Capítulo
1: La consorte del príncipe heredero es un tonto.
En
el sexto año de Chengde, el Emperador Zhide falleció. Cedió el trono a su
hermano menor y dejó un edicto póstumo: el hijo póstumo llevaría por nombre “Qi
Zhen”, cortesía “Ziji”. Fuera varón o mujer, sería nombrado príncipe heredero
y, al llegar a la edad adulta, ascendería al trono.
En
el séptimo año de Chengde, nació el príncipe heredero. La anterior emperatriz
fue asesinada y murió en el atentado.
En
el décimo año de Chengde, alguien del séquito envenenó al príncipe. El tutor del
príncipe golpeó las puertas del palacio en plena noche para buscar un médico
imperial y logró salvarle la vida. Medio mes después, el tutor del príncipe fue
condenado a muerte por el crimen de haber golpeado las puertas del palacio
durante la noche.
En
el decimotercer año de Chengde, un ensayo del príncipe sobre la gestión de las
aguas conmocionó al mundo.
En
el vigésimo año de Chengde, la facción del príncipe heredero se arrodilló ante
el palacio, suplicando al Emperador que cediera parte del poder y permitiera al
príncipe participar en los asuntos de Estado.
En
el vigésimo quinto año de Chengde, el príncipe fue víctima de un atentado. Por
fortuna, “Lin Shouyan”, hijo del subprefecto local, lo rescató y le devolvió la
vida.
Pero
Lin Shouyan, por salvar al príncipe, quedó gravemente herido. La fiebre no
cedía. Cuando despertó, se había convertido en un muchacho idiota. El Emperador,
usando la deuda de vida como presión, ordenó que el príncipe heredero y Lin
Shouyan contrajeran matrimonio.
«Un
príncipe heredero… con un esposo varón.» Es una humillación sin precedentes.
****
Era
pleno invierno, el mes más crudo del año; todas las fuentes estaban congeladas.
“¡Pa!”
“¡Pa!”
“¡Pa!”
El
sonido nítido y resonante de las bofetadas estallaba en el jardín trasero del
Palacio del Príncipe Heredero.
Un
guardia, atado de pies y manos, estaba arrodillado en el suelo. El rostro,
hinchado y amoratado por los golpes del eunuco frente a él; la comisura de los
labios, manchada de sangre.
El
eunuco tenía la mano ardiendo del dolor, pero seguía abofeteándolo, furioso,
incapaz de detenerse.
—¡El
príncipe heredero no te ha tratado mal, y aun así te atreves a cometer
semejante acto de ingratitud! ¡Cómo piensas responder ante Su Alteza!
El
mes pasado, la delegación de los “Huihu” había llegado a la capital para pedir
la mano de una princesa.
Tras
una serie de maniobras, el príncipe heredero se adjudicó la misión de recibir a
la delegación en nombre del Emperador.
Cada
asunto, cada detalle, lo manejó con perfección impecable, sin un solo punto
criticable.
Pero
justo ayer, durante el banquete de bodas de la princesa, el Quinto Príncipe
alzó su copa hacia el príncipe heredero con evidente mala intención.
—He
oído —dijo— que la cuñada imperial desea tener un hijo con Su Alteza. No
esperaba que, además de cumplir tan bien sus deberes, Su Alteza tuviera
también… esa función. ¡No se lo guarde para usted solo! ¡Compártalo! Así, en
adelante, nadie tendrá que preocuparse por la descendencia.
Los
funcionarios de la corte y los nobles de Huihu quedaron atónitos.
¡Todo
el mundo sabía que la consorte del príncipe heredero era un hombre!
El
Quinto Príncipe, temiendo que los demás no disfrutaran lo suficiente del
escándalo, soltó toda la historia sin reservas.
La
tonta consorte del príncipe, vaya uno a saber dónde lo oyó, había creído que en
un matrimonio común la esposa podía concebir hijos.
Así
que se había plantado frente al estudio del príncipe y había dicho, con los
ojos brillantes:
—Taizi-gege, tengamos un hijo. Quiero un niño para que juegue conmigo. Los que tú quieras que yo tenga, yo los tendré, ¿sí?
El
ambiente del banquete se volvió súbitamente extraño.
La
facción del príncipe heredero estaba furiosa.
La
facción del Emperador y los otros príncipes se mordían los labios para no reír,
esperando el espectáculo.
Por
suerte, el príncipe heredero, que había sobrevivido tantos años entre intrigas
y nubes de engaños, mantuvo la compostura y respondió con calma:
—Si
mi quinto hermano ha puesto los ojos en algún varón y sueña con que le dé
descendencia, no necesita usarme como excusa.
El
honor quedó salvado, pero había que averiguar cómo se había filtrado la
historia.
