ver si es grave. En las últimas flechas te temblaba la mano. ¿Crees que
este joven héroe no lo notó?
Rebuscó en su pecho y sacó un tarro de ungüento.
Lo destapó y lo extendió sobre la muñeca de Huai Yu. Aunque este tenía el
rostro sombrío, no lo rechazó.
Mientras masajeaba la zona, Ming Changyan
murmuró:
—Los muchachos a medio crecer siempre son
tercos.
Pero en su interior pensaba: «Este crío
parece de unos diecisiete o dieciocho años, vestido con tanto lujo… claramente
es un joven maestro escapado de casa. Aun así, su habilidad es sorprendente. Incluso
un experto del Jianghu de las llanuras centrales no podría asegurar cuarenta y
nueve flechas consecutivas sin fallar.»
—¡Eh! Tu técnica con el arco es excelente, mejor
que la mía. Y de verdad te has ganado la torre. ¿Por qué no me enseñas tiro con
arco algún día? —agregó Ming Changyan.
Al oír eso, la expresión de Huai Yu se suavizó
considerablemente. Ming Changyan contuvo la risa sin que se notara: «Definitivamente
es un niño.»
Cuando terminó de aplicar el ungüento, lo guardó
y le dio una palmada en la espalda. No pudo evitar tirar suavemente de su
cabello.
—Vamos. Ya te dejé hacer tus locuras un rato. Se
está haciendo tarde. Li Minjun y los demás deben estar esperándonos en el
Arroyo Xiaochan.
Huai Yu apartó su propio cabello:
—No juegues con mi cabello.
—Está bien, está bien, no lo tocaré. Es que lo
tienes tan largo, solo quería tocarlo un poco. ¡Qué mezquino eres!
Caminaron una distancia equivalente a un tiro de
flecha. Ming Changyan sonrió:
—Ya llegamos.
Al final del Arrollo Xiaochan, el agua se abría
de golpe: los pequeños arroyos de los alrededores se reunían en un gran lago.
Ese lago era el “Río Tanshui”.
En el muelle donde estaba amarrado el barco, Qin
Yubao gritó:
—¡HERMANO MAYOR!
—¡Ya voy! —respondió Ming Changyan.
Qin Yubao, impaciente, estaba a punto de saltar
del barco cuando Li Minjun lo agarró del cuello de la ropa:
—¿Por qué corres? ¡Tu hermano mayor no se va a
comer!
Ming Changyan saltó a la barca. Una vez firme,
se giró para ayudar a Huai Yu a subir, pero este ya estaba a bordo. Retiró la
mano y le entregó los farolillos florales a Qin Yubao:
—Toma.
Qin Yubao los recibió con una alegría
desbordante.
Mingyue, al verlo, fijó primero la mirada en la
cintura de Ming Changyan. Solo cuando vio el jade colgado allí, habló:
—Hermano mayor.
En ese momento, una figura negra llegó corriendo
desde la distancia. Al acercarse, se vio que era un joven de rasgos delicados,
casi femeninos, hermoso y llamativo. Al ver a Ming Changyan, gritó:
—¡HERMANO MAYOR, YO TAMBIÉN QUIERO FAROLILLOS!
—¡Yulou! ¿Por qué corres tan rápido? No te
apresures. Les traje otras cosas —dijo Ming Changyan.
Rebuscó en su pecho y, tras un tintineo, dejó
caer un montón de objetos sobre la barca. Li Minjun los recogió y los examinó:
eran pequeños cachivaches sin valor, nada especial. Solo a los niños les
gustaban. Se agachó junto a Ming Changyan, ambos inclinados, estudiando para
qué servían aquellos pequeños tesoros inútiles.
Li Minjun preguntó:
—Zhong Yulou, ¿no estabas todavía afuera? ¿Por
qué regresaste de repente?
