Capítulo
124: Libros Antiguos.
Librito
prohibido.
—Me
tienen encerrada en este Pabellón Xiú todo el día, sin poder ir a ningún lado.
¿Ni siquiera puedo leer un libro? —Tie Yanyan empujó a la sirvienta con el
codo, guiñándole un ojo y bajando la voz—. “Ese”… ¡Está buenísimo!
—¡¿Qué
tiene de bueno?! —la sirvienta puso ambas manos sobre la pila de libros, casi
al borde del llanto—. Señorita, no debe volver a leer esas cosas. ¡Qué
vergüenza!
—¡Ay,
quita las manos! —Tie Yanyan forcejeó un buen rato hasta sacar otro libro—.
Este es el que buscaba.
—¿Y
eso qué es? —preguntó la sirvienta, temblando de miedo.
—No lo
sé —Tie Yanyan se sentó en la silla y, con un pañuelo, empezó a limpiar con
cuidado la cubierta.
—Está
hecho polvo. ¿Para qué lo compró la señorita? —la sirvienta no entendía nada.
Era un
libro antiguo, amarillento, con la portada medio destruida. No se distinguía el
título. Los bordes de las páginas estaban tan deshilachados que parecía que en
cualquier momento podría salir una cucaracha de entre ellas.
—Fue
un añadido que me dio el dueño de la librería cuando compré otros libros
—explicó Tie Yanyan—. La escritura es antiquísima. No reconozco ni un carácter.
—Usar
algo así como “añadido”… ¡Ese Wu! el dueño de la librería, sí que es tacaño
—refunfuñó la sirvienta—. Solo se aprovecha de gente amable como la señorita.
—Yo
tampoco lo quería, pero tenía unos dibujos bonitos, así que lo guardé —dijo Tie
Yanyan—. Y ahora viene perfecto para regalárselo al joven maestro Lu. Él es tan
erudito que seguro le interesará.
—Otra
vez el joven maestro Lu… pero si él no quiere casarse con usted —murmuró la sirvienta—.
¿Por qué piensa tanto en él?
—¿Y
qué si no quiere casarse? Yo tampoco quiero casarme. ¿No puedo pensar en un
joven guapo? —Tie Yanyan lo dijo con toda la razón del mundo.
«Pensar
está bien… mientras no se quede atrapada pensando para siempre», pensó
la sirvienta, haciendo un puchero. Luego envolvió el libro roto y añadió:
—Voy
al patio delantero a ver si el joven maestro Lu ya regresó.
—Ve,
ve —Tie Yanyan la despidió con la mano. En cuanto la sirvienta salió, se agachó
con sigilo, cerró la puerta y sacó del fondo del fardo el “librito prohibido”.
«Este sí
que es muy bueno, con texto y dibujos hermosa. Es toda una joya.»
***
La sirvienta
dio vueltas por todo el patio delantero. Todos decían que el joven maestro Lu
seguía fuera; solo el gran héroe Lu había regresado hacía media hora.
—¿Una
carta de Wang Cheng? —preguntó Lu Wuming.
—Así
es —respondió Tie Heng—. Aunque está dirigida por Lord Wen, el sello es de la
familia imperial. Debe abrirla el joven maestro Lu.
—Mingyu
volverá en tres días —dijo Lu Wuming—. ¿Habrá problema?
—No
debería. Lord Wen envió un mensajero común, no usó al Batallón de Plumas
Voladoras. Wang Cheng está a mil li de aquí; tres o cinco días no
hacen diferencia. Mientras el gran héroe diga que el joven maestro Lu volverá
en tres días, yo me quedo tranquilo —Tie Heng hizo una pausa y preguntó con
cautela—. ¿Puedo saber dónde estuvieron estos días?
—Fuera
de la ciudad, investigando algo —respondió Lu Wuming—. Los que rondaban la
residencia del comandante eran amigos. No hay de qué preocuparse.
—¿Amigos del Jianghu? ¿Y con
qué propósito? —Tie Heng frunció el ceño—. Como comandante militar, debo
preguntar. Espero que el gran héroe no se ofenda.
—Por
la Tumba Mingyue —dijo Lu Wuming.
Tie
Heng suspiró.
—Lo
imaginaba.
—¿Tiene
algún plan, comandante? —preguntó Lu Wuming.
Tie
Heng negó con la cabeza.
—Lord
Wen ya lo dijo: todo lo relacionado con la Tumba Mingyue debe discutirse cuando
el joven maestro Lu regrese dentro de tres días.
***
En la
Tumba Mingyue, Lu Zhui doblaba una a una las prendas sobre la cama,
colocándolas ordenadas dentro del armario.
Xiao
Lan lo abrazó por detrás.
