Capítulo
110: Extra 12.
Wu
Ji, en un momento de alegría, no sabía qué decir, y los sentimientos que
brotaban en su interior eran como una erupción volcánica, llevándolo casi a
chocar con los labios de Li Jiangling.
Lo
besó con urgencia.
Li
Jiangling se asustó mucho con su actitud, perdió el equilibrio y casi se cae al
suelo. Fue Wu Ji quien lo sostuvo, cayendo al borde de la cama, con la mitad de
su cuerpo colgando hacia afuera.
—Wu…
Wu Ji, tú… ¡mmf!
Como
un pollito recién nacido, la primera reacción de Li Jiangling fue intentar
resistirse.
Pero
Wu Ji era como una montaña. No se movía.
Li
Jiangling, horrorizado, tuvo una revelación devastadora:
«¿Wu
Ji pesa tanto?»
«¿Tiene
tanta fuerza?»
«¿No
es un ratón de biblioteca?»
«¡Esto
no cuadra!»
Su
mente era un caos absoluto. Y entonces… emitió un gemido. Un sonido que, si
alguien le preguntara, negaría hasta la muerte que salió de su boca.
«¡No!»
¡Quería
explicarlo!
Wu
Ji claramente lo escuchó, porque se detuvo. Y acto seguido, volvió a besarlo
con una intensidad aún mayor: más feroz, más profunda, más insistente.
Li
Jiangling sintió que se derretía. Como si se volviera una nube suave, ligera,
flotando sin rumbo.
El
beso terminó justo antes de que se quedara sin aire.
Wu
Ji apoyó las manos a ambos lados de su cabeza. Sus ojos brillaban como si
contuvieran estrellas; la alegría dentro de ellos casi se desbordaba.
—Te
gusta.
Wu
Ji estaba tan feliz que por un momento no supo qué decir. La emoción le subió
como una ola, tan fuerte que casi lo empujó a besar a Li Jiangling de nuevo.
Li
Jiangling, sin embargo, se puso rojo hasta las orejas.
—¡No
me gusta! —negó con firmeza.
Wu
Ji frunció el ceño, molesto.
—Pero
gemiste.
La
cara de Li Jiangling, que ya estaba roja, estalló en un rojo aún más intenso. Lo
empujó con fuerza.
Esta
vez, Wu Ji sí se dejó empujar.
—¿Quién
quiere besarte? Te lo estás imaginando.
Wu
Ji no pudo evitar reír. Le tomó la mano, mirándolo con seriedad.
—Entonces…
¿cuál es tu respuesta?
Li
Jiangling se quedó quieto. Ante esa mirada tan sincera, también debía responder
con sinceridad.
—Para
ser honesto, todavía no estoy muy seguro. No me molesta que me beses, de hecho,
me gusta un poco. Pero no sé si esto es por la camaradería entre hermanos de la
misma escuela o por amor. Necesito tiempo para distinguirlo.
Wu
Ji se quedó sin palabras: «¿Desde cuándo los “hermanos” se besan en una
cama?»
—Bien
—dijo Wu Ji—. Entonces probemos. Estemos juntos un tiempo y veamos si llegas a
quererme.
—Está
bien —respondió Li Jiangling.
«Suena
razonable.»
Wu
Ji sonrió y volvió a recostarse, sin soltarle la mano.
—Estoy
enfermo. No deberías quedarte aquí.
—¿Te
preocupa contagiarme? Si fuera a contagiarme, ya habría pasado. A estas alturas
es tarde para preocuparse.
—¿Me
estás culpando?
—No
exactamente —Li Jiangling se acostó a su lado. Sintió que la palma de su mano
sudaba un poco— Antes también dormíamos juntos, pero ahora se siente distinto.
—Mn
—respondió Wu Ji—. Es distinto.
Li
Jiangling se giró hacia él.
—Quiero
preguntarte… ¿cuándo empezaste a sentir algo por mí?
—Cuando
me ayudaste a golpear a alguien.
Li
Jiangling trató de recordar. Había peleado tantas veces que no sabía cuándo fue.
—¿Así
que con solo ayudarte a golpear a alguien ya te gané el corazón?
—Claro
que no. Fue… el detonante.
El
rostro de Wu Ji se sonrojó un poco, pero su mirada era seria.
