Capítulo
57.
Chen Yu se negaba a hablar, pero eso no
significaba que el asunto no pudiera investigarse.
No pasó mucho tiempo antes de que los
guardias encontraran a los eunucos que aquella noche habían sido enviados a
limpiar la sala de audiencias y fueron detenidos.
Bastó aplicarles un leve castigo para que
confesaran de inmediato. Dijeron que esa noche el supervisor del pabellón, el
eunuco jefe Li Ming, los había enviado a escoltar a dos personas, ordenándoles
sacarlas del palacio. Como no se les había revelado la identidad de los
individuos, tampoco sabían quiénes eran ni por qué debían salir.
Chen Zeming ordenó de inmediato que
trajeran al eunuco jefe Li Ming para interrogarlo a fondo.
Li Ming era un veterano servidor del
palacio. A diferencia de Han Youzhong, que se entregaba al soborno sin pudor,
él siempre se había mostrado disciplinado, con buena reputación en la corte
imperial, sin formar facciones ni alianzas. Por eso, tras la ascensión de Xiao
Jin, fue promovido al cargo de supervisor del pabellón directo.
Chen Zeming no esperaba que fuera
precisamente él.
Tras ser torturado, Li Ming no pudo
resistir y terminó confesándolo todo.
El plan para rescatar a Xiao Ding había
sido ideado por Yang Ruqin. Originalmente, tras la extracción de Xiao Ding por
parte de Chen Yu, Li Ming debía presentarse en persona, aprovechar el caos y
usar su placa oficial para sacar al prisionero por la puerta del palacio,
reuniéndose con los hombres apostados afuera.
Pero nadie contaba con que Li Ming, ya
entrado en años, se acobardara en el último momento.
Aquella noche vaciló largo rato, sin
atreverse a arriesgarse. Atrapado entre dos fuegos, ideó una estrategia que
creyó infalible. Cerca del cuarto cambio de guardia, envió a sus subordinados a
sacar a Xiao Ding y su acompañante durante la limpieza de la sala de
audiencias. Él, sin embargo, se mantuvo oculto, sin mostrarse.
En su reflexión, el plan de Yang Ruqin era
demasiado arriesgado. Si fracasaba, perdería toda su fortuna y posición. En
cambio, su modificación permitía avanzar o retroceder, con mucho más margen de
seguridad.
Jamás imaginó que ni siquiera lograrían
sacar a los prisioneros del palacio. Sus hombres fueron interceptados por la
Guardia de Negro antes de llegar a ellos.
Aunque en los días siguientes el palacio
parecía tranquilo, él intuía que el plan de fuga había fracasado. Bajo esa
calma aparente se ocultaban olas tempestuosas.
En secreto, se felicitaba por no haber sido
tan necio como para presentarse en persona. De haberlo hecho, lo habrían
capturado con las manos en la masa, y no habría vivido para contarlo.
Pasaron varios días en zozobra, sin que el
asunto saliera a la luz. Justo cuando Li Ming meditaba cómo eliminar
discretamente a los eunucos menores implicados, sin dejar rastros, fue
arrestado.
—¡ESE MOCOSO ME HA ARRUINADO! ¡ESE MOCOSO
ME HA ARRUINADO! —gritaba Li Ming, arrepentido hasta los huesos.
Chen Zeming preguntó:
—¿Qué mocoso?
Li Ming respondió:
—Es el hijo de una tía lejana mía, el
actual Ministro de Justicia, Wu Guo. Fue él quien me prometió que, si todo
salía bien, me nombraría Gran Eunuco del Departamento de Ceremonias. Yo… yo fui
un viejo tonto, y acepté sin pensar…
Chen Zeming se quedó perplejo, luego esbozó
una sonrisa extraña y, de pronto, endureció el rostro:
—¡Puras patrañas! ¡Golpéenlo hasta que no
quede nada de él! —exclamó, levantándose para marcharse.
