RT 172

 

Capítulo 172: Compartiendo la almohada.

Quiero llevar a Mingyu al noroeste.

 

Cuando Xiao Lan regresó a la posada, Lu Zhui ya había terminado de bañarse, estaba sentado en una silla, secándose el cabello húmedo con una gran toalla, el rubor en su rostro aún no se había disipado por el vapor del agua caliente, el cuello de su ropa estaba ligeramente desabrochado, mostrando un poco de piel pálida. Al verlo entrar, Lu Zhui levantó la barbilla:

—El agua ya está lista, ve a lavarte bien.

 

Xiao Lan se desabrochó el cinturón y lo arrojó a un lado.

 

Lu Zhui hizo una pausa y ordenó ligeramente:

—Ve al biombo y quítatela.

 

—La ropa está sucia, no quiero entrar a la habitación con ella puesta —Xiao Lan se quedó en la puerta, tiró la túnica al suelo y dijo— Llama al camarero para que entre y la lleve a tirar.

 

Lu Zhui respondió con un “sí”, se sirvió té para beber, pensó que al menos le quedaría un pantalón interior, pero no esperaba que... ¡se desnudara completamente!

 

Mirando a la persona salvaje y desenfrenada frente a él, el joven maestro Lu escupió todo el té de la boca, atónito y como si hubiera sido golpeado por un rayo, observó cómo Xiao Lan se dirigía tras el biombo.

 

«¿Por qué en este mundo hay personas tan desenfrenadas e indómitas? Aunque somos hombres, incluso por el respeto a la decencia, debería cubrirse un poco... en “ese lugar”, ¿verdad?»

 

—¿Te cuento una historia? —Detrás del biombo, el sonido del agua fluía, y Xiao Lan se echaba agua sobre el cuerpo mientras hablaba con él.

 

—¿Q-qué historia? —Lu Zhui seguía sumido en la escena anterior, incapaz de salir de ella por el momento.

 

—Había una vez un joven erudito —dijo Xiao Lan con calma— cada vez que se bañaba, siempre era visto por los vecinos de al lado. ¿Adivinas por qué?

 

—¿Qué tipo de vecino grosero era ese? —preguntó Lu Zhui mientras se frotaba la cara rígida, con sentimientos encontrados— Está bien, no hables más, tampoco quiero adivinar…

 

Xiao Lan sonrió:

—Entonces, ¿qué quieres decir?

 

Bañarse es solo bañarse, no quiero decir nada. Después de que Lu Zhui llamó al camarero para que se llevara la ropa sucia, se agachó en el suelo, sacudió la manta y se metió en el lecho para prepararse para dormir. Después de pensarlo un momento, apagó otra lámpara para evitar que esta persona no volviera a salir desnuda más tarde.

«Es brillante y muy antiestético.»

 

Al ver que el exterior se había oscurecido un poco, Xiao Lan se giró y miró con cautela, vio que Lu Zhui ya se había dormido, así que también suavizó sus movimientos. Después de limpiarse rápidamente, salió con una toalla envuelta en la cintura, Sacó el equipaje del armario, con la intención de encontrar un nuevo conjunto de ropa interior.

 

Lu Zhui enterró la mayor parte de su rostro en la colcha, revelando solo un par de ojos y asomado por una rendija.

 

«De todos modos, no puedo dormir, así que solo voy a mirar un poco.»

 

Xiao Lan estaba de espaldas a él, bloqueando la mayor parte de la luz de la vela. En teoría, la habitación debería estar muy oscura, pero Lu Zhui podía ver claramente cómo una gota de agua resbalaba por su espalda firme y hermosa y finalmente desaparecía silenciosamente debajo de cintura.

 

Su nariz estaba un poco caliente, como si la sangre estuviera a punto de brotar. Lu Zhui estaba extremadamente frustrado, realmente no entendía por qué estaba tan consumido por el deseo. Además, ¿por qué había estado sospechando de los demás? En realidad, si lo piensas bien, ayudarse mutuamente en la multitud, compartir una habitación cuando está llena, beber un poco de agua de ciruela, comprar un hilo rojo para los hijos de familias pobres, todo esto es muy natural. Pero sumando cada una de estas cosas, no es mejor que estar acurrucado en esta colcha en este momento, mirando la piel de otras personas a regañadientes, resoplando hemorragias nasales.

 

Lu Zhui: “…”

 

—Mingyu —Después de cambiarse de ropa, Xiao Lan la llamó suavemente.