Zhong Yulou saltó a la barca de un brinco,
jadeando:
—Terminé mis asuntos antes y volví. Pero en la
montaña no había nadie, así que pensé que habían bajado para el Festival de Contemplación
de las Flores. ¡Y sí, los encontré!
Tomó unos prismáticos monoculares, cerró un ojo
y empezó a mirar todo con curiosidad.
—Hermano mayor, ¿por qué todas las demás barcas
tienen flores en la proa y la nuestra no?
Ming Changyan escogió un saquito de fragancia
muy delicado y se lo entregó primero a Mingyue.
—¿No tenemos? Entonces seguro que el segundo
hermano lo olvidó.
—Las barcas de los demás van a participar en la
ceremonia de: “Invitar el Farol Floral” esta noche. ¿Ustedes también van a
participar? —preguntó Li Minjun.
Huai Yu preguntó:
—¿Qué es “Invitar el Farol Floral”?
Ming Changyan terminó de repartir los pequeños
regalos y se incorporó:
—Eso ya es una historia larga.
“Invitar el Farol Floral” era una tradición de
la prefectura de Lin’an. Cada abril, cuando las flores florecían en su máximo
esplendor, nacía un festival acorde: el Festival de Contemplación de las
Flores.
El Festival de Contemplación de las Flores
incluía tres eventos: el Banquete de las Flores, la Ceremonia de Invitar el
Farol Floral y la Fiesta de las Flores. La ceremonia de Invitar el Farol Floral
era un espectáculo nocturno de música y danza. El gobierno de Lin’an y los
comerciantes ricos construían una plataforma sobre el lago “Río Tanshui”. En
ella, miles de faroles florales brillaban como estrellas, reflejándose en el
agua y creando una escena deslumbrante.
—¿Quién invita el farol este año? —preguntó Ming
Changyan.
Qin Yubao levantó su farol y respondió con
entusiasmo:
—A mí me gusta la señorita de la familia
Shangguan. El año pasado interpretó muy bien a la “Hada de las Flores
Maravillosas”.
—El joven de la familia Zhao está enamorado de
la famosa cortesana “Entre las Cien Flores”. Su hermana gastó una fortuna para
traerla desde la capital hasta Lin’an. Así que la que invita el farol esta
noche es la señorita Lili —añadió Li Minjun.
Ming Changyan soltó una carcajada.
—¡Con razón este año hay más gente que nunca en
el Festival de Contemplación de las Flores! —Después de decir esto, Ming
Changyan reflexionó—. Yo nunca he visto a esta supuesta primera belleza del
mundo. Me pregunto cómo será.
—Siempre son hermosas —dijo Li Minjun—. Ya la
verás en un rato.
Qin Yubao Comentó:
—Entonces nuestra barca también debe tener una
flor. Yo también quiero participar en la ceremonia. Segundo hermano, ¿cómo se
participa?
Li Minjun remó dos veces, luego entregó los
remos a Ming Changyan y dejó que la barca se desplazara sola por el agua.
—¿Ves el área del lago que está delimitada con
cintas rojas? Las barcas que quieran participar deben ir allí. Cuando la Hada
de las Flores saque el Farol de Cristal, todos en las barcas pueden saltar al
agua o remar, como quieran. En resumen: quien llegue primero al centro del lago
y tome el Farol de Cristal será el ganador de esta noche.
—¿El Farol de Cristal es muy valioso? ¿Qué pasa
si uno lo consigue? —preguntó Huai Yu.
—No pasa nada especial —respondió Ming
Changyan—. Es solo un augurio de buena fortuna, como colgar un farol floral:
dicen que quien la cuelga más alto, mejor esposo encontrará.
Un momento después, Huai Yu volvió a preguntar:
—¿El Farol de Cristal también significa eso?
Ming Changyan, que no tenía idea del significado
real e improvisó:
—¡Claro! Mira lo alto que está colgado. Supongo
que quien pueda alcanzarlo se casará con un buen partido.
—¿Y si lo toma un hombre? —preguntó Qin Yubao.
