Mad For Love 111

    


Capítulo 111: Extra 13

 

Comparado con Lin Yan y Qi Zhen, el romance de Li Jiangling era extremadamente puro.

 

En el primer mes juntos, solo habían llegado a tomarse de la mano.

 

Hasta Lin Yan se sorprendió.

—¿Además de aquella vez… no se han vuelto a besar?

 

—No. Wu Ji está ocupado, y yo también.

 

Lin Yan se rindió.

 

No entendía ese tipo de relación.

 

Li Jiangling respondió con aparente tranquilidad, pero las palabras de Lin Yan se le clavaron en el corazón.

 

«¿Un mes y solo se toman de la mano?»

 

«¿No van demasiado lento?»

 

—Wu Ji y yo también comemos juntos —Li Jiangling intentó defenderse:

 

—Tú y yo también comemos juntos

 

—Y damos paseos al atardecer.

 

—Nosotros también caminamos juntos a veces —agregó Lin Yan.

 

Li Jiangling: “…”

 

Li Jiangling ya no sabía qué decir: «¿No es así cómo se supone que debe ser un romance?»

 

Pidió consejo a Lin Yan con toda humildad.

 

Lin Yan le explicó que el amor no tenía un modelo fijo; dependía del corazón de cada uno.

 

—Wu Ji dijo que quería probar contigo. ¿Tú ya lo pensaste bien? ¿Quieres seguir probando? Si no, es mejor terminar pronto. No lo retrases.

 

Li Jiangling se quedó pensando.

 

Wu Ji era muy bueno.

 

Antes ya lo cuidaba mucho; ahora que estaban juntos, era aún más atento en todo. Estar con él era agradable. Y él pensaba en Wu Ji muy a menudo. Cuando pensaba en él, todo parecía más interesante.

 

Aunque fuera lento para entender, Li Jiangling sabía que ese sentimiento no lo tenía con cualquiera.

 

Con Wu Ji era distinto.

 

¡Muy distinto!

 

—Creo que sí me gusta —dijo Li Jiangling.

 

Lin Yan asintió.

—Entonces deberías decírselo. El hermano Wu habla poco y piensa mucho. En su cabeza puede librar trescientas batallas y construir cien escenarios posibles, pero al final solo te dirá un “Mn”. En el amor hay que hablar claro. Para eso está la boca.

 

Li Jiangling lo entendió tan bien que hasta levantó el pulgar.

—Ya casi es su cumpleaños. ¡Se lo diré ese día! Tú tienes buenas ideas, ayúdame a pensar cómo celebrárselo.

 

Lin Yan tenía un plan que garantizaba que Wu Ji lo amaría… pero no se atrevió a decirlo. Mejor algo discreto, no fuera que Wu Ji luego fuera a reclamarle.

 

Por culpa de los preparativos del cumpleaños, Li Jiangling y Lin Yan empezaron a verse más seguido que antes. Qi Zhen se puso celoso una vez; Lin Yan se lo explicó, lo molestó un poco y asunto resuelto.

 

Pero con Wu Ji no había forma de explicarlo.

 

Wu Ji lo conocía demasiado bien.

 

Con una sola mirada sabía cuándo Jiangling mentía. Sabía que todos los días buscaba la manera de juntarse con Lin Yan. Y que, además, lo hacía a escondidas de él.

 

Wu Ji preguntó de forma indirecta qué opinaba Jiangling de Lin Yan.

 

Justo coincidió con que Jiangling estaba rogándole a Lin Yan que lo ayudara con los preparativos. ¿Cómo iba a decir algo malo?

 

Lanzó todos los elogios posibles.

 

La cara de Wu Ji se fue poniendo más y más oscura.

 

Y para rematar, Li Jiangling suspiró:

—Qué lástima no haber conocido a Lin Yan antes. Es realmente una persona maravillosa.

 

Wu Ji respondió con frialdad:

—No digas eso delante de Su Majestad o te cortará la cabeza.

 

Li Jiangling se quedó perplejo.

—¿Por qué? Si lo estoy elogiando, el Emperador debería premiarme —Luego se levantó— No hablo más contigo. Me voy a jugar con Lin Yan.

 

Y salió disparado como una ráfaga de viento.

 

No hubo tiempo de detenerlo.

 

Wu Ji se quedó mirando la puerta.

 

Al final… ¿Lin Yan era el amante de Jiangling? O ¿Jiangling era el amante de Lin Yan?

 

«¿Qué soy para él exactamente?»

 

Los días pasaron volando y, en un abrir y cerrar de ojos, llegó el cumpleaños de Wu Ji.

 

Li Jiangling llevaba en brazos el fruto de muchos días de trabajo. Estaba tan nervioso que lo sostenía como si fuera un tesoro frágil: si lo dejaba caer, se rompería; si lo metía en la boca, se derretiría.