—Aún
no estamos casados y ya haces las tareas por mí.
—Es
que te esperé un buen rato y no volvías —Lu Zhui se giró—. ¿Qué te dijo la tía
Fantasma?
—Hablamos
de ti —Xiao Lan lo tomó de la mano y lo hizo sentarse—. Intenté sonsacarle a la
boticaria qué causó tu constitución yin fría. Aunque solo dijera una o
dos cosas, sería mejor que seguir adivinando. Ni siquiera el médico divino Ye
tiene idea.
—¿Y?
—La
tía no es fácil de tratar —Xiao Lan negó—. Esto no puede apresurarse. Habrá que
ir poco a poco.
—Mn
—Lu Zhui le sirvió una taza de té—. Entonces, ¿cuándo iremos a la sala de
torturas?
—Dentro
de una hora. Aún hay patrullas —Xiao Lan olió la taza—. Huele bien. ¿Trajiste
té?
—Mira
tú, has avanzado y puedes olfatear bastante bien —Lu Zhui sonrió—. ¿Cómo iba a
traer té en medio de este caos? Son brotes tiernos que saqué de tu lata vieja.
Son más fragantes que las hojas gruesas mezcladas.
—¿Y
eso hiciste mientras yo no estaba? —Xiao Lan se sorprendió.
—Y
esto también —Lu Zhui le entregó un fajo de papeles, apoyando la cabeza en una
mano—. La Técnica de traspaso de Alma. Copié el contenido del libro antiguo,
para no olvidarlo cuando las cosas se compliquen.
—Si
estuve fuera apenas una hora —Xiao Lan le pellizcó la mejilla, divertido—. ¿Y
en ese rato doblaste ropa, seleccionaste té y copiaste un libro entero?
¿Metiste a un ayudante escondido?
—Mientras
seleccionaba el té, repasé el contenido del libro. Luego lo escribí. Después me
mareé, así que ordené tu armario, que estaba hecho un desastre —dijo Lu Zhui—.
Eso se llama hacer dos cosas a la vez. Si quieres aprender, te enseño.
—Yo
solo tengo espacio para ti. ¿Cómo voy a dividirme? —Xiao Lan lo tomó en brazos
y lo sentó sobre su regazo, besándolo—. ¿Aún te mareas?
Lu
Zhui apoyó la barbilla en su hombro.
—Mn.
—Duerme
un rato —dijo Xiao Lan—. No hay prisa.
—No
quiero ir a la cama. Abrázame así.
Xiao
Lan sonrió, rozándole la mejilla con los labios.
—Con
tantas exigencias… debería cobrarte.
—Te pagaré
—Lu Zhui lo abrazó más fuerte.
El
mareo no era sueño, sino exceso de pensamientos. No planeaba dormir; solo
quería quedarse quieto, apoyado en su pecho, mirando al frente como si
estuviera en blanco.
Xiao
Lan cubrió sus ojos con la mano, cálida y seca.
—Antes
no entendíamos por qué la Tumba Mingyue parecía un enorme laberinto —dijo Lu
Zhui—. Ahora creo que realmente debería ser así.
—¿Qué
murmuras? —preguntó Xiao Lan— Estás
hablando solo.
—Mi
antepasado… no hay muchos en el mundo con una paranoia más grande —Lu Zhui se
incorporó.
—Ya
veo que no piensas dormir —Xiao Lan no sabía si reír o llorar—. ¿Y dices eso
aquí, dentro de la tumba de tu antepasado?
—¿Y
qué? Delante de él he hecho cosas peores —Lu Zhui le dio una palmadita en la
mejilla—. Tú no te acuerdas. Es una lástima.
Xiao
Lan: “…”
Lu
Zhui bebió de un trago una taza de té caliente.
—En
aquel entonces, él tenía el poder del mundo en sus manos. Solo poner una Formación
de Espejismo Floral en la entrada de la tumba no lo habría dejado
tranquilo.
—Lo
recordaré… —dijo Xiao Lan.
—Mn…
—Sigue
—dijo Xiao Lan.
—Solo la
Formación de Espejismo Floral no basta. Y los mecanismos dentro de la
tumba tampoco —dijo Lu Zhui—. Tenía que construir, entre la entrada y la cámara
principal, una ciudad laberíntica de mecanismos, enorme e imposible de romper.
Solo así podía impedir que cualquier intruso llegara a la verdadera tumba. Ese
es el auténtico propósito de esta Tumba Mingyue.
—Entonces,
para entrar en la cámara principal, primero debemos abrir la tumba Mingyue
donde estamos ahora —dijo Xiao Lan—. Suena difícil. Pero si es lo que quieres
hacer, te acompañaré, aunque sea al infierno.
