Capítulo
107: Extra 9.
Wu
Ji salió del palacio imperial y se dirigió directamente a su casa.
Su
residencia era pequeña y tenía pocos sirvientes. Durante su ausencia, solo unos
cuantos se encargaban de mantenerla limpia.
Pero
antes de llegar, un funcionario lo interceptó, insistiendo sin darle opción y se
lo llevó a beber para celebrar su regreso.
Como
era su superior, Wu Ji no pudo negarse.
Al
llegar, comprendió la razón: la noticia de que había cumplido la misión con
éxito ya se había extendido por toda la capital.
Era
el primer puesto de los exámenes imperiales, había resuelto con brillantez un
encargo del Emperador, y su futuro era prometedor.
El
funcionario que lo había detenido lo había hecho con un propósito muy claro:
quería casar a su hija con él.
En
la capital, muchas familias que ya no tenían esperanzas de casar a sus hijas
con miembros de la familia imperial habían empezado a fijarse en jóvenes
talentosos como Wu Ji.
Aquel
funcionario simplemente se adelantó a todos. Durante la comida, hizo que su
hija tocara el guqin y luego la llamó para que se presentara.
Wu
Ji entendió la intención al instante. Respondió con evasivas y salió del paso
con cortesía.
Cuando
por fin regresó a su residencia, el cielo apenas empezaba a oscurecer.
Había
bebido y fueron los mismos funcionarios quienes lo acompañaron de vuelta.
Apenas
bajó del carruaje, vio a Li Jiangling esperando en la puerta. Una sonrisa
involuntaria apareció en su rostro mientras caminaba hacia él.
—¿Cuánto
tiempo llevas aquí?
Li
Jiangling lo agarró del brazo y lo atrajo hacia sí, quedando los dos muy cerca.
El
corazón de Wu Ji dio un salto y luego empezó a latir rápido, demasiado rápido.
Li
Jiangling bajó la voz.
—Hueles
muy bien.
La
nuez de la garganta de Wu Ji se movió sin que él pudiera evitarlo: «¿Acaso…
después de separarnos, este muchacho por fin había entendido mis sentimientos?»
Ese
tipo de frase, tan directa, tan provocadora… Li Jiangling jamás la había dicho
antes.
Wu
Ji sintió que el mundo entero se le aflojaba bajo los pies.
—Seguro
era la señorita de alguna familia importante, ¿no? Ya me enteré: en la capital
hay un montón de funcionarios que quieren casar a sus hijas contigo —dijo Li
Jiangling.
El
corazón de Wu Ji, que acababa de calentarse, se enfrió de golpe.
Li
Jiangling, en cambio, estaba entusiasmado:
—¿Y
cómo es esa señorita? ¿Bonita? ¿De buen carácter?
Wu
Ji apartó su mano, serio y entró en la casa.
Los
sirvientes se acercaron a recibirlo; él hizo un gesto para que se retiraran.
Pero
Li Jiangling no se rendía.
—¿Por
qué no dices nada? ¿Qué tal es? Si no te gusta, buscamos otra. O… ¿es que
estuviste tanto tiempo fuera y sigues pensando en esa persona que te gusta?
Wu
Ji no respondió. Solo siguió caminando hacia dentro.
—¿Por
qué no hablas? Ha pasado tanto tiempo y aún no quieres decirme quién es. Le
pregunté al maestro, le pregunté a Lin Yan y ninguno quiso decírmelo. Que ellos
no lo digan lo entiendo, pero que tú no lo digas… eso sí que no lo entiendo.
Wu
Ji entró directamente en su habitación y cerró la puerta de golpe.
Li
Jiangling se quedó congelado: «¿Acababa de dejarme afuera?»
Golpeó
la puerta.
—¡Si
no quieres decirlo, no lo digas! ¡Si no te gusta esa señorita, pues no te
gusta! ¡Pero qué significa dejarme afuera! ¡Y yo aquí en la capital pensando en
ti! ¡Wu, tienes o no tienes corazón!
La
puerta se abrió de par en par.
El
rostro de Wu Ji estaba oscuro, sombrío.
La
mano que Li Jiangling había levantado para seguir golpeando la puerta cayó
lentamente. Su voz también se volvió más baja.
—Cuando
no estabas en la capital… no tenía con quién jugar. Lin Yan y Shen Shen están
ocupados con sus romances y yo… yo solo, todos los días, rodeado de un montón
de críos. Te extrañé muchísimo. Quería que volvieras.
—¿Para
qué? —respondió Wu Ji, frío—. ¿Para verte tener citas?
Li
Jiangling se atragantó.
—Estoy
buscándote esposa.
Wu
Ji respondió con un tono helado:
—No
quiero.
—Pues
si no quieres, ya está… no te enfades. No me meto más, ¿vale? Yo me buscaré la
mía. Pero también te lo digo: ya tienes edad. Si no buscas ahora, luego será
más difícil. Y esa persona que te gusta si hasta ahora no te ha dado ni una
señal, seguro no es buena gente. Capaz que te está colgando ahí, haciéndote
esperar.
