Un Caballero Elegante 38

  

Capítulo 38: La lluvia nocturna sopla hacia el norte (II)

 

Los fragmentos de tazas y cuencos cubrían el suelo.

 

Ming Changyan permanecía con la cabeza baja. Era imposible ver con claridad la expresión de su rostro, pero, aun sin verla, cualquiera podía adivinar lo abatido que estaba.

 

El discípulo externo de la secta Tianqing que había relatado los hechos con toda sinceridad tembló de miedo.

—Eso es todo lo que sé. No sé nada más.

 

En cuanto terminó de hablar, salió corriendo y desapareció sin dejar rastro.

 

Huai Yu volvió a sentarse y le tomó el pulso.

—En tu estado, no deberías alterarte.

 

Ming Changyan continuó en silencio.

 

La mano con la que Huai Yu le tomaba el pulso cambió de posición. Pasó a sujetarle la muñeca y la apretó ligeramente dos veces.

—No fue culpa tuya.

 

Ming Changyan se puso en pie.

—Volvamos a la posada. Tengo que preguntárselo a Mingyue personalmente.

 

Con solo escuchar que habían golpeado a Zhong Yulou hasta matarlo, sintió un dolor lacerante atravesarle el pecho.

 

Había visto crecer a Zhong Yulou desde niño. Sabía que era una persona de corazón humilde.

 

Y también sabía que le tenía miedo a dos cosas por encima de todo: al sufrimiento y al dolor.

 

Una pequeña herida bastaba para hacerlo llorar y lamentarse durante horas: «Entonces, bajo una lluvia interminable de golpes… ¿cómo soportó todo aquel dolor?»

 

Cada paso que daba Ming Changyan parecía consumir todas sus fuerzas.

 

Como si por dentro ya estuviera completamente vacío.

 

Huai Yu lo alcanzó tras dar un par de zancadas y le sujetó el brazo.

 

Ming Changyan levantó la vista hacia él.

 

—¿Puedes caminar por ti mismo? —preguntó Huai Yu.

 

La voz de Ming Changyan sonó ronca.

—Puedo.

 

Huai Yu apretó los labios. Parecía querer decir alguna palabra de consuelo, pero después de pensarlo durante largo rato no logró encontrar nada adecuado.

 

Caminaron un trecho en silencio.

 

De repente, Ming Changyan se detuvo.

—No.

 

Huai Yu había permanecido atento a cada uno de sus movimientos, temiendo que perdiera el control en cualquier momento. Por eso respondió de inmediato:

—¿Qué sucede?

 

—¡Ese hombre no encaja!

 

Huai Yu le dirigió una mirada interrogante.

 

—Si todos los que estaban en el campo de entrenamiento murieron, ¿cómo puede él conocer los detalles con tanta precisión? —dijo Ming Changyan.

 

Su expresión cambió bruscamente.

 

Sin esperar más, echó a correr hacia la posada.

—¡Vamos a buscar a Mingyue! ¡Ahora mismo!

 

Ninguno de los dos se atrevió a perder tiempo.

 

Corrieron a toda velocidad hasta la posada.

 

Apenas llegaron a la planta baja cuando, desde una habitación del tercer piso, estalló el estruendo de una pelea: muebles volcados, cajones abiertos violentamente y objetos cayendo al suelo.

 

Ming Changyan hizo ademán de lanzarse hacia arriba.

 

Huai Yu le sujetó el hombro.

 

Sin embargo, antes de que pudieran actuar, una figura juvenil saltó desde el tercer piso.

 

Era Mingyue.

 

En su hombro izquierdo había aparecido un enorme agujero sangrante.

 

La herida que Ming Changyan le había causado con la espada se había desgarrado de nuevo durante el combate y la sangre brotaba sin cesar.

 

Mingyue retrocedió varios pasos.

 

Al girar la cabeza, vio a Ming Changyan.

 

Sus miradas se encontraron. Por un instante, ninguno de los dos dijo una sola palabra.

 

Entonces, desde el tercer piso de la posada, resonó una voz tan familiar que resultaba imposible equivocarse.

