Capítulo
198: Hijo.
Realmente
no duele si no es de sangre.
El plan de Xiao Lan para atacar al enemigo no era, en realidad, complicado. En el lugar donde el ejército de Yelü Xing estaba acampado, había una torre de vigilancia construida con enormes rocas y pilares de madera. La guardia era estricta, la vigilancia cerrada, y día y noche patrullaban soldados armados. Esa era la razón principal por la que el ejército del Gran Chu no podía lanzar un ataque sorpresa: el enemigo ocupaba la altura. En cuanto los soldados Chu aparecieran en el horizonte, los de Xilan estarían preparados. Solo eliminando primero a los guardias de la torre, sin hacer ruido, podría el Gran Chu caer sobre ellos como un rayo y atraparlos desprevenidos.
La idea de Xiao Lan era llevar a una
docena de expertos, tomar la torre, disfrazarse temporalmente como guardias de
Xilan para no levantar sospechas, y luego él, solo, infiltrarse en el
campamento enemigo y prender fuego al almacén de provisiones. En medio del
caos, el ejército del Gran Chu entraría y aniquilaría a las tropas de Xilan.
El plan sonaba sencillo, pero ejecutarlo
era otra historia. Detrás del campamento de Xilan se extendían dunas
interminables. Nadie sabía si había tropas ocultas allí, ni si existía una
segunda Ciudad Fantasma. Si Yelü Xing abandonaba el campamento y huía hacia el
desierto, perseguirlo podría llevar al ejército del Gran Chu directo a una
trampa. Pero si no lo perseguían, una vez que se internaran en el desierto,
esas tropas serían aún más escurridizas y difíciles de rastrear.
—¿Quieres decir que no debería quemar
primero el almacén de provisiones? —preguntó Xiao Lan.
Lu Zhui asintió.
—Las provisiones son lo más importante
en una campaña. Estarán fuertemente custodiadas. Hay mucha gente, demasiados
ojos, y la noche allí es tan clara como el día. Un solo error y te
descubrirían. Además, con lo cauteloso que es Yelü Xing, es muy posible que
tenga otros depósitos ocultos en el desierto. Pensándolo bien… no es rentable.
Xiao Lan asintió.
—Es cierto.
—Mira, aquí está el campamento —Lu Zhui
se levantó y dibujó un círculo en la arena con la vaina de la espada Qingfeng.
El cielo estaba tan lleno de estrellas
que iluminaba la arena con un brillo plateado. Xiao Lan lo sostuvo por detrás y
le subió la capa.
—¿Ya no te incomoda?
Lu Zhui le dio un codazo.
—Hablamos de algo serio.
Xiao Lan sonrió.
—Mn.
—Si pudiéramos llevar al ejército a
través de este desierto y rodear el campamento desde atrás, cortaríamos por
completo su ruta de escape. Yelü Xing no tendría adónde huir —dijo Lu Zhui—.
Comparado con que tú te infiltraras solo, este método es mucho más seguro.
—¿Atravesar este desierto? —Xiao Lan le
tomó la barbilla—. ¿Sabes dónde estamos?
Lu Zhui negó.
—Solo recuerdo que dijiste que más allá
del campamento de Xilan está la Tierra de la Muerte. ¿Ese lugar tampoco está
permitido?
—Nadie puede entrar en ese desierto
—dijo Xiao Lan—. Es un laberinto hecho por el cielo. Está lleno de espejismos,
las brújulas se vuelven locas y en el cielo aparecen soles falsos. Dicen que
algunos han visto nueve soles. Y por la noche… el viento suena como lamentos de
fantasmas, capaz de levantar cada grano de arena y enterrar a cualquiera que se
atreva a entrar.
—Si nadie puede atravesarlo, ¿de dónde
vienen esas historias? —preguntó Lu Zhui.
—Me las contó mi shifu —respondió Xiao
Lan—. Son leyendas antiguas. Cuando era joven, él no creía en supersticiones y
envió un ejército para cruzar este desierto. De cientos de hombres, solo uno
logró arrastrarse fuera, salvado por una caravana de camellos. Lo trajeron de
vuelta al campamento… pero ni así pudieron salvarlo.
—¿De verdad? —Lu Zhui frunció el ceño.
—Aquí está la cicatriz de mi shifu —dijo
Xiao Lan—. Yelü Xing eligió este lugar para acampar precisamente por esta
formación natural que el cielo construyó.
—Entonces mañana… —Lu Zhui no terminó la
frase. A lo lejos se escucharon cascos golpeando la arena, y una hilera de
antorchas avanzó como una serpiente de fuego hacia ellos.
