Capítulo 27: El
Caballero Yi Nian (X)
Quién lo diría, un momento después, Ming
Changyan de repente perdió fuerza, se hundió en su cuello y ya estaba
profundamente dormido.
Huai Yu respiró hondo y soltó un suspiro de
alivio.
La ropa de Ming Changyan estaba suelta y al
tirarla se cayó la mayor parte. Bajo la luz de la luna, Huai Yu notó que en su
hombro había una sombra oscura. Le quitó la túnica, revelando su espalda, y al
mirar, Huai Yu se dio cuenta de que no era una herida. Su espalda lisa y
brillante, de un blanco porcelana, estaba adornada con cinco pequeñas lunas que
iban de la luna nueva a la luna llena y siguiendo la curva hacia abajo, había
una serie de complejos y antiguos caracteres, que debían ser el idioma del
antiguo Reino del Gran Yue.
Él agarró los hombros de Ming Changyan, le
volvió a poner la ropa y lo empujó hacia arriba. Después de un rato,
sintiéndose avergonzado y enojado, le dio un fuerte pellizco en la mejilla al
joven héroe Ming, liberando así su frustración.
A la mañana siguiente, Ming Changyan se frotó la
cara, abrió la puerta y Li Minjun dijo:
—Ya se te pasó la resaca, tu Huai Yu se fue esta
mañana.
—¿Se fue? ¿Por qué no me dijo nada? ¡Así podría
haberlo despedido! —dijo Ming Changyan.
—Jeje, llamando la atención. Saliste de su
habitación y aún preguntas por qué no se despidió. Ming Changyan, qué malvado
eres, ¿no es que anoche te dejaste llevar por su belleza? tenías malas
intenciones, pero no el valor y después de beber te atreviste a ser grosero con
él. —dijo Li Minjun.
Cuando Ming Changyan se dio la vuelta,
efectivamente, no era su habitación la que estaba detrás, sino la habitación de
Huai Yu.
—Oh, bebí un poco de alcohol y olvidé lo que
pasó después. ¡Ayoo! Li Minjun, tráeme unos cubitos de hielo, me duele mucho la
cara.
—Lo más probable es que alguien le haya
abofeteado —espetó Li Minjun— Adiviné bien. Yulou, ¿lo viste? No sigas el
ejemplo de tu hermano mayor.
Zhong Yulou comía, asintiendo rápidamente con la
cabeza:
—¡Lo sé!
Ming Changyan, maldiciendo, se inclinó hacia el
pozo y tomó un poco de agua para refrescarse. Mientras se curaba las heridas,
no olvidó darle una paliza a Li Minjun, intercambiando golpes y desmantelando
los planes del otro.
A la hora una de la tarde, llegó a la entrada de
la montaña Xianyue la tarjeta de visita de la secta Guifeng.
Los discípulos externos se la entregaron a Li
Minjun.
Ming Changyan la tomó, pasó por encima de las
frases corteses y floridas del inicio, y fue directo al final.
—¿Cuándo dicen que vienen?
—El sexto día del cuarto mes. Ve a escoger un
buen lugar; yo digo que sea junto al lago del Oeste. Ah, y pregunta cómo está
la señorita Hua. Si ya está bien, que venga. Si sigue sin poder levantarse,
dile a Yulou que le lleve la comida a Xiaoxietai.
—¿Debemos cambiar las armas del campo de
entrenamiento? —preguntó Li Minjun.
—Pon las nuevas —dijo Ming Changyan—. Añade más
espadas; en Guifeng usan muchas. Y quita esos puestos de comida junto al campo.
Yulou ladeó la cabeza.
—Hermano mayor, esos puestos los pusiste tú.
Ming Changyan tosió.
—¡EJEM! En días normales no importa. Pero si la
secta Guifeng viene y dicen que una gran secta como la nuestra no sabe mantener
la disciplina… ¿entiendes?
Yulou pensó un momento y respondió con
sinceridad:
—No entiendo.
Los jóvenes discípulos internos miraban
fijamente a Ming Changyan.
—Hermano mayor, ¿quién va a pelear esta vez? —preguntó
Yan Yunan.
Quien fuera elegido representaría la imagen de la
secta Tianqing: debía ser el más fuerte, el más talentoso y también respetuoso con
el rival.
