Capítulo
124: Extra Parte moderna.
Parte
9.
La
hermana Yun había imaginado incontables veces cómo sería si Lin Yan se
enamorara y qué medidas debería tomar para manejar la situación. Pero jamás
pensó que Lin Yan sería tan cabeza de chorlito por amor.
A
sus ojos, Lin Yan siempre había sido alguien bastante sensato. ¿Cómo podía
volverse así por culpa de Qi Zhen?
Ya
era su médico privado, podían verse todos los días, y aun así Lin Yan le
mandaba mensajes, lo llamaba, y hasta pensaba en hacer postres en casa para que
Qi Zhen los probara.
Era
para quedarse sin palabras.
—Si
sigues mirando el móvil esperando que te responda, te lo voy a confiscar. ¡Y no
lo vuelves a ver en toda la noche!
Lin
Yan se estremeció. Sintió ese miedo ancestral de estudiante frente al profesor
jefe de grupo.
La
hermana Yun continuó:
—En
cuanto bajes del auto, empieza tu campo de batalla.
Para
esta noche, Lin Jue había mandado a hacer un bastón de madera especialmente
para Lin Yan: exquisito, lujoso y discreto. Incluso le prestó su reloj más
preciado para que lo llevara puesto.
Lin
Yan se transformó al instante en un CEO dominante, con un aura de dos metros
ochenta. Aplastó por completo a todas las demás estrellas que asistirían a la
gala comercial. No dejó de recibir saludos ni un segundo.
Las
fotos del evento, bajo la instrucción de Lin Jue y la agente, comenzaron a
filtrarse sin parar.
Lin
Yan subió a tendencias una y otra vez, directamente arrasando con la lista.
Aquello
no era una gala comercial: era una ceremonia de regreso sin precedentes.
La
hermana Yun, con una copa en la mano, bajó la voz.
—A
la izquierda, ese que te está mirando. ¿Lo ves?
Lin
Yan estaba a punto de sacar el móvil, pero al escucharla giró la cabeza. Se
cruzó con la mirada del hombre; Lin Yan sonrió y alzó la copa. El otro se quedó
un segundo pasmado, luego apartó la vista sin responderle.
—¿Lo
viste? —dijo la hermana Yun—. No te tiene en cuenta para nada. Qiao Shanyu,
respaldado por WanYu. Tu mayor competidor en el regreso. Su línea es parecida a
la tuya y varios de tus contratos los tomó él.
Lin
Yan dejó la copa y volvió a sacar el móvil a escondidas.
—No
lo había visto antes.
—Su
fama explotó hace medio año con un drama —explicó ella—. En ese entonces tú
seguías en coma.
—Oh…
—Lin Yan bajó la cabeza y desbloqueó el móvil.
—Y
también ese de allá… —La agente bajó la mirada y vio a Lin Yan usando el móvil.
Se lo arrebató de un manotazo.
Lin
Yan tembló.
—Al
menos déjame ver si respondió.
—¿Ver
qué? ¡Si siempre le mandas diez mensajes y él te contesta con dos palabras!
¡Nunca vi a alguien arrastrarse tanto! ¡Me haces sentir pena ajena!
Todos
los presentes estaban allí por su carrera. Solo Lin Yan estaba allí concentrado
en el maldito amor.
—Los
que están dentro no ven claro, los de afuera sí —continuó ella—. Ese doctor Qi
no te quiere.
—¿Quién
lo dice? Antier me compró un té con leche.
—Ajá.
Sí. A mí también me compró.
Y
no solo a ella: a todos los presentes ese día. Qi Zhen había invitado a todos.
La
hermana Yun remató:
—Cuando
repartió los tés, te dio el tuyo al final, después de dárselo a todo el mundo.
Lin
Yan bajó la mirada, sin saber cómo defenderse.
La
hermana Yun ya no podía soportarlo.
—¿No
puedes enamorarte de otra persona?
Lin
Yan negó con la cabeza.
—No.
Solo me gusta él.
La
agente quiso darle una patada.
Mientras
hablaban, un director se acercó. Un director famoso, de los grandes, de esos
que acaban de ganar premios. Se acercó a Lin Yan y le lanzó una rama de olivo,
preguntándole si tenía interés en participar en su próxima producción.
La
hermana Yun se emocionó por dentro, aunque no lo mostró.
—¿Qué
papel tiene pensado para nuestro Yan Yan, director Qiu?
El
director Qiu sonrió.
—Considerando
que Lin Yan aún no se ha recuperado del todo, sería un papel pequeño, pero con
un personaje muy llamativo.
La
expresión de la hermana Yun se enfrió un poco.
—¿La
película empieza a rodarse en unos días?
—No,
no necesariamente.
—Entonces,
¿por qué dice que el cuerpo de Lin Yan no está recuperado?
El
director Qiu soltó una risa incómoda. Había entendido la indirecta.
Estaban
despreciando el papel.
La
hermana Yun preguntó:
—¿Los
demás personajes ya están decididos?
Si
al menos estuviera rodeado de varios actores veteranos, podría aprender algo.
—Estamos
en contacto con Qiao Shanyu.
El
rostro de la agente se puso completamente verde.