 

Lu Zhui cerró los ojos, inmóvil, como en coma.

 

Xiao Lan extendió la manta, se acercó, lo levantó en horizontal y caminó rápidamente hacia el borde de la cama.

 

—¡Eh, eh, eh! —Lu Zhui se llevó un susto enorme. Forcejeó con todas sus fuerzas, pero solo consiguió que la manta se enredara más, dejándolo inmóvil—. ¡¿Qué pretendes hacer?!

 

—No pretendo hacer nada —Xiao Lan lo dejó rápidamente sobre la cama, igual de asustado—. Solo quería que durmieras en la cama.

 

—Dormir en la cama… ¿y por qué me abrazas? —Lu Zhui apretó el almohadón como si fuera un arma.

 

Xiao Lan explicó:

—Te llamé, pero no respondiste.

 

«No respondí porque estaba… ocupado espiándote.» El joven maestro Lu soltó dos risitas secas. Sus ojos recuperaron de inmediato la serenidad: «Brisa suave, nubes blancas, aquí no ha pasado nada; nadie gritó, nadie golpeó a nadie.»

 

Xiao Lan frunció el ceño, preocupado.

—¿Estás bien?

 

—¡Perfectamente! —respondió Lu Zhui con alegría sospechosa.

 

La habitación cayó en un silencio incómodo. Lu Zhui se sentó con las piernas cruzadas sobre la cama, devanándose los sesos. No encontraba ninguna excusa razonable para explicar por qué había reaccionado como una doncella virtuosa acosada por un rufián. Al final, se rindió: tiró de la manta y se envolvió por completo.

«Ojos que no ven, corazón que no siente.»

 

Xiao Lan advirtió:

—No te vayas a sofocar.

 

Lu Zhui movió la manta con un ruidito y dejó un pequeño agujero para respirar.

 

Xiao Lan se rio, divertido. No dijo nada más. Bajó el dosel de la cama y volvió a su sitio en el suelo. Poco después, la última vela se apagó. La luz de la luna entró por la ventana, haciendo la habitación aún más silenciosa.

 

La respiración era tranquila. Era la de Xiao Lan. Lu Zhui esperó a que se durmiera para bajar un poco la manta y suspirar hacia el techo: «Claro. Las personas de mente simple se duermen en cuanto tocan la almohada: Ah Liu, Xiao Lan…» 

 

«Y yo, en cambio, lleno de pensamientos indebidos. Si me duermo, seguro me levanto sonámbulo y voy al suelo a… a… mejor no pensarlo.»

 

Con esa idea, se despejó aún más. Se incorporó abrazando la manta y a través de la fina gasa del dosel miró al hombre dormido bajo la luz de la luna, con un resentimiento silencioso.

 

«Si lo hubiera sabido, habría dormido en la sala común. Aunque me tocara al lado un tipo que se rasca los pies, ronca y rechina los dientes, sería mejor que estar aquí, dando vueltas, ardiendo entero.»

 

Xiao Lan suspiró de repente.

 

Lu Zhui volvió a cubrirse todo con la manta.

 

En la oscuridad, Xiao Lan preguntó:

—¿Vivir en la misma habitación conmigo solo te incomoda?

 

Lu Zhui: “…”

 

—No.

 

—Puedes dormir tranquilo —Xiao Lan se puso de pie— Voy a salir.

 

Lu Zhui se quedó atónito un rato.

—¿A dónde vas afuera?

 

—Al tejado —Xiao Lan respondió— Solía dormir al viento cuando viajaba por el Jianghu, así que no pasa nada.

 

—¡Espera! —Lu Zhui apartó la colcha— ¡Detente!

 

Xiao Lan volvió a poner la mano en el pomo de la puerta.

 

—El hermano Xiao pagó el dinero, pero al final solo pudo dormir en el suelo —Lu Zhui tuvo una buena actitud— Me siento culpable en mi corazón y, naturalmente, no puedo dormir tranquilo.

 

—¿Realmente no me odias? —Xiao Lan se dio la vuelta.

 

Lu Zhui negó con fuerza.

 

Xiao Lan cruzó la habitación en unos pasos, se tumbó a su lado y sonrió:

—Gracias.

 

Lu Zhui se quedó un poco aturdido. «¿Cómo puede simplemente… acostarse así?»

 

—¿No es eso lo que quieres? —Xiao Lan lo miró de lado, aun sonriendo—. Si no quieres que duerma en el suelo ni que salga, tendrás que darme un sitio aquí, ¿no?