—Yulou irá —dijo Ming Changyan—. Y aunque no
entiendas, ve a practicar la espada. No quiero errores en la competencia.
Mingyue apretó los labios y los puños, mantuvo
la mirada baja.
—Hermano mayor, ¿otra vez será el hermano Yulou?
—preguntó Yubao
—Sí —respondió Ming Changyan—. Yulou tiene
talento y buena comprensión.
Luego se volvió:
—Yulou, cuando pelees, fíjate en la trayectoria
de sus técnicas. Memorízalas. Esta noche, te estaré evaluando.
Tras dar todas las instrucciones, el grupo se
dirigió al campo de entrenamiento.
En el camino se cruzaron con discípulos
externos.
Mingyue iba al final.
Los discípulos externos se inclinaron ante él y
siguieron caminando en grupos de dos o tres.
Uno comentó:
—En esta competencia con la secta Guifeng, otra
vez será Zhong Yulou quien destaque.
Otro añadió:
—Todo el mundo sabe que el hermano mayor Ming lo
prefiere. Y además es tan hermoso… ¿cómo puede un hombre verse así? ¡Parece una
mujercita!
—La prima de Yulou es la esposa de Wan Qianqiu.
Si él no pelea, ¿quién lo hará? Todo es por conexiones. Qué injusto.
—¿Qué tiene de injusto? Si tienes habilidad,
hazte discípulo interno tú también. Llevas años en la secta Tianqing, ¿has
visto alguna vez el rostro del hermano mayor?
—Excepto los discípulos internos… nadie lo ha
visto.
—El hermano mayor consiente demasiado a Zhong
Yulou. Yo digo que ya está claro quién dirigirá la secta Tianqing en el futuro.
Será mejor que empieces a adularlo tú también.
—Qué bueno tener respaldo y conexiones. No como
nosotros, que jamás entraremos al grupo interno.
Uno bajó la voz:
—Entrar al grupo interno tampoco es tan bueno.
Mira a Mingyue. ¿No fue el hermano mayor quien lo rescató hace unos años?
Estaba medio muerto. Solo sobrevivió porque el hermano mayor usó la técnica
interna para sostenerle la vida. Al final, por ese “accidente”, se ganó la
técnica y no hubo más remedio que aceptarlo como discípulo interno. Su talento
es mediocre; apenas un poco mejor que el nuestro. Y eso solo porque el hermano
mayor lo guía personalmente. Dale tiempo… si el hermano mayor me enseñara dos
movimientos, quizá yo sería mejor que él.
—Yo también —rio otro discípulo—. Lástima que no
tenemos esa suerte.
Entre bromas y quejas, llegaron al campo de
entrenamiento.
Mingyue apretó los puños. Su ceño se frunció más
y más.
Bajo un árbol, alguien lo llamó.
Mingyue se volvió y esa persona le sonrió.
Después de la cena, Zhong Yulou lo detuvo.
—Oye, ¿dónde estuviste todo el día? No te vi en
el campo de entrenamiento.
—Ocúpate de ti —respondió Mingyue con frialdad—.
No me vigiles.
Zhong Yulou bufó.
—¿Quién quiere vigilarte? No seas ridículo. Te
pregunto porque solo quiero saber cómo sigue tu pierna.
El rostro de Mingyue cambió.
Ambos habían rodado montaña abajo durante su
pelea; cada uno se rompió una pierna.
La de Zhong Yulou ya había sanado.
La de Mingyue aún lo hacía cojear de forma torpe
y humillante. Aquella pregunta tocó su punto más sensible.
—¿Y qué? ¿Qué te importa? ¿Quieres burlarte?
Zhong Yulou lo miró, confundido. Sacó un frasco
de porcelana y se lo lanzó.
Mingyue lo atrapó por reflejo.
—Este medicamento lo mandó mi familia. Funciona
bien. Úsalo.
Mingyue apretó los dientes.
—No quiero tus sobras. ¿Crees que soy un
mendigo?
Zhong Yulou frunció el ceño.
—Eres imposible. No lo he usado. El mío ya se
acabó. Olvídalo. No puedo hablar ni media frase contigo, pequeño cara de yin‑yang. Úsalo o no. Si quieres seguir siendo un cojo, sé un
cojo. Ah, por cierto: tu forma de cojear es muy graciosa.
