Mad For Love 57

  


Capítulo 57: Apodo.

 

Cuanto más pensaba Zhou Xudong, más sorprendido estaba; y cuanto más sorprendido, más increíble le parecía haber descubierto algo así.

 

Incluso empezó a buscarle virtudes al “tonto”.

 

—En realidad te entiendo. Un tonto… tiene el corazón simple, puro como un niño. Si tú eres bueno con él, él será bueno contigo. Todo sencillo, sin intrigas. Y aunque alguien lo manipule, con un par de preguntas ya se le saca la verdad. Es fácil de manejar.

 

Qi Zhen se apretó el puente de la nariz, sintiendo un leve dolor de cabeza.

 

Qué clase de conjeturas sin pies ni cabeza. Y pensar que Zhou Xudong tenía un cerebro.

 

—No tienes por qué ocultármelo. Somos amigos desde hace tantos años; te he visto incluso cuando llevabas pantalones abiertos. Aunque tu… preferencia no sea común, tampoco es reprochable. No me importa, no tienes por qué preocuparte. Respeto tus gustos.

 

—¡Pff! —Lin Yan, que había escuchado todo, se contuvo para no reír. Los hombros le temblaban, y la mano con la que escribía también, tanto que los trazos le salían temblorosos.

 

Qi Zhen inhaló hondo y dijo con paciencia:

—Si no tienes nada que hacer, puedes retirarte.

 

—Aún no hemos discutido los asuntos de la corte.

 

No quería irse.

 

Zhou Xudong guardó su espíritu chismoso y volvió a hablar de política con Qi Zhen. Descubrió que, cada vez que surgía un problema un poco complejo, o cuando escuchaban alguna propuesta absurda de los ministros, Qi Zhen siempre miraba hacia el joven Emperador.

 

Con una sola mirada, su humor mejoraba.

 

A veces incluso se le dibujaba una sonrisa leve.

 

Zhou Xudong pensó: «Con esa cara, ¿cómo pretende negar que tiene esa inclinación? ¿A quién quiere engañar?»

 

—¿Qué le hiciste escribir? Está tan concentrado.

 

Qi Zhen respondió con calma:

—Mi nombre.

 

Zhou Xudong se quedó boquiabierto.

—¿Cuántas veces tiene que escribirlo para tardar tanto?

 

—Mi nombre tiene muchos trazos. Hay que escribirlo varias veces para que quede bonito.

 

Zhou Xudong asintió.

 

Si tenía tantos trazos, debía ser el nombre en su caligrafía pequeña.

 

¡Hasta le había enseñado su caligrafía pequeña! ¿Y aún decía que no le gustaban los tontos?

 

Zhou Xudong suspiró por dentro.

 

Esta enorme capital sí que era un lugar que devoraba personas.

 

No solo se había tragado a la consorte del príncipe heredero… También había convertido a un buen hombre como Qi Zhen en esto.

 

Que las disputas de la corte imperial terminaran pronto.

 

Sería lo mejor para todos.

 

Zhou Xudong preguntó, intrigado:

—¿Y ese Song Ming que vive en tu residencia? ¿Qué historia tiene?

 

—Me pidieron que lo cuidara, nada más.

 

Lin Yan apretó el pincel sin levantar la cabeza, escribiendo como si nada.

 

Zhou Xudong no insistió. Cuando terminó de discutir los asuntos de la corte con Qi Zhen, se marchó. Antes de irse, se acercó al joven Emperador para darle unas “instrucciones”.

 

—Majestad, si aquí se porta bien y escucha al Regente, yo le buscaré todo lo rico que quiera comer. Lo que desee, se lo consigo. Recuerde: en adelante solo escuche al Regente. Si él le dice que haga algo, usted lo hace. Si le dice que levante el trasero, usted no lo dude. Solo él quiere su bien; los demás lo engañan.

 

Lin Yan: “…”

 

«Increíble.»

 

«Este hermano sí que era hermano de Qi Zhen.»

 

Uno tras otro, engañar al “tonto” no les pesaba ni un gramo en la conciencia.

 

Lin Yan soltó una risita, con la maldad asomando. Asintió con fuerza y, con una voz especialmente sincera y alegre, dijo:

—¡Entendido, sha-diao!

 

Zhou Xudong parpadeó.

—¿Qué significa “sha-diao”?

 

Lin Yan supo de inmediato que no tenía idea.

—Hace unos días leí un libro. Decía que en el mar el animal más grande es la ballena. Cuando muere, su cuerpo alimenta a miles de criaturas. En vida es poderosa; en muerte, generosa. Muy impresionante, muy noble. Por eso tiene un nombre hermoso: “jing-luo”, “caída de ballena”.

 

Zhou Xudong frunció el ceño.

—¿Y eso qué tiene que ver con “sha-diao”?