Apenas
la princesa salió de la ciudad, los hombres de Qi Zhen capturaron al informante
y lo llevaron ante él.
El
guardia golpeó el suelo con la frente, la voz rota.
—Este
esclavo sabe que ha fallado a Su Alteza… pero Juan-niang está en sus manos. Este
esclavo… no tenía otra salida.
El
eunuco tembló de rabia y le soltó otra bofetada.
—¡SU
ALTEZA YA LO HA INVESTIGADO! ¡ESA MUJER FUE ENVIADA PARA SEDUCIRTE! ¡CAÍSTE EN
LA TRAMPA!
El
rostro del guardia palideció. Alzó la vista hacia Qi Zhen.
Qi
Zhen, que había permanecido impasible todo el tiempo, habló por fin:
—¿Te
arrepientes?
El
guardia dejó escapar una sonrisa amarga.
El
príncipe heredero que tenía delante había heredado la belleza delicada de la Emperatriz
Shujin: un rostro tan exquisito que parecía pintado. Pero sus ojos eran un pozo
muerto, sin ondas, sin vida.
—No
me arrepiento. Su Alteza quizá no lo entienda.
Más
de diez años de relación entre amo y sirviente, destruidos en un solo día por
una mujer con intenciones ocultas.
Qi
Zhen, en efecto, no lo entendía.
—Dejadle
el cuerpo entero.
Traicionar
al príncipe, provocar que se rieran de él… dejarle un cadáver completo ya era
una muestra de magnanimidad.
El
guardia volvió a golpear el suelo con la frente; la piel se abrió y comenzó a
sangrar.
—Gracias,
Su Alteza… Este esclavo no os dará más molestias.
Dicho
esto, se mordió la lengua y murió al instante.
El
viejo eunuco empujó el cadáver a un lado con el pie y soltó una maldición.
Estaba a punto de decir un par de palabras de consuelo al príncipe cuando se
encontró con una mirada entre el bambú.
La
consorte del príncipe heredero estaba allí, no muy lejos, mirándolos fijamente.
Qi
Zhen notó la mirada del eunuco y volvió la cabeza.
A
través del viento helado del invierno, su mirada se cruzó con la de Lin
Shouyan.
Lin
Shouyan, asustado, cayó sentado de golpe.
Qi
Zhen no dijo nada. Solo lo miró.
El
aire se volvió rígido y gélido.
El
eunuco sintió un vuelco en el corazón.
«¿Qué
hacemos ahora?»
Si
no había remedio… también podían matarlo. Solo que arreglar el asunto después
sería más complicado.
Pasó
un buen rato antes de que el pequeño tonto se levantara del suelo. No huyó.
Quizá sabía que no tenía escapatoria. Caminó hasta colocarse frente a Qi Zhen,
miró al hombre muerto con sangre en la comisura de los labios, y luego miró al
príncipe.
Con
la voz temblorosa, preguntó:
—¿Taizi‑gege mató a alguien?
El
eunuco parpadeó, recordando que aquel muchacho era idiota.
Pensó
si podría engañarlo diciendo que estaban ensayando una obra.
Qi
Zhen dijo:
—Mn.
El
eunuco: “…”
«Bueno,
asustarlo también servirá.»
El
pequeño tonto se asustó de verdad. El color se le fue del rostro de inmediato.
Sacó una daga del pecho.
El
eunuco palideció y estuvo a punto de lanzarse para proteger al príncipe y
patear al tonto lejos, cuando este echó a correr… pero no hacia ellos, sino
hacia un árbol.
Y
empezó a cavar.
Una
cuchillada, dos puñados de tierra.
El
eunuco: “…”
«¿Qué
estaba haciendo?»
El
comportamiento de un tonto siempre resultaba desconcertante.
El
pequeño tonto clavó la daga con fuerza en la tierra. Bufó y resopló durante un
buen rato, hasta lograr abrir un hoyo apenas lo bastante grande para meter su
pequeño puño.
Estaba
a punto de llorar.
—¡Taizi‑gege, ven a ayudar a Yanyan! Enterrémoslo rápido, si no, alguien lo va a descubrir…
El
corazón del viejo eunuco se calentó un poco; su expresión se suavizó.
Miró
a Qi Zhen para pedir instrucciones.
—Su
Alteza…
El
rostro de Qi Zhen no cambió. Su voz fue fría:
—Puedes
cavar otro hoyo ahí al lado. Si algún día alguien llega a saber lo ocurrido
hoy, te acuestas tú mismo dentro. Así me ahorro ocuparme de ti.
Lin
Shouyan se quedó petrificado del susto.
Qi
Zhen no estaba bromeando.
Ordenó
al eunuco:
—Encárgate.
Y
se dio la vuelta para marcharse.