 

«Habiendo dicho eso, ¡entonces puedes esperar a que yo primero te dé el espacio!»

 

Lu Zhui respiró hondo. Justo cuando estaba a punto de hablar, Xiao Lan ya había cerrado los ojos. Su tono era un poco cansado y dijo en voz baja:

—Estoy realmente agotado. Déjame dormir tranquilo un rato. No armes ruido, ¿sí?

 

Lu Zhui tragó sus palabras.

 

—Y… no suelo dormir quieto. Si te aplasto sin querer, solo empújame —la voz de Xiao Lan se fue apagando hasta casi desaparecer.

 

—Oh —respondió Lu Zhui.

 

La respiración de Xiao Lan se volvió regular. El corazón de Lu Zhui latió como un tambor durante un buen rato antes de calmarse. Se giró sobre el almohadón, moviéndose apenas, y a la luz plateada que atravesaba el dosel, observó al hombre que dormía a su lado.

 

Cejas espesas, puente de la nariz recto, la manta cubriéndolo solo a medias. Bajo la fina ropa interior, su cuerpo joven era firme y ágil. No sabía por qué, pero de pronto sintió que aquella escena le resultaba familiar, como si lo conociera desde hacía muchísimo tiempo.

 

«¿Esto es lo que llaman… afinidad a primera vista?»

 

Lu Zhui escondió la cara en la almohada. Recordó lo que Xiao Lan había dicho sobre el sabor del té de ciruela: ácido y dulce. Exactamente así se sentía ahora. Su corazón colgaba en el aire, tembloroso, mitad inquietud, mitad alegría. Ni sabía dónde poner sus manos y pies.

 

Xiao Lan durmió profundamente e inmóvil, tanto que el joven maestro Lu esperó mucho tiempo, y no esperó a ver qué tipo de deshonestidad era el llamado “sueño inquieto”. Al final, solo pudo arrepentirse, acompañado de la luz de la mañana fuera de la ventana, y se quedó dormido levemente.

 

Después de esta noche, la relación entre los dos parecía haber cambiado ligeramente, y parecía que seguía igual que antes, y nadie podía decirlo.

 

El caballo Feisha Hongjiao galopaba veloz, salpicando agua cristalina al cruzar los charcos y mojando los bajos de sus ropas. Lu Zhui se volvió riendo y sus ojos se encontraron con los de Xiao Lan: brillantes, cálidos, llenos de una suavidad que lo envolvía por completo.

 

—¡Jiá! —agitó el látigo, dejando que aquel relámpago rojo siguiera galopando por el sendero de montaña. El viento le cortaba las orejas con un silbido feroz, arrancándole de cuajo todas las preocupaciones, haciéndolas polvo entre cielo y tierra. Libre, desatado, feliz.

 

A lo lejos, donde el humo de las cocinas se elevaba en espirales, brillaba Yangzhi bajo la luz del sol.

 

El caballo Feisha Hongjiao se detuvo frente a la entrada de la ciudad. Xiao Lan sujetó las riendas con una mano y con la otra rodeó su cintura.

—¿Qué tal?

 

—No quiero parar —Lu Zhui desmontó, aun jadeando.

 

—La próxima vez seguimos —Xiao Lan le secó el sudor con los dedos—. Vamos, volvamos a casa.

 

—¿Y tú? —preguntó Lu Zhui.

 

—Buscaré una posada. Cuando tenga tiempo, iré a ver al señor Lu —Xiao Lan le entregó el fardo.

 

—¿De verdad quieres ver a mi padre? —Lu Zhui lo miró con incredulidad.

 

—Tengo que convencerlo de que te deje ir al noroeste conmigo. ¿Cómo no verlo? —respondió Xiao Lan con total naturalidad.

 

Lu Zhui abrió la boca para replicar, pero alguien llegó corriendo por detrás y gritó con voz atronadora:

—¡PADRE!

 

Ah Liu llevaba dos peces en la mano, seguramente recién pescados. Estaba empapado y sonreía de oreja a oreja.

—Padre, por fin volviste.

 

Xiao Lan arqueó una ceja.

 

Lu Zhui se apresuró a aclarar:

—¡No es mi hijo de verdad!

 

Ah Liu bajó la mirada, agraviado.

—Oh…

 

—Él es Ah Liu —presentó Lu Zhui—. Y este es Xiao Lan, mi amigo.