Ming Changyan lo pensó un instante y soltó:
—Pues… quizá eso significa que se casará con una
esposa de tierras lejanas.
Un tiempo después, el sol cayó y la noche cubrió
el cielo. El Río Tanshui brillaba con miles de luces y las voces se mezclaban
en un bullicio alegre. Desde la orilla oeste alguien gritó:
—¡ES LA BARCA DE LA FAMILIA ZHAO!
Todos miraron hacia allí. Una embarcación
majestuosa avanzaba lentamente, de dos pisos y casi cien pies de altura. Estaba
adornada con faroles y guirnaldas, y en su interior se celebraba un gran
banquete. Entre licor y risas, los músicos tocaban, las bailarinas danzaban.
Los sirvientes iban de un lado a otro, mientras jóvenes y señoritas se asomaban
a la baranda; al moverse la barca, el agua reflejaba destellos ondulantes.
—¡QUÉ BARCA TAN IMPONENTE!
—La familia Zhao es una de las tres grandes familias,
y además los más ricos de la región central. Si ellos no son imponentes, ¿quién
lo sería?
—Son parientes de la familia imperial. Ese hijo
menor de los Zhao es muy querido por la emperatriz; solo le falta ser de sangre
directa.
—Basta, basta, no digan más. Todavía falta ver
la obra floral.
Li Minjun, tras escuchar todo, se volvió hacia
Ming Changyan:
—Recuerdo que al joven de la familia Zhao le gustas
mucho.
Ming Changyan, sentado en la proa mientras
enseñaba a Qin Yubao a armar un farol floral, respondió con indiferencia:
—¿Ah? ¿Sí? Hay demasiada gente a la que le gusta
este joven héroe. No lo recuerdo.
Li Minjun dijo:
—Sí. Me acuerdo un poco de él. Cuando apenas me
llegaba a la altura de la cintura, venía todos los años a inscribirse en la
secta Tianqing para aprender artes marciales. Siempre lo eliminaban en la
primera ronda y él se quedaba sentado llorando en la entrada de la Montaña
Xianyue. Año tras año: fallaba y lloraba. La familia Zhao incluso llegó a
sobornarme con plata.
Ming Changyan se rio.
—El niño tiene buena perseverancia.
Al oírlo, Mingyue comentó con frialdad:
—Lástima que sea un inútil que no sirve ni para
sostenerse solo. Aunque tenga perseverancia, al final solo está perdiendo el
tiempo. El talento es más importante que el trabajo duro.
—Mingyue, no hables así —replicó Ming Changyan.
—Estoy diciendo la verdad —se enfadó Mingyue.
Zhong Yulou soltó un bufido desdeñoso:
—Tú sí que sabes decir que el talento es más
importante que el esfuerzo. Pero siendo igual de mediocre, unos logran entrar a
la secta, y otros todavía tienen que soportar que otro mediocre se burle de
ellos.
El rostro de Mingyue se encendió de rabia.
—¡Tú…!
Lo fulminó con la mirada.
Zhong Yulou, con los brazos cruzados y aire
arrogante, no se inmutó. Y tenía motivos para ser arrogante: entre los
discípulos internos, él era el más talentoso y el más inteligente. Mingyue
había ingresado tarde y su talento no era tan alto; ante la burla, no tenía
cómo refutar.
Ming Changyan tomó un pastel de arroz glutinoso
y se lo metió en la boca a Mingyue.
—Ya basta. Tu boca es la que más habla. Anda,
come.
Zhong Yulou protestó con tono dolido:
—¡Hermano mayor, tú solo eres bueno con él! ¡Le
tienes preferencia!
Ming Changyan, al oírlo, no tuvo más remedio que
decir:
—Ay, pequeño ancestro, ¿cómo voy a atreverme?
—Tomó otro pastel y se lo metió a Zhong Yulou—. Yulou es hermoso y de buen
corazón, perdona a tu hermano mayor, ¿sí?
