RT 102

  


 Capítulo 102: Hablando de amor.

Los buenos tiempos antes de la agitación.

 

Kong Kong Miaoshou, al oír eso, por supuesto no quiso volver. Arrojó el canasto a un lado y se dejó caer en el suelo como un niño haciendo berrinche.

 

Todos: “…”

 

Lu Wuming no entendía por qué, en un momento tan tenso, tenían que estar en la montaña trasera discutiendo con ese viejo chiflado.

 

«De verdad está loco.»

 

Kong Kong Miaoshou preguntó con brusquedad:

—¿Y qué van a hacer ustedes esta noche?

 

Lu Zhui se sentó en la hierba imitando su postura.

—Al menos reunirnos y contarnos todo lo que sabemos, para no dejar cabos sueltos.

 

—¿Y tu madre no está? —el viejo miró a Xiao Lan—. Ella sabe tanto como cualquiera aquí.

 

Xiao Lan negó.

—No sé a dónde fue mi madre.

 

Kong Kong Miaoshou bufó con desagrado, pero no dijo más.

 

La luna iluminaba la montaña con un brillo claro. Lu Zhui tomó una ramita y preguntó:

—¿Quién empieza?

 

—Yo —respondió Xiao Lan.

 

Lu Zhui sonrió.

—Mn.

 

Ah Liu los observaba desde enfrente. «Cuando dos personas ya se tienen en el corazón, hasta la forma en que se miran cambia. Basta una sonrisa para ver toda la ternura entre ellos. Nadie más puede meterse allí.»

 

Durante esos días, aunque no habían estado juntos, todos habían estado reuniendo información sobre la Tumba Mingyue. Ahora, clasificando lo encontrado y sumándolo al mapa de Lu Zhui, podían deducir que la tumba de la Dama de Jade Blanco era probablemente una entrada que conectaba con una puerta aún más profunda.

 

—Pero todavía no podemos afirmarlo —dijo Lu Zhui—. Si la dama Tao estuviera aquí sería ideal. Esta “Formación de Añoranza” me lo enseñó ella. Si lo estudiáramos juntos, quizá descubriríamos más secretos.

 

Todos, al mismo tiempo, miraron a Xiao Lan.

 

Xiao Lan: “…”

 

Xiao Lan suspiró.

—De verdad no sé dónde está mi madre. Pero según lo anterior, como mucho en tres o cinco días vendrá a buscarme a la tumba. No hay prisa.

 

—¿Tres o cinco días? —una figura llegó desde la distancia, aterrizando con elegancia. Ojos de Fénix, labios carmesíes, peinetas de jade y oro, porte majestuoso.

 

—Señora Tao —dijo Lu Zhui.

 

—¿Ya sanaste? —Tao Yu’er avanzó sonriendo y le tomó la mano—. Déjame ver… sí que has engordado un poco.

 

—No he engordado —respondió Lu Zhui.

 

Ella le tomó el pulso y frunció el ceño.

—¿El veneno no está resuelto?

 

—Más de la mitad sí. Lo que queda no importa. Vine solo a echar un vistazo —dijo Lu Zhui—. Llegué ayer a la Cresta Fuhun.

 

—¿Y por qué no te quedaste descansando en la Mansión del Sol y la Luna? —Tao Yu’er lo regañaba, pero su mirada se dirigió a Lu Wuming.

«Primera vez que veo a un padre así: el hijo herido y, en vez de hacerlo reposar, lo trae a este lugar lúgubre.»

 

Lu Wuming: “…”

«¡Bruja!»

 

—De verdad estoy bien —explicó Lu Zhui—. El médico divino Ye dijo que mientras regrese dentro de tres meses, no hay problema.

 

—Tres meses… solo el viaje de ida y vuelta ya toma bastante —Tao Yu’er negó con la cabeza y lo sentó sobre una roca—. ¿De qué hablaban?

 

—De la Tumba Mingyue. Justo mencionamos la Formación de Añoranza —dijo Lu Zhui—. Y qué coincidencia que usted llegara.

 

—¿Es por la Dama de Jade Blanco? Eso no es la Formación de Añoranza. ¿Recibiste mi carta? —Tao Yu’er miró los símbolos dibujados en el suelo.

 

Lu Zhui asintió.

—Sí. Usted mencionó el “Formación de Invocación del Alma”, pero nunca lo había oído. Y en la carta no estaba muy detallado, así que intenté deducirlo a partir de la Formación de Añoranza.

 

—No lo expliqué mucho porque no quería que te preocuparas. La Formación de Invocación del Alma puede herir. No es como la Formación de Añoranza, que no atrapa al oponente y solo sirve para pensar en un amante —Tao Yu’er sonrió—. ¿Lo usaste para pensar en Lan’er a escondidas?

