Capítulo
40. Magistrado del condado.
Mientras Liang
Yanbei corría a buscar la medicina, la hemorragia nasal se detuvo tan
repentinamente como había comenzado, pero él seguía un poco preocupado.
—¿Cómo te sientes?
¿Te duele la nariz?
Wen Chan se tocó
la nariz y, tras asegurarse de que no había molestias, negó con la cabeza y respondió:
—Estoy bien.
—Aun así, es mejor
encontrar un sanador en la ciudad y mostrarte ante él —Bajó un poco la voz,
como dirigiéndose a sí mismo— Será malo si algo sale mal.
Wen Chan no se
opuso a esa sugerencia, pero se preguntó por qué Liang Yanbei no mencionó a
Situ Zhoulan, que tenía las mejores habilidades de curación, y dijo que buscara
un sanador en la ciudad.
—¿Puede el joven
maestro Wen montar a caballo? —preguntó Liang Yanbei mientras caminaba.
Esto devolvió a
Wen Chan de sus pensamientos a la realidad. Miró el perfil de la otra persona y
respondió:
—Sí.
—Entonces vamos a
caballo para ahorrar tiempo.
—¿A dónde vamos?
—A informar a las
autoridades, por supuesto. Como tenemos un caso de asesinato, visitemos primero
el yamen de la ciudad —explicó Liang Yanbei.
Wen Chan se dio
cuenta de repente de que casi había olvidado que había autoridades allí. Si las
autoridades proporcionan ayuda, se ahorrará mucho dinero.
Al salir de la
residencia, Liang Yanbei pidió dos caballos.
La residencia del
gobernador estaba situada en el centro de la ciudad Jile, pero había varias
carreteras desde allí, y una de las carreteras orientadas al norte conducía
directamente al yamen.
Tras haber pasado
parte del bullicioso centro de la ciudad, se podía ver una calle espaciosa con
pocos transeúntes. Normalmente, varios carros y trenes tirados por caballos
pasaban por ella, lo cual era conveniente para los funcionarios.
Tras media hora de
recorrido, apareció la puerta principal del yamen, pintada con un patrón de
rayas blancas y ondas azules. La entrada estaba custodiada por cuatro perezosos
guardias.
Cuando Wen Chan
bajó de su caballo, vio a dos susurrando y mirándole de reojo.
Su comportamiento
le parecía extraño. Liang Yanbei se apartó, le quitó la cuerda de las manos y
miró allí, preguntando:
—¿Hiciste algo
ilegal después de llegar a la isla?
Wen Chan negó con
la cabeza, demostrando que era inocente.
—No ¿Por qué?
Podía decir
honestamente que era un súbdito de confianza que no se entrometía en peleas ni
disturbios.
—Esos guardias
parecen haberte visto antes. Liang Yanbei ató al caballo, le dio una palmada en
la cabeza y dijo— Vamos a averiguarlo.
Se acercaron a los
dos empleados, pero antes de que Wen Chan pudiera abrir la boca, uno de ellos
dijo.
—Llegas justo a
tiempo.
Sacó un papel
enrollado del bolsillo, lo desplegó y empezó a mirarlo, luego a Wen Chan. La
confianza apareció en su rostro. Tras doblar el papel, levantó la mano para agarrar
a Wen Chan.
—¡Sígueme!
—¡¿Qué estás
haciendo?! —Wen Chan esquivó instintivamente— Venimos a informar de algo. Vamos
a ver a los funcionarios.
El guardia del yamen
sonrió con suficiencia, a punto de atraparlo.
—Te llevaré.
—Espera un momento
—Liang Yanbei apartó la mano del guardia y dio unos pasos adelante, situándose
frente a Wen Chan. Sus ojos se entrecerraron en una sonrisa inofensiva— Hermano,
¿podrías prestarme el papel que llevas en la mano?
Wen Chan
retrocedió detrás de Liang Yanbei. Los dos guardias tenían una expresión poco
amable y él no quería ir a la cárcel sin motivo.
—Este es un
criminal al que nuestro magistrado recibió la orden de buscar ayer. Los
anuncios ni siquiera se han publicado todavía, y tú ya has venido.
Los guardias del yamen
en la isla Wuyue no eran mejores que los de fuera. Las autoridades locales, en
comparación con el pueblo Jianghu, tenían un estatus inferior. Al fin y al
cabo, aquí era costumbre hablar con los puños, así que los guardias del yamen
no querían ser torturados a propósito y entregaron el papel a Liang Yanbei:
—Si quieres ver a nuestro
superior, tendrás que estar medio día en la cárcel.
El papel mostraba
el retrato de un hombre muy parecido a Wen Chan, pintado con el pincel de su
magistrado.
