La Orden Del General 126

 

Capítulo 126.

 

Era una tarde de primavera cuando Cao Chenyu llegó corriendo a pedir audiencia con Xiao Ding.

 

Aunque Cao Chenyu ocupaba ya un cargo de gran autoridad, correr así por el palacio imperial sin cuidar las formas era impropio. Pero no podía detenerse a pensar en eso.

 

Xiao Ding lo miró, sorprendido por su agitación, sin decir palabra.

 

Cao Chenyu cayó de rodillas de inmediato:

—¡Majestad, Majestad!

 

Xiao Ding dijo:

—Habla cuando recuperes el aliento.

 

Cao Chenyu se sobresaltó, pero se puso aún más nervioso:

—Alguien ha informado… que en la residencia del Rey de Pinglu ha aparecido una persona sospechosa.

 

Tras la caída de Wang Xiangyong, los guardias secretos imperiales habían pasado a manos de Cao Chenyu. Desde entonces, casi se había convertido en una regla tácita: cada jefe de la Oficina de Ceremonias sería también el controlador directo de los guardias secretos imperiales.

 

Xiao Ding lo observó, como si por un instante no lograra comprender el sentido oculto de sus palabras.

 

Cao Chenyu continuó:

—Uno de los guardias secretos imperiales vio al Rey de Pinglu en el pasado. Él dice que… 

 

Se detuvo. Dudaba. Aquella noticia era demasiado grave; si se equivocaba, sería un desastre.

 

Xiao Ding lo miró fijamente, como si hubiera leído sus pensamientos, y dijo con lentitud:

—Termina. Aunque te equivoques, no te castigaré.

 

Cao Chenyu se apresuró a decir:

—Dice que la persona que entró… se parece un poco al Rey de Pinglu.

 

No se atrevió a afirmarlo con más fuerza.

 

En realidad, a él mismo le parecía absurdo. Pero el guardia imperial secreto que había enviado el informe juraba que aquel hombre era sin duda el general Chen de antaño; lo había visto muchas veces, y si se equivocaba, podía cortarle la cabeza. Solo entonces Cao Chenyu se atrevió a tomar en serio la posibilidad. Aun así, no quería arriesgar su propio cuello, así que suavizó el mensaje al transmitirlo.

 

Xiao Ding lo miró en silencio, sin mostrar reacción alguna.

 

Cao Chenyu añadió en voz baja:

—Los sirvientes de la residencia lo hicieron entrar por la puerta trasera, a escondidas. Es muy sospechoso.

 

Si no fuera por ese detalle, jamás se habría atrevido a reportarlo.

 

El rostro de Xiao Ding cambió. Apareció en él una mezcla de sorpresa y duda.

 

Pero siguió sin moverse.

 

Ante una noticia así, Xiao Ding no podía creer… pero tampoco podía permitirse no creer. Su mente, siempre tan rápida para conectar ideas, de pronto se volvió lenta; su mirada vagaba, incapaz de decidir.

 

—Majestad… —susurró Cao Chenyu.

 

Vio a Xiao Ding levantarse, caminar de un lado a otro con inquietud, incapaz de tomar una decisión. Por primera vez, comprendió que aquel monarca de hierro también tenía momentos de debilidad y desconcierto. Si no fuera por esa súbita compasión, jamás se habría atrevido a decir lo que dijo a continuación:

—… Quizá… deberíamos ir a verlo. Ya he enviado hombres a interceptarlo. Solo falta ordenar al prefecto de la capital que cierre las puertas de la ciudad. Nadie podrá salir.

 

Xiao Ding despertó como de un sueño:

—Sí. Sí… vamos a verlo.

 

Mientras el palanquín avanzaba por las calles, Xiao Ding levantaba la cortina una y otra vez.

 

Una vez movilizados los guardias secretos imperiales, la información llegaba con una velocidad asombrosa.

 

Aquel hombre que se parecía tanto a Chen Zeming iba vestido como un comerciante común. A simple vista, parecía que la residencia del Rey de Pinglu quería comprar ciertos artículos y lo había llamado para negociar. Cualquiera habría sido engañado por esa apariencia.

 

Pero cuando Yang Ruqin había enviado gente a la residencia del Rey de Pinglu, por costumbre había incluido entre los sirvientes a varios de los guardias secretos imperiales. Uno de ellos había servido en el ejército y había visto a Chen Zeming muchas veces. Al ver entrar a aquel comerciante, sintió que algo no encajaba y reportó la situación de inmediato. En menos de una hora, la noticia había llegado al palacio.

