Capítulo
59. Saboreando la dulzura.
A-Fu se tumbó en
el suelo de la habitación de Wen Chan. Intentó dormirse y se dio vueltas en la
cama, pero al mirar somnoliento la otra cama, vio que estaba vacía.
En ese momento,
estaba tan asustado que, girando la cabeza, vio la puerta entreabierta. A-Fu
corrió hacia el pabellón, pero no pudo comunicarse con Qinqi y Shuhua, que
dormían profundamente tras beber. Caminaba en círculos por el patio, y no le
quedaba más remedio que llamar a la puerta de Liang Yanbei.
Liang Yanbei se
vistió rápidamente y se calzó. Él y A-Fu se separaron y comenzaron a buscar.
A esa hora, todos
dormían plácidamente en sus habitaciones, ¿por qué necesitaba huir?
¿Pero y si no huía
solo?
Pensando en la
posibilidad de una amenaza, Liang Yanbei se alarmó un poco. Buscó en el patio,
salió de él y miró por los senderos.
La luna brillaba
alto en el cielo. Toda la gente en la residencia estaba profundamente dormida y
no había nadie a la vista. De vez en cuando el sonido del viento agitando las
hojas.
Liang Yanbei aún
no se había alejado mucho cuando de repente vio a un hombre de espaldas a él en
la espesa hierba.
Por el árbol
grande, era difícil ver nada, pero Liang Yanbei vio a Wen Chan en ropa interior
ligera. Se acercó poco a poco y preguntó:
—¿Joven maestro Wen?
—No vengas aquí —dijo
de repente el hombre que sin duda era Wen Chan.
—¿Qué haces aquí? —Liang
Yanbei suspiró aliviado. La forma en que Wen Chan estaba de pie con las manos
detrás de la espalda le daban ganas de llorar o reír. Se acercó a él y le tiró
de la mano— Vamos, volvamos.
—No te muevas o los pisarás —Wen
Chan giró la cabeza y agitó las manos.
Liang Yanbei se
detuvo, miró hacia abajo, pero no vio nada, y preguntó desconcertado.
—¿Qué no debo pisar?
Con un movimiento
de la manga, Wen Chan señaló el campo.
—El pueblo de Zhen.[1]
Al oír este
discurso, Liang Yanbei abrió los ojos, sorprendido.
—Joven maestro Wen, no puedes hablar así
nada más…
Esas palabras
bastaron para enfadar a Wen Chan.
Liang Yanbei se
dio cuenta de que Wen Chan aún no se había recuperado de la embriaguez, así que
dio unos pasos hacia adelante para alejarle.
Pero al ver que el
pie de Liang Yanbei pisaba la hierba, Wen Chan frunció el ceño de forma
amenazante hasta el puente de la nariz. Liang Yanbei dio un paso atrás y dijo:
—Vale, vale, ¿puedes salir tú mismo? No vas
a pisar a tu pueblo, ¿verdad?
—Zhen no se irá —dijo Wen Chan con una expresión seria en el
rostro— Zhen tiene la intención de proteger a la gente de
Liang Occidental.
Al oír este
pronombre, “Zhen” de nuevo, Liang Yanbei sintió una punzada de ansiedad y dijo
muy bajo.
—Su “Majestad”, su pueblo está a salvo, no
hay necesidad de protegerlos. Tienes que volver y acostarte.
Mientras decía
esto, chasqueó la lengua. Esperaba que, en estado de borrachera, Wen Chan no se
tomara en serio las tonterías que acababa de decir.
—Me estás mintiendo —hizo
un puchero Wen Chan— Si no los protejo, nadie lo hará por mí. Tú
mismo lo dijiste…
Liang Yanbei se
sobresaltó.
—¿Te lo he dicho?
—Sí, tú. Dijiste que mientras Zhen viviera,
habría esperanza para el Liang Occidental. Dijiste que solo eras un súbito leal
por Zhen, que matarías a todos los malvados que se volvieran contra Zhen.
También dijiste… —Su voz se fue haciendo cada vez más baja, hasta
que finalmente sus ojos se llenaron de lágrimas y su rostro se torció por el
dolor de la decepción— Y también dijiste que te gustaba Situ y que
querías casarte con ella.