—No
me atreví a decirlo porque pensaba que este sentimiento no podía mostrarse.
Pero luego vi lo abierto que es Lin Yan y entendí que sí puede mostrarse. Y
ahora que estás aquí, acostado a mi lado soy muy feliz.
La
cara de Li Jiangling se calentó. Desvió la mirada, sintiendo un dulzor extraño
en el pecho.
—Tonto
—murmuró.
—Hace
mucho que quiero tenerte así —dijo Wu Ji—, presionarte contra la cama y
besarte.
Li
Jiangling se pasó la lengua por los labios sin darse cuenta, recordando el
beso.
—La
próxima vez yo te presiono a ti. No vuelvas a aplastarme así.
Wu
Ji pensó que lo decía porque le había dolido, así que solo respondió:
—Está
bien.
Mientras
pudiera besarlo, todo estaba bien.
Li
Jiangling se acostó. Siempre dormía bien y ahora que la gran piedra en su pecho
había caído, se durmió aún más rápido.
Wu
Ji, en cambio, no podía dormir. Estaba demasiado feliz.
Li
Jiangling respiraba tranquilo, dormido como un niño, tan dócil que daba gusto
mirarlo.
Wu
Ji no sabía cuánto tiempo lo observó.
Mucho.
Tanto
que Li Jiangling cambió de postura dos veces, hasta que terminó girándose y
apoyando una mano en su cintura.
Wu
Ji tomó esa mano y la sostuvo, sin permitirle apartarse.
Li
Jiangling no se enteró de nada.
Durmió
sin sueños, profundamente.
Tan
bien que, al despertar y ver la cara de Wu Ji, se quedó un poco aturdido.
Wu
Ji lo miró, conteniendo las ganas de besarlo.
—¿Ya
amaneció? —Al hablar, la voz de Li Jiangling salió ronca.
Wu
Ji se quedó quieto un instante, luego murmuró con un toque de fastidio:
—De
verdad te contagié.
Li
Jiangling le lanzó una mirada de reproche.
—Voy
a levantarme un momento —dijo Wu Ji.
Li
Jiangling no entendió. Si quería levantarse, pues que se levantara. ¿Para qué
avisar?
Cuando
Wu Ji se incorporó, lo comprendió.
Wu
Ji dormía del lado de la pared; para salir tenía que pasar por encima de él. La
cama era pequeña y aunque Wu Ji tuvo cuidado, igual rozó a Li Jiangling.
Li
Jiangling se encogió como si lo hubieran quemado.
Cuando
Wu Ji ya estaba poniéndose los zapatos, por fin reaccionó.
—¡Estás
enfermo! ¿A dónde vas?
—A
llamar al médico para ti.
En
poco tiempo, Wu Ji regresó con el médico.
A
Li Jiangling solo le pasó un poco la fiebre; con dos dosis de medicina estuvo
bien. La enfermedad no le afectó en nada: fue a trabajar como siempre y siguió
parloteando con Wu Ji como si nada.
—Siento
que ahora todo está muy bien —dijo Li Jiangling.
Wu
Ji lo miró.
—Es
como volver a los viejos tiempos —añadió Jiangling, pero enseguida se dio
cuenta de que no era cierto. Su relación ya no era la misma. ¿Cómo podía
sentirse igual?
¿No
significaba eso que nada había cambiado?
—Estamos
juntos, ¿verdad? —preguntó Li Jiangling.
Wu
Ji asintió.
Li
Jiangling murmuró:
—¿Por
qué no siento nada real?
Wu
Ji tomó su mano.
—¿Necesitas
este tipo de sensación?
La
cara de Li Jiangling se puso roja al instante.
Por
suerte, en el camino de regreso había mucha gente. No se notaba. Y aunque se
notara, tampoco importaba: nadie prohibía que estuvieran juntos. Las manos
entrelazadas empezaron a calentarse, a sudar.
Li
Jiangling se sintió incómodo.
—Me
están sudando las manos.
Wu
Ji miró. Era verdad. Sacó un pañuelo y se las secó.
—Pensé
que era solo yo.
Li
Jiangling sonrió. Así que él también estaba sudando.

Comentarios
Publicar un comentario
Deja tu opinión ❤️