 

—¡Hermano mayor! ¡Cuánto tiempo sin verte!

 

Una figura saltó por la ventana y aterrizó con agilidad sobre el tejado.

 

Sonreía de oreja a oreja.

 

Mientras jugueteaba despreocupadamente con la espada que sostenía en la mano, volvió a hablar:

—¿Por qué esa cara de sorpresa? Ah, cierto, perdóname. Lo había olvidado… —Hizo una pausa y su sonrisa se ensanchó— Ya estoy muerto…

 

El joven que permanecía sobre el alero del tercer piso era, precisamente, Zhong Yulou.

 

Ming Changyan apenas se quedó paralizado un instante. Al momento siguiente comprendió que aquel hombre era un impostor.

 

Aunque había adoptado la apariencia de Zhong Yulou, su expresión, sus gestos y su forma de comportarse eran completamente distintos. Ver el rostro de Zhong Yulou realizando aquellas muecas extrañas y siniestras producía una inquietante sensación de horror.

 

Con el rostro helado, Ming Changyan preguntó:

—¿Quién eres?

 

“Zhong Yulou” soltó una risita.

—Maestro, hermano mayor, qué frío eres. La persona que me mató está justo a tu lado. ¿No vas a vengarme? ¿Por qué me preguntas quién soy? —Giró la cabeza hacia Mingyue y sonrió— Mingyue, díselo tú. ¿Quién soy? ¿No soy acaso el hermano mayor marcial que tú mataste?

 

Al oír aquello, Mingyue se quedó momentáneamente paralizado. Después comenzó a jadear con fuerza y gritó:

—¡CÁLLATE…! ¡CÁLLATE!

 

Ming Changyan entrecerró los ojos.

—¿También eras tú el discípulo externo de antes?

 

“Zhong Yulou” se inclinó ligeramente y mostró una sonrisa encantadora.

—Adivínalo.

 

Huai Yu emitió su veredicto de inmediato:

—Guanyin Fea.

 

La expresión del impostor se iluminó.

—Je, je, je, je, je… Hermano mayor Ming, morí de una forma espantosa. Me dolía muchísimo. ¿Por qué no viniste a salvarme? Tú sigues vivo, pero yo estoy muerto. Qué desgraciado soy…

 

Mingyue soportó el dolor de sus heridas y rugió:

—¡ESTÁS DICIENDO TONTERÍAS! ¡CÁLLATE! ¡NO TE PERMITO HABLAR! ¡NO TE PERMITO…!

 

Guanyin Fea respondió entre carcajadas:

—¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¿Qué ocurre? ¿Ahora que tu hermano mayor está aquí quieres hacerme callar? Pues yo no pienso hacerlo —Sonrió dulcemente y continuó— Hermano mayor Ming, ¿de verdad no quieres saber cómo acabó tu hermana en manos de Wan Qianqiu?

 

Los ojos de Mingyue se enrojecieron de rabia. La odiaba hasta la médula.

 

Desenvainó la espada y se lanzó al ataque, obligando a Guanyin Fea a retroceder paso a paso.

 

Mientras esquivaba los golpes y cruzaba unos cuantos movimientos con él, Guanyin Fea siguió hablando sin cesar:

—¡Naturalmente fue tu querido hermano menor quien la buscó usando tu colgante de jade!

 

Mingyue empujó la espada hacia delante con todas sus fuerzas y rugió:

—¡TÚ TENÍAS SECUESTRADOS A MIS PADRES! ¡SI NO OBEDECÍA TUS ÓRDENES, IBAS A MATARLOS!

 

Guanyin Fea se cubrió medio rostro con la manga y descendió al suelo con ligereza.

—Sí, claro. Je, je, je. La vida de tus padres era una vida valiosa. Pero la vida de la hermana menor del hermano mayor Ming… esa no valía nada, ¿verdad?

 

El cuerpo de Mingyue se estremeció.

 

No se atrevía siquiera a mirar a Ming Changyan.

 

Tenía el rostro desencajado por la ira y la desesperación.