Lin
Shouyan se levantó de un salto.
—¡Taizi‑gege! ¿A dónde vas?
El
príncipe no miró atrás ni respondió.
El
eunuco siguió con la mirada la espalda de Qi Zhen, luego se acercó a consolar
al tonto:
—¿Qué
tal si la consorte del príncipe y este viejo esclavo lo arreglamos juntos?
Desde hoy será un secreto entre los tres: Su Alteza, la consorte y yo.
«¿Un
secreto entre tres?»
Los
ojos del tonto brillaron.
Asintió
con fuerza.
—¡Mn!
***
—Informo
a Su Alteza: según vuestras órdenes, ya hemos colocado gente dentro del séquito
que acompaña a la princesa. Todo lo que el Quinto Príncipe haya dicho para
convencer al Emperador de enviarla en matrimonio diplomático llegará, palabra
por palabra, a oídos de la princesa.
El
jefe de los guardias sacó una tarjeta de su pecho y la presentó con ambas
manos.
—Además…
esta es la lista de los funcionarios que acompañarán la ceremonia de fin de año
dentro de cinco días.
Qi
Zhen no la tomó.
—Entendido…
El
jefe de los guardias dejó la tarjeta a un lado y, tras confirmar si Su Alteza
tenía más órdenes, se retiró hacia la puerta. Al girarse, vio a Lin Shouyan de
pie en la entrada del patio.
Lin
Shouyan era originario del Jiangnan, con ese aspecto típico del sur: como una
flor cubierta de rocío, nacida en la bruma de un paisaje de lluvia y ríos. Sus
ojos, grandes como los de un cervatillo, brillaban húmedos, puros… y con un
dejo de ternura natural.
El
jefe de los guardias avanzó unos pasos y saludó con un gesto.
—¿Qué
hace aquí el joven maestro Lin?
Lin
Shouyan, sin saber qué hacer, se frotó las manos.
El
barro húmedo se desprendía en pedacitos, cayendo al suelo.
Sus
manos, antes blancas y finas como jade, estaban ahora rojas por el frío.
No
explicó nada. Solo dijo:
—¿Puedo
ver a Taizi‑gege?
El
jefe de los guardias dudó un instante, pero finalmente anunció su presencia.
Lin
Shouyan se quedó en la puerta del estudio.
Qi
Zhen estaba sentado dentro.
Incluso
sentado, su espalda permanecía recta, como un pilar que no se mueve ni en medio
de tormentas y mareas. Aunque sabía que Lin Shouyan había llegado, no levantó
la vista.
—Yanyan
tiene algo que pedirle a Taizi‑gege…
La
vocecita del pequeño tonto era suave y temblorosa.
—Taizi‑gege, tengo miedo. Ese hombre… da mucho miedo, es tan frío. Taizi‑gege, déjame quedarme contigo esta noche… Yanyan es pequeño, no ocupa espacio.
Qi
Zhen respondió con indiferencia:
—Aquí
no hay lugar para ti.
—Yanyan
puede dormir en el suelo, al lado de la cama… Yanyan será obediente.
—¿Tu
maestro de etiqueta estará de acuerdo?
Se
acercaba el fin de año, y había muchos compromisos. Aunque Qi Zhen no lo
llevara consigo, habría visitas en el Palacio del Príncipe Heredero. Si ese
tonto causaba algún escándalo, sería el rostro de Qi Zhen el que quedaría en
ridículo.
El
pequeño tonto mostró una expresión de conflicto.
Luego,
apretando los dientes, asintió con fuerza.
Solo
entonces Qi Zhen le permitió quedarse esa noche.
Lin
Shouyan se metió en la cama del príncipe, tiró de la manta y se cubrió media
cara.
Por
dentro estaba eufórico.
Gritó:
—¡SISTEMA!
¡MIRA, MIRA! ¡ME ACOSTÉ EN LA CAMA DEL PROTAGONISTA GONG!
Sistema:
“…”
—¡Un
pequeño paso para Yanyan, un gran paso para la misión!
Notas del autor:
Advertencias
del primer capítulo.
1.
No
es una historia puramente dulce; habrá dolor.
2.
Si
solo te gustan protagonistas gong dominantes o shou extremadamente sumisos,
quizá no sea para ti.
3.
El
shou es un “perrito de la belleza”: en el primer arco solo se fija en las “características
físicas” del gong; no está enamorado, solo quiere completar la misión. No lo pienses
demasiado.
4.
El
gong, tras la muerte de su esposa, está emocionalmente inestable, pero no es
realmente un lunático. Cuando se le pasa la ira, persigue a su “esposa” con
seriedad. Si esperas un gong completamente desquiciado, quizá no sea lo que
buscas.
(Por ahora, eso es todo; se añadirán más si hace falta.)