Qiao
Shanyu, al ver al director Qiu frente a Lin Yan, se acercó por iniciativa
propia. Saludó con un leve gesto de cabeza a la hermana Yun y a Lin Yan, como
si ya hubiera cumplido.
—¿El
director Qiu quiere invitar al maestro Lin a actuar?
—Sí,
creo que hay un papel que le quedaría muy bien.
—¿Cuál?
—Ese…
el que muere a mitad de la historia.
—Ah,
ese.
Por
lo que decían, aquello ya no era un simple “contacto”. ¡Qiao Shanyu ya había
leído el guion! Probablemente no era un papel pequeño; con suerte, incluso el
protagonista.
Qiao
Shanyu dijo:
—Si
el maestro Lin participa, yo también acepto.
Los
ojos del director Qiu brillaron.
La
hermana Yun estaba a punto de echar fuego por los ojos.
«¡¿Qué
significa eso?! ¿Que si Lin Yan hacía de secundario suyo, entonces él aceptaba?»
Y
esa frase… sonaba como si Lin Yan estuviera aprovechándose de Qiao Shanyu para
conseguir la oportunidad.
Qiao
Shanyu miró a Lin Yan.
—He
leído el guion. Es muy bueno. Y el director Qiu es un gran director. ¿Vendrá, maestro
Lin?
Aunque
la mayor parte de la mente de Lin Yan estuviera ocupada por Qi Zhen, no era
alguien sin ambición profesional.
Y
Qiao Shanyu, francamente, estaba siendo demasiado arrogante. Casi le pisaba la
cabeza.
—No.
Mi salud no está bien.
El
director Qiu no pudo ocultar la incomodidad en su rostro.
Qiao
Shanyu miró la pierna de Lin Yan.
—Entonces
busca un sitio para sentarte.
—Sí,
con permiso —dijo Lin Yan. Le dio un codazo a su agente y bajó la voz—. El
móvil.
La
hermana Yun estaba furiosa. ¿Cómo iba a devolvérselo? Le lanzó una mirada
asesina.
Lin
Yan escapó de inmediato.
***
Qi
Zhen recibió el mensaje de Lin Yan. Tras pensarlo un buen rato, decidió ir a
recogerlo.
Hoy
no lo había visto en todo el día. Lo extrañaba un poco.
Ya
tenía la excusa preparada: diría que estaba cenando cerca y que pasó de camino.
Antes de llegar al lugar del evento, Qi Zhen se detuvo en una tienda de té con
leche y compró la bebida favorita de Lin Yan.
También
tenía la explicación lista: diría que se la habían regalado y que sería una
pena tirarla.
Para
evitar que se enfriara, subió la calefacción del coche hasta el punto de sudar
él mismo.
Al
llegar a la entrada, entregó la invitación que Lin Yan le había dado al
camarero y entró. Lo que vio dentro era un mundo completamente distinto al
suyo.
Copas
chocando, luces cálidas, lujo por todas partes.
Miró
alrededor, pero no vio a Lin Yan. Decidió buscar en los baños. Apenas llegó a
la puerta, escuchó a dos personas hablando de Lin Yan.
—¿Quién
se cree que es? ¿Cree que por despertar puede volver a como estaba antes?
¿Vieron las tendencias de hoy? Más de la mitad del top treinta es él. Qué
pesado.
—Su
familia tiene dinero. Pueden comprar lo que quieran.
—¿Y
para qué quiere tanto dinero si igual se mete en el entretenimiento? Que se
vaya a heredar la fortuna familiar. ¿Para qué viene a competir con nosotros?
Qué descaro.
Los
dos estaban tan metidos en su conversación que no notaron que alguien había
entrado. Mucho menos que esa persona venía con un aura amenazante. Antes de que
pudieran reaccionar, cada uno recibió una patada.
Cayeron
al suelo, aturdidos.
Qi
Zhen avanzó, tomó la muñeca del que más había insultado y se la dislocó sin
dudar.
El
hombre gritó de dolor, soltando insultos.
La
expresión de Qi Zhen era gélida, con una mirada que parecía capaz de matar.
—Él
hace lo que quiere. No te corresponde a ti juzgarlo. Si vuelves a abrir la
boca, te rompo las piernas.
El
hombre suplicó de inmediato.
Qi
Zhen miró al otro. Ese estaba pálido como un cadáver. En cuanto Qi Zhen lo
miró, empezó a rogar, diciendo que no lo volvería a hacer.
Con
el rostro impasible, Qi Zhen volvió a colocar la muñeca del primero en su
sitio.
El
hombre volvió a gritar, sujetándose el brazo mientras caía al suelo.
Lin
Yan, al escuchar el alboroto, se acercó. Asomó la cabeza y vio a Qi Zhen.
Se
sorprendió y se alegró a la vez.
—¿Qué
haces aquí?
Con
el rostro tranquilo, Qi Zhen abrió el grifo y se lavó las manos.
—Se
le salió la articulación. Le ayudé a recolocarla.
Nota de la traductora:
Qi
Zhen: “Si le doy el té con leche al final, puedo sentarme al lado de mi esposa sin
problemas.”

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