—¡NO QUERÍA MATARLA! ¡FUISTE TÚ! ¡TÚ ME ENGAÑASTE!

 

De repente, Guanyin Fea dejó de moverse. La sonrisa en sus labios se volvió extraña.

 

—Pequeño Mingyue, pequeño Mingyue… ¿Quieres intentar adivinar por qué te elegí precisamente a ti para hacer todas estas cosas?

 

La Guanyin Fea hizo una pausa y lo observó con evidente diversión.

—Durante estos dos años has cumplido cada tarea de forma excelente. La verdad es que me gustas muchísimo.

 

Al oír aquello, los ojos de Mingyue se inyectaron aún más en sangre.

—… ¡CÁLLATE! ¡CÁLLATE! ¡CÁLLATE!

 

La risa de Guanyin Fea se volvió todavía más desenfrenada.

 

Pero justo cuando aterrizó sobre una mesa, Huai Yu actuó de repente. La mesa fue incapaz de soportar la fuerza de su energía interna y estalló en pedazos.

 

La expresión de Guanyin Fea cambió de inmediato. La sonrisa desapareció de su rostro mientras ella y Huai Yu se observaban mutuamente.

—Hace tiempo que conozco la reputación del Joven Primer Ministro. Solitario, orgulloso y ajeno a los asuntos del Jianghu. Nunca imaginé que también te dedicarías a entrometerte en los asuntos de otros.

 

Huai Yu ni siquiera se molestó en responder. Alargó la mano y tomó un enorme espejo de cristal que se encontraba en un puesto cercano.

 

Las pupilas de Guanyin Fea se contrajeron al instante. Se dio media vuelta para huir.

 

Y, efectivamente, en el mismo instante en que trató de escapar, Huai Yu hizo fuerza con la mano.

 

El espejo explotó.

 

Miles de fragmentos de cristal afilados como cuchillas quedaron envueltos en Qi verdadero.

 

Guanyin Fea era rápida.

 

Pero Huai Yu era más rápido.

 

Los incontables trozos de cristal cruzaron el aire como una tormenta de acero. Por muchas transformaciones y artimañas que poseyera Guanyin Fea, ni siquiera con alas habría podido escapar.

 

Tal como era de esperar, aunque hizo todo lo posible por esquivarlos, no logró salir ilesa.

 

Antes siquiera de que Huai Yu utilizara una segunda técnica, ya estaba cubierta de sangre.

 

Los fragmentos de cristal le habían abierto heridas por todo el cuerpo, sin dejar apenas un centímetro de piel intacta.

 

Sin embargo, aquella persona apreciaba enormemente su hermoso rostro.

 

Prefería soportar los impactos con el cuerpo antes que permitir que un solo fragmento le cortara la cara.

 

—¡DÉJALA VIVA! —gritó Ming Changyan.

 

Huai Yu asintió.

 

Pero Guanyin Fea no le dio ninguna oportunidad para acercarse.

 

Llevaba años recorriendo el mundo marcial. Sus acciones eran extrañas e impredecibles, guiadas únicamente por sus propios caprichos.

 

Rara vez había encontrado un rival digno.

 

Estaba acostumbrada a matar sin pestañear y casi nunca sufría pérdidas.

 

Ahora, sin embargo, estaba totalmente reprimida por Huai Yu.

 

Ninguno de sus movimientos podía desplegarse con libertad. Retrocedía paso a paso, obligada a ceder terreno constantemente.

 

La frustración crecía en su interior y su expresión se volvía cada vez más desagradable. De repente, lanzó una patada que volcó un puesto callejero y consiguió obstaculizar a Huai Yu por un instante.

 

Aprovechando ese breve respiro, saltó hacia atrás.

 

Pero en cuanto aterrizó, una punzada de dolor recorrió su espalda.

 

Ming Changyan había trazado una flor de espada y su hoja ya estaba apuntando directamente a su rostro.

 

Atacada por delante y por detrás, Guanyin Fea apretó los dientes y maldijo para sus adentros mientras buscaba desesperadamente una vía de escape.