—Es la patrulla del Gran Chu —Xiao Lan
levantó la mano a modo de saludo.
Lu Zhui se puso de puntillas.
—Creo que también está mi padre.
En ese momento, Lu Wuming los vio sobre
la duna. Su rostro palideció y tiró de las riendas con brusquedad.
—Señor Lu —dijo un guardia, al verlo
alterado—. Son el joven maestro Xiao y el joven maestro Lu.
«¡Ya sé quiénes son!» Lu Wuming sintió una mezcla de
emociones y urgió:
—Vamos, vamos, tomemos otra ruta.
—¿Por qué otra ruta? —preguntó el
guardia—. El joven maestro Xiao nos está saludando.
«¿Ah sí?» Lu Wuming respiró hondo y volvió a
mirar. En efecto, Xiao Lan saludaba, y su hijo estaba a su lado, tranquilo,
ambos con la ropa perfectamente puesta, sin nada sospechoso.
***
—Padre —Lu Zhui no esperó y cabalgó
hacia él—. ¿Por qué vino también?
—El anciano Lu dijo que quería ver los
alrededores, así que salimos juntos —explicó el guardia—. Qué coincidencia
encontrarnos con el joven maestro Lu.
—Estábamos conversando sobre asuntos de
guerra —dijo Lu Zhui—. ¿Quiere venir a escuchar?
—¿En serio? —Lu Wuming se sorprendió. Con una noche
tan clara, tan hermosa, una pareja viniendo al desierto a medianoche… y estaban
hablando de estrategias militares. Inmediatamente sintió que su hijo era
bastante decente y que había complicado las cosas, cosa que realmente no
debería haber hecho.
—¿Qué asunto? —preguntó Lu Wuming.
La patrulla se retiró para dejarlos
hablar. Lu Zhui explicó el plan que había discutido con Xiao Lan y luego
preguntó:
—¿Qué opina, padre?
—Es demasiado arriesgado y no del todo
viable —Lu Wuming negó—. Antes de hablar de tomar la torre, ¿cómo piensas
atravesar este desierto donde nadie ha sobrevivido?
—Justo estábamos hablando de eso —dijo
Lu Zhui—. Antes no había forma. Pero ahora tenemos a tres prisioneros de la
Fuente Umbría: uno puede distinguir la dirección en cualquier ilusión, otro
puede encontrar agua, y el tercero puede sobrevivir sin comer ni beber. Con
ellos, los espejismos y las brújulas fallidas ya no serían un problema.
Lu Wuming miró a Xiao Lan.
—¿Tú también lo ves así?
—En teoría suena posible —respondió Xiao
Lan—. Pero hay que discutirlo con detalle. Si esos hombres de la Fuente Umbría vienen
un segundo propósito, miles de soldados de Chu no volverían jamás. No podemos
ser descuidados.
Lu Wuming asintió.
—En este punto, Lan’er lo ha pensado más
cuidadosamente que tú.
—Gracias por el elogio, padre —dijo Lu
Zhui, muy serio.
Lu Wuming: “…”
Xiao Lan contuvo la risa.
—Es tarde. Volvamos. Antes de decidir
nada, debemos ver mañana si esos cuatro realmente pueden entrar en el desierto.
Lu Wuming montó su caballo. Lu Zhui y
Xiao Lan subieron al Feisha Honjiao. Esta vez, el corcel rojo quedó muy atrás,
superado por los caballos comunes. Cuando llegaron al campamento, ya clareaba
el cielo. Lu Zhui se sostuvo la cintura, con expresión de sufrimiento: tanta
sacudida lo había dejado hecho polvo y encima tuvo que responder preguntas de
su padre durante todo el camino.
—Déjame ver rápido —Xiao Lan lo sentó en
la alfombra—. ¿Sufrió algún daño en el camino?
Lu Zhui no sabía si reír o llorar.
—¿Qué significa “sufrir un daño en el camino?
Xiao Lan le masajeó la cintura,
suspirando.
—Menos mal que el suegro llegó tarde, de
lo contrario nos habría pillado justo en el momento más íntimo.
Lu Zhui: “…”
—Duerme un poco —dijo Xiao Lan—. Cuando
amanezca, volvemos al mediodía.
Después de limpiarse con agua caliente,
Lu Zhui se metió bajo las mantas.
—Qué cómodo.
Xiao Lan sonrió y le acarició la
mejilla.
—En campaña, las camas duras crujen con
cada movimiento. Esto no es cómodo.
—No soy exigente —Lu Zhui lo abrazó por
el cuello—. Si tú estás, cualquier día es bueno.