 

Apenas vio llegar a Wu Ji, se lo metió en los brazos con urgencia.

—Es tu regalo de cumpleaños. Tómalo. Me da miedo romperlo.

 

Wu Ji soltó una risa suave.

—¿Qué es? ¿Por qué tanto cuidado? ¿Es porcelana?

 

Li Jiangling negó con la cabeza.

 

Wu Ji, al saber que era un regalo suyo, quiso abrirlo enseguida. Puso la mano sobre la caja, impaciente.

—¿Puedo verlo ahora?

 

Li Jiangling asintió.

 

Wu Ji miró alrededor, encontró una mesa y colocó la caja encima. La abrió lentamente.

 

Dentro había un jade con un diseño muy particular.

 

Li Jiangling se sintió un poco avergonzado.

—Este jade lo conseguí gracias a Lin Yan, que me ayudó a gestionarlo en su tienda. Pero todo lo demás lo hice yo. Elegí el material, el diseño, el pulido incluso el cordón lo hice yo.

 

Las manos de Wu Ji temblaron de la alegría.

—¿Esto es lo que te tuvo ocupado todos estos días?

 

—Sí. Quería darte una sorpresa. Este jade viene en pareja. Yo tengo el otro.

 

Sacó de su pecho la segunda pieza, con el mismo diseño. Lo más ingenioso era que ambos podían unirse y formar una sola pieza completa.

 

—¿Puedo ponérmelo ahora? —preguntó Wu Ji.

 

—Claro.

 

Wu Ji lo tomó, se lo colocó y no podía dejar de mirarlo. Lo acariciaba como si fuera lo más preciado del mundo.

 

—También aprendí unos platos con el chef del hermano Lin —dijo Li Jiangling—Mandé hacer un wok de hierro y cuando volvamos, te cocinaré para celebrar tu cumpleaños. Y lo más importante, quería decirte que ya lo pensé bien… Me gustas.

 

Su confesión venía mezclada entre cosas cotidianas, dicha con naturalidad, pero Wu Ji la captó al instante.

 

La alegría le iluminó la mirada. Aun estando en plena calle, no pudo evitar abrazarlo.

—Te escuché. Te gusto.

 

Li Jiangling se puso un poco incómodo, asintió apenas, con la voz suave.

—Sí, así es.

 

—Estoy tan feliz, Jiangling. De verdad, muy feliz.

 

—Pues alégrate, pero no me abraces así en plena calle, ¿sí? Al fin y al cabo, soy un maestro respetable.

 

Wu Ji rio y lo soltó. Con una mano lo tomó de la suya y con la otra sostuvo el jade.

 

Volvieron a casa riendo, tanto que hasta el mayordomo se quedó mirando, atónito.

 

Li Jiangling había aprendido dos platos.

 

Wu Ji mandó traer otros más del restaurante y entre ambos llenaron toda la mesa. Parecía un banquete.

 

Li Jiangling se lamentó:

—Así vamos a estar comiendo sobras varios días.

 

Antes, ninguno de los dos vivía bien; jamás habrían tirado comida.

 

—No importa —dijo Wu Ji—. Yo me las comeré. Tú elige lo que te guste.

 

Li Jiangling miró la mesa.

 

Excepto los dos platos que él había cocinado, todos los demás eran sus favoritos.

 

Solo viendo la comida ya no estaba seguro de quién cumplía años.

 

Para celebrar el cumpleaños, Li Jiangling había comprado una buena jarra de vino en la casa de Lin Yan.

 

El aroma era intenso.

 

Y como había decidido que esa noche quería besar a su amante, bebió dos copas de más. Se puso ligeramente ebrio, las mejillas encendidas y se inclinó hacia Wu Ji para darle un beso suave en los labios.

—Lin Yan dijo que, para tu cumpleaños, esto podría ser el mejor regalo.

 

Wu Ji sonrió.

—Con razón dices que es un hombre ingenioso.

 

Y sí, lo era.

 

La mano grande de Wu Ji se posó en la nuca de Li Jiangling, acercándolo de nuevo. Sus labios volvieron a encontrarse. El aroma del vino se mezcló entre ambos, cálido, envolvente.

 

El alcohol empezó a subir.

 

La cercanía se volvió más íntima. La temperatura entre ellos aumentó.

 

Li Jiangling, en medio del beso, sintió de pronto que lo levantaban y lo depositaban sobre la cama. Sus ropas se aflojaron un poco.

 

Li Jianling: ¿…?

 

Li Jiangling: ¡¡¿¿…??!!

 

Li Jiangling volvió a la realidad de golpe.

 

«No, espera un momento.»

 

«¡Así no era!»

 

—Wu… ¡espera… ¡Hmm!

 

—Ya te di una oportunidad.


Comentarios