Mad For Love 12

 

Capítulo 12: Demostrar los resultados del aprendizaje.

 

El profesor habló y habló, explicando un montón de cosas.

 

Qué palabras privadas no podían repetirse afuera, que lo más importante para una consorte era dar descendencia; como él no podía, debía esforzarse aún más…

 

El profesor terminó con la cara roja.

 

Él tampoco quería decir esas cosas, pero Su Alteza el Príncipe Heredero se lo había pedido. Y, según su experiencia de estos días, si no lo explicaba con absoluta claridad, ¡la consorte del príncipe no entendía nada!

 

Hasta Lin Shouyan, con su piel gruesa, terminó sonrojado también.

 

Deseaba terminar cuanto antes, repitiendo una y otra vez que ya había entendido. Pero el profesor no le creyó y lo obligó a recitarlo, torpe y tartamudeando, como si fueran preceptos.

 

Un hombre adulto, obligado a escuchar eso durante más de dos horas.

 

¿Y Lin Shouyan iba a tragarse semejante humillación sin más?

 

Tenía que mostrarle a Qi Zhen los “frutos de su aprendizaje”.

 

Por eso, en cuanto Qi Zhen regresó y entró en la habitación, el pequeño tonto se lanzó a sus brazos y le plantó un beso en la boca.

 

Qi Zhen ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.

—Taizi-gege, ¿ya volviste? ¿Estás cansado? La cocina ya preparó la cena. ¿Quieres cenar primero… o quieres comerte a Yanyan primero?

 

Qi Zhen: “…”

 

Xu Fuquan bajó la cabeza.

 

Las sirvientas en la puerta se pusieron rojas.

 

Qi Zhen estuvo a punto de arrojar a este consorte vergonzoso por la ventana. Las palabras de reprimenda estaban en la punta de la lengua… hasta que recordó lo que le había pedido al profesor de etiqueta el día anterior.

 

Le había dicho que enseñara al pequeño tonto el principio de “la esposa sigue al esposo”. Quizá el profesor se había pasado… y este era el resultado.

 

Aunque… no resultaba desagradable, el rostro de Qi Zhen se calentó.

 

No quería que sus subordinados pensaran que era un gobernante dominado por la belleza, así que no deseaba prolongar la escena.

 

A regañadientes, se contuvo.

 

Le entregó al pequeño tonto el juguete que había traído ese día, para distraerlo.

—Sirvan la comida.

 

Apenas lo dijo… El pequeño tonto le plantó otro beso en la mejilla.

—¡Taizi-gege! ¡Me encanta lo que me diste!

 

Qi Zhen: “…”

 

—¡Gracias, gege! ¡Gracias, gege! ¡Gege, un besito!

 

Qi Zhen perdió la paciencia. Le confiscó el juguete y lo advirtió: no habría nuevos juguetes en varios días, tampoco pastelitos, y el profesor de etiqueta sería despedido.

 

No más clases de protocolo.

 

Lin Shouyan casi se despertó riéndose en sueños.

 

Pero, por su papel de pequeño tonto, sin juguetes ni pastelitos solo pudo comer con expresión triste, como si estuviera sufriendo. Cuando terminó, se dejó caer en el diván bajo la ventana, jugando con las manos, desolado.

 

Las sirvientas y eunucos estaban en la habitación exterior.

 

Mientras Lin Shouyan mataba el tiempo, de pronto sintió que le ponían algo en la mano: el caballito de madera que Qi Zhen había traído.

 

Se quedó helado, mirando el juguete, luego a Qi Zhen, que lo observaba desde arriba.

 

Un signo de interrogación apareció lentamente en su rostro.

—¿El profesor no te dijo que solo cuando no haya nadie puedes acercarte a este príncipe?

 

El pequeño tonto se incorporó, apretando el caballito.

 

Qi Zhen continuó:

—Sé que quieres acercarte a mí, pero la etiqueta ancestral no puede romperse. Aunque seas hombre, eres mi consorte. ¿Qué pensaría la gente si se supiera?

 

—¿Gege no quiere que sea así?

 

Qi Zhen se atragantó.

 

Ese ataque directo… ¿cómo debía responder?

 

Si fuera otra persona, podría decir “no me gusta” y el otro entendería que era una mentira piadosa, sabría leer entre líneas.

 

Pero Lin Shouyan era un tonto y se lo tomaría al pie de la letra.

 

—Este príncipe no ha dicho eso.

 

El pequeño tonto sonrió radiante, se acercó y le dio un beso en la mejilla, murmurando:

—Gracias, gege.

 

Qi Zhen le acarició la cabeza, su mirada recorriendo ese rostro bonito, blanco y suave, con esos ojos húmedos y limpios.

 

Se inclinó y lo levantó en brazos.

 

Lin Shouyan, tomado por sorpresa, dejó caer el caballito sobre el diván.

—¿Taizi-gege?

 

La voz de Qi Zhen era pausada, profunda, cálida.

—Este príncipe ya terminó de cenar.

 

Lin Shouyan se puso rojo al instante, el corazón acelerándose de golpe.

 

****

 

Lin Shouyan fue despertado por su nodriza.

 

Él ya le había dicho antes que, cuando el príncipe se levantara a practicar espada, debía llamarlo. Tenía que verlo.

 

Demasiado guapo.

 

Cada mirada era una menos.

 

Lin Shouyan no podía perdérselo.

 

Solo se puso una gran capa, se sentó en el diván bajo la ventana, abrió una rendija y observó a Qi Zhen practicar espada a través de ella. Qi Zhen siempre era así: estricto consigo mismo, respetuoso de las normas del palacio. Probablemente toda su indulgencia la gastaba con él.