—Mn —Xiao Lan lo estrechó—. Para mí
también.
Con la persona amada al lado, el
desierto o la nieve… todo es hogar.
Lu Zhui se durmió profundamente. Xiao
Lan, en cambio, no tenía sueño. A la luz tenue de la vela, observó el rostro
dormido a su lado. Afuera, el viento aullaba. No pudo evitar abrazarlo de
nuevo. Lu Zhui abrió los ojos, medio dormido, pero unas manos cálidas cubrieron
sus párpados, y una voz suave le susurró al oído:
—No pasa nada. Sigue durmiendo.
Lu Zhui murmuró algo entre sueños y se
acomodó mejor en su abrazo, durmiendo aún más profundamente. De verdad no
despertó hasta el mediodía. Xiao Lan ya tenía preparada agua caliente, comida y
hasta un pequeño frasco de ciruelas confitadas: un lujo raro en el desierto.
Envuelto en la gruesa capa, Lu Zhui
prácticamente fue cargado hasta la mesa. Levantarse cuando el sol ya está alto,
sin tocar el suelo, con alguien que lo viste, lo lava y le sirve la comida… eso
era ser un auténtico terrateniente rico, un señorito de familia acomodada.
—¿De qué te ríes? —Xiao Lan le pasó un
bollo al vapor.
—De lo bien que se siente —respondió Lu
Zhui—. De lo feliz que estoy.
—¿Solo con eso? —Xiao Lan sonrió de
lado—. Cuando nos casemos, pienso mimarte de mil maneras. Para entonces vas a
llorar de alegría todos los días.
Ah Liu, que pasaba por la puerta, se
detuvo. Repitió mentalmente la frase: «Perfecta para usar con mi futura
esposa.»
—Tú —Lu Zhui golpeó el cuenco de té—.
¿Te atreves a escuchar mis conversaciones?
—No, no —Ah Liu levantó la cortina,
indignado—. El abuelo me mandó a llamarte. Dijo que, si ya despertó, que
volvamos juntos al campamento. Quiere ver a los hombres de la Fuente Umbría.
—¿Solo verlos? —Lu Zhui mordió el
bollo—. ¿No dijo nada más?
—Sí dijo —Ah Liu se sentó con ellos, los
ojos brillando—. Esta mañana me habló de su plan. Dijo que, si queremos
comprobar si esos hombres de la Fuente Umbría tienen habilidades reales, no
hace falta enviar tropas. Basta con que entren en la Tierra de Muerte. Si salen
vivos, todo queda demostrado.
Lu Zhui asintió.
—Buena idea. Dos pájaros de un tiro.
—El abuelo también dijo que yo debería
entrar con ellos —añadió Ah Liu—. Para evitar que hagan trampa.
—¿Tú solo? —Lu Zhui frunció el ceño—.
¡De ninguna manera!
Xiao Lan contuvo una carcajada: «Esa
expresión, ese tono… igualito al suegro cuando lo regaña.»
—¿Por qué no? —Ah Liu estaba
desconcertado—. Me emocioné cuando lo dijo. Desde que llegamos al noroeste no
he hecho nada útil. Si sigo así, voy a terminar yendo diez veces a la letrina
cada día solo por aburrimiento.
Lu Zhui casi escupió todo el té.
Ah Liu no sabía si reír o llorar.
—Papá…
—¿Y tú? ¿Qué opinas? —Lu Zhui miró al hombre a su lado.
—La gente que ama el dinero suele amar
también la vida —dijo Xiao Lan—. Si los de la Fuente Umbría aceptan entrar, es
porque están seguros de poder salir. Aunque Ah Liu vaya con ellos, no habrá
peligro.
Lu Zhui: “…”
«Hablas muy tranquilo. Claro, no es tu
hijo.»
—¿Qué pasa? —preguntó Xiao Lan—. ¿Te
preocupa?
Por supuesto que le preocupaba.
Lu Zhui miró a Ah Liu: alto, fuerte,
capaz de bloquear el sol parado en la puerta, cargando un enorme sable de anillos
dorados, con aspecto de poder partir el mar en dos.
Aun así, había que pensarlo con calma.
Xiao Lan le llenó la taza de té con una
sonrisa. Ah Liu lo miraba con ojos brillantes y llenos de esperanza: «Mamá,
¿podrías ayudar a decir unas palabras a mi favor?»
Bajo esas dos miradas ardientes, Lu Zhui
sintió que la espalda le picaba como si estuviera llena de agujas. Solo quería
agarrar una escoba y echar a los dos de la tienda.


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