 

—Joven héroe Xiao… —saludó Ah Liu sin entusiasmo—. Mucho gusto, mucho gusto…

 

«¡¿Qué clase de vida es esta?! En Huishuang tuve que fingir que no conocía a mi padre, y ahora en Yangzhi tengo que fingir que no conozco a… mi madre. Soy un hombre de armas, no un actor. Y encima nadie me lanza ni un pañuelo de seda. ¡Qué miseria!»

 

—Me retiro —dijo Xiao Lan—. Hasta pronto.

 

—Que tengas buen camino, hermano Xiao —Lu Zhui juntó las manos y lo acompañó con la mirada hasta que cruzó la puerta de la ciudad. Luego le dio un codazo a Ah Liu—. ¿Qué te parece?

 

—No me parece nada —respondió Ah Liu sin ganas.

 

—No sabes apreciar —Lu Zhui le pasó el fardo—. El hermano Xiao es la mejor persona del mundo.

 

Ah Liu torció la boca.

«Apenas lo conoces y ya es “la mejor persona del mundo”. Qué exageración.»

 

Cuando llegaron a casa, Tao Yu’er estaba en el patio cosiendo ropa. Al ver a Lu Zhui, se le iluminó el rostro. Estuvo a punto de soltar un “¿y Lan’er?”, pero por suerte reaccionó a tiempo y se tragó las palabras. Lo tomó de la mano con una sonrisa.

—Por fin te dignas a volver.

 

—Estuve unos días más fuera, jugando por ahí —dijo Lu Zhui—. ¿Dónde está mi padre?

 

—Aquí —Lu Wuming salió de la casa, sonriendo—. ¿Qué te tiene tan contento? ¿Te encontraste una bolsa de plata en el camino?

 

—Plata no, pero sí conocí a una persona excelente —Lu Zhui no pudo contenerse—. Se apellida Xiao. Xiao Lan.

 

El patio quedó en silencio.

 

Tao Yu’er soltó una risita seca.

—Je, je ¿Ah? ¿Sí?

 

—Sí. Es dueño de una residencia en Jiangnan. La posada donde me hospedaba iba a ser demolida, así que me invitó a quedarme en su casa. Y ahora vino conmigo a Yangzhi. Está hospedado en la posada Wangxiang, al norte de la ciudad —Lu Zhui hablaba con orgullo—. Además, es un héroe del noroeste. Ha pasado años luchando en el desierto, defendiendo la frontera. ¿Qué tal? ¿No es impresionante?

 

Lu Wuming tenía una expresión indescriptible.

—Oh…

 

—Bueno, dejemos al joven héroe Xiao por ahora. Ven a tomar té —Tao Yu’er lo arrastró hacia adentro.

 

—Tengo té en mi fardo —añadió Lu Zhui—. También me lo dio el hermano Xiao. Maojian, Longjing, Dahongpao… de todo.

 

—Sí… sí… de todo —Tao Yu’er le sirvió té—. Pero no hables solo de él. Estuviste fuera meses. ¿No conociste a nadie más?

 

—No. Viví todo el tiempo en su casa.

 

—¡Pfff! —Tao Yu’er casi se atragantó con la risa.

 

—¿Hay comida? Tengo hambre —Lu Zhui se frotó el estómago.

 

—Mn —Tao Yu’er lo palmeó, divertida—. Ya veo que hablar del joven héroe Xiao no te llena. Al final, igual hay que comer, ¿eh?

 

Las orejas de Lu Zhui se calentaron. Recién entonces se dio cuenta de lo entusiasmado que había sonado.

 

—¿Y mi padre? —preguntó de nuevo. Había desaparecido en un parpadeo.

 

Tao Yu’er se masajeó las sienes, suspirando por dentro: «¿Dónde más? En la posada Wangxiang del norte.»

 

***

 

—Señor —saludó Xiao Lan.

 

Lu Wuming le soltó una bofetada sin previo aviso.

 

—¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO?! —rugió—. ¡Mira cómo tienes a mi hijo! Anda por ahí con los ojos brillando como un tonto, pensando en ese “héroe Xiao” que acaba de conocer.

 

—Solo temía espantarlo —Xiao Lan le sirvió té—. Señor, cálmese.

 

—¿Él? ¿Espantarse por ti? —Lu Wuming bufó.

 

—Si de pronto aparece alguien diciendo que quiere casarse con él, cualquiera se asustaría —dijo Xiao Lan—. Mejor dejar que me acepte primero. Luego le contamos la verdad.