Mientras el bastón subía y bajaba, Li Ming,
soportando el dolor, gritaba:
—¡YA NO TENGO NADA MÁS! ¡DE VERDAD! ¡¡MI
SEÑOR, MI SEÑOR!! ¡TENGA PIEDAD!
Chen Zeming no lo escuchó y se alejó a paso
rápido.
Du Guhang se agachó junto al anciano sin
barba, con aparente compasión:
—Aquella noche, el Emperador depuesto fue
víctima de un intento de asesinato. Estuvo a punto de morir. Su Majestad ha
decidido investigar a fondo. Y tú dices que querías salvar al Emperador
depuesto… ¿No ves que estás trastocando la verdad? Confesar sin sentido es
cavar tu propia tumba.
Li Ming se estremeció:
—¡Ah! ¿Cómo puede ser? P-pero Wu Guo me
dijo claramente que…
No alcanzó a terminar la frase. El bastón
volvió a caer con fuerza, y Li Ming soltó un alarido:
—CONFESARÉ, CONFESARÉ, ¡LO DIRÉ TODO! ¡NO
ME GOLPEEN MÁS!
Después de eso, Li Ming fue interrogado
varias veces.
Cada sesión tenía un nuevo juez. Cada
error, un nuevo castigo. Incapaz de resistir, comenzó a inventar sin freno.
Al final, el supuesto plan para asesinar al
Emperador depuesto fue narrado con lujo de detalles. Incluso afirmó que Chen Yu
había sido quien lo introdujo en el palacio, y que el verdadero instigador era
Wu Guo.
Todos los detalles, incluso antes de
recibir castigo, él se apresuraba a encubrirlos, temiendo que el juez principal
detectara alguna fisura y ordenara un nuevo tormento. Así, día y noche, tejía
versiones y más versiones, hasta que al final casi llegó a creerlas él mismo.
Cuando Wu Guo vio entrar al sirviente,
pálido y agitado, para anunciar la llegada de los soldados, no mostró gran
sorpresa.
Tampoco intentó huir.
Al contrario, añadió unos trazos más,
completó la caligrafía que tenía sobre la mesa, la contempló con atención, y al
sentirse satisfecho, colocó con calma el pincel de pelo de lobo en el soporte.
En ese momento, el bullicio ya había
alcanzado el patio. Al alzar la vista, vio las sombras de hombres armados
proyectadas sobre el papel de las ventanas: todos portaban espadas y armaduras.
Cuando todo estuvo dispuesto, Wu Guo se
acercó y abrió la puerta.
El joven general que aguardaba en el patio
se volvió hacia él.
—¿Ministro de Justicia Wu Guo?
Wu Guo echó un vistazo. La casa estaba
completamente rodeada, sin dejar espacio alguno.
Su esposa, abrazando al hijo, había sido
detenida por los soldados fuera del patio. No podía entrar. Temblaba sin cesar,
como si ya no pudiera sostenerse.
Wu Guo asintió levemente.
Cuando el caso del intento de asesinato del
Emperador depuesto fue oficialmente entregado al Ministerio de Justicia, la
situación se tornó algo embarazosa. El acusado era el propio Ministro, y los
jueces eran todos sus subordinados. Xiao Jin no tuvo más remedio que designar a
Chen Zeming como supervisor del juicio, en busca de imparcialidad.
Wu Guo observó al general de armadura negra
sentado junto al estrado, y no pudo evitar esbozar una sonrisa sarcástica.
El juez principal era el viceministro Zhou
Zicai, antiguo subordinado de Wu Guo.
Al ver a su antiguo superior, ahora vestido
con ropas de prisionero, Zhou Zicai sintió una punzada de compasión, como el
zorro que llora la muerte del conejo. Sin poder evitarlo, suavizó su expresión.
Chen Zeming sonrió:
—¿Acaso el señor Zhou está charlando con el
acusado?
Zhou Zicai no se atrevió a responder.
Chen Zeming se volvió, mirando directamente
a Wu Guo:
—Señor Wu, el complot para asesinar al Emperador
depuesto en connivencia con el eunuco jefe Li Ming ha sido completamente
confesado por este último. ¿Tiene algo que decir?