Luego soltó una carcajada exagerada.
—¡JA! ¡JA! ¡JA! ¡JA! ¡JA!
El rostro de Mingyue se puso verde y luego
blanco.
—¡Tú…!
Zhong Yulou hizo una mueca, dio tres saltos y
salió corriendo.
***
Unos meses después, el día seis, la secta
Guifeng llegó como había prometido.
Los discípulos que Wan Qianqiu trajo eran todos
élite de su secta.
Ming Changyan sabía que él venía para suavizar
las tensiones entre la secta Tianqing y las demás sectas, y se lo agradeció
sinceramente.
La secta Tianqing había crecido demasiado
rápido. En las llanuras centrales, un árbol demasiado alto atrae el viento.
Las sectas antiguas los miraban con recelo y los
atacaban.
En los últimos dos años, la reputación de la
secta Tianqing había caído en picada.
Por más que Ming Changyan intentara salvarla,
era como echar un vaso de agua a un carruaje en llamas.
La secta Guifeng era muy respetada en todo el mundo
marcial. Wan Qianqiu, justo y benevolente, era admirado por todos.
Su visita tenía un propósito claro: anunciar al
mundo que la secta Tianqing no era arrogante ni corrupta y que aún merecía
respeto.
Zhong Yulou subió corriendo desde el pie de la
montaña. Por poco, por andar jugando, no alcanzó a llegar a tiempo al banquete.
Apenas entró, vio a la esposa de Wan Qianqiu, Hua Xiuyuan, y gritó emocionado:
—¡PRIMA!
Hua Xiuyuan lo miró y sonrió.
—¿Rodaste montaña abajo para venir? Tienes la
cara llena de tierra. Ve a lavarte.
Zhong Yulou salió disparado a limpiarse.
En el banquete, todos los discípulos internos de
la secta Tianqing tomaron asiento. Tras los saludos y las primeras copas, la
puerta se abrió: una joven con un farol entró, sonriendo.
—Xiao A-Cai saluda a los jóvenes héroes.
Apenas terminó de hablar, detrás de ella
apareció una mujer vestida de rojo, delicada y suave, con el rostro pálido.
Xiao A-Cai la sostenía del brazo. La mujer inclinó la cabeza hacia todos.
Ming Changyan se levantó de inmediato y bajó los
escalones con prisa.
—¡Señorita Hua!
—Zhaozhao, ¿he interrumpido su comida? —preguntó
Hua Yunshang.
—Para nada —respondió Ming Changyan, sonriendo—.
Pero tu salud no es buena, ¿por qué viniste? Xiao A-Cai, ayúdala a sentarse.
Hua Yunshang cubrió su boca con un pañuelo y
tosió varias veces.
Li Minjun acercó un taburete enseguida.
Ella respiró hondo.
—Solo vine a verlos.
—Con tu estado de salud así, no deberías andar
por ahí —dijo Li Minjun—. Nos haces preocupar en vano.
—Es culpa mía —respondió Hua Yunshang.
Su figura era como un sauce débil; llevaba años
enferma, con un aire de muerte entre las cejas, extremadamente demacrada.
—Ya basta de hablar de eso —dijo Ming Changyan—.
Yulou, sirve un poco de gachas ligeras para la señorita Hua.
Hua Yunshang negó con la cabeza.
—No comeré. Vine a traerles algo. Hace unos días
florecieron los laureles; le pedí a Xiao A-Cai que hiciera pastel de flor de
laurel. Cuando terminen de comer, pueden tomarlo como postre —Miró alrededor y
añadió— Regresaré a Xiaoxietai.
Ming Changyan, preocupado por su salud, se
tranquilizó al oír que volvería a descansar.
Le insistió a Xiao A-Cai que la cuidara bien y
que no la dejara tropezar ni golpearse en el camino.
Wan Qianqiu preguntó:
—Joven héroe Ming, esta señorita
Hua…
—Es una buena amiga —explicó Ming Changyan—.
Jugábamos juntos de niños. Luego la encontré por casualidad en las llanuras
centrales. Al ver que su salud estaba muy deteriorada, la traje a la montaña
Xianyue para poder cuidarla.