Wen Chan asomó la
cabeza por detrás de Liang Yanbei y vio que el papel era, efectivamente, su
retrato. Esto le desconcertaba bastante.
—Es imposible.
Acabo de llegar a esta isla…
—Ven con nosotros
—El guardia dio un paso adelante para agarrar a Wen Chan.
Esquivó a
izquierda y derecha, su cuerpo era ágil como un pez locha [1], y el
guardia del yamen agarró el aire.
—Espera —Liang
Yanbei le detuvo de nuevo y sacó un colgante de jade de su manga— Queremos ver
al magistrado prefectoral en posición. ¿Serías tan amable de llevarnos con él?
El guardia pensó
que era un simple colgante de jade, pero al mirar más de cerca, vio el
deslumbrante carácter “Huang”. El corazón del hombre se hundió en sus talones
por el miedo, y ya no se atrevió a intentar detener a Wen Chan. Un poco más, y
se habría arrodillado y empezado a inclinarse ante él en el suelo.
Incluso las
autoridades pequeñas y no centrales sabían que los propietarios de colgantes
con la palabra “huang” tenían una persona inviolablemente venerada. Eran
miembros de la familia imperial o funcionarios de la capital que ejecutaban el
decreto más alto del Emperador.
Los cuatro guardias
se miraron entre sí. Dos siguieron vigilando la entrada, y los otros dos se
dirigieron educadamente a Liang Yanbei.
—Espere un
momento, Mi Señor, le informaremos de su visita.
Liang Yanbei
estaba muy satisfecho con los modales de esta gente. Después de guardar el
colgante de jade, volvió a mirar el papel, lo enrolló, lo guardó en la manga y
le dijo a Wen Chan.
—Debe de haber
algo mal en ti que haya preocupado a este nuevo funcionario, piénsalo otra vez.
Wen Chan no tenía
ni idea, recordó sus experiencias de hace unos días y de repente notó la
palabra “Nuevo funcionario” mencionada por Liang Yanbei, y había cierta
especulación en su mente.
Un par de cejas
atractivas se fruncieron ligeramente, y Wen Chan susurró:
—No es bueno,
ahora estoy causando problemas.
Liang Yanbei
sonrió en secreto.
—¿Lo recuerdas?
Levantó la cabeza
y dijo:
—Hace solo dos
días…
—Caballeros, por
favor, síganos —interrumpió el guardia a Wen Chan.
Interrumpieron el
diálogo y le siguieron dentro. Rodeando el pasillo del yamen y atravesando la
galería, salieron a un pequeño jardín lleno de flores y árboles, en cuyo centro
había una mesa de piedra y sillas.
Dos hombres de
diferentes alturas, vestidos con túnicas azul oscuro esperaban en el jardín.
El un poco más
bajo estaba de espaldas a ellos, con ondas blancas bordadas en el lateral de su
túnica, llevando un sombrero oficial y su identidad estaba clara.
El hombre que
estaba a su lado vio a Liang Yanbei y Wen Chan acercarse y susurró al magistrado
prefectoral del condado. Este último se volvió hacia ellos medio girado.
Cuando Wen Chan
miró el perfil de ese hombre, de repente le resultó familiar.
Al ver a Wen Chan,
al magistrado prefectoral reaccionó violentamente, girándose bruscamente y
remangándose:
—¡OH, EXCELENTE!
¡SE ATREVIÓ A APARECER DELANTE DE MÍ EN PERSONA!
Wen Chan se quedó
sorprendido. Y entonces vio claramente una cicatriz de color violeta que
atravesaba un lado del rostro del joven magistrado prefectoral. Se notaba mucho
en su rostro claro.
El magistrado
mostró los dientes y, tocándose la herida en la cara, gritó a pleno pulmón de
dolor.
El hombre a su
lado le sostuvo de inmediato.
—¡Mi Señor! ¡Tranquilo,
Su Excelencia!
Parecía que cuanto
más intentaba detenerlo, más enérgicamente el magistrado agitaba los brazos y
gritaba:
—¡DÉJAME IR! ¡VOY
A DARLE UNA PALIZA A ESE SINVERGÜENZA DESCARADO!
Wen Chan
retrocedió un par de pasos con cautela y dijo con rostro tranquilo.
—Un hombre noble
decide las cosas con palabras, no con fuerza. Le pido a Su Excelencia que no se
comporte de forma tan impulsiva.
Ya entendía por
qué ese funcionario le resultaba tan familiar. Hace unos días, después de que
Liang Yanbei los rescatara de la guarida de los ladrones de montaña, Wen Chan
aprovechó la ausencia de los demás para mostrar a un grupo que pasaba por el
camino hacia los bandidos.