 

Y el siguiente informe indicaba que aquel comerciante ya había salido de la residencia del Rey de Pinglu.

 

Aunque Xiao Ding y los suyos habían salido del palacio de incógnito, seguían llevando demasiados acompañantes. Con tanta gente, los movimientos se volvían lentos; era imposible igualar la agilidad de un solo hombre.

 

Antes de partir, Xiao Ding ya había enviado mensajeros a toda prisa para ordenar al magistrado prefectoral de la capital que cerrara de inmediato las ocho puertas de la ciudad. Ahora solo quedaba esperar los informes de los guardias secretos imperiales que seguían al sospechoso.

 

Muy pronto llegó la noticia: el hombre se dirigía hacia el sur, probablemente con intención de salir por la Puerta Anding.

 

Con un objetivo claro, Xiao Ding y su séquito se encaminaron hacia la puerta sur.

 

Xiao Ding tenía la mente nublada. La noticia lo había dejado con la sensación de que los pies no le respondían. Quería preguntarle una y otra vez a Cao Chenyu, pero eso sería perder la compostura. Intentó repasar cada pista, pero descubrió que ya no podía pensar con claridad.

 

Cuando por fin llegaron a la Puerta Anding, los gritos y discusiones eran ensordecedores.

 

Xiao Ding levantó la cortina del palanquín. Cao Chenyu se acercó enseguida y explicó en voz baja:

—La puerta se cerró de repente. Los que quieren salir de la ciudad están protestando.

 

Xiao Ding asintió.

—Envía a alguien a calmarlos. Diles que en un momento se abrirá.

 

El palanquín avanzó lentamente entre el bullicio. El corazón de Xiao Ding latía cada vez con más fuerza.

 

Finalmente, el palanquín se detuvo con un leve temblor. Debían estar ya frente a la puerta. Las voces eran aún más agudas y estridentes. Xiao Ding, sin embargo, parecía no oírlas. Permaneció aturdido hasta que alguien levantó la cortina. Cao Chenyu asomó la cabeza:

—Ma… “Su Excelencia”, hemos llegado.

 

Xiao Ding lo miró fijamente, como si quisiera leer algo en su expresión. Cao Chenyu, incómodo, murmuró:

—Está de espaldas. No puedo reconocerlo.

 

Solo entonces Xiao Ding tomó su mano y descendió del palanquín.

 

A unos metros, varios hombres discutían acaloradamente con los guardias de la puerta. Detrás de ellos se extendía una larga fila de ciudadanos que querían salir. A un lado, de pie, había un hombre vestido como un comerciante, con un fardo de tela azul a la espalda. En medio de tanta furia y alboroto, él era el único que no discutía: solo esperaba en silencio, apartado del tumulto.

 

Precisamente esa calma fuera de lugar lo hacía resaltar entre todos.

 

El cuerpo de Xiao Ding vaciló. De no ser por el brazo de Cao Chenyu, habría caído al suelo.

 

¿Los demás no podían reconocerlo?

 

¿Pero él? ¿Cómo no iba a reconocerlo?

 

Incluso de espaldas, sabía perfectamente quién era.

 

Al ver la expresión de Xiao Ding, Cao Chenyu comprendió que no había duda posible. Emocionado, hizo una seña. Los guardias imperiales se dispersaron, rodeando el perímetro y acercándose lentamente al objetivo.

 

Los ciudadanos, aunque disfrutaban del espectáculo, eran extremadamente sensibles al peligro. La cola empezó a deshacerse desde el final.

 

La retirada se propagó como una ola. Incluso los que discutían con más fervor notaron que algo no iba bien: «¿Por qué cada vez había menos gente?»

 

Se callaron y miraron alrededor. Los guardias, que habían estado recibiendo insultos, por fin pudieron respirar.

 

El comerciante seguía allí, sin moverse, pero sus hombros estaban tensos.

 

Los ciudadanos que discutían lo miraron varias veces, se miraron entre sí y se retiraron en silencio. Para ellos, aquello solo podía significar dos cosas: venganza o pelea. Y ellos no pensaban involucrarse.

 

Los guardias de la puerta, confundidos al verse rodeados, se indignaron:

—¡EH! ¡AQUÍ ESTÁ EL EJÉRCITO DE LA CIUDAD! ¿QUÉ PRETENDEN HACER?

 

No habían terminado la frase cuando uno de ellos recibió un puñetazo y cayó.

 

El hombre aún no se volvía.

