Capítulo
132: El Viejo Maestro.
No
puede crecer más, así que quédate calvo.
Al
llegar a las puertas de la ciudad, los dos entraron en la residencia del
comandante, uno delante y otro detrás.
—Por
fin ha regresado, joven maestro Lu —Tie Heng, que llevaba un buen rato dando
vueltas por el patio, corrió a recibir a Lu Zhui en cuanto lo vio—. Los hombres
del jefe Cao Xü acaban de venir a informar. Dijeron que los exploradores vieron
a ese forastero llevándose al joven maestro Lu fuera de la ciudad. Si no
aparecía pronto, me temo que el viejo héroe Lu habría salido a buscarlo.
—¿Qué
ha pasado? —Lu Wuming le apartó la mano que le cubría la oreja—. ¿Estás herido?
—Ni lo
menciones —Lu Zhui se dejó caer en el banco de piedra—. Esta vez fui demasiado
descuidado. Ese segundo príncipe del Reino de Xilan no solo no es tonto, sino
que tiene la astucia de un zorro. Ya salió de la ciudad; quizá regresó al
desierto, quizá aún ronda por los alrededores. Sea como sea, el comandante Tie debería
reforzar la vigilancia.
Tie
Heng asintió.
—Voy a
ocuparme de inmediato.
Lu
Zhui ladeó la cabeza. Mientras Lu Wuming le aplicaba el ungüento, le contó por
encima lo ocurrido en los últimos días… Naturalmente, omitió la parte en la que
el otro, con intenciones indecorosas, abrió la boca llamándolo “belleza
deslumbrante”.
—Si es
tal como dices, su objetivo no debe ser únicamente la tumba Mingyue —dijo Lu
Wuming—. Tu análisis es acertado: ese hombre será un gran problema para Gran
Chu en el futuro.
—Por
grande que sea el problema, no se compara con Guli Khan en aquel entonces
—respondió Lu Zhui—. El Emperador Chu sabrá manejarlo.
—La
victoria aplastante de aquellos años fue gracias al líder del Palacio Perseguidor
de las Sombras, Qin Shaoyu. Esta vez no es tan seguro —Lu Wuming negó con la
cabeza—. En la corte imperial faltan generales capaces; hasta el propio
comandante Tie vive suspirando por ello.
Mientras
los dos conversaban, una figura ligera saltó por encima del muro y cayó con
firmeza en el patio.
—Señor
Lu —saludó Xiao Lan.
—Escuché
a Mingyu decir que ese príncipe de Xilan tiene una habilidad comparable a la
tuya —preguntó Lu Wuming.
Xiao
Lan asintió.
—¿No
estás herido? —Lu Wuming lo examinó de arriba abajo.
—No,
pero fui incapaz de detenerlo. Se me escapó —dijo Xiao Lan.
—Si se
atrevió a venir solo al Gran Chu, es natural que tenga la capacidad de
retirarse ileso —respondió Lu Wuming—. No tienes por qué culparte.
—Padre
—Lu Zhui se volvió—, tengo otra cosa que decir.
—¿Qué
cosa? —preguntó Lu Wuming.
Lu
Zhui miró a Xiao Lan.
El
corazón del gran héroe Lu dio un vuelco.
«¡No!
¡Tu padre no está de acuerdo! ¡No se permite pedir matrimonio!»
Pero
Xiao Lan dijo:
—Quisiera
pedirle al señor que envíe a Mingyu de vuelta a la Mansión del Sol y la Luna
cuanto antes.
—¿Solo
eso? —Lu Wuming se quedó un instante atónito, aunque no llegó a relajarse. Miró
a Lu Zhui—. ¿Tú también estás de acuerdo?
Lu
Zhui asintió.
El
ceño de Lu Wuming se frunció.
—¿Qué
ha pasado? —Conocía bien el carácter de su hijo. Aunque faltaban meses para el
plazo acordado, incluso si ya hubiese llegado, Lu Zhui encontraría la forma de
retrasarlo. Que ahora fuese tan obediente solo podía significar que algo había
cambiado.
Xiao
Lan relató palabra por palabra lo que la tía Fantasma había dicho, sumado a las
últimas palabras de Black Spider antes de morir.
—¿Honglian
Gu? —Lu Wuming negó con la cabeza—. Después de que Mingyu salió de la tumba Mingyue,
sí, estaba débil y enfermizo. Pero consulté a decenas de médicos, y todos
dijeron que era por las torturas sufridas en ese lugar sombrío. Nadie mencionó
jamás un “Honglian Gu”, mucho menos que se lo hubieran extraído.
—Yo
tampoco lo creía, pero Black Spider dijo que hace años, para curarme, la tía
realmente dejó algo dentro del cuerpo de Mingyu. Y ahora ese veneno frío que
aparece sin patrón alguno quizá tenga que ver con eso —dijo Xiao Lan—. Aunque
no podamos explicarlo del todo, si Mingyu regresa a la Mansión del Sol y la Luna,
yo estaré más tranquilo… y usted también.
Lu
Wuming volvió a mirar a Lu Zhui.
—Está
bien —dijo Lu Zhui—. Haré lo que padre decida.