Pero pensaba que
Dan Ke se había encargado de los ladrones de montaña. Ahora, al mirar el rostro
marcado de este magistrado prefectoral, se dio cuenta de que él también sufrió
mucho.
—¡NO SOY NADA
NOBLE! —dijo el magistrado con furia.
Quizá resistió
demasiado, de modo que el hombre detrás de él aflojó los brazos, y el magistrado,
sin dejarle entrar en razón, se liberó de su agarre y corrió hacia adelante,
pero de repente se quedó paralizado.
Su ánimo cambió
rápidamente, sus pasos se detuvieron abruptamente. Metió las manos detrás de la
espalda, tosió dos veces y giró la cabeza hacia el hombre que tenía detrás.
Una incomodidad
flotaba en el aire.
Liang Yanbei, que
había sacado de nuevo el colgante de jade, sonrió y dijo al magistrado:
—Me llamo Liang,
vengo de la capital. Tenemos asuntos problemáticos aquí, y espero la ayuda de
Su Excelencia.
El magistrado
prefectoral miró el colgante de jade. Su confianza estaba un poco desvanecida,
pero aun así dijo con una calma fingida:
—Mi pequeño templo
no puede albergar a dos grandes Budas, y os pido a los dos que busquen a
alguien más.
Liang Yanbei, que
había recibido una fría negativa, alzó las cejas y sonrió.
—¿Así que no tiene
sentido que exista “tu pequeño templo”?
El joven jefe del
condado se quedó paralizado ante esas palabras.
—De todos modos,
este yamen está en la isla Wuyue y no sirve de nada, ¿por qué no me tomo las
cosas con calma, vuelvo a la capital y luego informo a las autoridades de que
los funcionarios aquí son incompetentes en la gestión… —dijo Liang Yanbei,
suspirando ligeramente— Siempre me ha gustado decir la verdad.
Wen Chan escuchó y
su boca se torció ligeramente.
«¿Te gusta
decir la verdad? Solo te creerán los tontos.»
Cuanto más
escuchaba el magistrado, más inseguro se sentía. Volvió la cabeza para mirar al
hombre junto a él y lo vio sacudir la cabeza ligeramente.
El magistrado pensó
un momento y luego dijo con tono serio:
—Este funcionario
ha reaccionado exageradamente y hará todo lo posible para ayudar al señor
Liang.
Wen Chan se
sorprendió. Era la primera vez en estas dos vidas que se encontraba con un tigre
de papel [2] tan cobarde, cuya expresión y entonación cambiaban tan abierta
y rápidamente.
Wen Chan no estaba
acostumbrado a ese rostro tan apuesto y pálido del joven magistrado prefectoral.
Buscó en sus recuerdos, pero no pudo encontrar personas con rostros similares
entre civiles y militares.
«¡Este hombre
está realmente dotado de belleza exterior! Qué pena que no sea un alto
funcionario» lamentó Wen
Chan.
—El magistrado entiende
la situación —respondió Liang Yanbei y se acercó a la mesa de piedra y echó la
silla hacia atrás.
—Siéntese,
siéntese, señor Liang, no sea tímido —se mostró educadamente el magistrado y se
presentó brevemente— Puede llamarme He Zhiyi. Me han trasladado aquí
recientemente y aún no me siento del todo cómodo con el yamen. Si no he
mostrado hospitalidad, discúlpame.
—Su Excelencia
debe estar bromeando —dijo Liang Yanbei con un saludo casual, introduciendo el
tema principal— El segundo hijo de la familia Yao en la isla fue envenenado en
su habitación hoy. ¿Sabe usted de esto?
—Este funcionario
no lo sabía —respondió He Zhiyi con sorpresa en el rostro.
—Vinimos aquí a
pedir prestadas a unas pocas personas del magistrado prefectoral He.
—Es posible —aceptó
He Zhiyi sin dudarlo— Daré a tantas personas como quiera el señor Liang. Solo
di la cantidad.
—Joven maestro
Liang —el hombre que estaba detrás de He Zhiyi habló de repente— Este humilde
sirviente se atreve a preguntar, la familia Yao no denunció la muerte del
segundo joven maestro Yao, pero fue usted quien vino. ¿Hay alguna razón
apremiante para esto?
—Sí —respondió Wen
Chan— Me vi involucrado accidentalmente en un escándalo con la familia Yao, y
ahora necesito averiguar cuanto antes la causa de la muerte del segundo joven
maestro Yao.