—el joven maestro Ming tiene un corazón benevolente. —dijo Wan Qianqiu.
Ming Changyan hizo un gesto con la mano.
La señora Wan, Hua Xiuyuan añadió:
—¿La señorita Hua ha estado siempre así? ¿Han
buscado médicos?
—No es algo de nacimiento —respondió Ming
Changyan—. Cuando era pequeño, la vi unas cuantas veces. Mi padre me pidió que
practicara con ella. Su padre dijo “ten cuidado”, y pensé que era para que yo
no la lastimara. Pero en realidad era para que ella no me golpeara demasiado
fuerte.
Wan Qianqiu se sorprendió.
—¿Joven maestro Ming perdió?
Ming Changyan rio.
—Claro que perdí. ¿Por qué te sorprendes? No
nací siendo el número uno. Antes de ser el primero, uno pasa por ser el
segundo, el tercero, el cuarto… hasta el octavo.
Wan Qianqiu ya estaba acostumbrado a las
exageraciones y bromas del joven héroe Ming, así que solo sonrió.
—El joven maestro Ming habla de forma muy interesante. Ve las cosas con claridad.
Hua Xiuyuan dijo:
—Si no es una enfermedad de nacimiento, conozco
un método. ¿Ha oído hablar el joven héroe Ming de la anciana Sang en la Colina Kufei?
—La conozco —respondió Ming Changyan—. ¿No está
la Colina Kufei dentro del Valle Mimi? Hace poco tuve algunos roces con ellos.
—El Valle Mímí es la montaña más peligrosa de las
llanuras centrales. Hay insectos venenosos y manadas de lobos por todas partes;
la gente común no puede dar ni un paso allí —dijo Hua Xiuyuan.
Los que se llaman “gente del Valle Mimi” solo
han levantado un campamento fuera de la montaña, construyeron unas casas y
empezaron a presumir usando el nombre del valle.
Pero la anciana Sang es la única persona viva
dentro del verdadero Valle Mimi.
Tiene más de sesenta años, y en artes médicas
nadie la supera.
Sin embargo, su carácter es extraño: solo salva
a cinco personas al año, y además tiene “tres reglas de no-curación”.
Primero: no salva al dueño de la espada
Cangsheng.
Segundo: no salva a quien tenga más de cincuenta
años.
Tercero: no salva a los perros del gobierno.
La anciana jamás sale del valle y quien quiera
verla debe atravesar el Valle Mimi, donde nueve de cada diez mueren. La mayoría
se asusta por los venenos antes de entrar siquiera. Los que logran entrar son
pocos; llegar a la Colina Kufei es aún más raro.
Ming Changyan escuchó y dijo:
—Agradezco la buena intención de la señora Wan,
pero ya lo dijo: no salva al dueño de la espada Cangsheng. ¿Cómo querría verme?
—El joven maestro Ming no debe preocuparse. Yo iré al Valle Mimi. Haré que la anciana venga a atender a la señorita
Hua —respondió Wan Qianqiu.
Los dos alzaron sus copas desde lejos.
Después de comer y beber, Wan Qianqiu dijo:
—Joven maestro Ming, tengo otra cosa que
mencionar.
—Hable por favor —respondió Ming Changyan.
—La última vez, cuando los ancianos de Guifeng y
yo investigamos el caso del “Demonio
de la Boda Roja”, encontramos algunas sospechas —dijo Wan
Qianqiu.
—¿Qué sospechas? —preguntó Ming Changyan.
—Creo que son dos personas actuando. Aunque
ambos usan agujas, la técnica del Demonio
de la Boda Roja es inferior a la de los primeros casos de
exterminio. Pero los dos usan el mismo método con las agujas.
—Esas agujas imitan la Aguja Luoyue. Parece que
alguien quiere desviar la culpa hacia mí y hacerme cargar con el muerto —dijo
Ming Changyan.
—Yo, por supuesto, confío en el joven maestro Ming.
Pero ahora los rumores en el Jianghu son incontables. Tu reputación
no está en buen estado —respondió Wan Qianqiu.
