Mad For Love 125

   


Capítulo 125: Extra Parte moderna.

Parte 10.

 

Lin Yan estaba un poco desconcertado.

 

Después de que Qi Zhen vino aquí y se hizo médico, ¿en realidad era bastante bondadoso?

 

—Oh. Mi móvil se lo quedó la hermana Yun. Espérame un momento, voy a pedírselo —Lin Yan, temiendo que él se impacientara, se dio la vuelta para ir casi corriendo, pero Qi Zhen lo sujetó de un tirón.

 

—Camina despacio. ¿Quieres lastimar tu pierna?

 

—Es que me preocupa que te desesperes.

 

—Si te caes, me harás perder más tiempo.

 

El corazón de Lin Yan se hundió un poco. La incomodidad se reflejó en su rostro, aunque su voz se mantuvo estable, sin mostrar emociones.

—Si me caigo, será culpa mía. No voy a cargarle eso a nadie.

 

El rostro de Qi Zhen estaba tenso, como si estuviera enfadado.

 

Lin Yan terminó de hablar y se marchó.

 

Qi Zhen estaba irritado.

 

Era la segunda vez… La segunda vez que le hablaba demasiado duro.

 

¿Cómo se suponía que debía manejar ese límite? ¿Cómo podía evitar herir a Lin Yan y, al mismo tiempo, hacer que le gustara más?

 

La irritación lo consumía. Incluso los dos hombres dentro del baño, que seguían gimiendo de dolor, recibieron una mirada fulminante. Se quedaron quietos como estatuas, sin atreverse a moverse.

 

Qi Zhen permaneció allí un momento. Entre la molestia, surgió un leve dulzor.

 

Que Lin Yan se sintiera mal por sus palabras también demostraba que le importaba.

 

Qi Zhen sospechaba que sus sentimientos eran un poco retorcidos, pero no sabía cómo corregirlos. Incluso le daba miedo intentarlo. Temía que, si cometía un solo error, Lin Yan sería arrastrado por ese mundo lleno de luces y colores.

 

Lo que uno no tiene, siempre parece lo mejor.

 

Lin Yan regresó con su móvil y caminó junto a Qi Zhen hacia afuera.

 

Ambos avanzaron en silencio.

 

—Lo de antes… no era lo que quería decir.

 

Lin Yan tardó un segundo en entender a qué “antes” se refería. Cuando lo comprendió, se iluminó por completo.

 

—¿Entonces estabas preocupado por mí?

 

Qi Zhen disimuló:

—Soy médico. Me preocupo por los problemas de mis pacientes.

 

—Pero igual te estabas preocupando por mí.

 

Qi Zhen no respondió.

 

Lin Yan redujo el paso.

—Doctor, camine más despacio. Su paciente necesita caminar lento.

 

Qi Zhen también redujo la velocidad.

 

A sus espaldas quedaba el salón lleno de hombres y mujeres hermosos, brindis, luces y conversaciones.

 

Ellos, en cambio, caminaban en la quietud de la noche.

 

La oscuridad alimentaba emociones que no podían exponerse a la luz.

 

La mano de Lin Yan rozaba de vez en cuando el dorso de la mano de Qi Zhen.

 

Qi Zhen lo notó. Sus dedos se encogieron ligeramente, nerviosos, expectantes de que Lin Yan lo tomara de la mano.

 

Pero Lin Yan no lo hizo.

 

Había demasiada gente detrás.

 

Al doblar una esquina, aprovechando la oscuridad, Lin Yan le tomó la mano rápidamente y la soltó al instante, como si nada hubiera pasado.

—Más despacio.

 

El corazón de Qi Zhen sintió ese gesto como un arañazo suave, cosquilleante. Miró de reojo la mano de Lin Yan.

 

¿Solo lo tomaba de la mano cuando nadie los veía porque no quería que otros lo supieran?

 

—Si voy más lento, nos vamos a detener.

 

Pero ya habían llegado al estacionamiento.

 

Lin Yan quiso sentarse atrás. Esa noche había sido el centro de atención; si se sentaba adelante, corría el riesgo de que Qi Zhen recibiera demasiadas miradas.

 

No se dio cuenta de que, cuando extendió la mano hacia la puerta trasera, el rostro de Qi Zhen se oscureció.

—Lin Yan.

 

—¿Eh?

 

—¿Me estás tomando por tu chofer?

 

—Yo solo tengo miedo de que, si sales conmigo, te tomen fotos y te cause problemas. Si no… —Lin Yan pensó en una solución que creyó perfecta—. ¿Busco un conductor sustituto?

 

La mandíbula de Qi Zhen se tensó tanto que se le marcó la línea del maxilar.

 

Había venido a buscarlo para estar a solas con él.

 

¿Y ahora quería traer a un conductor?

 

¿Está buscando un tercero en discordia?

 

Qi Zhen abrió la puerta del asiento del conductor y se sentó sin decir una palabra.

 

Lin Yan dudó varias veces, pero al final, temiendo causarle problemas, se sentó en el asiento trasero.

