RT EXTRA 3

    

Extra 3: Juntos para Siempre.

Deseo que Tu Vida esté Libre de Preocupaciones

 

Día de otoño, montaña Xiaoyue.

 

En lo alto de un acantilado abrupto, una figura ligera y ágil surcaba el aire. Las mangas anchas de su túnica se inflaban de golpe con el viento. Para el leñador que observaba desde lejos, aquella escena parecía la caída repentina de un pavo real de plumas blancas, y no pudo evitar sobresaltarse. Cuando quiso fijar bien la mirada, los alrededores ya habían vuelto a la quietud: solo unos hilos de nubes se enroscaban entre las montañas.

 

Lu Zhui y, tras arrancar el último grupo de flores rojas al borde del acantilado, aterrizó con firmeza en el suelo, sosteniendo en sus brazos un gran manojo de flores y hierbas silvestres, lo que parecía ser una cosecha bastante abundante.

 

Xiao Lan, que estaba a un lado, sacó un pañuelo y le secó la cara húmeda de rocío, y luego preguntó:

—¿Entraste en la montaña antes del amanecer solo por estas flores y hierbas?

 

—¿No te parecen hermosas? —preguntó Lu Zhui.

 

Xiao Lan lo miró a los ojos y asintió.

—Tú eres hermoso.

 

Lu Zhui, riendo, le metió aquellas flores y hierbas en los brazos.

—La mitad sirve para acompañar el vino, y la otra mitad para cocer pastelillos. Cuando volvamos, te los haré yo mismo. Pasada esta estación, si quieres volver a comerlos tendrás que esperar al año siguiente.

 

—¿Entonces volvemos a casa? —Xiao Lan tomó su mano—. Tienes los hombros empapados de rocío; si no te cambias la ropa, acabarás pescando un resfriado.

 

—Para nada —Lu Zhui se sacudió la túnica—. Lleva tú primero estas flores y hierbas de vuelta; yo aún quiero quedarme un rato en la montaña.

 

—¿Qué más quieres hacer? —Xiao Lan, como era de esperar, frunció el ceño.

 

—Hoy hace buen tiempo. Los literatos y eruditos de la capital se reunirán en el Pabellón Nansong para beber, componer poesía y debatir a lo grande —dijo Lu Zhui—. Quiero ir a ver el bullicio.

 

—Te acompañaré —dijo Xiao Lan.

 

—No quiero que me acompañes —Lu Zhui lo rechazó de inmediato—. Cuando me escuchas leer o escribir tú solo ya te quedas con los párpados caídos y bostezando sin parar. Si ahora cambias a diez o veinte literatos recitando juntos, el pabellón va a tener que tenderte un colchón especial para que duermas.

 

Xiao Lan: “…”

 

—¿De veras? —preguntó Xiao Lan.

 

Lu Zhui asintió. «¿Que si lo haces? Mucho más que eso.»

 

—No bebas tanto y regresa temprano —dijo Xiao Lan.

 

El sendero de la ladera trasera era escarpado y serpenteante, pero cuanto más abrupto el terreno, más seductora la vista: las hojas cubiertas de escarcha empezaban a teñirse, la neblina se disipaba poco a poco, y los colores de la montaña se volvían más intensos y brillantes.

 

Lu Zhui, encandilado por la belleza del camino, avanzaba deteniéndose a cada rato. Cuando por fin llegó al Pabellón Nansong, a media altura de la montaña, el mediodía ya había pasado y la reunión poética estaba cerca del final.

 

El vino dorado se derramaba sin cuidado sobre el suelo; sobre la mesa de piedra se acumulaban hojas de papel xuan. Lu Zhui tomó un fajo y lo leyó con calma: había textos de estilo refinado y otros de retórica exuberante. En un extremo, los talentos jóvenes alzaban sus copas y conversaban animadamente; en el otro, las cantantes y músicos ya habían puesto música a los poemas recién compuestos, golpeando las tablillas de sándalo, pulsando el guqin y entonando las nuevas melodías. El canto se extendía por los cuatro costados, casi cubriendo el trino de los pájaros que llenaban la montaña.

 

Los literatos alcanzan el éxito, la poesía brillaba como estrellas, esta es la escena que debe haber en una era próspera. Lu Zhui, conmovido, levantó la cabeza y bebió un trago de vino. Aprovechando el leve estado de embriaguez, sus manos danzaron como dragones y serpientes, la poesía era audaz, las palabras vigorosas, y la persona encantadora.

 

—¿Hermano Lu, a dónde vas ahora? —alguien preguntó en voz alta desde atrás.

 

Lu Zhui agitó la mano sin volver la cabeza, y siguió caminando con toda calma hacia lo profundo del bosque. Los demás no insistieron; volvieron a beber por su cuenta. El bullicio subía y bajaba, la música se elevaba, añadiendo a la montaña Xiaoyue de este día otoñal una buena dosis de alegría y desenfado.

 

Cuanto más avanzaba Lu Zhui, más silencioso se volvía el entorno. Al llegar bajo un antiguo árbol de tronco grueso, levantó la cabeza y sonrió al ver a la persona que estaba arriba.