 

Antes de que Lu Zhui respondiera, Lu Wuming contestó con rigidez:

—No.

«¿Pensar en tu hijo para qué? Hablen de lo importante.»

 

Tao Yu’er le dio una palmada a Lu Zhui en la mano.

—Mira a tu padre. ¿No es fastidioso?

 

Lu Wuming: “…”

«¡Bruja!»

 

Lu Zhui tuvo que intervenir para suavizar el ambiente.

—Entonces, ¿cuál es exactamente el misterio de la Formación Invocación del Alma?

 

—Es una técnica de confusión mental. No se puede explicar en un momento —respondió Tao Yu’er—. En la Tumba Mingyue solo lo vi en la cámara de la Dama de Jade Blanco. ¿Es importante? Yo pensé que era solo una bailarina o cantante enterrada con ella. Pero por lo que veo, tú le das mucha importancia.

 

—Confío en usted, por eso se lo digo —aclaró Lu Zhui antes de continuar.

 

Tao Yu’er parpadeó, sorprendida, y luego sonrió.

—¿Qué pasa? ¿No confías en mí?

 

—Si no confiara, no diría nada —respondió Lu Zhui—. Sospecho que toda la Tumba Mingyue es un enorme laberinto de confusión, y que la tumba de la Dama de Jade Blanco es una de las entradas clave.

 

—¿Una puerta del diagrama? —el rostro de Tao Yu’er se volvió serio. Nunca había considerado esa posibilidad.

 

Lu Zhui negó.

—Solo he aprendido lo básico. No me atrevo a sacar conclusiones. Es solo una conjetura.

 

—Entonces esto se pone interesante —Tao Yu’er se levantó y volvió a examinar el dibujo incompleto en el suelo. Su mirada quedó clavada allí, sin decir palabra durante un largo rato, mientras sus ojos se iluminaban cada vez más.

 

—Madre… —intervino Xiao Lan.

 

—Lo sé, no iré sola —respondió ella con una sonrisa ligera—. ¿Qué podría pasar?

 

—Gracias, madre —dijo Xiao Lan.

 

Tao Yu’er miró a Lu Zhui.

—Tan listo como eres, me temo que mi hijo tonto terminará siendo devorado por ti.

 

Lu Wuming: “…”

 

Lu Wuming: “¿…?”

«¿Por qué no pueden concentrarse en hablar de la Tumba Mingyue?»

 

—Entonces, ¿la señora estaría dispuesta a ayudarnos a descifrar este diagrama? —preguntó Lu Zhui.

 

—Por supuesto —asintió Tao Yu’er—. Y cuanto antes, mejor. En esta montaña hay una cueva seca y protegida del viento. ¿Por qué no se quedan allí unos días?

 

Ese “se quedan” no incluía a Xiao Lan. Como joven maestro de la tumba y favorito reciente de la tía Fantasma, era imposible que se alejara demasiado de la Tumba Mingyue.

 

Lu Zhui sintió una punzada de decepción. Apenas habían pasado una noche juntos y ya debían separarse.

 

Ah Liu, por una vez en su ida, pensó rápido.

—¡¿Por qué no vamos a ver esa cueva primero?!

 

—¡Buena idea! —respondió Tao Yu’er.

 

Yue Dadao, vivaz y risueña, tomó su brazo y ambas se adentraron en la montaña conversando.

 

Solo Lu Wuming estaba molesto.

—¿Qué tiene de especial una cueva para que haya que ir a verla? —refunfuñó.

 

—A lo mejor hay oro dentro —dijo Ah Liu, diciendo cualquier cosa mientras lo arrastraba a trompicones.

 

Y como todos se habían ido, Kong Kong Miaoshou también se sacudió las mangas y los siguió.

«Mientras Xiao Lan prometa tener un hijo, que luego se acueste con cuantos hombres quiera, no me importa.»

 

El valle quedó en silencio.

 

Lu Zhui sonrió.

—Viendo cómo se comportan, cualquiera pensaría que tú y yo vamos a separarnos por meses.

 

—Como mínimo aún podemos estar juntos dos horas —dijo Xiao Lan—. Con este cielo lleno de estrellas y sin nadie alrededor, si no hacemos nada… ¿no sería desperdiciar el paisaje y también el esfuerzo de quienes nos dieron este rato?

 

Lu Zhui se acomodó en su abrazo, muy a gusto.

—Aparte de hablar, no podemos hacer otra cosa.

 

Xiao Lan lo rodeó por detrás.