Zhong Yulou masticó el pastel con expresión
lastimera. Ming Changyan lo mimó un poco más y, al cabo de unos instantes, el
muchacho volvió a sonreír, radiante y se fue a jugar con el agua en la borda,
farolillo en mano.
Huai Yu estaba apoyado en la cabina del barco,
perdido en sus pensamientos. Ming Changyan se acercó por detrás y le dio un
golpecito.
—¿Qué miras con tanta concentración?
—Nada —respondió Huai Yu.
Ming Changyan tomó un puñado de pastelillos y se
los puso en la mano.
—¿Quieres? Los escogí para ti. No tienen azúcar.
Huai Yu los sostuvo, dudó un momento y los olió,
como si así determinara si eran comestibles.
Ming Changyan, al verlo, se rio sin piedad:
—¿Eres un perro o qué?
Huai Yu lo miró con frialdad y resopló suavemente.
Ming Changyan se quedó pensativo un instante y
luego dijo:
—Huai Yu, dime la verdad. ¿Viniste a Lin’an a
buscarme porque admiras mucho a este joven héroe? No me voy a reír. Ya somos
cercanos, puedes decirlo.
—Qué imaginación la tuya —respondió Huai Yu—.
Solo tenía curiosidad.
Ming Changyan se mostró orgulloso:
—No lo ocultes. ¿Qué niño no me admira? Ya lo
sé. ¿Ahora ya sabes cómo es el número uno del Jianghu?
—Nada del otro mundo —murmuró Huai Yu.
Ming Changyan arqueó una ceja.
—Si este joven héroe no te da una lección,
parece que no entenderás cuán fuerte es el número uno del Jianghu.
De pronto lanzó un movimiento que hizo que la
barca se tambaleara. Desde la popa, Li Minjun gritó:
—¡MING CHANGYAN! ¿QUIERES MATARNOS?
Ming Changyan soltó una carcajada. Huai Yu lo
empujó, y él cayó sentado en la barca con toda naturalidad.
Zhong Yulou, cansado de jugar con el agua,
corrió desde la proa hasta la popa.
—¡Hermano mayor! La obra de flores está por
empezar. ¿La vas a ver?
Huai Yu miró hacia la orilla del lago.
Efectivamente, sobre el Pabellón Wanghu habían montado un escenario. En él se
representaba la historia de la princesa Hanzhu de las Llanuras Centrales y su
matrimonio por alianza.
Zhong Yulou se sentó a su lado. Tras ver un rato
la obra, se quejó:
—¿Otra vez la boda de la princesa Hanzhu? ¡La
han cantado por años! Además, según recuerdo, ya murió. Y díganme, ¿creen que
la actriz se parece a la princesa?
—Nunca vi a la princesa. No lo sé —dijo Huai Yu.
Ming Changyan se sirvió una taza de té, se comió
unos pastelillos y comentó:
—No se parece en nada.
Zhong Yulou apoyó la barbilla en la mano:
—Dicen que la princesa Hanzhu era hija del
ministro Qin de la dinastía anterior. Fue discípula del gran erudito Maestro
Ji, y compañera de estudios del príncipe heredero. Era una belleza famosa en
todo el reino, con talento y gracia incomparables.
—Por muy hermosa que fuera, eso ya es cosa de la
dinastía pasada —dijo Ming Changyan—. Cuando termine la obra empieza la
competencia por el farol floral. Yulou, ve a buscarme una flor.
—¿Para qué quiere una flor el hermano mayor?
—preguntó Zhong Yulou.
Ming Changyan sonrió con picardía:
—Para participar en la competencia y robar el Farol
de Cristal, claro. No vaya a ser que cierto mocoso diga que “el número uno del Jianghu”
es solo: “nada del otro mundo”.
Al oír que quería competir, Zhong Yulou salió
disparado a buscar una flor. Li Minjun se volvió:
—¿Quieres competir por el farol? ¿No tienes
vergüenza, Ming Changyan?