Xiao Lan saltó hacia abajo y suspiró:

—¿A esta distancia, también puedes detectarme?

 

—Alguien me está mirando fijamente, ¿cómo podría no sentirlo? —Lu Zhui sostenía una copa de vino en la mano— Es para ti.

 

—No quiero arruinarte el ánimo —dijo Xiao Lan mientras le agarraba la muñeca— pero tampoco quiero quedarme solo en casa. Solo quería encontrar un lugar fresco para dormir y llevarte de vuelta a casa cuando oscurezca.

 

Lu Zhui sonrió.

—Vamos, bebe el vino. Te voy a llevar a un lugar.

 

—¿A dónde? —preguntó Xiao Lan.

 

Lu Zhui no le respondió, solo le tomó la mano y siguió subiendo, rodeando siete curvas de montaña, hasta llegar a un desfiladero. Xiao Lan escuchó atentamente por un momento y preguntó:

—¿Hay una cascada adelante?

 

—Nadie conoce este lugar; ni los leñadores vienen, porque el camino es demasiado peligroso —Lu Zhui tiró de él para que corriera—. Date prisa. Cuando el sol se esconda tras las montañas, ya no podrás ver todo este resplandor.

 

Xiao Lan aprovechó el impulso, lo atrajo y lo cargó de lado entre los brazos. Con apenas la punta del pie tocando el suelo, avanzó como si pisara el viento; en un instante atravesó el desfiladero y lo dejó suavemente en tierra.

—¿Fue suficientemente rápido?

 

Lu Zhui le dio un par de palmadas en el pecho:

—Tu qinggong ha mejorado.

 

—¿Solo mi qinggong ha mejorado? —susurró Xiao Lan junto a su oído—. ¿Y mis artes para ganarme tu favor?

 

Lu Zhui retrocedió dos pasos—: Te falta un poco… sigue practicando.

 

—Vas a caer al estanque —Xiao Lan lo tomó de la mano con una sonrisa—. Ven, quédate aquí.

 

—Hace unos años, cuando vine a Wang Cheng con mi hermano mayor Zhao, descubrí este lugar por casualidad —dijo Lu Zhui—. En invierno es cuando más hermoso se ve: todo blanco, como tallado en hielo y jade. La escarcha que cuelga del acantilado, cuando la ilumina el sol, brilla como un reino de inmortales.

 

—En invierno volveré contigo —respondió Xiao Lan.

 

—Sin embargo, en otoño también es bueno —Lu Zhui se sentó sobre una piedra, se quitó los zapatos, los calcetines y sumergió sus pies en el agua— Hablando con más detalle, cada estación tiene su propio encanto. En primavera las flores llenan el valle, en verano el caudal es más abundante y todo está envuelto en una neblina húmeda.

 

—¿Está fría el agua? —preguntó Xiao Lan.

 

Lu Zhui negó con la cabeza; al cabo de un rato añadió:

—Esta noche no hace falta volver a la ciudad a comer en una taberna. Podemos pescar aquí mismo un par de peces y asarlos.

 

—¿Trajiste sal? —preguntó Xiao Lan.

 

Lu Zhui sacó un paquete de sal y pimienta de su manga y dijo con una sonrisa:

—Lo tomé sin querer en la reunión de poesía. Ellos asaron pescado y carne por la mañana para acompañar el vino, pero cuando llegué, solo quedaban huesos por todas partes.

 

Xiao Lan recogió un poco de leña por los alrededores y pronto encendió una fogata.

 

Esta temporada es cuando los peces y camarones están más sabrosos. Después de lavarlos bien y frotarlos con sal, en poco tiempo el aroma se esparce.

 

Lu Zhui se recostó en su hombro, sin hacer nada, esperando a que la comida estuviera lista. Xiao Lan desgarró un trozo de carne de pescado con la mano, lo sopló para enfriarlo y se lo ofreció a la boca:

—Despacio.

 

—Está un poco salado —Lu Zhui hizo una mueca.

 

Xiao Lan se rio y le volvió a dar un trozo.

—¿La reunión de literatos de hoy fue divertida?

 

—Muy divertida. Las hojas de papel llenas de poemas caían al suelo como copos de nieve. Para disputarse quién era el primero, hubo quienes se pusieron rojos de ira y casi se pelean —dijo Lu Zhui—. Pero eso fue porque yo no estaba. Si hubiera llegado antes, el primer puesto no habría sido para nadie más.

 

—¿Tienes tanta confianza? —Xiao Lan comentó riendo— He oído que casi todos los talentosos de la capital imperial fueron hoy, ¿por qué estás tan seguro de que serías el primero?

 

—En la literatura no hay un primero, y en la poesía aún menos, no se puede juzgar solo por eso —Dijo Lu Zhui— ¿Sabes quién ganó hoy? Li Mi.

 

—Lo sé. El que siempre va a Shanhaiju a comer carne de res estofada y que no se marcha si no bebe tres jarras de Nǚ’érhóng —asintió Xiao Lan.

