Mad For Love 95

   


Capítulo 95: Me gustas.

No tengo miedo de que el mundo entero lo sepa, y no tengo intención de ocultarlo.

 

La princesa se retiró.

 

Qi Zhen dio un suspiro de alivio.

 

La cena estaba servida en la mesa. El pollo que Lin Yan pidió está en el centro de la mesa.

 

Qi Zhen y Lin Yan intercambiaron mirados, pero ninguno movió sus palillos.

 

Xu Fuquan se acercó sonriendo y levantó el plato de pollo.

—¿Por qué el pollo no está desmenuzado? Me encargaré de esto.

 

Pero después de levantarlo lo volvió a colocar en la mesa.

 

Qi Zhen agitó la mano:

—Déjalo ahí.

 

Un plato de pollo fue colocado al lado de Lin Yan.

 

Lin Yan se llevó un trozo a la boca, frunciendo el ceño:

—¿Por qué este pollo está tan agrio?

 

—Porque estabas bebiendo vinagre.

 

Lin Yan no pudo contener la risa.

 

—¿Fui tan obvio? —Lin Yan reflexionó sobre lo que había dicho antes— Hay algunas frases que, en efecto, son demasiado obvias. Me hace parecer una mujer resentida en el profundo palacio. No puedo quedarme en el palacio por más tiempo, es demasiado aterrador. No es de extrañar que haya tantas luchas en el palacio, probablemente todas son reprimidas.

 

Qi Zhen se congeló.

 

Él entiende que Lin Yan ha estado en el palacio todo este tiempo, y es por él.

 

Pegado a él, también es por él.

 

Miedo, preocupación.

 

«Todavía no quiero que se aleje de mí ni un paso.»

 

—Después del Festival de Linternas, búscame un trabajo. Tú te encargas de revisar los memoriales y yo haré algo al lado. Pero aclaro de antemano, no puedo bordar, me lastimo las manos.

 

Qi Zhen sintió una oleada de calidez en el corazón. Estar ahí tan aburrido, y no proponer salir del palacio.

—Déjame pensarlo.

 

—Piénsalo con calma, todavía tienes unos días —Lin Yan señaló el pollo agrio con los palillos— ¿no lo vas a comer?

 

Qi Zhen miró con un aire travieso.

—No comeré, es todo tuyo, tómate tu tiempo. Después de todo, fue el pollo que te di.

 

Lin Yan no pudo soportarlo y se rio tanto que todo su cuerpo tembló.

 

Pero pronto no pudo reírse más. Qi Zhen le mordió la oreja en la cama y dijo exactamente lo mismo que él en la mesa. Lin Yan tembló de vergüenza y todo su cuerpo estaba rojo. Por primera vez en la cama, Qi Zhen lo avergonzaba y estaba mucho más sensible de lo habitual. También hizo que Qi Zhen estuviera más emocionado y el dolor era interminable.

 

La cooperación con los huigures, al final, se logró y pasaron a ser un estado vasallo del Gran Qi.

 

Además de enviar funcionarios, el Gran Qi también enviaría varias beldades a los huigures.

 

El Rey Huigu debía escoger entre ellas. Fuera de eso, ellos estaban obligados a enviar al palacio imperial del Gran Qi al primer príncipe legítimo que naciera, para servir como rehén.

 

A partir de entonces, los huigures podrían disfrutar de la sombra del gran árbol.

 

—Ya que los Reinos Huigu y Ye Qin están resueltos, ¿qué pasa con los demás pequeños reinos?

 

—¿Quién te dijo que el Reino Ye Qin está resuelto?

 

Lin Yan no entendió.

—¿Todavía se atreven a hacer movimientos?

 

—Hay muchos pequeños estados alrededor del Gran Qi. Si llegaran a formar un cerco, serían tan molestos como moscas. En el banquete de fin de año no solo quiero intimidarlos; también quiero ver quién se acerca a Ye Qin y quién quiere buscar la muerte.

 

Lin Yan comprendió.

—Dejar que salten solos.

 

—¿O quieres que vaya yo a buscarlos?

 

«Sería una pérdida de tiempo y de energía. Habiendo métodos mejores, no hay necesidad de alejarte de mi lado.»

 

—¿Y después qué piensas hacer?

 

—Aprender de ti.

 

—¿De mí?

 

—Anunciar al mundo que vienen a felicitar en apariencia, pero en realidad vienen a conspirar.

 

—¿Quieres armar un escándalo?

 

Qi Zhen dejó la copa sobre la mesa. 

—El asunto ya es un escándalo.

 

No pasaron muchos días antes de que corrieran rumores por las calles de la capital: Beiyan había contactado en secreto a los espías del Reino Ye Qin, con intención de formar una alianza militar para atacar el Gran Qi.

 

«Apenas ha pasado lo de los huigures y ahora esto.»

 

Esa misma tarde, el carruaje de Beiyan fue atacada con hojas de verduras podridas por los ciudadanos. Los enviados de Beiyan no se atrevieron ni a asomar la cabeza, temblando adentro.