Liang Yanbei no
pudo evitar preguntarse.
—¿Cómo es posible?
Por no hablar de
estas palabras, Situ creció con él y era como una hermanita para él. ¿Quién se
casará con una hermana?
—Me pediste que emitiera el decreto matrimonial,
y cuando me negué, te enojaste… —Wen Chan parpadeó y las lágrimas brotaron
de sus largas pestañas— Estabas enfadado y me ignoraste durante
días. No tuve más remedio que presentar los regalos de compromiso, dar la casa
como regalo y presenciar personalmente la boda.
Lágrimas
contenidas brotaron de sus hermosos ojos y corrieron por sus mejillas.
Al cabo de un
rato, dijo ofendido, mirando a Liang Yanbei.
—Dijiste que Liang Occidental me necesita.
Te escuché y me senté en el trono cubierto de pies a cabeza de sangre. Dijiste
que te casarías con Situ, y esa vez yo también te escuché y organicé una
ceremonia de boda brillante para ti, a la que asistieron miles de invitados.
Dijiste que no podía quedarme solo y que tenía que tomar concubinas y tener
hijos. Luego tuve seis hijos y cuatro hijas. Después, los funcionarios de la
corte me convencieron para casar a mi hija con tu hijo y así acercarnos… —Wen
Chan sonrió entre lágrimas—
¡Qué maravilla!
Al final, su tono
se volvió muy calmado y ligero, pero cada palabra le destrozaba el corazón a
Liang Yanbei, lo que le hacía fruncir el ceño cada vez más.
—Te escuché, pero te diste la vuelta y
abriste los brazos a tu esposa e hijo. La felicidad en tu familia no tenía
límites y causaba envidia entre los demás —Wen Chan suspiró— Liang Occidental prosperó, la gente vivió en paz y muchos países
acudieron a la corte imperial con expresiones de sumisión, pero yo no estaba ni
un poco contento…
Wen Chan volvió a
suspirar.
—Estoy tan cansado…
Liang Yanbei
estaba extremadamente impactado por lo que escuchó, pero aún no podía entender
la situación. Al mirar ese rostro serio, distorsionado por el sufrimiento, cualquiera
que no lo supiera, pensaría que decía la verdad: ¡era simplemente absurdo!
Pero los reproches
e insultos de Wen Chan le causaban angustia y un dolor persistente en el
corazón, como si un cuchillo estuviera clavado dentro.
Wen Chan realmente
parecía cansado, así que no dijo nada más y empezó a rascarse el cuello.
Liang Yanbei notó
picaduras de mosquito en él y, sin importarle nada más, dio dos pasos hacia delante,
le abrazó y le dijo suavemente:
—Hablemos de eso cuando volvamos.
Temiendo que Wen
Chan empezara a resistirse, le apretó la mano.
Pero esta vez, Wen
Chan no se resistió. En cambio, abrazó el cuello de Liang Yanbei, enterró su
rostro en él, lo humedeció con lágrimas y dejó escapar un bajo “Sí”, suspirando
o aceptando.
Para Liang Yanbei,
esto fue una sorpresa. Miró hacia abajo y vio que Wen Chan ni siquiera se había
puesto los zapatos, y sus pies blancos estaban manchados de barro.
Por el aliento
caliente en su cuello, Liang Yanbei sintió un cosquilleo. Abrazó al otro hombre
con fuerza y retrocedió con paso amplio.
Llevó a Wen Chan
hasta la cama, lo sentó y encendió una lámpara en la habitación.
El fuego encendió e
iluminó a Wen Chan, que ya había dejado de llorar. Sus ojos seguían rojos y
húmedos de lágrimas. Con la cabeza inclinada hacia atrás mientras lo miraba
fijamente. Tenía las manos entrelazadas, las piernas colgando de la cama, sentado
como un niño.
Liang Yanbei sonrió,
con sus ojos negros brillando.
—Siéntate y no te vayas, calentaré un poco
de agua.
Wen Chan asintió y
Liang Yanbei se marchó.
No había mucha
agua, así que se calentó rápidamente. Además, Liang Yanbei estaba un poco
preocupado por dejar solo a Wen Chan. Cuando volvió a la habitación, seguía
sentado obedientemente en la cama, sin cambiar de posición.