Ming Changyan se enroscó un mechón de cabello en
el dedo y sonrió:
—Competencia justa. La ceremonia del Farol de Cristal
nunca ha dicho que el Caballero Yi Nian no pueda participar.
—Hermano mayor, otros años nunca te interesó el Farol
de Cristal. ¿Por qué este año sí? —preguntó Mingyue.
—Oh, es para dárselo a Huai Yu —respondió Ming
Changyan sin pensar.
El rostro de Mingyue se tensó.
De pronto, Li Minjun exclamó:
—¡Empieza la ceremonia del farol floral!
Apenas lo dijo, miles de farolillos surgieron
sobre el lago. El sonido del guqin era suave, el de la pipa, cristalino; las
flautas y cuerdas se mezclaban con el murmullo del agua, como música celestial.
En el centro del lago, sobre la plataforma floral, apareció una joven de
belleza exquisita: figura esbelta, movimientos seductores, cintura flexible,
mangas que parecían volar, esparciendo flores por el aire. La escena era como
un sueño.
La bailarina era la primera belleza del mundo: la
señorita Lili.
Al terminar su danza, se inclinó e “invitó el
farol”. El Farol de Cristal emergió del centro del lago. Ella lo tomó con una
sonrisa radiante y lo colgó en un árbol de laurel.
Apenas quedó fijo, el portador del tambor junto al lago golpeó tres veces seguidas.
¡Dong! ¡dong! ¡dong!
Todas las barcas se lanzaron hacia adelante. El
agua hirvió de movimiento, los gritos de ánimo retumbaron por todo el lago.
Entre todos los competidores, solo Ming
Changyan… no remaba, no saltaba al agua, no hacía nada. Permanecía de pie en la
barca, inmóvil como una estatua.
Li Minjun se echó a reír.
—¿No ibas a robar el Farol de Cristal? ¿Por qué
no te mueves? ¿No sabes remar? ¿O no sabes nadar?
La distancia entre los competidores y la
plataforma era de unos cien metros. No había dónde apoyarse ni impulsarse. Usar
qinggong era imposible, salvo que uno tuviera alas. Por eso, desde
siempre, solo había dos métodos: remar o nadar.
—Yo —dijo Ming Changyan— puedo conseguir el
farol sin usar ninguno de tus métodos.
Li Minjun se burló:
—¿Qué truco vas a hacer ahora? Te aviso: entre
toda esta gente, además de los aldeanos, seguro hay discípulos de varias
sectas. Si te reconocen, quién sabe qué lío se arma.
—Si me reconocen, que me reconozcan. Este joven
héroe es demasiado apuesto como para temer que lo miren —dijo Ming Changyan.
Pero, aun así, se puso la máscara de zorro.
Luego sonrió con malicia:
—Hermano Minjun, recuerda pagarle a la dueña del
puesto de paraguas.
Li Minjun se sobresaltó. Miró alrededor. A la
derecha, había una pequeña tienda de paraguas solitaria junto al lago. En un
parpadeo, todos los paraguas de papel aceitado colgados allí se elevaron de
golpe, sacudidos por la fuerza interna de Ming Changyan, y salieron volando
directamente hacia el lago.
Li Minjun pensó que aquello no auguraba nada
bueno y gritó:
—¡MING CHANGYAN! ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO!
En la palma de Ming Changyan se reunió una masa
de energía interna: pura, ardiente, dominante. La lanzó con fuerza. En un
instante, todos los paraguas suspendidos sobre el lago quedaron sostenidos por
una fuerza extraña; luego, al dispersarse la energía, decenas de paraguas se
abrieron en distintos niveles, como flores explotando en el aire.
—¡Por supuesto que voy a robar el farol floral!
—rio Ming Changyan.