—Si me
hubieras hecho caso, la vez pasada no habrías salido jamás de la Mansión del Sol
y la Luna —Lu Wuming negó con la cabeza—. Ni sé a quién le haces caso, en
realidad.
Lu
Zhui: “…”
Oh.
—Dentro
de un mes iré a la Mansión del Sol y la Luna —dijo Xiao Lan—. Le dejo a Mingyu
en sus manos, señor.
«Mi
hijo, ¿por qué habría de dejarte a ti encargarte de él?»
Lu
Wuming, con su porte imponente, añadió:
—¿Y
qué hay del Reino Nuyue?
—Quizá
nos maldigan en secreto, pero si quieren aliarse, tendrán que seguir nuestras
condiciones —Lu Zhui se frotó detrás de la oreja, donde aún le dolía—. Que
sigan comiendo gratis en casa del tío Cao un tiempo más.
Xiao
Lan le sujetó la muñeca.
—No te
toques.
—Está
bien —obedeció Lu Zhui.
Lu
Wuming, incapaz de soportar la escena, salió con las manos a la espalda.
Lu
Zhui sonrió.
—¿Cuándo
vuelves?
—Mañana
por la mañana —Xiao Lan se agachó frente a él—. Quiero acompañarte un poco más.
—Dame
un masaje —Lu Zhui se ladeó—. Me duele la cintura. Ese caballo corría como si
volara, retumbando… solo le faltaba echar alas.
—Es un
Feisha Hongjiao —Xiao Lan lo acomodó en su regazo y masajeó suavemente su
cintura.
—¿Qué?
—Lu Zhui no oyó bien.
—Los
caballos de guerra del desierto ya son más robustos que los comunes. El Feisha
Hongjiao es una rareza aún mayor: suelen vivir en grupos de tres o cinco junto
al Lago Espejo del Mar de Arena. Solo los guerreros más valientes pueden
domarlos —explicó Xiao Lan—. Lo escuché hace tiempo.
—Qué
rabia —Lu Zhui se sostuvo la cintura con ambas manos—. Yo no tengo uno. Ni
siquiera había oído hablar de ellos. Parezco un campesino sin mundo.
—Lo
recordaré —Xiao Lan sonrió—. Te regalaré uno la próxima vez.
—No,
lo dije por decir. ¿Cómo vas a ir al desierto a buscarlo? —Lu Zhui se recostó
contra él—. Primero hay que resolver lo de la tumba Mingyue.
—¿Hay
noticias de Fu? —preguntó Xiao Lan.
—Ninguna
—Lu Zhui suspiró—. Lleva años entrando y saliendo de la tumba Mingyue. Si
quiere esconderse, sería muy fácil para él.
—Yo
tengo una forma de encontrarlo —dijo Xiao Lan.
—¿Qué
forma? —Lu Zhui se animó.
—No es
un plan perfecto; de hecho, es un poco descabellado. Pero no podemos esperar
más. Necesito descubrir qué hay en tu cuerpo —dijo Xiao Lan—. Eso es lo más
importante.
—Cuéntame
—Lu Zhui lo pinchó con un dedo.
—Mientras
Fu siga vivo, la Dama de Jade Blanco seguirá teniendo un enorme poder de
atracción sobre él —explicó Xiao Lan.
—¿Quieres
difundir el rumor de que la tumba de la Dama de Jade Blanco fue destruida, para
enfurecerlo? —Tanteó Lu Zhui.
Xiao
Lan negó con la cabeza.
—No
destruida. Quiero que crea que la Dama de Jade Blanco… ha vuelto a la vida.
Lu
Zhui se sorprendió al principio, pero luego reflexionó.
—Tiene
sentido. Para la gente normal sería un disparate, pero para un loco como él…
sería una tentación irresistible.
—Así
que dame un mes más —Xiao Lan tomó sus manos—. Sea como sea, te devolveré la
salud.
Lu
Zhui sonrió.
—De
acuerdo.
Al
caer la tarde, la cocina envió una caja con comida: pescado, carne e incluso
una jarra de licor.
Lu
Zhui destapó la botella, olió y negó.
—¿Creen
que soy un niño?
—Es
vino de arroz, también sirve —dijo Xiao Lan—. Dulce, para calentarte el cuerpo.
—Cuando
estaba en Wang Cheng, tenía este mismo cuerpo y jamás me sentí un enfermo —dijo
Lu Zhui—. Bebía igual y después podía enfrentarme al Gran Jefe Zhao en un
duelo.
—Por
eso tengo que controlarte —Xiao Lan le mezcló un cuenco de fideos—. Beber y
pelear te alegran un rato… y luego pasas medio mes tosiendo en la cama, ¿hmm?
Lu
Zhui: “…”
«Al
menos había sido un rato agradable.»
—Para
desintoxicar, primero hay que fortalecer el cuerpo —Xiao Lan lo observó
mientras comía—. Si engordas un poco, también me quedaré más tranquilo.
—Eso
mismo dijo la dama Tao —Lu Zhui se rio—. Igualito.
—Mi
madre se preocupa por ti —dijo Xiao Lan.