 

Entonces, en aquel momento crítico… Una gota de lluvia cayó al suelo.

 

Poco después, comenzó a lloviznar suavemente.

 

Y con la lluvia descendieron del cielo incontables papeles blancos que flotaban lentamente como copos de nieve.

 

Eran redondos y en el centro de cada uno había un agujero cuadrado.

 

Era dinero funerario.

 

Acto seguido, desde el extremo de la calle resonó el sonido desgarrador y agudo de una suona.

 

Dos filas de figuras de papel, vestidas de rojo y verde, avanzaban golpeando gongs y tambores.

 

Sonreían y desprendían una atmósfera fantasmal.

 

Ming Changyan habló con voz grave:

—Una boda y un funeral chocando sus malos augurios. Las figuras de papel cargando el ataúd. Soldados del inframundo abriendo el camino. El Demonio de la Boda Roja está pidiendo paso.

 

Huai Yu lo protegió colocándose delante de él.

—¿Es el Demonio de la Boda Roja?

 

—Ten cuidado —respondió Ming Changyan—. Ni siquiera yo me he enfrentado jamás a él.

 

La calle, que segundos antes había estado completamente vacía, comenzó a llenarse de figuras de papel.

 

Aparecieron tanto por delante como por detrás.

 

Las primeras filas vestían de rojo y verde. Los flecos de seda ondeaban al viento y cuatro cargadores transportaban un palanquín nupcial.

 

Parecía una procesión de boda.

 

Las filas posteriores llevaban estandartes funerarios sobre los hombros y levantaban tablillas mortuorias. Entre la lluvia de papel blanco, semejaban una comitiva fúnebre.

 

De pronto, Huai Yu cubrió los oídos de Ming Changyan con ambas manos.

—No escuches. Hay algo extraño en la música.

 

Y tenía razón.

 

Mingyue, cuya fuerza interna era inferior, comenzó a sufrir poco después de escuchar la música durante demasiado tiempo. Su rostro se retorció de agonía. Como si estuviera siendo sometido a la más cruel de las torturas.

 

Cuanto más se acercaba la procesión, más complejos se volvían los sonidos.

 

Había lamentos, gritos de auxilio, llanto de niños y también risas alegres de muchachas jóvenes.

 

Sonidos dulces y siniestros a la vez que confundían la mente y perturbaban el espíritu.

 

Cuando la procesión estuvo lo bastante cerca, las dos figuras de papel que marchaban a la cabeza levantaron de improviso las tablillas mortuorias.

 

De sus cuerpos extrajeron largas hojas de acero.

 

Huai Yu frunció el ceño. Levantó la pierna y lanzó una patada directa al pecho de uno de ellos.

 

Pero la figura de papel no se desmoronó, al contrario, empuñó la espada y atacó.

 

Ming Changyan sacó su propia espada y se la metió en las manos a Huai Yu.

—Creo que estas figuras de papel han sido reforzadas con energía interna. Ahora son tan duras como el hierro. Golpearlas de frente no servirá de nada. Ellas no pueden morir… nosotros sí.

 

Huai Yu rodeó su cintura con un brazo. Con un movimiento suave, retrocedió cuatro pasos llevándoselo consigo.

 

Ming Changyan entrecerró los ojos. Entonces dijo:

—¡Corta los hilos!

 

La vista de Huai Yu era excepcional. Tras la advertencia de Ming Changyan, comprendió al instante lo que ocurría y dirigió la mirada detrás de las figuras de papel.

 

Y, efectivamente. Suspendidos en el aire había finísimos hilos de seda. De vez en cuando reflejaban destellos plateados casi imperceptibles, algo que una persona corriente jamás habría detectado.

 

Ming Changyan apartó la mano que rodeaba su cintura.

—Si sigues cargando conmigo, acabaré siendo un estorbo. No estoy tan acabado como para no poder enfrentarme a unas simples figuras de papel. Que ese Demonio de la Boda Roja, pretenda usar agujas delante de mí… ha dado una patada contra una placa de hierro.