 

Xiao Ding lo observaba. Ahora que no había nadie a su alrededor, la figura alta y firme bajo la túnica era aún más evidente.

 

¿Quién más podía ser?

 

El viento soplaba con fuerza en la puerta sur. Xiao Ding temblaba de frío, tosiendo sin poder contenerse. Desde que enfermó, cualquier brisa lo dejaba así. Y era por culpa de ese hombre. Podía oír su propia tos, pero el otro seguía sin darse la vuelta.

 

Xiao Ding apretó los dientes y murmuró:

—… Chen Zeming…

 

El hombre se estremeció. Permaneció inmóvil un largo momento. Finalmente, se volvió lentamente.

 

Xiao Ding sintió un dolor punzante en el pecho, pero sus ojos se iluminaron.

 

El viento pasó entre ambos, levantando copos de polvo y nieve que giraban en el aire.

 

Había tanta gente en la puerta de la ciudad, y aun así reinaba un silencio absoluto. Todos miraban a esos dos hombres sin comprender de dónde venía aquella quietud extraña.

 

Se quedaron frente a frente, a distancia, sin decir una palabra.

 

—Fin—

 

El autor tiene algo que decir:

Desde el día en que fue escrito, este final tiene muchos lectores que dijeron que era inapropiado. Ahora que miro hacia atrás, siento que fue realmente superficial, fuera de contacto con el pasado, tan irreal como un sueño e innecesario.

 

Pero como he estado usando esta terminación durante mucho tiempo, tuve que conservarla. Algunas discusiones sobre el final se colocan a continuación para que los lectores interesados puedan saber la dirección que tengo en mente. (lo colocare al final de los extras jeje)

P.D.: Les dije antes que después del Día Nacional, publicaría un capítulo adicional y una posdata. Gracias a todos por su continuo apoyo. Sin su apoyo, este artículo no estaría completo. Gracias y reverencia ~~

 

Nota de la traductora:

 

Bueno, supongo que aquí termino este camino de traducir esta novela…

 

Tengo un sentimiento, es complicado... He de admitir que, cuando inicie esta traducción no estaba muy motivada, tampoco estaba en el mejor momento de mi vida, pero me seguían motivando, debido a que hasta el momento y hasta ahora no hay otra traducción completa al español de esta gran novela.

 

Al inicio tenía algo de miedo, pues no sabía cómo lo haría o qué necesitaría, pues no sabía el idioma, pero junto con algunas otras traductoras leí algunos consejos por lo que me decidí y finalmente inicie este trabajo y, aja, no es un trabajo por el que me pagan, no recibo dinero y nunca monetizaré con mi traducción porque la obra no es mía y no haría algo tan deshonesto por respeto a la autora, pero eso nunca me desmotivó, incluso cuando me quede sin celular jamás pensé en abandonar este proyecto en el que me esforcé durante dos años, porque inicie en 2022 y termine en 2024, pero era algo que ya venía planeando desde septiembre de 2021 entre muchas pláticas con unas amigas que gracias al cielo por ponerlas en mi camino, siempre serán unas grandes amigas que aprecio mucho y más por motivarme a iniciar este proyecto.

 

Continuando, cuando traducía esta novela tuve muchos altibajos en mi vida, dejé de actualizar mucho tiempo debido a mis propios problemas conmigo misma, además de mi ligera depresión, me esforzaba tanto y ponía mi corazón en cada capítulo, pero el apoyo que recibía era minúsculo, a veces me sentía un poco frustrada, jajjaa.

 

Traducir un capítulo me tomaba horas, y aun toma horas... un día completo con la noche para traducir solo 2-3 capítulos... A veces era agotador, pero nunca me di por rendirme y pasé noches sin dormir y esto combinado con el estrés de la universidad y mi carrera, una carrera muy exigente, me sacaba de mi zona de confort de tener todo siempre bajo control.

 

Ahora solo puedo decir gracias, gracias por acompañarme hasta aquí los que se quedaron... Aun así, sea solo una persona puedo sentir que mis esfuerzos no fueron en vano y eso me hace sentir increíble... Tal vez este sentimiento es nostalgia por lo tanto que extrañaré seguir con este proyecto. Y sobre el final, pondré las aclaraciones en un capítulo aparte después de esto, sin más que decir, gracias por seguir leyendo, por el apoyo, de todo corazón...

 

¡Gracias! Y nos vemos en un próximo proyecto<33~~

 

Esta venerable editora tiene algo que decir:

Liska: Menudo final de mierda, ya veré si los extras me quitan este mal sabor de boca.