Capítulo
116: Mejor juntos.
Finalmente
conocí al apuesto joven maestro Lu.
El hombre con el que Yao Xiaotao se había casado se llamaba Shu Yiyong. Si uno lo pensaba con seriedad, debía ser nada menos que el príncipe heredero del legendario Reino Nuyue. Pero ese título no era más que una etiqueta de boca en boca. Aquella isla perdida en la inmensidad del océano, aunque llevaba el nombre de “reino”, se parecía más a una gran secta del Jianghu: el viejo abuelo Shu guiaba a varios miles de habitantes que pescaban y cultivaban la tierra, viviendo en paz, sin disputas con el mundo. Tampoco eran tan misteriosos como decía la leyenda; de hecho, enviaban barcos mercantes para intercambiar bienes cotidianos y objetos raros.
Shu Yiyong era el líder de una de esas
flotas. Le gustaba mucho el Gran Chu, viajaba allí con frecuencia… y hasta su
esposa había sido un regalo del destino, un hilo rojo que el viejo Yue Lao
había estirado desde el Gran Chu hasta la isla. Encantadora, vivaz, luminosa:
cuando se sentaba sobre las rocas con su vestido rojo y cantaba, parecía una
sirena de los cuentos. Lo único malo era que, cada dos por tres, mencionaba a
los dos jóvenes caballeros de aquella noche sangrienta, hasta darle dolor de
cabeza.
Yao Xiaotao, ofendida, dejó de hablarle.
Shu Yiyong se incorporó.
—Está bien, está bien. Cuando Azhang
regrese esta noche y nos cuente la situación, te llevaré a ver a ese Lu Mingyu.
—¿De verdad? —Yao Xiaotao lo miró de
reojo.
Shu Yiyong, sin saber si reír o llorar,
volvió a tumbarse.
Ella le tiró de la manga, moviéndola con
dulzura, feliz como una niña.
Más tarde, un hombre regresó del
exterior. Vestía ropa corta azul oscuro, tenía la piel bronceada por el sol:
era evidente que pasaba largas horas en el mar. Era Azhang, el mismo del que
Shu Yiyong había hablado: fuerte, silencioso, de absoluta confianza.
—¿Y bien? —preguntó Shu Yiyong.
—Alguien intentó envenenar al joven maestro
de la familia Lu —respondió Azhang.
—¿Ah? —Yao Xiaotao se sobresaltó antes
que nadie—. ¿Quién querría envenenarlo?
—No se preocupe, cuñada, el joven maestro
Lu está bien —se apresuró a decir Azhang.
Shu Yiyong le dio unas palmaditas en el
hombro a Yao Xiaotao.
—¿Lo ves? Ahora todo el mundo sabe que
te gusta ese joven maestro de la familia Lu.
—No es “gustar”… bueno, sí, pero no es
ese tipo de gustar. Tú… ay, olvídalo, no lo entenderías —Yao Xiaotao agitó su
pañuelo con fastidio—. ¡Habla del asunto!
Azhang contuvo la risa y miró a Shu
Yiyong con cierta compasión antes de continuar:
—El joven maestro Lu llevaba pocos días
viviendo en la residencia del comandante cuando alguien irrumpió en el jardín
trasero de la familia Tie. En plena noche, atrapó a la señorita mayor de la
familia.
—¿Para qué secuestrar a la señorita Tie?
—preguntó Shu Yiyong, desconcertado.
—Ese hombre tenía muy buen novel de
artes marciales. No me atreví a acercarme demasiado y no escuché bien lo que
decían —explicó Azhang—. Pero no se la llevó. A la mañana siguiente, la
señorita Tie envió a una sirvienta a comprar fruta confitada para regalársela
al joven maestro Lu. Y no pasó mucho tiempo antes de que aquel hombre se colara
en la cocina y envenenara la bandeja.
Yao Xiaotao se tensó. Parte por el
veneno… parte por la idea de que alguien más rondara al joven maestro Lu.
—No sé qué tipo de veneno era, pero tomé
una pieza —Azhang sacó un pequeño envoltorio de papel aceitado—. El hermano
mayor dijo que no debíamos revelar nuestra existencia al joven maestro Lu, ni
advertirlo directamente. Así que, en el apuro, solo pude espolvorear un poco de
Cresta Roja de Grulla sobre la fruta confitada. Muy evidente, para que notara
que había un problema.
Shu Yiyong asintió.
—Bien hecho.
—Y así fue. Él lo notó y fue a buscar a
Tie Heng —continuó Azhang—. Pero parece que están convencidos de que la
envenenadora es la señorita Tie, y la encerraron en el pabellón Xiú.
Shu Yiyong negó con la cabeza.
—No parecen muy listos. Si son tan
torpes, mejor no colaborar con ellos por ahora.
Yao Xiaotao lo pellizcó por la espalda.