 

Lu Wuming se bebió el té de un trago. Estaba hirviendo. Le quemó hasta el alma.

 

—Señor, solo aguante un par de días más —Xiao Lan volvió a servirle—. Cuando lo lleve al noroeste y encuentre el momento adecuado, le contaré todo.

 

—Ya basta, deja de servir —gruñó Lu Wuming—. ¿Quieres escaldar a tu futuro suegro?

 

Xiao Lan sonrió y se inclinó.

—Gracias, señor Lu.

 

***

 

Mientras tanto, Lu Zhui seguía hablando:

—La residencia del hermano Xiao es grande, pero muy elegante. La primera vez que fui, pensé que era una academia.

 

—¿Ah, sí? —Tao Yu’er dejó la costura—. Ya hablaste mucho. Come tu dulce.

 

Lu Zhui bebió un par de sorbos y preguntó:

—¿Está haciendo ropa para mí?

 

—Ah… sí —Tao Yu’er tosió dos veces y fingió pesar—. Pero me falló la vista y la hice demasiado grande. Qué lástima.

 

—Eso es fácil —Lu Zhui se levantó—. Voy por unas tijeras y la ajustamos.

 

—Mingyu, Mingyu —Tao Yu’er lo detuvo, sonriendo—. Ya tienes mucha ropa hecha por mí. ¿Por qué no se la das a ese… cómo era…? Ah, sí, el joven héroe Xiao. ¿Qué te parece?

 

—¿De verdad? —Lu Zhui se agachó junto a ella, feliz—. ¡Perfecto! Mañana vamos a verlo.

 

—Ve tú solo. Yo no —Tao Yu’er le acomodó la ropa—. Sé obediente.

 

—¿Por qué no? —preguntó Lu Zhui—. El hermano Xiao…

 

—Sí, sí, ya sé. Xiao Lan es muy buena persona. Desde que volviste no has hablado de otra cosa —Tao Yu’er lo interrumpió con una sonrisa—. Pero estoy cansada. No quiero salir.

 

—Entonces descanse. Yo le llevaré la ropa —Lu Zhui sonrió con esa luz pura en los ojos. Tao Yu’er sintió un nudo en el pecho.

 

«Qué desastre ha causado mi hijo, obligando a toda la familia a actuar esta farsa. Qué dolor de cabeza.»

 

Tras dos días en casa, Lu Zhui no aguantó más y fue a la posada Wangxiang.

 

—Pensé que ya no vendrías —Xiao Lan abrió la puerta con una sonrisa.

 

—¿Terminaste tus asuntos? —preguntó Lu Zhui.

 

Xiao Lan asintió.

—Sí.

 

—Adivina qué es esto —Lu Zhui agitó el fardo.

 

—Ropa. ¿Para mí? —preguntó Xiao Lan.

 

—No es de una sastrería. La hizo la dama Tao —dijo Lu Zhui—. ¿Te hablé de ella?

 

—No —respondió Xiao Lan con calma.

 

—Es amiga de mis padres. Vive en la escuela de artes marciales —Lu Zhui le entregó la ropa—. Era para mí, pero la cosió demasiado grande. Te queda perfecta.

 

Xiao Lan sonrió.

—Qué bien.

 

—Pruébatela —insistió Lu Zhui—. Si algo no encaja, lo llevo de vuelta para que lo arreglen.

 

Xiao Lan se la puso. Quedaba impecable, recta, elegante, como hecha a medida.

 

—¿Tan perfecta? —Lu Zhui estaba sorprendido.

 

—Mn… —sonrió Xiao Lan.

 

—Te queda muy bien —Lu Zhui lo hizo girar—. No hay nada que arreglar. Mañana, cuando vengas a mi casa, ¡ponte esta!

 

—De acuerdo —dijo Xiao Lan.

 

—Pero mi padre es un poco severo —advirtió Lu Zhui, recostándose con una taza de té—. Ya sabes lo que dijimos: si él no acepta, No iré al noroeste.

 

—Lo sé —Xiao Lan sonrió de lado—. Haré todo lo posible para convencer a ese señor de mal genio.

 

—¿Quieres salir a caminar? —preguntó Lu Zhui—. Aún es temprano. En Feiliu tú me llevabas a comer y beber. Ahora que estamos en Yangzhi, yo debería invitarte.

 

—No —dijo Xiao Lan—. Aquí en la posada está bien.