 

Huai Yu le lanzó una mirada.

 

Ming Changyan, simplemente, se soltó a la fuerza y corrió hacia donde estaba Mingyue.

 

Su cabeza estaba hecha un lío. Las dudas se entrelazaban unas con otras, imposibles de desenredar. Tenía demasiadas preguntas.

 

—¡NO ME VOY A MORIR! —gritó Ming Changyan mientras se alejaba.

 

Al mismo tiempo, otra persona avanzaba entre el caos en dirección a Mingyue.

 

Era Guanyin Fea.

 

Ambos llegaron frente a él casi a la vez.

 

Guanyin Fea seguía usando la apariencia de Zhong Yulou. Su disfraz era perfecto, hasta el punto de resultar indistinguible del original. Aquella imagen falsa perturbó inevitablemente el ánimo de Ming Changyan.

 

Guanyin Fea soltó una carcajada.

—Hermano mayor Ming, ¿vas a proteger a Mingyue? ¡Es un traidor! Yo no lo soy. Mira bien quién soy. ¡Soy Yulou, hermano mayor!

 

Ming Changyan ya estaba harto de oírlo.

 

Sacudió la manga y tres agujas ocultas salieron disparadas directamente contra el rostro de Guanyin Fea.

 

Este giró el cuerpo y las esquivó.

 

Justo en aquel instante, Ming Changyan aprovechó para agarrar al aturdido Mingyue y atraerlo hacia sí.

 

Guanyin Fea se rio a carcajadas.

—Ming Changyan, apenas puedes protegerte a ti mismo y aun así intentas salvar a los demás. ¡Qué admirable!

 

Ming Changyan ni siquiera se molestó en contestar.

 

Aunque solo había recuperado una pequeña parte de su poder, todavía era capaz de intercambiar varios movimientos con Guanyin Fea.

 

Sin embargo, las figuras de papel seguían sembrando el caos.

 

Guanyin Fea pensó para sus adentros: «En este viaje a Guangling, lo primero es matar a ese bocazas de Mingyue. Y si Ming Changyan se interpone… aunque no consiga matarlo, haré que sufra.»

 

Con esa idea, redobló la fuerza de sus ataques.

 

Ming Changyan quería ver su verdadero rostro.

 

Extendió la mano derecha y le sujetó el hombro antes de tirar de ella con fuerza.

 

Pero Guanyin Fea empleó una técnica de escape similar a la de la cigarra que abandona su caparazón.

 

La túnica exterior quedó atrapada en las manos de Ming Changyan. Su verdadero cuerpo, en cambio, ya se había liberado.

 

Y entonces lo vieron.

 

Sujetos a su cintura había decenas de cuchillas.

 

Las pupilas de Mingyue se contrajeron.

—¡Hermano mayor! ¡Las cuchillas! ¡Cuidado con sus cuchillas!

 

Ming Changyan se sobresaltó. Cuando levantó la vista, ya era demasiado tarde, las hojas habían salido disparadas.

 

Impulsadas por una poderosa corriente de energía, avanzaban como una lluvia mortal directamente hacia él.

 

Entonces ocurrió.

 

Una fuerza repentina lo envolvió.

 

Alguien se lanzó delante de él.

 

Las cuchillas que debían perforar el abdomen de Ming Changyan atravesaron el pecho de Mingyue.

 

El mundo pareció detenerse.

 

El aire se congeló.

 

Durante un instante, nadie se movió.

 

Guanyin Fea chasqueó la lengua.

—¡Tsk! Ayoo, pequeño Mingyue… pequeño Mingyue…

 

Ella sonrió con una satisfacción casi afectuosa.

—Lo que más me gusta de ti es que siempre sabes cuál es tu lugar.

 

Tras decir eso, reunió una poderosa corriente de Qi verdadera entre las manos y la descargó sobre la hoja incrustada en el pecho de Mingyue.

 

La cuchilla avanzó aún más. Por la fuerza que empleaba, era evidente que pretendía atravesar por completo el cuerpo de Mingyue y, con la misma hoja, alcanzar también a Ming Changyan.