Más
tarde, ambos fueron a la sala de torturas.
—¿Por
qué estás tan seguro de que aquí habrá una salida? —preguntó Xiao Lan—. Si el
pintor quería llevarse a la Dama de Jade Blanco, también pudo usar el pasadizo
custodiado por los Tigres de Hierro.
—Es
posible —admitió Lu Zhui—. Pero quiero revisar aquí primero. Según la
distribución de la tumba, esta cámara no debería existir. Desde cualquier
ángulo es un callejón sin salida. Por eso, para que tenga sentido, debe tener
algún uso.
—Precisamente
por ser tan oculta y apartada, se usaba para interrogar a los traidores
—explicó Xiao Lan—. Los discípulos la llamaban la Puerta del Infierno. Quizá la
tía la excavó recientemente. Mira el color de la tierra: no parece antigua.
—Mn
—los ojos de Lu Zhui vacilaron.
Xiao
Lan lo notó.
—Tú…
—Hace
muchos años vine a buscarte. No estabas. La tía Fantasma me encerró aquí —Lu
Zhui sonrió—. Ha pasado tanto tiempo que cuando pasé por aquí la última vez, ni
lo reconocí.
—¿Cuándo
entraste solo a la Formación de Espejismo Floral? —preguntó Xiao Lan.
Lu
Zhui le apretó las mejillas con ambas manos.
—No
hablemos de eso. A trabajar.
Xiao
Lan lo miró un largo rato antes de asentir.
—Está
bien.
La
sala era grande y llevaba años abandonada. Montones de estructuras de madera y
herramientas de hierro se apilaban por todas partes, cubiertas de telarañas. Un
lugar así podía esconder un pasadizo… o una persona. Incluso Lu Zhui, después
de dar una vuelta, sintió dolor de cabeza.
—¿Quieres
que busque yo? —preguntó Xiao Lan.
—¿Y
cómo piensas buscar? —Lu Zhui lo miró.
—Si no
podemos encontrarlo en secreto, lo haremos a plena luz —dijo Xiao Lan—. Según
tu análisis, este pasadizo debía servir para escapar al exterior. Así que,
aunque lo encontremos, no importa que la tía lo sepa. Y si no encontramos nada,
mejor: le diré que buscaba el tesoro que escondió Black Spider y que no había
nada.
—Mn…
—Lu Zhui miró alrededor—. Por cierto, ¿qué pasó con la Black Spider?
—Ni
vivo ni muerto. Sigue encerrado bajo el Gran Salón del Loto Rojo —respondió
Xiao Lan—. Tiene los huesos duros. No quiere decir nada sobre Fu.
—Si no
habla, significa que aún espera que Fu lo rescate —dijo Lu Zhui—. Pero ni
siquiera apareció cuando destruyeron a la Dama de Jade Blanco. Lo más probable
es que Black Spider espere en vano.
No
había terminado de hablar cuando se escucharon pasos afuera.
Xiao
Lan reaccionó al instante. Antes de que Lu Zhui pudiera procesarlo, ya lo había
tomado por la cintura y lo había llevado a un rincón oculto.
La que
entró fue la boticaria.
Ambos
se quedaron perplejos. ¿Qué hacía ella en un lugar tan abandonado?
Xiao
Lan pensó que en solo unos días la boticaria parecía aún más envejecida. Su
espalda estaba más encorvada y la enorme joroba la hacía parecer casi una bola
cuando se agachaba.
Caminaba
despacio, tocando uno por uno los marcos de madera caídos, murmurando como si
buscara algo… o a alguien.
La
sangre oscura en los instrumentos de tortura, corroída por los años, parecía
negra. La boticaria metió la mano en un agujero carcomido por insectos, escarbó
con fuerza y sacó un gusano enorme que se retorcía.
A Lu
Zhui se le erizó la piel.
Guardó
el gusano en un frasco de porcelana y se marchó.
—¿Podemos
salir? —susurró Lu Zhui.
Xiao
Lan escuchó un momento y asintió.
—¿Está
criando insectos gu con esa sangre seca? —preguntó Lu Zhui.
Xiao
Lan observó el instrumento.
—No
está seca. Es sangre fresca. Capas y capas superpuestas, por eso parece negra.
Lu
Zhui se acercó.
—¿Está
fresca?
—Debe
ser su propia sangre —Xiao Lan sacó unos guantes de seda de gu celestial.
—¿Vas
a atraparlo con la mano? —Lu Zhui se alarmó.
—No
puede morderme —dijo Xiao Lan, metiendo la mano—. Si la boticaria lo cría,
quizá tenga relación con tu veneno. Primero veamos qué es. Y si no tiene
relación… siempre puedo regalárselo al médico divino Ye. Seguro le encanta.


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