—Todo lo que
concierne a los asuntos se Su Excelencia también concierne a este funcionario —respondió
He Zhiyi de inmediato— En la ciudad Jile, todos mis subordinados están bajo mi
jurisdicción, y haré todo lo posible por ayudar en la investigación del caso de
asesinato.
Liang Yanbei quedó
satisfecho con las palabras de He Zhiyi. Como todo había ido más bien de lo
esperado, no vio razón para quedarse y se volvió hacia Wen Chan.
—Joven maestro
Wen, ¿quiere añadir algo?
Wen Chan pensó un
momento.
—Señor He,
necesito que compile una lista de todas las hierbas medicinales vendidas en las
boticas de la ciudad Jile durante estos dos días.
—Este funcionario
enviará inmediatamente gente para cumplir la orden —respondió He Zhiyi con
total seriedad.
—Eso es todo —dijo
Wen Chan a Liang Yanbei.
—Si es así,
entonces nos iremos —Liang Yanbei se levantó, sacó un colgante de jade y se lo
entregó a He Zhiyi— El magistrado prefectoral He, si pasa algo o hay pistas,
toma el colgante y búscame en la ciudad Jile.
Wen Chan descubrió
que ese colgante cuadrado de jade era similar al que Liang Yanbei había sacado
antes. Supuso que fue Xie Zhaoxue quien la había dejado antes de marcharse a la
capital.
El carácter “Huang”
estaba grabado en su superficie. Cualquiera que no se atreva a desafiar la
primacía de la familia imperial tendrá miedo de este colgante.
He Zhiyi,
felizmente aceptó la placa de jade, luego miró a Wen Chan, probablemente
recordando de nuevo que él deliberadamente le había dado indicaciones erróneas,
y se tocó la herida en la cara.
Wen Chan: “…”
Al ver esto, Wen
Chan tosió suavemente y bajó la voz:
—¡Ejem! En cuanto
a aquel incidente de hace dos días… Me siento profundamente culpable y le pido
a Su Excelencia que me disculpe. Cuando surja la oportunidad, sin duda lo
compensaré.
Los ojos de He
Zhiyi se iluminaron ante tal respuesta, y respondió con la misma cortesía.
—Este humilde
funcionario quiere disculparse con el joven maestro Wen por su temperamento.
Después de unas
cuantas frases de cortesía, Liang Yanbei y Wen Chan se despidieron y
abandonaron el yamen.
Saliendo por la puerta
principal, Liang Yanbei fue a desatar los caballos, y Wen Chan, sumido en sus
pensamientos, se apartó.
Por el momento, no
se sabía si el asesino había fabricado el veneno en esos dos días o lo había
traído consigo. ¿Y la lista de hierbas medicinales vendidas?
En la isla de
Wuyue se celebró una reunión de héroes y también se celebró el festival de la
deidad. Entre tanta gente, era realmente difícil encontrar al envenenador de
Yao Yanming.
Mientras Wen Chan
pensaba en esto, Liang Yanbei guio a su caballo y preguntó:
—¿En qué piensas?
Le dio una mirada
a Liang Yanbei y dijo con tristeza:
—Me siento
incómodo al tener que molestarme en investigar la causa de la muerte de un
inútil.
—¿Qué importa
esto? —Liang Yanbei acarició la cabeza del caballo con la mano— Considera que
lo estás investigando por tus tres pequeños subordinados. Si no lo descubres,
me temo que Yao Mengping no los dejará ir.
Y eso es cierto.
La respiración que
tenía atascada en el pecho de Wen Chan se fue y vino muy rápido; con solo dos
palabras, de repente se sintió mucho más cómodo, tomó las riendas de sus manos
y preguntó:
—¿A dónde vamos a
continuación?
—No tengas prisa.
No has comido nada desde que te despertaste, y probablemente tengas hambre
ahora mismo. Que yo recuerde, hay un restaurante de aperitivos en la ciudad que
sirve platillos de la capital. Te llevaré allí.
Wen Chan no sintió
nada al principio, pero después de que él lo mencionó, realmente sintió algo de
hambre. Sin más preámbulos, se subió a la grupa del caballo y dijo
directamente:
—Lléveme rápido.
Glosario:
1.
Pez
Locha: Son conocidos por
su rapidez y adaptabilidad. Son peces de agua dulce que pueden moverse
rápidamente gracias a su cuerpo alargado y escamas pequeñas. Estos peces son
capaces de esconderse ene l sustrato y son muy escurridizo, lo que les permite
sobrevivir en ambientes con corrientes rápidas.
2.
Tigre
de papel [2] 纸老虎 (zhǐlǎohǔ) es un espantapájaros, una persona pretenciosa. Un hombre
majestuoso en apariencia, pero esencialmente débil.