Wu
Ji apretó los dientes.
—No
se lo he dicho.
—¿Entonces
por qué no se lo dices? Tienes que decírselo. Si no funciona, pues buscas a
otra persona. No te va a retrasar nada.
Wu
Ji sintió que el pecho le explotaba. De rabia y frustración. De todo.
De
pronto lo agarró del brazo, lo jaló hacia sí y lo mordió en los labios.
Li
Jiangling se quedó completamente aturdido.
Wu
Ji, después de morderlo, también se quedó inmóvil, como si su propio cuerpo
hubiera actuado sin pedirle permiso.
Los
dos estaban petrificados.
Uno
con los ojos muy abiertos y el otro sin saber cómo respirar.
Había
sido demasiado impulsivo.
Li
Jiangling se cubrió la boca, temblando de la impresión.
—¿Tú
sabes qué acabas de morder?
Ya
no había vuelta atrás.
—Lo
sé —respondió Wu Ji.
Li
Jiangling lo miró con los ojos muy abiertos durante un buen rato, hasta que su
mente encontró una explicación que pudiera aceptar.
—Bebiste
mucho, ¿verdad? Y yo te estaba fastidiando.
Wu
Ji: “…”
Wu
Ji guardó silencio. Un silencio largo, lleno de emociones mezcladas.
—Entonces
me voy. Descansa bien. Que se te pase la borrachera —dijo Li Jiangling. Intentó
marcharse, pero la mano que lo sujetaba por la muñeca apretó con fuerza. No
podía soltarse— ¿Qué pasa? ¿Quieres que me quede contigo?
Wu
Ji dio un paso hacia él.
—Ahora
no estoy borracho. Y tú estás muy callado.
—¿Y
eso qué significaba?
Wu
Ji ladeó la cabeza. Su rostro, hermoso y serio, se acercó hasta ocupar todo el
campo de visión de Li Jiangling y un roce suave tocó sus labios.
«No
es mi imaginación. Es real ¡Completamente real.»
Li
Jiangling lo empujó de golpe, atónito, mirándolo como si acabara de ver un
fantasma. Al comprobar que en los ojos de Wu Ji no había ni rastro de
embriaguez, salió corriendo.
***
Al
día siguiente, cuando Lin Yan llegó a la academia, encontró a Li Jiangling con dos
enormes ojeras.
—Con
esas ojeras… ¿no dormiste anoche? ¿Tú y el hermano Wu se quedaron conversando
hasta tarde? ¿O bebiendo hasta el amanecer?
Li
Jiangling tenía la mirada caída, derrotada.
—Nada
de eso.
—¿Entonces
qué pasó?
—Es
que… ay… quería preguntarte —dijo Li Jiangling, hundido en la miseria—: ¿qué se
siente cuando tú y Su Majestad se besan?
Lin
Yan lo miró tres segundos.
—¿Wu
Ji te besó?
Li
Jiangling saltó como si lo hubieran pinchado, se llevó las manos a la boca de
Lin Yan y miró a su alrededor con pánico, temiendo que alguien hubiera
escuchado.
—¡¿Cómo
lo sabes?!
Lin
Yan le dio un golpecito en el dorso de la mano para que lo soltara.
—Eres
demasiado fácil de leer.
«Si
alguien pregunta eso, solo puede significar una cosa: lo besó un hombre.»
—No…
no se lo digas a nadie —susurró Li Jiangling—. Wu Ji seguramente estaba
borracho. No sabía lo que hacía. Por eso… por eso se acercó de repente y me
besó.
Lin
Yan no se lo creyó ni un poco.
«Si
realmente pensaras eso, no tendrías dos ojeras del tamaño de dos lunas negras.»
Pero
no insistió. Los asuntos del corazón, cada uno tiene que entenderlos por sí
mismo.
Pasó
un rato y, de pronto, Li Jiangling se inclinó hacia él.
—Tu
taberna… tiene habitaciones, ¿verdad?
—Sí.
A veces los clientes borrachos se quedaban a dormir allí.
—¿Puedo
quedarme dos días?
—¿No
estarás borracho tú también? ¿Qué estás evitando? Cuanto más huyas, menos claro
quedará todo.
Li
Jiangling se quedó sin palabras: «Es verdad. Huir no soluciona nada.»
—Entonces
mejor vuelvo a casa. Me voy temprano.
Lin
Yan: “…”
«¿No
es eso seguir huyendo?»
Li
Jiangling empezó a recoger sus cosas.
Para
un hombre tan recto como él, aquello era realmente aterrador.
Lin
Yan lo entendía.
—Hermano
Lin —dijo Li Jiangling, ya en la puerta—, si Wu Ji viene a buscarme, dile que
ya me fui.
—¿Y
si no viene?
—¡Mejor!
¡Si viene es para que me dé una paliza!

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