Shu Yiyong frunció el ceño.
—No es momento para hacer tonterías.
«Pero tú…» —Yao Xiaotao apretó el pañuelo— «Hace
un momento dijiste que me llevarías. ¿Cómo puedes cambiar así de repente?»
—Hermano mayor, creo que debería ir a
verlo —dijo Azhang.
—¿Por qué? —Shu Yiyong estaba molesto.
—El Maestro Lu Wuming. Sus hombres
estuvieron hace unos días en la Montaña Baoxian —explicó Azhang—. Aunque
sabemos que la entrada del palacio subterráneo no está allí, es evidente que
descubrieron el secreto de la Bahía de la Luna. Si es así, colaborar sería lo
más sensato.
Shu Yiyong chasqueó la lengua.
—Se mueven rápido.
—Además, tanto el tío como el abuelo
dijeron que podíamos colaborar con la familia Lu —añadió Azhang—. Somos
forasteros aquí. Con la ayuda del joven maestro Lu, todo será mucho más fácil.
Yao Xiaotao murmuró:
—¡Exacto!
Shu Yiyong seguía dudando.
—¿Y estás seguro de que él ayudará… y no
causará problemas?
—Claro que estoy segura —Yao Xiaotao le
tomó la mano—. No puedes tenerle prejuicio solo porque lo menciono a cada rato.
Es el famoso joven maestro Mingyu, uno de los más destacados del Gran Chu.
¿Crees que su reputación se debe solo a que es guapo? ¡Debe de tener verdadera
habilidad!
—Ahí sí te equivocas —dijo Shu Yiyong
con toda sinceridad—. Por lo que te oigo repetir cada vez, justamente es porque
es guapo. No tiene nada que ver con que tenga verdadera habilidad.
Yao Xiaotao se quedó sin palabras.
—Me vas a hacer llorar del coraje —dijo Yao
Xiaotao al fin.
Azhang, que llevaba un buen rato
disfrutando del espectáculo, intervino por fin:
—Entonces, ¿iremos esta noche a
investigar la residencia Tie?
Yao Xiaotao carraspeó.
Azhang entendió al instante:
—Por supuesto que debemos llevar a la
cuñada. Si vamos solo nosotros dos, somos completos desconocidos. Conseguir su
confianza nos tomaría medio día de explicaciones.
Los ojos de Yao Xiaotao brillaron de
aprobación. «Muy bien. Cuando regresemos, impediré que mi padre y el abuelo
te busquen esposa. Puedes vagar por el mundo todo lo que quieras.»
Azhang captó la intención y casi quiso
inclinarse.
Shu Yiyong, entre divertido y resignado,
dejó de hablar con ellos y se puso a limpiar su cuchillo de plata junto al
fuego, mientras pensaba en la incursión nocturna.
Afuera oscureció pronto, y los tres
descubrieron enseguida que el famoso joven maestro Lu no era alguien al que se
pudiera ver, así como así.
El pequeño patio donde vivía estaba
rodeado por decenas de guardias, dentro y fuera, con antorchas y espadas
patrullando toda la noche. Más protegido que una princesa del palacio.
—Vaya, vaya… —murmuró Azhang—. El que no
sepa, pensaría que ahí dentro guardan montañas de oro.
—¿Y ahora cómo entramos? —Yao Xiaotao
frunció el ceño.
—Yo iré —dijo Shu Yiyong.
Azhang asintió. Shu Yiyong había
practicado desde niño la técnica de caminar sobre el agua; su qinggong
era excelente. Entrar los tres sería difícil, pero uno solo… aún había
posibilidades.
—Pero el joven maestro Lu no te conoce
—Yao Xiaotao estaba preocupada—. ¿Y si pelean?
—¿De quién estás preocupada? —preguntó
Shu Yiyong.
—¡De ti, por supuesto! —Yao Xiaotao lo
pellizcó, sin saber si reír o llorar.
Shu Yiyong le dio unas palmaditas en la
mejilla.
—Tranquila.
Ambos asintieron y lo vieron deslizarse
silenciosamente hacia el muro del patio. Aprovechó un descuido de los guardias
y, en un instante, ya estaba dentro. Pasó un buen rato sin que se oyera pelea
ni gritos, Yao Xiaotao y Azhang por fin respiraron aliviados.
Dentro de la habitación, Lu Zhui
observaba al recién llegado.
—¿Yao Xiaotao?
—Soy su esposo —dijo Shu Yiyong—. Ella
dijo que una vez la salvaste.
Lu Wuming miró a Lu Zhui, confundido. «¿Cuándo
pasó eso?»
—Lo recuerdo. La doncella de Huishuang
—asintió Lu Zhui, sonriendo—. Pero si no me equivoco, el anciano Yao dijo que
el prometido era un agricultor honrado de Yunnan. No sonaba como alguien capaz
de saltar tejados e irrumpir de noche en una casa ajena.