Parecía que estaba
mirando la puerta, y en cuanto Liang Yanbei entró, le sostuvo la mirada.
Los ojos,
inicialmente tranquilos, se animaron inmediatamente al cruzarse miradas, como
si pequeñas luces se iluminaran en ellos, y era terriblemente encantador.
Wen Chan se
levantó de la cama y caminó rápidamente hacia Liang Yanbei.
—¿Qué estás haciendo? Te va a dar frío —Liang
Yanbei puso una palangana con agua tibia sobre la mesa, arrastró a Wen Chan de
vuelta y lo sentó en la cama.
A poca distancia,
vio enrojecimiento y arañazos en el cuello de Wen Chan. Al parecer, fue
atormentado por los mosquitos.
—¿Por qué saliste corriendo a mitad de la
noche? —Liang Yanbei se sintió impotente, tomó un
paño, lo humedeció y le limpió suavemente la cara a Wen Chan.
Tuvo en cuenta que
tenía una fuerza física inmensa, así que intentó hacerlo todo con movimientos
suaves.
Primero, le secó
las lágrimas, luego pasó a las picaduras de cuello, y después a sus manos.
Después de enjuagar el paño, lo exprimió y se puso en pie.
En cuanto levantó
la pierna izquierda de Wen Chan, apareció una cadena frente a sus ojos. Solo
con mirarla, el corazón de Liang Yanbei se encogía y latía con fuerza.
Sobre la piel
blanca de Wen Chan, destacaba una pulsera de hilo rojo entrelazada con oro y
dos monedas de cobre colgadas en ellas. Liang Yanbei los tocó y una sonrisa
apareció en las comisuras de sus labios. Preguntó suavemente:
—¿Te gusta?
Wen Chan movió la
pierna y asintió con sinceridad.
—Entonces puedes usarlo siempre —Liang
Yanbei, encantado, le limpió los pies con cuidado— Te
queda muy bien.
Después de limpiar
uno, limpió el otro. En cuanto sus piernas estuvieron limpias, Wen Chan las
echó sobre la cama.
Liang Yanbei trajo
una pomada para el picor y la hinchazón, se sentó a su lado y, aplicándosela,
sonrió:
—¿Por qué odias tanto Zhoulan?
Liang Yanbei
siempre pensaba en esto, recordando el odio en el rostro de Wen Chan cuando
conoció a Zhoulan por primera vez. Su expresión reflejaba un profundo disgusto,
por lo que vomitó los fideos que estaba comiendo. Y más tarde, claramente volvió
a rechazarla.
Pero Zhoulan
creció con Liang Yanbei en Jinling y nunca había conocido a Wen Chan antes,
¿cuál era la razón?
Pero estas
manifestaciones de Wen Chan claramente no eran falsas.
Al mencionar a
Situ Zhoulan, el rostro de Wen Chan mostró un desprecio sin disimulo. Él
frunció los labios y dijo despacio:
—No puedo odiarte a ti ni a tu hijo. Pero
debo odiar a alguien ¿verdad?
No podía bendecir
sinceramente a esa familia.
—Además, ella tampoco es una buena persona —añadió.
Liang Yanbei no
pudo evitar reírse. Inclinó la cabeza para aplicarle el ungüento en el cuello.
—¿Por qué sigues diciendo que me casé con
ella?
—De verdad te casaste con ella, y no miento —respondió
Wen Chan con confianza.
—Vale, tienes razón, mi memoria me ha
fallado —bromeó Liang Yanbei— Me casé con ella y tuvimos un hijo. ¿Y cómo podría olvidarlo?
Wen Chan asintió
con la cabeza.
Liang Yanbei arqueó
una ceja y con los ojos brillando de risa preguntó:
—¿Por qué lloras ahora que estoy casado?
¿Tan triste estás?
Tras pensarlo, Wen
Chan dijo.
—Somos buenos amigos…
—¿Buenos amigos? —El
tono de Liang Yanbei era casual. Se untó ungüento el otro lado del cuello—
Y… ¿No deberías estar feliz si somos buenos amigos?
