Capítulo
16: Aprender a contar.
Lin
Shouyan preguntó a Qi Zhen:
—¿Te
comiste los fideos?
Qi
Zhen se quitó la túnica exterior.
—Mn.
—¿Estaba
rico?
—Mn.
—Qi Zhen se acercó—. No aprendiste muchas letras, pero corres a la cocina bien
rápido. ¿Quieres lavarte las manos y preparar un caldo para mí?
Lin
Shouyan negó con la cabeza.
—Todos
los días es caldo. Ya me cansé.
Qi
Zhen frunció ligeramente el ceño.
—¿En
tu casa no comías así?
Lin
Shouyan tardó dos segundos en reaccionar; al fin espabiló un poco y sonrió.
—Había
algunas diferencias. Yanyan no cocina; se queda al lado dando órdenes.
Qi
Zhen ya estaba calculando en su mente buscarle un cocinero de Jiangnan.
—¿Lo
preparaste con un escudo de hierro?
—Mn.
—Mañana
haré que te forjen una olla de hierro.
Lin
Shouyan sonrió.
«Eso
sí que sería bueno: podría probar platos nuevos.»
Qi
Zhen se quedó de pie junto a la cama, mirando su rostro suavizado por la luz de
la vela. Se inclinó y lo besó.
No
fue un roce ligero, sino un beso firme, cargado de deseo.
La
intención era clarísima.
Lin
Shouyan abrió un poco los ojos.
«No.»
«Hermano,
te he visto trabajando horas extras varios días. Te compartí un plato de fideos
por buena voluntad, para quedar bien. ¿Y ahora que estás lleno vienes a
desquitarte conmigo?»
Qi
Zhen alzó la voz:
—Xu
Fuquan.
Xu
Fuquan esperaba órdenes en la habitación exterior.
—Dile
a quienes vengan mañana a la puerta que, si hay algún problema, lo
solucionaremos pasado mañana.
Xu
Fuquan entendió al instante.
—Y
prepara más agua caliente.
—Sí
Alteza.
Lin
Shouyan abrió mucho los ojos.
«¿Qi
Zhen no trabajará mañana?»
«¿Planea
revolcarse conmigo hasta el amanecer?»
Retrocedió
un poco, con el corazón encogido.
—Taizi-gege…
¿no estás cansado?
Qi
Zhen lo alcanzó para besarlo. Su mano apretó su cintura y, con ese gesto, le
deshizo la ropa. Después de dormir juntos tanto tiempo, había perdido la buena
costumbre de dormir vestido.
—Comí
bien.
—Entonces…
—Así
que ahora voy a comerme a Yanyan.
El
corazón de Lin Shouyan tembló. Su línea de defensa retrocedió un poco. Pensó
que, cuando regresara, no tendría un compañero de cama de semejante calidad, y
no le apetecía rechazarlo. Por el bien de su trasero, murmuró:
—Entonces…
contrólate un poco.
Qi
Zhen bajó la cabeza y lo besó.
—Si
Yanyan consigue llamarme “esposo” cien veces mientras cuenta, entonces pararé.
«¡Pero
qué demonios…!»
El
susto de Lin Shouyan no fue pequeño.
«Con
razón ha visto diez terabytes de cosas… ¿también sabe jugar a esto?»
Lin
Shouyan sonrió con timidez. Estaba pensando que, cuando ya no pudiera más,
simplemente contaría más rápido… cuando de pronto se dio cuenta de un problema
gravísimo.
La
sonrisa se le congeló.
—Taizi-gege…
Yanyan solo sabe contar hasta treinta.
Qi
Zhen soltó una risa breve.
—Ah,
¿sí? Yanyan sabe lo que son ochenta y ocho mil monedas… ¿cómo podría saber contar
hasta treinta?
¡Lin
Shouyan lo juró por su dignidad masculina!
«¡Qi
Zhen, maldito perro, lo sabes perfectamente!»
«¡Esa
risa te delata!»
«¡Maldita
sea!»
«¡Mi
personaje de tonto me está arruinando la vida!»
Lin
Shouyan sentía que, como mínimo, había gritado más de quinientas veces “esposo”
y más de trescientas “marido”.
Cuando
Qi Zhen lo cargó hasta el barril de baño, ordenó con voz ronca que cambiaran
toda la ropa de cama. Incluso fue generoso y dejó que Xu Fuquan diera unas
monedas de recompensa a los de la lavandería.
Lin
Shouyan quería morirse ahí mismo.
«¿Recompensa?»
«¡¿Eso
qué significaba?!»
«¿Compasión
por lo duro que sería lavar esas sábanas?»
Furioso,
lo primero que dijo al día siguiente fue:
—Taizi-gege,
Yanyan ya no quiere estar contigo.
Envuelto
en la manta, con la cabeza gacha, no vio cómo Qi Zhen se quedaba pasmado dos
segundos, antes de que una sonrisa suave le llenara los ojos.
Qi
Zhen le dio un golpecito en la frente.
—Qué
bonito sueñas.
Lin
Shouyan bufó dos veces y decidió ignorarlo por completo.
Si
Lin Shouyan fuera solo “Lin Shouyan”, quizá Qi Zhen no podría manejarlo tan
fácilmente.
Pero
manejar a un tonto… era demasiado fácil.
Y
Lin Shouyan tenía que mantener su personaje.
Por
eso, cuando Qi Zhen entró con una preciosa linterna de conejo, Lin Shouyan no
tuvo más remedio que correr emocionado hacia él, dejarse abrazar y sentarse
juntos en el escritorio para escribir sobre la linterna.
El
pequeño tonto sabía muy pocas palabras, y recién aprendidas; su caligrafía era
fea. La mayoría las escribía Qi Zhen, dejando que él solo firmara al final.
—¿La
letra de Yanyan es muy fea?
—No.
Cuando yo recién aprendí, escribía peor que tú.
Lin
Shouyan se quedó sorprendido.
Aunque
él estaba torciendo la letra a propósito, escuchar esa respuesta le sacó una
sonrisa genuina.
Qi
Zhen dejó la linterna a un lado, lo sentó sobre sus piernas y, mano sobre mano,
le enseñó a escribir felicitaciones de Año Nuevo, diciéndole que practicara eso
estos días.
Lin
Shouyan escribió un rato y se cansó. Le pidió a Qi Zhen que le enseñara a
contar.
No
pensaba tropezar dos veces con el mismo hoyo.
Con
la espalda apoyada en el pecho de Qi Zhen, no podía ver la sonrisa que se
dibujaba en sus labios.
Qi
Zhen le enseñó un rato, guiándole la mano. Luego lo dejó practicar solo. Lin
Shouyan fingió concentrarse… hasta que su mano dejó de comportarse.
Giró
el pincel sin querer.
La
tinta salió disparada en un círculo perfecto, sin dejar supervivientes.
Lin
Shouyan, Qi Zhen y hasta un jarrón en la esquina quedaron marcados con una
línea de tinta.
Qi
Zhen bajó la mirada.
Lin
Shouyan sonrió como un tonto, dejó el pincel con sumisión.
«Un
accidente, un accidente.»
—¿Ya
aprendiste? —preguntó Qi Zhen.
—Ah…
creo que sí.
—Vamos
a comprobarlo.
—¿Eh?
La
mano de Qi Zhen se posó en sus piernas… Y las separó un poco.
El
cuerpo de Lin Shouyan se tensó de golpe.
Qi
Zhen murmuró en su oído:
—Cuenta
tú mismo.

Comentarios
Publicar un comentario
Deja tu opinión ❤️