 

Los eruditos y literatos en la calle los señalaban, diciendo que los enviados de Beiyan eran una vergüenza, que el Reino Beiyan era astuto y traicionero.

 

El escándalo creció como fuego en aceite. Los enviados de Beiyan ya no se atrevían ni a salir, mucho menos a abandonar la capital. Y la situación del Reino Ye Qin empeoró aún más.

 

Lin Yan estaba recostado en el balcón del pabellón, mirando el alboroto.

—Ahora sí que están unidos funcionarios y pueblo. Hace un rato vi a un niño darle una patada al carruaje. El enviado quiso devolver el golpe, pero los adultos alrededor lo tiraron al suelo y le dieron una paliza. Fue muy gracioso.

 

—Con un enemigo común, la unión surge sola.

 

Lin Yan giró la cabeza. 

—¿También lo calculaste?

 

—Ese fue mi verdadero objetivo.

 

Los enemigos externos no eran algo que Qi Zhen tomara en serio.

 

La Corte Imperial del Gran Qi había estado inestable durante mucho tiempo y en el corazón del pueblo todos lo sabían. Cuando la estructura del gobierno se tambalea, el corazón de la gente también se inquieta. Aunque en la corte y fuera de ella todos ya se inclinaban ante Qi Zhen, lo que él buscaba iba más allá.

 

Qi Zhen quería obediencia sincera. Quería unidad absoluta entre altos y bajos.

 

Lin Yan, apoyado en la baranda, suspiró con admiración. 

—Eres demasiado increíble. Menos mal que yo era un tonto en aquel entonces; si hubiera tenido un poco más de cerebro, tampoco habría podido ganarte. No es de extrañar que tu profesor dijera que eras un talento excepcional. No se equivocó ni un poco.

 

Qi Zhen estaba de pie en lo alto del pabellón, con el viento agitando sus ropas.

 

—El mundo no es el mundo de Qi Zhen, ni el mundo de nadie. El mundo es el mundo de todos los que viven en él. Naturalmente, debo lograr que el pueblo tenga un solo corazón. Ahora no tienen un objetivo; entonces yo les daré uno.

 

«Ser fuertes.»

 

«Tan fuertes que ningún país se atreva a codiciar, ni a intentar pisotear al Gran Qi.»

 

—Beiyan y Ye Qin no podrán marcharse en un buen tiempo. Implementar la nueva política ahora es lo más adecuado.

 

Lin Yan aplaudió para él.

 

Qi Zhen lo miró. 

—Tu deseo, lo cumpliré.

 

«¿Mi deseo?»

 

Lin Yan casi preguntó, pero enseguida recordó la tablilla de madera que había escrito en el templo Qianshan bajo el nombre de Lin Shouyan. Se sintió un poco conmovido. Contuvo la sonrisa y, a propósito, dijo:

—No lo haces solo por mí. Tú naciste con ese objetivo. Qué bien hablas, sabes endulzar, de verdad sabes.

 

Qi Zhen respondió:

—Si el mundo está en paz y no hay guerras, tú también estarás a salvo.

 

Esta vez Lin Yan no pudo contener la risa.

—Entonces te ayudaré. En asuntos de opinión pública, tengo experiencia.

 

—¿Quieres ayudarme?

 

—Mn.

 

—Entonces, ¿debo nombrarte funcionario o nombrarte consorte?

 

—Nómbrame “Guirén”.

(N.t.: Noble de bajo rango en el harén)

Qi Zhen: ¿…?

 

Lin Yan ya lo tenía pensado. 

—Así también puedo experimentar la sensación de un ascenso.

 

Qi Zhen: “…”

 

—Pero lo de ser Emperatriz, mejor no —dijo Lin Yan, mirando a la gente en las calles de la capital—. Eres el emperador; al final deberías tener una mujer como Emperatriz.

 

Qi Zhen lo tomó por la muñeca y lo atrajo hacia sí. Lo miró a los ojos, firme, solemne. 

—No tendré a nadie más. En esta vida, nunca. No quiero a nadie más.

 

—¡Pues claro que no! Lo que quiero decir es que dejes el puesto vacío.

 

—No. Voy a nombrarte a ti. Nadie podrá detenerme. Me gustas, no temo que el mundo lo sepa y nunca he pensado en ocultarlo. Si estás conmigo y ni siquiera puedo darte eso, ¿cómo podría llamarme tu hombre?

 

El corazón de Lin Yan dio un vuelco, un estremecimiento dulce y eléctrico. No pudo evitar provocarlo, corrigiendo: 

—Yo soy tu hombre.

 

«A plena luz del día.»

 

Las orejas de Qi Zhen se tiñeron de rojo. Miró alrededor para asegurarse de que nadie pudiera oírlos y murmuró: 

—Mn —Luego preguntó, muy serio— ¿Quieres que te llame esposo?

 

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