Apoyó la punta del pie, una mano a la espalda,
las mangas agitándose. Su cuerpo se movió como un ave veloz, ligero como un
espíritu. En un parpadeo, ya estaba de pie sobre un paragua azul. La luna
colgaba en lo alto, las flores danzaban en el aire, y él, erguido como jade
vivo, se alzaba entre la luz lunar y el reflejo del agua. En medio de todo, el
joven héroe se tomó el tiempo de girar la cabeza y guiñarle el ojo derecho a
Huai Yu, que lo observaba desde la barca.
No muy lejos, en la gran embarcación de la
familia Zhao, un joven se puso rojo de emoción, agitando brazos y piernas:
—¡HERMANO ZHU! ¡HERMANO ZHU! ¡MIRA! ¡¡JOVEN
HÉROE MING!! ¡¡ES EL JOVEN HÉROE MING!!
Apenas lo gritó, los aldeanos de la orilla y los
guerreros de las barcas reaccionaron. Voces como “¡El Caballero Yi Nian!”,
“¡Ming Changyan!”, “¡Joven Héroe Ming!” estallaron por todas partes. En un
instante, la ceremonia del Farol de Cristal se convirtió en un clamor
ensordecedor; la multitud se empujó hacia la orilla del lago, como si toda la
ciudad hubiera salido a verlo.
Usando los paraguas como apoyo, Ming Changyan
llegó a la plataforma floral en cuestión de segundos. La señorita Lili, la
primera belleza del mundo, se inclinó con suavidad y sonrió:
—He oído durante mucho tiempo el nombre del Caballero
Yi Nian. Hoy que lo veo, es realmente incomparable, digno de la admiración
del mundo.
Ming Changyan avanzó con paso firme, tomó el Farol
de Cristal y saludó:
—Muchas gracias. ¡Me llevo el farol!
—Por favor —respondió Lili.
El farol cayó del árbol de laurel y la
competencia terminó. Lili lo condujo por un pasadizo oculto, subieron a una
pequeña barca y desembarcaron en la orilla este del Río Tanshui. Ming Changyan
se quitó la máscara, se puso la capucha del manto y caminó con total descaro
hacia el Arroyo Xiaochan.
En el camino, los aldeanos comentaban
emocionados:
—¡Era Ming Changyan! ¿Quién más podría tener ese
nivel de qinggong?
—¡Exacto! ¿Vieron? Setenta u ochenta paraguas
suspendidos en el aire. ¿Quién más tiene esa energía interna?
—¡El Caballero Yi Nian! ¡Qué habilidad!
Nunca había visto algo así. Pero… ¿para qué querrá el Farol de Cristal?
—¡Quién sabe! ¡Quizá… quizá le gusta alguien!
Tras caminar una distancia de tres tiros de
flecha, Ming Changyan se reunió con Li Minjun y los demás en el embarcadero del
Arrollo Xiaochan. Desde allí se veía el Río Tanshui en toda su gloria.
—Ya volviste —Li Minjun lo regañó—. ¡Mira el lío
que armaste!
Ming Changyan solo sonrió, sin responderle. Sacó
el Farol de Cristal de su pecho: brillaba con luz líquida, transparente y
perfecta.
Se lo lanzó a Huai Yu.
—¿Y bien? ¿Todavía soy: “nada del otro mundo”?
Huai Yu sostuvo el farol durante un largo
momento antes de decir:
—Puro teatro.
De pronto, Qin Yubao gritó:
—¡HERMANO MAYOR, VAN A LANZAR LOS FUEGOS
ARTIFICIALES!
Apenas lo dijo, sobre el Río Tanshui estallaron
miles de fuegos artificiales, iluminando la noche con estruendos que sacudían
el aire. Ambos se giraron para mirar el cielo. La mirada de Huai Yu bajó
lentamente desde los fuegos artificiales hasta la mitad del rostro de Ming
Changyan, quien en ese momento levantaba a Qin Yubao en brazos, dejándolo
patalear y hacer travesuras.
Ming Changyan volvió la cabeza y, al ver que
Huai Yu lo observaba, le sonrió.
Pero Huai Yu, nada complacido, apartó la mirada.


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