 

Durante todo el trayecto, el rostro de Qi Zhen fue una tormenta. La leche con té que había comprado para Lin Yan seguía en el asiento del copiloto, enfriándose hasta quedar helada.

 

Cuando Lin Yan bajó del auto y se acercó a la ventanilla para despedirse, recién entonces vio la bebida.

—¿Esa es para mí? ¿O alguien la dejó en tu auto?

 

—La regalaron en la tienda. Compras una y te dan otra.

 

—Entonces dámela.

 

—No.

 

Era pleno invierno. Estaba helada. ¿Qué iba a beber?

 

Qi Zhen subió la ventanilla un poco, pero de pronto recordó algo. Se detuvo y lo miró desde dentro del coche.

 

—Si tanto miedo tienes de causarme problemas, entonces no deberías haber venido a provocarme desde el principio. Me provocas, pero no quieres que nadie lo sepa. Lin Yan, ¿quieres que sea tu amante en la sombra?

 

Y sin esperar explicación, subió la ventanilla por completo.

 

Qi Zhen arrancó y se fue.

 

Lin Yan miró las luces traseras desaparecer y comprendió que Qi Zhen quizá pensaba que lo estaba insultando.

 

«Qué difícil.»

 

«Qué difícil es enamorarse.»

 

Mientras caminaba hacia la casa, Lin Yan sacó el móvil y le envió un mensaje explicando todo.

 

No hubo respuesta.

 

Subió en el chat. Casi todos los mensajes eran suyos.

 

Un promedio de diez o más mensajes para recibir una o dos respuestas cortas.

 

«Ese maldito sistema de mierda sabe perfectamente cómo es Qi Zhen, por eso propuso borrar sus recuerdos para torturarme.»

 

«¡Maldito estafador!»

 

***

 

La vuelta oficial de Lin Yan hizo estallar a los fans de alegría.

 

Tras su regreso, empezaron a llegar trabajos uno tras otro, aunque no eran pesados. También llegaron muchos guiones. Su primera obra tras el regreso era crucial, así que había que elegir con cuidado.

 

Durante este tiempo, Lin Yan se centró en el trabajo. Su estado era sorprendentemente bueno; incluso fotógrafos y presentadores comentaban en privado que no esperaban que Lin Yan estuviera tan en forma, y que probablemente aplastaría a los jóvenes actores actuales.

 

La hermana Yun estaba satisfecha.

—¿Y el doctor Qi? ¿No te ha estado rondando últimamente?

 

Apenas terminó de hablar, bajó la mirada y vio la pantalla del móvil de Lin Yan: una cadena interminable de mensajes enviados por él.

 

Hermana Yun: “…”

«Mejor no digo nada.»

 

Mientras Lin Yan trabajara bien y tuviera ambición, ella podía ignorar el desastre amoroso.

 

—Cuando estabas en la sesión de fotos, los del estudio de al lado vinieron a mirarte. Ese niño ya es de primera línea, pero su expresión… la envidia y el desprecio casi se le caían de la cara. Tú sigue así y volverás a la cima de antes.

 

Lin Yan asintió.

—Tranquila. Mi fama estallará.

 

—La confianza es buena.

 

—Mn.

 

Luego venía la transmisión en vivo especial.

 

La sala de Lin Yan explotó en popularidad. Los primeros diez minutos estuvieron llenos de fallos y retrasos; el equipo técnico estuvo reparando sin parar hasta que por fin se estabilizó. Hasta que Lin Yan, mirando a cámara, dijo:

—Creo que lo mejor que me dejó esta enfermedad fue encontrar a alguien que me gusta.

 

La transmisión explotó.

 

Explotó tanto que se quedó en negro.

 

No se veía nada, pero se escuchaba la voz de la agente gritando:

—¡¿QUÉ MIERDA ESTÁS DICIENDO?! ¡¿QUIERES MORIRTE?!

 

—¡HERMANA YUN, HABLEMOS! ¡NO ME AGARRE DEL CUELLO! ¡AAAAH!

 

Fans estaban sin saber si llorar por sí mismos o preocuparse por Lin Yan.

 

En la escalera del hospital.

 

De pronto se oyó un “¡pum!”, como si alguien hubiera chocado con la puerta.

 

La enfermera abrió con cuidado y vio a Qi Zhen, con la frente roja por el golpe. El móvil estaba boca abajo sobre su pecho; no se veía la pantalla, pero sí se escuchaba:

 

[¡NO ME AGARRES DEL CUELLO! ¡AAAAH!]

 

La enfermera parpadeó. ¿Qué clase de video estaba viendo escondido?

—Doctor Qi, ¿está bien?

 

Qi Zhen negó con la cabeza. Negó otra vez. Y una sonrisa apareció en su rostro.

 

La enfermera quedó deslumbrada por esa sonrisa y no pudo evitar mirarlo dos veces antes de cerrar la puerta.

 

Cuando se quedó solo, Qi Zhen ya no pudo contenerse. La pantalla negra del móvil reflejaba su cara llena de sonrisas.

 

No. No podía sonreír.

 

Tenía que fingir que no estaba emocionado.


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