—Ya
que hablamos de eso, quiero que Ah Liu y la señorita Yue se queden —dijo Lu
Zhui—. Así acompañan a la dama Tao, y tú también tendrás más manos.
—Decide
tú —respondió Xiao Lan—. En esas cosas no me meto.
En los
últimos días, en la posada, Lu Zhui apenas había tenido apetito. Pero ahora,
con la persona que amaba a su lado, por fin sintió que el estómago despertaba.
Se comió dos cuencos de arroz, tres platos y una olla de sopa, hasta quedar con
la barriga redonda y tensa. Ya entrada la noche, seguía sintiéndose demasiado
lleno, y con el ceño fruncido buscaba alguna medicina para la digestión.
Xiao
Lan no sabía si reír o llorar.
—Lo
aprendí del señor Tongwen —dijo Lu Zhui—. Cada vez que salía del palacio,
terminaba igual.
Xiao
Lan abrió la caja de medicinas para ayudarlo, pero un saquito de tela llamó su
atención.
—¿Qué
es esto?
—Un
mechón de pelo —respondió Lu Zhui.
Xiao
Lan parpadeó.
—¿Pelo
de qué?
—Ni
idea. Me lo dio el maestro Faci, dijo que era un tesoro —explicó Lu Zhui—.
Seguro es de algún pájaro o bestia espiritual. El color es raro, así que lo
guardé.
Xiao
Lan volvió a guardar con cuidado aquellos pelos blancos con destellos dorados y
cerró la caja.
Un
trueno estalló en el horizonte. Era la lluvia otoñal del Jiangnan, fina y
persistente, extendiéndose de este a oeste, envolviendo todo en una bruma
húmeda.
En la
Mansión del Sol y la Luna, Ye Jin se había quedado dormido un rato apoyado en
la mesa. Al despertar, se arropó mejor y preguntó al sirviente en la puerta:
—¿El
joven mayor Shen aún no ha vuelto?
—No, médico
divino Ye —respondió el sirviente—. Dicen que llegó un invitado.
«¿Un
invitado?»
Ye Jin
miró el cielo oscuro. Preocupado porque Shen Qianfeng llevaba poca ropa, tomó
un abrigo grueso, abrió el paraguas y fue a buscarlo al salón principal.
—¿Este
es el señor del Valle Qionghua? —Antes de entrar, un hombre apareció frente a
él como caído del cielo, con una ligereza imposible de medir.
El médico
divino Ye dio un respingo. Su primer impulso fue golpearlo, pero al ver que era
un anciano, se contuvo.
—¿Por
qué no estás durmiendo? —Shen Qianfeng se acercó y le habló en voz baja—. Has
estado ocupado todo el día.
Ye Jin
le puso el abrigo sobre los hombros y miró al anciano.
Cabello
blanco, rostro lozano, espíritu enérgico, un aire de buena fortuna… salvo por
un detalle ridículo: unas cejas larguísimas y blancas que colgaban hacia abajo.
Bueno, una sola; la otra parecía haber desaparecido.
—Este
es el señor Yang Qingfeng —dijo Shen Qianfeng—. Amigo de mi abuelo. Pasaba
cerca de la Mansión del Sol y la Luna y vino a tomar una copa.
—Señor
—Ye Jin saludó con corrección. «A su edad debería estar durmiendo.
Trasnochar no es bueno; lo dice la medicina.»
—Así
que tú eres el famoso señor del Valle Qionghua. Tan joven y delicado —Yang
Qingfeng dio una vuelta a su alrededor y luego dijo a Shen Qianfeng—. Cuando
escuché que te habías casado con el mejor médico del mundo, pensé que era ese
viejo decrépito Guishou [1]. Casi me hago encima del susto.
Shen
Qianfeng: “…”
Ye
Jin: “…”
—Doctor,
mire, ¿cree que esta ceja dorada me volverá a crecer? —Yang Qingfeng acercó la
cara.
—No
—dijo Ye Jin sin rodeos—. Quédese calvo. Está bien así.
Yang
Qingfeng quedó horrorizado.
—Ni
siquiera me ha examinado. ¿Cómo que calvo?
Ye Jin
sonrió con amabilidad.
—Si no
duerme pronto, la otra también se caerá.
Yang
Qingfeng se cubrió la ceja restante con ambas manos.
—Vengan
—ordenó Ye Jin—. Acompañen al señor a descansar.
Un
guardia secreto de la mansión respondió y, con toda cortesía, “invitó” al
anciano a retirarse. Shen Qianfeng soltó un suspiro y sonrió con amargura.
—Si no
venías, me habría tenido hablando hasta el amanecer.
—Solo
se aprovecha de que eres tan correcto —Ye Jin caminó con él de regreso—. ¿De
qué estaban hablando?
—Del
segundo jefe Lu —respondió Shen Qianfeng.
Ye Jin
se detuvo.
—¿Quién?
Glosario:
1.
Guishou: es otro médico divino
y artista marcial, cuya participación recurrente es en los libros 1 y 2. Es el
shifu o maestro de Qin Shaoyu, el top protagonista de esos libros.


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