—¿Cuándo ha estado buena mi reputación? —comentó
Ming Changyan—. Dejemos eso. Hace poco volví de Huating y vi que había varios
grupos de monjes de Xiaohan allí. ¿Qué están haciendo?
Wan Qianqiu explicó:
—Probablemente ya decidieron la ubicación del
nuevo templo Xiaohan. Según el Diario del Jianghu, eligieron el mismo lugar
donde la familia Zhuang fue quemada. Ahora deben estar reconstruyendo los
patios, por eso hay tanta gente.
—¿La familia Zhuang? —preguntó Ming Changyan—.
¿La que fue quemada por completo?
Wan Qianqiu asintió.
—Exacto. Es una lástima. El joven maestro de los
Zhuang era apuesto y bondadoso. Su esposa era descendiente de una princesa de
Dongying, llamada Zhu Shiying. Practicaba una técnica extraña: podía controlar
la mente de otros mediante la música.
Ming Changyan se interesó.
—¿Controlar con música? ¿Qué tipo de música?
—No lo sé con detalle —respondió Wan Qianqiu—.
Pero Zhu Shiying nació en una secta muy prestigiosa. Se decía que era de
belleza incomparable, experta en música, y dominaba las cuatro artes: música, ajedrez,
caligrafía y pintura.
Los Zhuang eran una pareja perfecta: él, un brillante
erudito; ella, sobresaliente en artes marciales. Un matrimonio ideal.
—Si eran tan buenos, ¿qué pasó después? ¿Quién
podría herir a dos personas así? ¿Cómo fue destruida la familia Zhuang? —preguntó
Zhong Yulou.
—Después de que la señora Zhuang dio a luz al
pequeño joven maestro, su cuerpo quedó con una enfermedad arraigada y empezó a
deteriorarse. Una vez, cuando llevaba al niño de regreso a la casa de su
familia, desapareció en el camino —contó Wan Qianqiu— Meses después, el
patriarca de los Zhuang recibió noticias de su esposa y del pequeño joven
maestro. Reunió a varios amigos del Jianghu para ir a rescatarlos. Al niño lo
salvaron… pero la señora Zhuang, parece que…
Yubao, aferrado al brazo de Zhong Yulou, escuchó
aquello con el corazón encogido.
—¿La señora Zhuang murió?
Wan Qianqiu sonrió apenas, bebió una copa y no
dijo más.
La luna se alzó sobre las ramas del sauce.
Los miembros de la secta Guifeng se despidieron.
Ming Changyan acompañó a todos hasta el pie de
la montaña Xianyue, conversó un rato más con Wan Qianqiu y luego regresó a su
habitación para dormir. No sabía que, tras aquella reunión con la secta Guifeng,
en pocos días estallaría un desastre.
Primero, los discípulos de la secta Guifeng
empezaron a tener fiebre.
Curiosamente, todos eran los mismos que habían
asistido al banquete, los pilares de la secta. Uno tras otro cayó enfermo y
Guifeng entró en pánico.
Los ancianos de la secta Guifeng aseguraron que
era veneno de Ming Changyan, que quería destruir a la secta. Exigieron ir a la
montaña Xianyue a pedir explicaciones.
Wan Qianqiu, ignorando las protestas, defendió a
Ming Changyan y mandó médicos a tratar a los discípulos.
Pero tras varios días de medicinas, la fiebre no
mejoró.
Apareció algo peor: Los médicos descubrieron
que, después de la fiebre, los órganos internos empezaban a fallar. Y, como era
de temer, con el paso de los días los cuerpos de los discípulos comenzaron a envejecer.
La piel se endurecía, perdía humedad, no podían
moverse ni comer. Morían de hambre, o la rigidez llegaba al cerebro y ya no
había salvación.
Las muertes eran horribles.
Nadie podía hacer nada. Solo mirar cómo los
hermanos caían uno tras otro.
Wan Qianqiu, viendo morir a sus compañeros,
estaba aterrorizado y devastado.
La secta Tianqing supo del asunto.
En medio mes, enviaron gente varias veces a la
secta Guifeng. Pero cada vez los ancianos los golpearon gravemente y los
expulsaron, jurando que la secta Tianqing pagaría con sangre.
La relación entre ambas sectas se quebró de
forma casi irreparable.