 

Mingyue escupió una bocanada de sangre. La cuchilla ya había perforado su corazón y sobresalía por la espalda. Apretó los labios.

 

Aguantando un dolor insoportable, alzó una mano y, con una determinación feroz, agarró el tramo de hoja que sobresalía de su cuerpo y la partió.

 

La rompió con sus propias manos.

 

Ming Changyan aún no había reaccionado cuando Mingyue lo empujó bruscamente lejos de él.

 

Sin aquel último apoyo, su cuerpo vaciló. Se tambaleó, jadeó una vez y cayó de rodillas.

 

Ming Changyan quedó completamente conmocionado. Durante largo rato fue incapaz de reaccionar.

 

En ese instante, las cuchillas de Guanyin Fea volvieron a salir disparadas.

 

Todas convergieron sobre Mingyue, pero ya no podía moverse. Era como un cordero esperando el matadero.

 

Las hojas penetraron por delante y por detrás.

 

La sangre se elevó tres pies en el aire.

 

Con gran esfuerzo, levantó la cabeza. Su mirada era desolada.

 

Fijó los ojos en Ming Changyan, como si intentara decir algo. Como si hubiera palabras que necesitara pronunciar antes de morir.

 

Pero al final… La luz de sus ojos se extinguió.

 

Su cuerpo se relajó.

 

La vida abandonó su carne y no llegó a decir una sola palabra.

 

Guanyin Fea aplaudió satisfecha. Luego levantó el pie y volcó el cadáver de una patada. Los fragmentos del colgante de jade que Mingyue llevaba escondido entre la ropa se desparramaron por el suelo.

 

—Incluso al borde de la muerte seguías intentando resistirte. Hablabas demasiado. Me has decepcionado muchísimo —La Guanyin Fea avanzó pisando los trozos de jade— Después de todo, te he ayudado a librarte de este pequeño ingrato de ojos blancos. Aunque, si quieres darme las gracias, tampoco es necesario.

 

Para entonces, Huai Yu ya había acabado con todas las figuras de papel.

 

Sin su protección, Guanyin Fea no se atrevía a quedarse más tiempo.

 

Había cumplido su objetivo y entre risitas, se dispuso a huir.

 

Entonces la voz ronca de Ming Changyan resonó detrás de ella:

—¿Acaso buscas la muerte?

 

Recogió del suelo la mitad de la cuchilla que Mingyue había roto.

 

La sostuvo con la mano desnuda.

 

Aunque el filo le abrió la palma hasta dejarla hecha un amasijo de carne y sangre, ni siquiera lo miró.

 

Solo avanzó directamente hacia Guanyin Fea.

 

Huai Yu acudió al instante para apoyarlo.

 

Dos contra uno.

 

Guanyin Fea sabía perfectamente que no tenía ninguna posibilidad de vencer. Sonrió de forma siniestra y, de repente, giró hacia un puesto cercano para ocultarse tras él.

 

Ming Changyan la persiguió.

 

Pero cuando dobló la esquina… Se quedó inmóvil. Frente a él ya no había Guanyin Fea. Había una muchacha. Una joven de cejas delicadas, ojos sonrientes y cabello negro ligeramente ondulado.

 

Su expresión era pura e inocente.

 

Miró a Ming Changyan y preguntó con dulzura:

—Hermano, ¿vas a matarme?

 

La respiración de Ming Changyan se interrumpió.

 

Incluso Huai Yu quedó momentáneamente atónito.

 

Aquella joven poseía una belleza extraordinaria y su rostro era un noventa por ciento idéntico al de Ming Changyan.

 

Aprovechando aquel brevísimo instante de distracción, la muchacha se lanzó hacia un callejón situado a la derecha. Desapareció sin dejar rastro.

 

Huai Yu fue el primero en reaccionar.

 

Corrió tras ella.

 

Doblando la esquina, avanzó unos pasos… pero allí no encontró a ninguna muchacha.

 

La única persona que venía por el callejón era Zhu Rong.

