Mad For Love 103

   


Capítulo 103: Extra 5.

 

Al día siguiente.

 

Lin Yan puso frente a Li Jiangling la hoja que este le había entregado antes y señaló el papel.

—Míralo tú mismo. Con tantos requisitos, mejor te llevo a pedirle a Su Majestad que te incluya en la selección de esposas.

 

Li Jiangling dio un respingo del susto.

—Tampoco es para tanto.

 

—Tus exigencias son demasiadas. Y demasiado altas.

 

Li Jiangling revisó la lista: «Sí… parece un poco larga. Pero…»

—¿De verdad son altas?

 

—Empecemos por la apariencia. “Rasgos correctos, no demasiado delgada, pero tampoco redonda y rolliza”. ¿No estás pidiendo que sea a la vez flaca y gorda?

 

—No, mi intención era…

 

Lin Yan levantó la mano para interrumpirlo.

—¿Qué tal si te llevo a ver cómo son las muchachas de familias comunes?

 

Li Jiangling lo pensó un momento.

 

En realidad, sí podía ser. No necesitaba que la mujer fuera una dama de familia noble; una chica de hogar corriente también estaba bien.

 

Al ver que aceptaba, Lin Yan no perdió tiempo y lo sacó de inmediato, llevándolo a la zona donde vivían los que hacían trabajos pesados. Allí casi no había mujeres delicadas; predominaban las tías de voz fuerte y carácter explosivo.

 

Desde la calle se escuchaban los gritos de las amas regañando a medio mundo.

 

Li Jiangling se quedó quieto un instante.

—Hermano Lin, busco esposa, no una madre.

 

Lin Ya: “…”

 

Lin Yan se corrigió rápido.

—Solo estamos mirando. No dije que fuera aquí. Estamos observando cómo es la vida matrimonial de otras personas.

 

Li Jiangling observó un rato y comentó:

—La vida después del matrimonio parece no ser muy buena.

 

Lin Yan asintió con energía: «¡Exacto, no muy buena!»

 

Li Jiangling añadió:

—En realidad, he visto muchas familias así.

 

Lin Yan: ¿…?

 

Li Jiangling continuó:

—En mi pueblo muchas casas son así. Al final, la vida está llena de cosas triviales. Los pobres tienen sus preocupaciones, los ricos tienen las suyas. Pero también hay quienes viven bien: respeto mutuo, armonía… Yo solo espero encontrar una mujer con la que pueda vivir así.

 

Lin Yan había perdido.

 

Resultaba que Li Jiangling ya había visto de todo.

 

Así que solo quedaba cambiar de estrategia.

 

Lin Yan pidió expresamente a dos hermosas sirvientas del palacio que colaboraran con él.

 

Decía que era para que Li Jiangling “tuviera contacto con más gente”, pero en realidad era para que “comparara” … y sintiera lo mucho que valía Wu Ji.

 

—¿Saben leer, señoritas? —preguntó Li Jiangling.

 

—No —respondieron las sirvientas.

 

Lin Yan suspiró profundamente.

—Ay… qué lástima. Si no saben leer, tampoco podrán entender poesía.

 

Li Jiangling se quedó pensativo.

—Entonces… ¿querrían venir a estudiar a nuestra academia?

 

Wu Ji: “…”

 

Lin Yan: “…”

«¡Te traje a buscar pareja, no a reclutar alumnas!»

 

Lin Yan estaba desesperado.

—¡Habla de otra cosa!

 

Li Jiangling dudó un instante y empezó a conversar con las dos sirvientas. Cada vez que mencionaba algún tema, ellas —siguiendo las instrucciones previas de Lin Yan— respondían que no sabían o que nunca habían ido, o que no entendían.

 

Entonces Lin Yan intervenía:

—En eso, la verdad, no son tan buenas como el hermano Wu.

 

En resumen: aquellas dos muchachas estaban allí para hacer brillar a Wu Ji.

 

Para que Li Jiangling entendiera que, entre tanta gente en el mundo, solo Wu Ji lo comprendía, lo complementaba, lo conocía y lo cuidaba de verdad.

 

Wu Ji estaba rojo como una manzana por culpa de los elogios de Lin Yan.

 

La mirada de Li Jiangling empezó a cambiar.

 

Cuando las dos sirvientas se marcharon, Li Jiangling agarró a Lin Yan del brazo y lo arrastró a un rincón, hablando en voz baja y con evidente molestia:

—¿Qué estás haciendo?

 

Lin Yan creyó que había sido demasiado obvio.

—¿Lo notaste?

 

—¿Quién no lo notaría?

 

El corazón de Lin Yan dio un brinco. Bueno, si ya lo había notado, mejor hablar claro.

—Ya que lo viste, no te lo oculto. El hermano Wu es una persona excelente, elegante en cada gesto…

 

Li Jiangling lo interrumpió de inmediato, casi indignado:

—¡Pero tú ya tienes al Emperador!

 

Lin Yan: “…”

 

Lin Yan: ¿…?

 

Lin Yan: ¡¿…?!

 

—Te lo digo desde ya: aunque quisieras ponerle los cuernos, ¡no puede ser con mi hermano menor! ¡Si tú no quieres vivir, él sí quiere!

 

Lin Yan quedó sin palabras.

 

Esa noche, al volver, se desahogó con Qi Zhen como si no hubiera un mañana.