Wu Guo lo miró, sorprendido.
Su rostro mostraba una mezcla de repulsión
y desconcierto, sin poder decidirse.
Chen Zeming sostuvo esa mirada sin
inmutarse y ordenó:
—¡Que traigan al testigo!
Li Ming fue arrastrado hasta el estrado. Su
cuerpo estaba tan golpeado que no quedaba carne sana. Al ver a Wu Guo, lo miró
con profundo odio y comenzó a maldecirlo sin cesar, llamándolo ingrato y
traidor.
Wu Guo escuchó toda la confesión sin
pronunciar palabra, aunque su rostro mostraba dudas.
Al final, cuando se le pidió que firmara,
alzó la vista hacia Chen Zeming y dijo de pronto:
—Quiero hablar en privado con el Príncipe Regente.
¿Es posible?
Chen Zeming, que ya anticipaba sus
sospechas, no se sorprendió por la petición. Asintió levemente.
Ambos entraron en la sala lateral y
cerraron la puerta tras el biombo.
Wu Guo se volvió y lo miró largo rato.
Habían sido amigos. Ahora, cada uno tenía
su propia posición. En el pasado, lo había despreciado por no saber sostener la
lealtad. Pero ahora, al mirarlo, parecía que la historia no era tan simple.
Tras un breve silencio, Wu Guo habló al
fin:
—¿Qué pretende Su Alteza el Príncipe Wei?
Chen Zeming respondió:
—¿Acaso no fue suficientemente claro lo que
dijo Li Ming hace un momento?
Wu Guo guardó silencio. Luego, como
sopesando cada palabra, dijo lentamente:
—¿Así que todo termina aquí? ¿Mi muerte
bastará para detener el derramamiento de sangre?
Chen Zeming lo miró sin responder, el
rostro imperturbable.
Wu Guo reflexionó un instante y sonrió.
—Llegados a este punto, ¿no es este
resultado también lo que yo deseaba…? Y quizás también lo que tú deseabas. Pero
yo jamás albergue intención de traición, sin embargo, cargaré con ese nombre.
Cuando pasen los años, el mundo me recordará junto a los desleales y los
ingratos… ¿Cómo podría resignarme a eso…?
Suspiró levemente. Chen Zeming lo observaba
en silencio, esperando su verdadera respuesta.
Wu Guo alzó la mirada. Sus ojos, una vez
turbios, volvieron a llenarse de firmeza.
Chen Zeming lo contempló con atención.
Comprendió que, probablemente, había ganado. Sin embargo, no sabía por qué,
sentía una punzada de melancolía.
—Aún tengo una duda —dijo Wu Guo, fijando
la vista en él con solemnidad—. ¿Cuál es tu propósito al proteger a ese hombre?
La mirada expectante de Wu Guo lo
sobresaltó. Chen Zeming desvió la vista de inmediato.
«¿Propósito?»
Por un instante, su mente se nubló. Volvió
a mirar a Wu Guo. La mirada de este era casi suplicante, como si necesitara una
respuesta.
De pronto, Chen Zeming soltó una risa
desdeñosa:
—¿Propósito? ¡El propósito es muy simple!
¿Cómo iba a permitir que ese hombre muriera tan fácilmente? ¡Quiero que viva!
Que vea con sus propios ojos la paz bajo el cielo, el esplendor del imperio,
las cuatro regiones rindiendo tributo, los hunos expulsados, el pueblo viviendo
en armonía… Todo eso que él soñó hacer y jamás logró… ¡Solo el actual Emperador
puede lograrlo! ¡Escúchalo bien! ¡Es su hermano, no él! ¡Todos ustedes estaban
equivocados! ¡Todo aquello de lo que él se enorgullecía… yo lo arrancaré, uno
por uno!