 

Este caminaba lentamente hacia ellos. Huai Yu lo observó con frialdad.

 

Zhu Rong respondió con una sonrisa tranquila.

—He oído que aquí había mucho alboroto y he venido a ver qué sucedía.

 

Detrás de él apareció Zhao Xiaolan, jadeando.

—¡Hermano Zhu! ¿Por qué caminas tan rápido?

 

Al ver a Huai Yu, Zhao Xiaolan se adelantó apresuradamente y salió del callejón. Pero en cuanto llegó a la calle principal, contempló la escena de destrucción y quedó paralizado.

 

Huai Yu estaba preocupado por Ming Changyan. Por ello, tras perseguir unos pocos pasos, regresó inmediatamente.

 

Mientras tanto, Ming Changyan había recuperado algo de claridad.

 

Avanzó despacio hasta el cadáver de Mingyue.

 

Apenas extendió la mano para tocarlo, Huai Yu lo sujetó por la muñeca.

—No lo toques. Guanyin Fea es extremadamente astuta. Si hubiera envenenado esas cuchillas, solo conseguirías complicar aún más las cosas.

 

Ming Changyan permaneció en silencio unos instantes antes de responder:

—Si las cuchillas estuvieran envenenadas… probablemente yo ya me habría desplomado.

 

Huai Yu bajó la mirada y solo entonces advirtió la gravedad de la herida en la mano derecha de Ming Changyan.

 

La palma estaba desgarrada por el filo.

 

Sin embargo, en el rostro de Ming Changyan no había ninguna emoción visible. Permaneció callado durante mucho tiempo.

 

Al final, dejó escapar un leve suspiro.

 

—En un principio… también lo odié.

 

El silencio volvió a caer entre ambos.

 

Ming Changyan se arrodilló sobre una sola rodilla y comenzó a extraer una por una las cuchillas clavadas en el cuerpo de Mingyue.

 

En su corazón se acumulaban miles de pensamientos.

 

Preocupaciones.

 

Remordimientos.

 

Preguntas sin respuesta.

 

No podía dejar de preguntarse: «¿Cómo hemos acabado así?»

 

Huai Yu rompió el silencio.

—¿Qué harás?

 

Ming Changyan respondió con calma:

—Lo llevaré de vuelta con sus padres. Lo enterraremos.

 

Terminó de arreglar el aspecto del difunto, acomodando sus ropas y cerrando sus heridas lo mejor que pudo.

 

Justo entonces, sobre la larga calle envuelta en una neblina blanquecina, apareció una mujer. Era una mujer de porte noble y elegante.

 

Majestuosa.

 

Extraordinaria.

 

Su sola presencia hacía que los demás desviaran involuntariamente la mirada hacia ella.

 

El autor tiene algo que decir:

 

He estado leyendo los comentarios y… ¡por favor, no mencionéis esa palabra que puede hacer que censuren el texto! ¡Me da mucho miedo! ¿Cómo se os ha ocurrido siquiera?

 

Voy a repetirlo una vez más: este universo no es uno de cultivación inmortal ni de dioses y demonios. Cuando un personaje recibe su «bento» (muere), no hay vuelta atrás. No habrá tramas de resurrección.

 

Si alguien ha muerto, está muerto de verdad.

 

Por supuesto, cada muerte tiene sus motivos y razones dentro de la historia. Más adelante probablemente podréis encontrar las explicaciones correspondientes. Otra cosa es que os convenzan o no, eso ya depende de cada lector.

 

En otras palabras, los personajes no mueren por capricho de la trama ni porque yo reparta tragedias al azar para hacer sufrir a los lectores. Todas las muertes forman parte de la construcción argumental y eran inevitables dentro de la historia.

 

Este pequeño arco está prácticamente terminado.

 

Siguiendo la tradición, ¡ahora toca empezar a repartir azúcar!

 

¡¡Yo estoy incluso más impaciente que vosotros por ver a estos dos enamorarse de una vez!!

 

P.D.: Esta novela no tiene parejas secundarias.


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