—¿Hemos venido antes a este lugar?

 

—Sí —respondió Lu Zhui—. Aquí es tranquilo y seguro. En las noches de verano, cuando hacía calor, me traías a tomar el aire… y de paso hablabas de cosas del futuro.

 

—¿Cosas del futuro?

 

—Decías que, cuando saliéramos de la Tumba Mingyue, ¿a dónde iríamos? —sonrió Lu Zhui—. En ese entonces ninguno de los dos había viajado mucho. Yo solo había oído a mis padres hablar del hielo del norte, del gran desierto del oeste, de las colinas y barrancos del sur… y que la Llanura Central era la región más próspera de todo el Gran Chu.

 

—¿Y luego? —preguntó Xiao Lan—. ¿Qué lugar elegimos al final?

 

—A Wang Cheng —respondió Lu Zhui—. Dijiste que, aunque Jiangnan era hermoso, estaba demasiado cerca de la Tumba Mingyue. Que Wang Cheng era vasta, animada, libre.

 

—¿Y ahora aún quieres ir?

 

—Allí está el restaurante Shanhaiju, y también mi hermano mayor Zhao y Lord Wen —dijo Lu Zhui—. Claro que quiero volver.

 

—Bien —dijo Xiao Lan—. Entonces te llevaré. Queda decidido: iremos Wang Cheng.

 

Lu Zhui entrelazó sus dedos con los de él, mirando las estrellas con expresión tranquila y satisfecha.

 

—Preparé un armario entero de regalos —dijo Xiao Lan—. Anoche no tuve tiempo de dártelos.

 

—¿Qué regalos? —Lu Zhui se animó.

 

—Adivina.

 

—Lingotes de oro.

 

Xiao Lan rio.

—La tumba está llena de lingotes, pero pertenecen a la familia Lu. Si los tomo para regalarlos, sería de muy mala educación.

 

—Entonces, ¿qué es?

 

Xiao Lan arrancó una hoja de hierba y, con unas cuantas vueltas de dedos, tejió un pequeño grillo verde. Sus movimientos eran hábiles.

—Esto.

 

Lu Zhui lo empujó con la cabeza, divertido.

—¿Crees que soy una niña ingenua? ¿Una brizna de hierba y ya? La próxima vez sí quiero lingotes, si no, salgo perdiendo.

 

—¿Te gusta o no? —Xiao Lan también sonreía.

 

Lu Zhui desató el jade de su cintura y colgó allí el grillo de hierba. Se veía ridículo… pero también un poco imponente.

 

—Fuera de esto, soy completamente pobre —dijo Xiao Lan.

 

—No importa —respondió Lu Zhui—. No te desprecio.

«Yo soy rico. Yo te mantengo.»

 

Xiao Lan lo abrazó más fuerte.

—Va a levantarse viento de montaña. ¿Por qué no te llevo ya a la cueva?

 

Pero Lu Zhui no quería. «Apenas dijo que aún podían estar juntos dos horas.»

 

Xiao Lan se quitó la túnica exterior y lo envolvió con cuidado.

—En la cueva también puedo quedarme contigo. ¿Para qué pasar frío aquí afuera?

 

—No quiero caminar —dijo Lu Zhui.

 

Xiao Lan se agachó, ofreciéndole la espalda.

 

Lu Zhui se acomodó sobre él con total naturalidad.

 

Mientras caminaba, Xiao Lan lo sostuvo mejor y murmuró:

—No escuches lo que dijo mi madre. No has engordado.

 

—Mn.

«Por supuesto que no he engordado.»

 

Pasó un rato y Lu Zhui preguntó:

—Las chicas del Salón del Loto Rojo… ¿qué piensas hacer con ellas?

 

A Xiao Lan le dolió la cabeza de inmediato.

—¿Ahun también habló de eso?

 

Lu Zhui le tiró de un mechón.

—¡Si no has hecho nada malo, ¿qué te preocupa que hablen?!

 

—Las envió mi tía —explicó Xiao Lan—. Si las echo, solo les espera la muerte. Por eso las tengo allí por ahora.

 

Lu Zhui frunció los labios.

 

—Además —continuó Xiao Lan—, llegado el momento pueden servir para aparentar. Después las sacaré sanas y salvas de la tumba y les buscaré un buen destino. Tener un buen hogar en el futuro puede considerarse una bendición para ti y para mí.

 

Los ojos de Lu Zhui se abrieron de par en par.

—¿Después?

 

Xiao Lan: “…”

 

—Estás pensando demasiado —dijo Xiao Lan al fin. Y añadió— No es ese tipo de “cosas”.


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