 

—Dime tú: con ese cuerpo tan grande y esa cara de pocos amigos, basta con que se suba las mangas y frunza el ceño para que los demás literatos, todos delicados y flacuchos, no se atrevan ni a competir. Y no es que sus poemas sean malos, que en verdad están bastante bien; pero, aunque no escribiera nada y entregara una hoja en blanco, si quiere el primer puesto, nadie se lo impediría —dijo Lu Zhui—. En cambio, yo soy distinto. A uno como él puedo derrotar a veinte con una sola mano.

 

Xiao Lan sonrió y dijo:

—Dicho por ti, esto no es un concurso de poesía, parece más bien una reunión de artes marciales.

 

—No entiendes, así es más divertido —dijo Lu Zhui— Cuando un literato se enfada, también puede gritar quién no se ha ajustado bien el cinturón y ha dejado ver sus bolas. Al final todos somos humanos; nadie puede estar siempre moviendo la cabeza con aire solemne.

 

—Está bien, está bien —Xiao Lan, sin saber si reír o llorar, le tapó la boca— ¿De dónde aprendiste esas vulgaridades? No vuelvas a decirlas.

 

Lu Zhui se acercó a su oído.

—Tengo otras aún peores. ¿Quieres escucharlas?

 

—No quiero —respondió Xiao Lan.

 

—Xiao hermano… —Lu Zhui le rodeó el cuello con un brazo y chasqueó la lengua—. ¿Tan serio estás hoy? Entonces con más razón debería decirlas.

 

—Piensa bien en ello —Xiao Lan sonrió, continuó desgarrando el pescado y dándoselo de comer— Tu vulgaridad se basa en palabras, la mía se basa en acciones.

 

***

 

Lu Zhui se enderezó con calma y dijo:

—Con el otoño alto y el aire fresco, me viene a la mente un poema. Hermano Xiao, ¿quieres escucharlo?

 

Su actitud fue elegante y serena, tranquila y desapegada, sin deseos ni demandas.

 

Xiao Lan agarró su muñeca y lo atrajo hacia su pecho:

—¿Has comido suficiente?

 

Lu Zhui hizo un esfuerzo en secreto y sacó una palabra por la nariz:

—Mn.

 

Xiao Lan sonrió y, con una mano, rodeó su cintura:

—Pero tengo hambre.

 

—Vale —dijo Lu Zhui, apoyando ambas manos en su pecho— Cuando volvamos a Shanhaiju, te invitaré a comer codillo de cerdo estofado.

 

Xiao Lan besó su cuello.

 

Lu Zhui dio un manotazo de revés para apartar al hombre y se inclinó hacia adelante corriendo.

 

Xiao Lan agitó dos veces el látigo Wujin detrás de él.

 

—¡No se vale usar armas! —Lu Zhi se dio la vuelta y advirtió.

 

Xiao Lan arrojó a Wujin a un lado sin quejas.

 

Lu Zhui pisaba el viento, su figura era como una hoja de otoño, su movimiento era extraño e impredecible como el viento.

 

Xiao Lan intentó tres veces y falló cada vez. Lu Zhui se sentó en la cima del árbol, levantó una ceja y dijo:

—Has perdido.

 

—¿De verdad? —Xiao Lan tiró el cinturón de Lu Zhui— Entonces, bien, hermano Lu, por favor, regrese.

 

Una ráfaga de viento de montaña sopló y la ropa del joven maestro Mingyu se extendió de par en par, revelando la luz primaveral, lo cual resultó bastante vergonzoso para el erudito.

 

Xiao Lan extendió la mano.

—Bájate obedientemente y te lo devolveré.

 

Lu Zhui miró hacia el horizonte y se negó.

 

—¿No bajarás? —Xiao Lan se dio la vuelta— Entonces me voy, adiós.

 

Un fuerte viento sopló desde detrás de la oreja, Xiao Lan se movió de lado rápidamente, y con un movimiento de su mano derecha, presionó al atacante contra la densa hierba, levantando una ceja:

—¿Hmm?

 

Lu Zhui se rio y le dio dos palmadas en el hombro:

—Pervertido.

 

 

Xiao Lan se apoyó contra su frente.

—Lo tomaré como un cumplido.

 

—Déjame ir —dijo Lu Zhui.

 

Xiao Lan besó su cuello.

—No te dejaré ir.

 

Lu Zhui: “…”

«Pues que así sea, si no quieres.»

 

«El entorno es tranquilo, el camino es accidentado, y no tememos que alguien nos moleste.»

 

Lu Zhui rodeó su cuello con ambas manos, con una sonrisa en los ojos.

 

«Además, con un paisaje tan hermoso, si uno se va, ¿no sería una lástima?»

 

Xiao Lan le agarró la barbilla y lo besó profundamente.

 

El sol poniente, en las montañas, todo parecía estar cubierto de fragmentos de oro.

 

Era la mejor temporada.

 

[Fin de los Extras]

 

Mensaje de Jin:

Con este libro finaliza la serie de los cinco libros Estrategia/Jianghu. Al final no ha quedado claro el tema de la gente de la Fuente Umbría. En fin, espero que sea de su agrado la novela, se ha traducido con mucho cariño para ustedes.



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