 

Lin Yan explicó con toda la seriedad y torpeza del mundo, separando cada palabra:

—En el mar también hay otro animal, el tiburón. Es aún más poderoso: de un bocado puede comerse a muchísima gente. Todos los peces le temen. Es el rey del océano. Y también tiene un nombre tan bonito como “caída de ballena”. Su declive se llama “sha-diao”.

 

Zhou Xudong se echó a reír.

—Así que “sha-diao” viene de ahí.

 

—¡Ajá! —Lin Yan tomó el pincel y escribió con toda solemnidad un el carácter “鯊凋” para regalárselo.

 

Zhou Xudong, encantado, corrió a enseñárselo a Qi Zhen.

—Mira, Su Majestad me lo dio. ¡Qué buen significado! De ahora en adelante, cuando conozca a alguien, diré que me llamo Zhou Sha-diao. ¿Tú tienes uno?

 

Qi Zhen miró el carácter en el papel. A simple vista no podía deducir su significado, pero con la explicación de Lin Yan… sonaba convincente.

 

Aunque Qi Zhen, con solo escucharlo, ya sabía que ese bribón le estaba tomando el pelo.

—No necesito uno. Con que tú lo tengas basta.

 

Hizo una pausa y miró a Lin Yan.

 

Él lo miraba, con expectación en los ojos.

 

Qi Zhen añadió leña al fuego:

—Su Majestad lo hace de buena voluntad. Acéptalo.

 

—Por supuesto. ¡Agradezco el obsequio de Su Majestad! —dijo Zhou Xudong, doblando el papel con cuidado y guardándolo como un tesoro. Luego se marchó.

 

Qi Zhen preguntó a Lin Yan:

—¿Qué significa realmente “sha-diao”?

 

Lin Yan sabía que no podía engañarlo.

—Con lo que es él… esos dos caracteres le quedan perfectos.

 

—Oh. Entonces… —Qi Zhen bajó la mirada hacia las tablillas de madera sobre la mesa—, ¿estos también encajan con mi “temperamento”?

 

Al principio, en los tomos de los “Anales Escarlata”, Lin Yan había escrito “Qi Zhen” con toda corrección: serio, trazo por trazo.

 

Pero luego se cansó. La paciencia se le agotó, la mano se le volvió perezosa, los trazos se unieron, y al final ya ni sabía qué garabato había hecho.

 

En las tablillas, en cambio, no se atrevió a improvisar demasiado: eran pocas.

 

Pero escribir “Qi Zhen” dos veces le pareció aburrido.

 

Así que añadió: Qi Ziji, Qi Meiren, Qi Yanba, Qi Daniao, Qi Juji, Qi Genshuo, Qi Dage, Qi Guaitai, Qi Huaihuai, Qi Ke’ai, Qiji Zhenzhen y también Qi Dog.

 

Eso era lo que Qi Zhen estaba preguntando.

 

Lin Yan bajó la cabeza, empujó la tablilla hacia él.

—Mira si te gustan.

 

Qi Zhen tomó una al azar.

—No parecen palabras muy elogiosas.

 

—¿Cómo que no? Te explico: estos te alaban porque tienes un gran “pájaro” entre las piernas. Este dice que eres increíble, mi gege, siempre será mi gege. “Yanba”, “meiren”, “qiji zhenzhen”… todos dicen que eres guapo.

 

Los demás: “guaitai”, “huaihuai”, Qi Zhen podía entenderlos sin explicación. Luego señaló el símbolo extraño.

—Esto no parece un carácter.

 

La expresión de Lin Yan no se movió ni un milímetro.

 

Por muy listo que fuera Qi Zhen, no iba a saber inglés.

 

Lin Yan mantuvo la cara de póker.

—Es solo un símbolo. Lo dibujé al azar. Quería hacer un dibujo, pero la tablilla es pequeña. Igual solo estás completando el proceso, así que úsalo como está.

 

Qi Zhen dejó la tablilla en la caja y no pudo evitar reír.

—Aprovechándote de que te quiero, escribes cualquier cosa. En fin, como quieras. Pero ¿quién te dijo que solo estoy completando el proceso?

 

Lin Yan: ¿…?

 

Qi Zhen volcó todas las tablillas en el plato y las extendió frente a él.

—Elige una.

 

Lin Yan tomó una al azar.

—…“Qi Meiren”.

 

Qi Zhen sonrió.

—Esta noche, Qi Meiren servirá a Su Majestad.

 

Apoyó ambas manos en la mesa, se inclinó, acercándose mucho a él.

—Su Majestad puede esperar a que Qi Meiren lo folle.

 

Lin Yan: “…”

 

El rostro de Lin Yan ardió.

 

No solo ardió: se arrepintió profundamente.

 

Si hubiera sabido que Qi Zhen iba a jugar con esto, ¡jamás habría escrito “Qi Dog”! ¡Se había insultado a sí mismo!

 

Lin Yan presentó una solicitud urgente:

—¿Puedo reescribirlas?

 

—No —rechazó Qi Zhen.


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