Wu Guo, entre asombro e ira, exclamó:
—¡Tú! ¡Chen Zeming!… Y yo que creí que
habías recapacitado, que eras un hijo pródigo que volvía al buen camino…
Chen Zeming se volvió bruscamente y replicó
con sorna:
—¿Y por qué habría de arrepentirme? No he
hecho más que derrocar a un monarca cruel y entronizar a un soberano
benevolente. Aunque haya errado en el momento, mi mérito perdurará por
generaciones.
Wu Guo exclamó, atónito:
—No… no es así. ¿Acaso sabes lo que estás
haciendo…?
Pero Chen Zeming, de pronto hastiado, ya no
quiso seguir escuchando a aquel hombre obstinado. Dio unos pasos rápidos hacia
la puerta, y justo antes de salir, se detuvo en seco.
—¿No te resignas? ¡Pues basta con que
cruces esa puerta y te retractes de tu confesión!
Dicho esto, no volvió la vista atrás y
salió empujando la puerta.
Wu Guo lo vio alejarse, su silueta
perdiéndose en la luz. En su rostro se mezclaban la ansiedad, la impotencia, la
rabia de quien no puede enderezar el hierro torcido, y un odio que no alcanzaba
a convertirse en palabra.
Wu Guo finalmente inclinó la cabeza y
confesó sin rodeos: había intentado asesinar al Emperador depuesto por el
rencor acumulado durante años, desde que Xiao Ding lo humillara repetidas veces
en público.
Su talento nunca había sido sobresaliente,
y Xiao Ding era famoso por su mal carácter. Al oírlo, algunos recordaron que,
en efecto, Xiao Ding lo había reprendido en varias ocasiones, e incluso lo
había desterrado a Lingnan por más de un año.
Aunque esa razón no parecía del todo
convincente, otros especularon que en realidad se trataba de eliminar a un
aliado cercano del nuevo Emperador. Algunos incluso creyeron que era el propio Emperador
quien deseaba la muerte. Las versiones eran múltiples y contradictorias, pero
al final, todas resultaban irrelevantes.
El caso de Wu Guo, por la contundencia de
las pruebas, fue sentenciado con ejecución en otoño. Li Ming y Chen Yu
recibieron la misma pena.
Antes de la ejecución, Chen Zeming llegó al
cadalso con un ataúd de excelente factura y le ofreció personalmente una copa
de vino. Wu Guo la tomó, bajó la cabeza y bebió un sorbo.
—Hermano Chen —dijo—, en su día te salvé la
vida. Hoy me devuelves el favor con una cuchillada. En realidad, es justo.
Chen Zeming, con rostro impasible,
respondió:
—Todo está determinado por el cielo.
Wu Guo sonrió:
—En el más allá, rogaré por tu fortuna,
hermano.
Chen Zeming lo miró en silencio unos
instantes.
—…Haz lo que desees.
Bajo el sol, la hoja descendió. Los gritos
ahogados de los espectadores se sucedieron sin pausa.
Chen Zeming creyó ver, como en un sueño, la
imagen de Wu Guo entrando con el edicto imperial en manos, el día en que él
mismo fue condenado.
Cerró los ojos.
Esa noche, fue al Palacio Frío.
El guardia había sido reemplazado por Du
Guhang. Al verlo llegar, Du Guhang se apresuró a saludarlo con reverencia.
Chen Zeming hizo un leve gesto con la mano.
Permaneció de pie largo rato bajo el viento nocturno, mirando a lo lejos la
habitación donde se encontraba Xiao Ding. Solo al ver la sombra ocasional
proyectada en la ventana, sintió algo de alivio.
La muerte de Wu Guo no solo cerró un caso
turbio, sino que mostró a los ministros el temple implacable del actual
Príncipe Regente.
Wu Guo había sido su amigo en el pasado.
Tras el golpe palaciego, cortaron todo contacto, como era bien sabido. En los
últimos tiempos, incluso habían tenido roces en el consejo imperial. No era
difícil pensar que eso también había influido en su destino. Las especulaciones
abundaban. Solo el Ministro de la Derecha, Du Jindan, permanecía impasible, sin
emitir juicio.