—Xiaotao no se casó con ese desalmado.
Se casó conmigo —dijo Shu Yiyong—. Pero no vine por eso. Vengo por un asunto
serio.
—Ya veo —Lu Zhui sonrió—. Habla con
confianza, hermano. ¿Cómo debo llamarte?
—Me apellido Shu. Vengo de una isla.
Puedes llamarme A-Yong —respondió Shu Yiyong.
«¿Una isla?» Lu Zhui sintió un leve sobresalto. Él y
Lu Wuming pensaron al mismo tiempo en lo que habían discutido esa misma tarde:
el Reino Nuyue.
Shu Yiyong continuó:
—No daré rodeos. Dicen que eres uno de
los hombres más inteligentes del Gran Chu. Entonces seguro has oído la leyenda
de la belleza enterrada en la tumba Mingyue.
—¿La Dama de Jade Blanco? —preguntó Lu
Zhui.
Shu Yiyong asintió.
—Exacto.
—¿Y el Reino Nuyue? —añadió Lu Zhui.
Esta vez fue Shu Yiyong quien se
sorprendió. No esperaba que el otro supiera incluso eso.
Al ver su expresión, Lu Zhui sonrió.
—Tú mismo lo dijiste: soy uno de los más
inteligentes del Gran Chu. Aunque no llegue al nivel de mi cuñada, puedo
impresionar a los demás de vez en cuando.
En la capital, la “cuñada Wen Liunisn”
murmuró algo entre sueños y siguió comiendo estofado de codillo.
Shu Yiyong empezó a mirarlo con otros
ojos y asintió con seriedad.
—Así es.
—Últimamente han ocurrido cosas extrañas
en la ciudad y en la residencia Tie —dijo Lu Zhui—. Imagino que también tienen
que ver contigo. Y si no has venido solo, sería mejor que tus compañeros entren
también. Afuera hay guardias patrullando; no quiero que haya malentendidos.
Hablaba despacio, con voz suave y
agradable. Vestido de blanco bajo la luz de las lámparas, tenía un aire casi
inmortal.
Shu Yiyong dudó un momento.
—Xiaotao también vino. Y mi hermano
menor.
—Adelante —dijo Lu Zhui—. Yo mismo los
recibiré.
Shu Yiyong: “…”
Los guardias del patio lo vieron salir y
se quedaron perplejos. ¿A dónde iba el siempre tranquilo joven maestro Lu en
plena noche? ¿Y por qué llevaba a alguien detrás?
Los rostros se calentaron. «Que nadie
diga que, con tantos ojos vigilando, alguien pudo entrar y salir sin que lo
notáramos… qué vergüenza.»
Pero lo peor vino después: Lu Zhui
extendió la mano y llamó a dos personas que estaban escondidas en un árbol. Una
de ellas era una mujer de rojo, tan brillante que lastimaba la vista.
Los guardias sudaron frío mientras veían
al grupo de cinco regresar al patio.
—No se culpen —dijo Lu Zhui antes de
cerrar la puerta—. Son amigos del Jianghu. Todos son hábiles maestros.
Guardias: “…”
Los ojos de Yao Xiaotao brillaron.
—Joven maestro Lu, ¿te acuerdas de mí?
Shu Yiyong suspiró por dentro.
«¡Lo sabía!»
—Por supuesto. Y parece que te has
casado con un buen hombre —sonrió Lu Zhui—. Felicidades.
—Sí, me casé muy bien. A-Yong me trata
de maravilla —dijo Yao Xiaotao, algo avergonzada—. Estuve molestándolo todo el
día para venir a verte, y no se quejó ni una vez.
Lu Wuming estaba desconcertado.
«Si ya está casada, ¿por qué insiste
tanto en ver a mi hijo?»
Lu Zhui negó con una sonrisa.
—Siéntate, por favor. Tengo asuntos que
discutir con A-Yong.
Yao Xiaotao obedeció y se sentó junto a
su esposo, escuchando la conversación.
—¿El Reino Nuyue tiene relación con la
Dama de Jade Blanco? —preguntó Lu Zhui.
Shu Yiyong asintió.
—La familia Shu del Reino Nuyue… somos
los descendientes de la Dama de Jade Blanco.
—¿Descendientes? —Lu Zhui se sorprendió.
En todos los registros que conocía, la Dama de Jade Blanco era solo una
bailarina. Nunca imaginó que hubiera dejado descendencia en medio de aquel
caos.
Shu Yiyong dijo:
—Por eso mi propósito es único: llevar
la estatua de la Dama de Jade Blanco de vuelta a la isla, para que su espíritu
recupere la libertad y no siga atrapado en la tumba Mingyue, engañado por su
antiguo amo. No creo que eso interfiera con tus planes, así que… ¿por qué no
cooperamos?


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