 

—¡¿Ese muchacho no tiene cerebro?! Wu Ji es bueno, sí, pero ¿cómo va a compararse contigo? ¿Cómo voy a dejar a una hermosura como tú para irme detrás del hermano menor de otro?

 

Qi Zhen lo miró con calma.

—Con esas habilidades tuyas para “ayudar a otros a conquistar”, ¿de verdad crees que estás capacitado para meterte en estos líos?

 

—¿Qué pasa?

 

Qi Zhen no respondió; solo sonrió. Era una sonrisa llena de burla.

 

Lin Yan se sentó a horcajadas sobre sus piernas y le tomó el cuello con una mano.

—¿No te gusta que sea así? Si no te gusta, ¿por qué se te acelera el corazón?

 

Qi Zhen lo sostuvo por la cintura, echó la cabeza hacia atrás y dejó que lo sujetara, riendo.

—Yo no me enamoré de ti por ser un sinvergüenza.

 

Lin Yan se negó a admitirlo.

—El sinvergüenza eres tú. Yo soy inocente y adorable.

 

Qi Zhen acababa de dejar de reír, pero con eso volvió a soltar la carcajada.

 

La nuez de su garganta se movía bajo la palma de Lin Yan como si lo provocara.

 

Lin Yan rozó los dedos contra ella, apartó la mano y bajó la cabeza para morderle la nuez. Un círculo de marcas rojas quedó alrededor, con la nuez de Qi Zhen en el centro.

 

Con cada movimiento de su garganta, la marca parecía cobrar vida, llamando la atención de forma descarada.

 

Qi Zhen soltó un siseo de dolor y lo levantó en brazos.

 

—¿Así que, como no quiero decir que eres inocente y adorable, vienes a provocarme? ¿Me dejaste marca?

 

—Sí.

 

—¿Y mañana voy a presentarme en la corte imperial con la marca de tus dientes en mi cuello?

 

Lin Yan se apresuró a extender la mano para frotarle la piel, intentando difuminar la marca.

 

Si no, ¿quién no sabría mañana por la mañana que esa mordida era suya?

 

Qi Zhen sonrió con malicia.

—¿Y ahora qué hacemos? Todos los ministros la van a ver.

 

—¡No me avisaste! Si lo hubiera sabido, te habría quitado la ropa antes de morder.

 

Qi Zhen alzó el cuello. Desde la perspectiva de Lin Yan, la línea de la mandíbula y la curva del cuello eran perfectas.

 

¿De verdad no estaba levantando el cuello a propósito para provocarlo?

 

—¿Me lames?

 

—…Rayos.

«Aunque no lo dijeras, igual lo iba a hacer.»

 

Lin Yan se inclinó y besó con fuerza la marca que él mismo había dejado.

 

Qi Zhen lo tomó en brazos y caminó hacia la cama.

—Hoy, mientras ordenaban los almacenes del palacio interior, encontraron algo.

 

—¿Qué cosa?

«¿Otro tesoro? ¿Un regalo para mí?»

 

—La cajita de madera que me diste en nuestra boda.

 

 

El cuerpo de Lin Yan se quedó rígido.

 

—Los sirvientes no entendían bien qué era lo de dentro y vinieron a preguntarme. La escondí bajo las mantas. ¿Quieres verla?

 

«¿Por qué ese desastre seguía existiendo?» Lin Yan aspiró hondo. «¡Porque se me había olvidado!»

 

Esta vez había regresado sin el sistema; era imposible que el sistema recuperara esos objetos.

 

Lin Yan se golpeó mentalmente: «¡Cómo no lo recordé!»

 

—Te preocupas por los asuntos de los demás… ¿no deberías preocuparte un poco por ti?

 

Qi Zhen lo dejó caer sobre la cama. Lin Yan apoyó las manos detrás de sí… y sus dedos tocaron la cajita.

—¿Me… me va a ir muy mal?

 

Qi Zhen no pudo contener la risa. Se inclinó y lo besó con fuerza.

—Hoy un ministro mencionó el asunto de los herederos.

 

Claro. Lo inevitable había llegado.

 

Para un Emperador, los descendientes eran un asunto mayor.

 

Y Qi Zhen no podía adoptar a los hijos de otros príncipes… porque él mismo había eliminado a todos los príncipes.

 

La mano de Qi Zhen se posó sobre el vientre de Lin Yan.

—Mi Qingqing.

 

Su voz era suave, cálida.

 

Lin Yan casi se desmayó.

 

—Mi tesoro Yan Yan.

 

Lin Yan se desmayó por dentro.

 

—¿De verdad no puedes tener hijos?

 

—De verdad no puedo. Lo siento… te decepcioné.

 

Qi Zhen sonrió de lado.

—La sinceridad mueve montañas. Si trabajo el doble, quizá conmueva al cielo.

 

Lin Yan: ¿…?

 

Lin Yan: ¡¿…?!

«¡Qué cantidad de excusas para buscar intimidad!»

 

Lin Yan se dio la vuelta y empezó a trepar hacia el fondo de la cama, usando manos y pies.

 

Qi Zhen, riendo, lo atrapó y lo arrastró de vuelta. Le tomó la mano y la presionó contra la cajita bajo las mantas.

—Quiero que me digas otra vez… lo que hay aquí dentro, ¿para quién es?

 

 

El autor tiene algo que decir:

 

¡No se vayan todavía, habrá un epílogo moderno! ¡Parte moderna!

El trato entre Lin Yan y el sistema para llevar a Qi Zhen a casa.


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