Tras preguntar un
rato sin escuchar la respuesta de Wen Chan, Liang Yanbei levantó la vista y
miró esos brillantes ojos.
Esa mirada era a
la vez concentrada y seria, lo que despertó la curiosidad de Liang Yanbei.
—¿Por qué me miras así?
En cuanto terminó
de hablar, Wen Chan se apresuró hacia adelante. Después de eso, una sensación
ardiente apareció en sus labios cuando Wen Chan los agarró con los dientes.
El corazón de
Liang Yanbei dio un vuelco, sus ojos se abrieron ligeramente sorprendidos. Su
nariz percibía el olor del ungüento, mezclado con el aroma del cuerpo de Wen
Chan, que caía sobre él con casi todo su peso y le envolvía las mejillas con
manos frías.
Wen Chan no lo
mordió con fuerza, solo mordió ligeramente el labio de Liang Yanbei y o chupó
brevemente, antes de extender la punta suave y caliente de su lengua para lamerlo
despacio, como si saboreara un caramelo. Con meticulosa paciencia.
Pero para Liang
Yanbei, resultó ser un tormento enorme. Miró las largas y gruesas pestañas de
Wen Chan, el rostro blanco y delicado de cerca, y sintió el sabor del vino de
ciruela y el cosquilleo en sus labios por el mordisco.
Cada detalle le
conmovía el corazón, ondas que se extendían de lo más profundo de su ser, expandiéndose
en círculos hasta surgir como un torrente violento, haciéndole hervir la
sangre.
Su respiración
empezó a acelerarse y tragó saliva impaciente.
Cuando Wen Chan
finalmente apretó los labios, no pudo evitar inhalar. Un dulce sabor se
extendió desde la punta de su lengua, descendiendo hasta su garganta y
envolviendo su corazón.
Cerró el ungüento que
sostenía, lo arrojó a un lado, con la intención de “explorar” más, pero Wen
Chan de repente soltó sus labios y apoyó la cabeza en su hombro.
En cuanto Liang
Yanbei igualó su respiración y su mente se despejó. Solo sintió un cosquilleo en
el cuello por el aliento cálido que exhalaba Wen Chan.
Lo ayudó a
incorporarse y vio que los ojos de Wen Chan estaban llenos de satisfacción y
somnolencia.
Liang Yanbei se
sintipo un poco molesto: «¿Mordiendo los labios de otra persona y ahora está
satisfecho? Qué poco apetito tiene…»
Liang Yanbei sintió
que necesitaba calmarse en ese momento, así que acostó cuidadosamente a Wen
Chan en la cama, cogió la palangana y se fue.
En cuanto salió de
la casa, a punto de verter agua, A-Fu se acercó apresuradamente con una
expresión de que estaba a punto de llorar.
—¿Qué puedo hacer? Joven maestro Liang, ¿no
lo encontraste?
Liang Yanbei se
había olvidado por completo de A-Fu. Se frotó la nariz, avergonzado, y dijo:
—No te preocupes, he encontrado al joven
maestro Wen. Le limpié las manos y los pies, le apliqué un ungüento para el
picor. Ya está dormido.
A-Fu suspiró
aliviado. Confiaba mucho en Liang Yanbei.
—¿Entonces puedo molestarle para que cuides
de mi amo esta noche? Necesito asegurarme de que Qinqi y Shuhua borrachos no
vomiten.
—Ve y no te preocupes, yo cuidaré de él —dijo
Liang Yanbei, siendo un hombre noble.
A-Fu ya estaba
cansado de correr de un lado a otro. Al oír esto, le dio las gracias y se fue
al pabellón a dormir.
Cuando Liang
Yanbei regresó, Wen Chan estaba dormido, acurrucado en una bola.
Se quedó frente a
la cama y miró largo y pensativo, luego desplegó una fina manta de brocado y
cubrió a Wen Chan. Tras apagar la vela, este noble hombre se tumbó en el sofá.
Glosario:
1.
Zhen:
朕 (zhèn): “Nosotros.”
la dirección de un emperador a sí mismo. Es un pronombre exclusivo para el gobernante
y es un delito capital que alguien más lo use. Recuerda que, en el contexto de
esta historia, Wen Chan fue emperador en su vida pasada.


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