 

—¿Por qué no? —Lu Zhui frunció el ceño—. Pensaba llevarte a la tumba Mingyue. Está llena de soldados, pero yo puedo entrar sin problema.

 

—¿A qué vamos a una tumba? —Xiao Lan, detrás de él, le masajeó los hombros con calma—. Si aparece algún conocido y te llama “joven maestro”, estamos perdidos.

 

Lu Zhui se sintió decepcionado. Lo miró de reojo, con mil emociones en los ojos.

 

Xiao Lan no se inmutó.

—Sé bueno.

 

—¿Estás nervioso? —preguntó Lu Zhui, sospechando.

 

Xiao Lan asintió sin dudar:

—Sí. Me preocupa que el señor Lu no acepte que te lleve conmigo. Es natural estar nervioso.

 

«Aunque incluso si no acepta, yo encontraré la forma de que acepte.»

 

Lu Zhui carraspeó, entrecerró los ojos mirando por la ventana, muy complacido.

 

El noroeste tenía cordero asado entero, cubierto de comino, chisporroteando de aceite. ¿Quién no querría ir?

 

Aunque ya había decidido marcharse, esa noche durmió fatal. A fin de cuentas, aún le tenía cierto miedo a su padre. Y si antes ni siquiera lo dejaba ir a una ciudad tan pequeña como Feiliu, ¿qué podía esperar ahora que se trataba del noroeste, donde ardían las guerras? No hacía falta pensarlo mucho: en el mejor de los casos, una reprimenda; en el peor… una paliza.

 

«Si con una paliza bastara para irme, sería maravilloso.»

 

Suspiró hondo, levantó una mano y dejó que la luz de la luna se filtrara entre los dedos. No tenía nada de sueño.

 

Pasó casi toda la noche con los ojos abiertos. Cuando escuchó el primer canto del gallo, se levantó de inmediato y empezó a pasearse por el patio con las manos a la espalda. Quería que el tiempo pasara rápido, pero también quería que se detuviera. Una contradicción tras otra. Y para colmo, el clima acompañaba el drama: gris, pesado, opresivo. Al mediodía, las nubes negras seguían tan bajas que parecía que un enorme caldero fuera a caer del cielo y cubrir toda la ciudad.

 

En medio de esa atmósfera deprimente, Ah Liu llegó bostezando:

—Ese tal Xiao Lan está aquí. Te espera afuera.

 

Lu Zhui se incorporó de golpe.

 

Tao Yu’er estaba recostada en una silla. No quería estar allí actuando, pero temía que, si su hijo se pasaba de la raya, Lu Wuming lo terminara golpeando. Así que había ido a regañadientes, masajeándose el entrecejo.

 

Lu Wuming dijo con voz grave:

—Hazlo pasar.

 

La tensión en la sala era tan espesa que podía cortarse. Lu Zhui empezó a arrepentirse.

 

«¿Por qué elegí justo un día en que la dama Tao está de mal humor, mi padre también, y hasta el cielo está enfadado? Nada está a favor. Esto es un suplicio.»

 

La puerta se iluminó cuando Xiao Lan levantó la cortina y entró.

 

Lu Zhui se puso rígido de pies a cabeza.

 

—Señor Lu —saludó Xiao Lan—. Señora Tao.

 

Tao Yu’er agitó la mano con desgano.

«Sí, sí, actúa, ¡sigue actuando! Si luego Mingyu se enfada, no es culpa mía.»

 

El rostro de Lu Wuming estaba más oscuro que el cielo. No dijo una palabra.

 

Como los mayores no colaboraban, Xiao Lan fue directo al grano:

—Quiero llevar a Mingyu al noroeste.

 

Lu Zhui estaba tan nervioso que las uñas casi se le clavaban en la palma. Estaba seguro de que en cualquier momento su padre desenvainaría la espada.

 

Lu Wuming preguntó con furia:

—¡¿CUÁNDO SE VAN?!

 

—En tres días —respondió Xiao Lan.

 

Lu Wuming siguió rugiendo como si hubiera explotado un petardo:

—¡TENGAN MUCHO CUIDADO EN EL CAMINO!

 (¡Pero señor! ¡qué mala actuación! xD)

Xiao Lan inclinó la cabeza.

—Sí.

 

Lu Zhui se quedó boquiabierto, completamente perdido.

«¿P-padre…?»

 

El autor tiene algo que decir:

El pequeño Lu Zhui frunció el ceño, sintiendo que las cosas no eran simples QAQ.


Mensaje de Jin:

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