Xiao Jin, satisfecho por la eficacia de
Chen Zeming en resolver el caso, pensó en entregarle también el control del
Ministerio de Justicia. Al discutirlo en privado con Du Jindan, este se alarmó
y lo disuadió con firmeza. Solo entonces Xiao Jin abandonó la idea.
Últimamente, Xiao Jin sentía que había
progresado mucho en equitación y tiro con arco. Su interés por la guerra
crecía, y se había propuesto convertirse en un Emperador guerrero.
Durante una lección, Chen Zeming sonrió:
—Si Su Majestad se convierte en un general
invencible, ¿qué será de los militares de la corte?
Xiao Jin, lleno de entusiasmo, respondió:
—Realmente deseo seguirte al campo de
batalla, ver esos días de lanzas doradas y caballos de hierro, el humo
solitario sobre el desierto…
Chen Zeming negó con la cabeza:
—Cada arte tiene su maestro, cada hombre su
especialidad. En aquel entonces…
Se detuvo de pronto. Iba a mencionar el
ejemplo de Xiao Ding, rodeado en campaña, pero al llegar a la boca, sintió que
no era apropiado decirlo.
Xiao Jin, ajeno a sus pensamientos, tiró de
su arco:
—Vamos, Príncipe Regente, comparemos
puntería. Veamos quién acierta primero…
Miró a su alrededor y señaló a un eunuco:
—¡Disparemos al sombrero de ese muchacho!
El sirviente se arrodilló de inmediato,
temblando, suplicando clemencia. Que el Príncipe Regente disparara, vaya y
pase. Pero que lo hiciera Su Majestad… nadie podía garantizar que la flecha
fuera certera.
Chen Zeming sonrió con suavidad. El Emperador
solo estaba fantaseando. No había necesidad de decir más.
El autor tiene algo que decir:
Hay muchos malentendidos aquí, y no sé
dónde está escrito con claridad. Se
han producido cambios, así que hablare con
franqueza.
No es posible para Chen cubrir el cielo con
una mano y deje que un
caso tan importante desaparezca de la nada.
Si Wu Guo no hubiera sido confesado, Chen
nunca habría pensado en
tocarlo. Porque, aunque sean opositores
políticos, los conflictos no llegan al
punto de matar gente. Es más, hay muchas
formas de deshacerse de Wu
Guo, incluida la degradación y el despido,
y no hay necesidad de asumir la
deuda de vidas humanas.
Wu Guo fue confesado por Li Ming y una vez
confesado, su intento de
salvar al Emperador anterior sería
considerado traición y un delito grave.
Ahora que ha confesado, la forma menos
arriesgada de salvar a Xiao Ding
en este momento es cambiar el crimen de Wu
Guo, dejar que él asuma la
culpa solo y terminar el caso.
Entonces, lo que Chen hizo aquí fue cambiar
los cargos de Wu Guo.
(el crimen de Wu Guo era intentar salvar a Xiao
Ding, pero Chen Zeming lo
cambió por un intento de asesinato)
Y esto es lo que el propio Wu Guo está
dispuesto a hacer (el diálogo en la
habitación secreta trata sobre esto).
El resentimiento de Wu Guo antes de su
muerte se debió a la falta de
voluntad de Chen para mirar atrás, lo que
hizo que la verdad sobre su
muerte nunca saliera a la luz. En su
opinión, su propia situación no estaba
ajena a la rebelión de Chen.
Para Chen, mantenerse al margen era la
mejor opción. Después de todo, Wu
Guo era su benefactor y viejo amigo, pero
si no actuaba, Xiao Ding estaría
muerto. Eligió actuar porque no quería que
Xiao Ding muriera no solo por
egoísmo, sino también por lealtad residual.
También porque Wu Guo y
otros debieron haber querido esto también,
por lo que confabulo con ellos
por un corto tiempo. Pero sólo por poco
tiempo.
Espero haberlo dejado claro.
(en resumen, todo esto fue planeado por
ambos para salvar a Xiao Ding de
la muerte por intentar escapar)