El asunto se volvió cada vez más grave, hasta
volverse incontrolable.
Una tarde, la señora Wan abrió la puerta y vio a
su esposo con los ojos inyectados en sangre, sin haber dormido bien en días. Conmovida,
dijo:
—¿Por qué te torturas así? Si dudas, puedes ir a
la secta Tianqing y preguntar directamente.
Wan Qianqiu, con la voz ronca, preguntó:
—¿Crees que fue Ming Changyan?
Hua Xiuyuan no respondió.
Wan Qianqiu golpeó la mesa con fuerza.
—¡Si realmente fue él… si realmente fue él! Yo
lo he tratado con sinceridad. ¿Por qué querría destruirme así?
Hua Xiuyuan tomó su brazo y apoyó la cabeza en
su hombro.
—¿Estás tan seguro de que fue Ming Changyan? Ese
día lo viste: no se levantó ni un instante del banquete. ¿Cómo habría hecho
algo?
Wan Qianqiu quedó mudo. Suspiró.
—Si alguien quiere envenenar… siempre hay otras
formas.
Hua Xiuyuan dijo:
—Si en tu corazón ya decidiste que fue él, ¿para
qué me preguntas?
Wan Qianqiu guardó silencio. Suspiró de nuevo y
dijo con suavidad:
—Estás embarazada. No te quedes sentada tanto
tiempo. Ve a tomar una siesta.
Al mediodía, Wan Qianqiu regresó del patio
delantero. Se sirvió una taza de té.
La señora Wan había olvidado calentarlo: el agua
bajó por su garganta helada, hasta el estómago. Subió a la cama y abrazó a su
esposa por la espalda.
El frío de su cuerpo era aún más intenso que el
del té.
En un instante, la mente de Wan Qianqiu quedó en
blanco, como si le hubieran golpeado la cabeza.
—Xiuyuan…
—Xiuyuan… Xiuyuan, Xiuyuan… ¡XIUYUAN!
La giró con desesperación.
Hua Xiuyuan llevaba muerta mucho tiempo.
Wan Qianqiu, negándose a creerlo, acercó la mano
a su nariz para comprobar su respiración.
Y entonces, de pronto, soltó un grito
desgarrador, un llanto que parecía romperle el pecho. Su corazón se hizo trizas
y el odio le subió como una ola.
Cuando terminó de llorar, salió de la habitación
con la espada en la mano, decidido a hacer trizas a Ming Changyan.
De pronto, una figura apareció en el patio.
Wan Qianqiu, fuera de sí, los ojos inyectados en
sangre, gritó:
—¡FUERA! ¡O TE MATO!
El recién llegado se inclinó.
—Joven héroe Wan, vengo a traerle un regalo. Si
quiere matarme, mire primero lo que traigo.
Wan Qianqiu dudó un instante.
El hombre arrojó al suelo el bulto que llevaba
al hombro.
La tela blanca se abrió… y rodó hacia afuera una
joven vestida de blanco. Bajo la luz de la luna, su rostro estaba pálido, su
respiración débil.
—¡Ming Changyan! —rugió Wan Qianqiu.
—No —respondió el hombre—. Esta es la hermana
gemela de Ming Changyan.
Wan Qianqiu se volvió bruscamente, mirándolo con
furia.
—¿Qué quieres decir?
—Lo que hace el hermano mayor, yo no puedo
detenerlo —dijo el hombre—. Pero tampoco puedo seguir mirando. Así que solo
puedo traer a su hermana. No tiene otra opción: si quiere someterlo, solo puede
usar a la hermana como amenaza.
Wan Qianqiu miró a Yiyue. Su mano temblaba. Retrocedió
dos pasos, luchando consigo mismo.
—Yo… yo no puedo…
De pronto, su expresión cambió y contuvo la
respiración.
Todo quedó en silencio.
Bajo la luz de la luna, un destello plateado
cruzó el aire.
El autor tiene algo que
decir:
He visto que algunos dicen que Changyan murió y
revivió. ¿Cómo podría ser…? En este mundo no hay fantasmas ni dioses, ni
cultivación. Es wuxia puro: si alguien muere, no queda nada.
El nombre de infancia del joven héroe Ming es “Zhaozhao”,
se lo puso su madre.


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