 

Cuando vio que Qi Zhen estaba por terminar, volvió a la cama para dormir un rato más antes de levantarse.

 

Qi Zhen entró después de practicar, se secó el sudor con un pañuelo y miró hacia la cama. Luego se inclinó, recogió el caballito que había caído la noche anterior y lo colocó en la mano de Lin Shouyan antes de salir.

 

Lin Shouyan dormía profundamente. Entre sueños, escuchó una voz:

—¿Pequeña belleza?

 

Luego la voz alarmada de Xu Fuquan:

—¡Joven maestro Zhou, no puede llamarlo así!

 

—¿Y por qué no? ¿Acaso Lin Shouyan no es hermoso? Que ustedes no se atrevan no significa que yo no me atreva. No crean que no sé que en privado también quieren llamarlo así.

 

—Joven maestro Zhou, eso es acusar injustamente.

 

—¿Todavía está dormido? Su Alteza me pidió que trajera un pollo asado de la Casa de Fragancias…

 

Después, las voces se volvieron confusas.

 

Lin Shouyan no escuchó bien. Medio dormido, se levantó, se vistió y salió corriendo.

—¡Joven maestro Zhou!

 

Zhou Xudong sonrió.

—¿Ya no me llamas “gege”?

 

—Taizi-gege no me deja.

 

Zhou Xudong volvió a reír, entregó el pollo asado a un sirviente y dijo:

—Su Alteza está ocupado hoy. Me pidió que te acompañara y que no te dejara correr por ahí.

 

Lin Shouyan frunció ligeramente el ceño.

 

¿Acaso Qi Zhen estaba moviendo fichas?

 

Si no, ¿por qué enviaría a alguien a vigilarlo?

 

Lin Shouyan pinchó al sistema.

 

El sistema le dio una respuesta afirmativa.

 

Qi Zhen había actuado contra el Quinto Príncipe.

 

Había revelado el asunto del hombre que compartía cama con el Emperador… y también con el Quinto Príncipe. En ese momento, en el gran salón, el Emperador estaba tan furioso que se levantó del trono y le dio una patada al Quinto Príncipe.

 

Lin Shouyan aplaudió por dentro.

«Demasiado espectacular.»

 

Lin Shouyan pensó que, después de semejante escándalo, Qi Zhen volvería muy tarde ese día. Pero, contra todo pronóstico, regresó incluso más temprano que de costumbre. Llegó antes del almuerzo y comieron juntos.

 

Zhou Xudong dijo:

—Hoy se portó muy bien. No salió corriendo, ni siquiera salió de la habitación. Cuando llegué, aún no se había levantado. Le enseñé a escribir, pero estaba perezoso, como sin energía.

 

En la comisura de los labios de Qi Zhen apareció una curva diminuta, que desapareció enseguida.

 

Lin Shouyan la vio.

 

Qi Zhen se estaba riendo.

 

Riéndose de que no aguantara nada.

 

Esa sonrisa era tan provocadora que Lin Shouyan, por primera vez, ignoró la belleza de Qi Zhen y sintió ganas de golpearlo.

 

Qi Zhen dijo:

—Este príncipe no tiene asuntos por la tarde. Yo le enseñaré a escribir.

 

La cara de Lin Shouyan se desplomó al instante.

 

Zhou Xudong soltó una carcajada.

—¡Mira, sí entendió!

 

El rostro de Lin Shouyan se oscureció aún más.

«¡No soy tan tonto!»

 

Qi Zhen lanzó a Zhou Xudong una mirada ligera, casi indiferente, y lo defendió:

—Lin Shouyan simplemente… no es tan listo.

 

Zhou Xudong se quedó helado, dejó de reír y miró a Qi Zhen con sorpresa, luego a Lin Shouyan.

«¿Su Alteza… lo estaba defendiendo?»

 

Antes, con solo mencionar su nombre, ya fruncía el ceño. ¿Y ahora lo defendía?

 

El corazón de Lin Shouyan dio un brinco. Le dedicó a Qi Zhen una sonrisa enorme y generosa, y hasta le dio media pieza de su pastel.

 

Zhou Xudong, fingiendo celos, dijo:

—Joven maestro Lin, al menos te acompañé medio día. ¿Por qué no me das a mí?

 

Lin Shouyan negó con la cabeza.

«No puedo tener una aventura contigo. Si te doy pastel, ¿quieres que Qi Zhen me mate?»

 

Zhou Xudong se llevó la mano al pecho, gritando que su corazón dolía.

 

Qi Zhen ni siquiera lo miró. Tocó la taza de Lin Shouyan y ordenó que le trajeran una caliente.

 

Zhou Xudong no se quedó mucho más y se marchó.

 

Qi Zhen realmente llevó a Lin Shouyan al escritorio para enseñarle a escribir y reconocer caracteres. Empezó por su nombre. La caligrafía de Qi Zhen era hermosa, firme y poderosa.

 

Lin Shouyan calculó que, si eso se subastara en el mundo moderno, valdría una buena suma.

 

Mientras pensaba en cuánto podría pedir, sintió la palma de Qi Zhen en la frente, empujándolo hacia atrás.

—¿Tan cerca crees que vas a aprender?

 

Luego, Qi Zhen le pasó la mano por la cintura, sin emoción.

—Siéntate bien.

 

Lin Shouyan enderezó la espalda de inmediato.

 

Ese cuerpo suyo, sin exagerar… Reconocía a su dueño.

 

Con solo un toque de Qi Zhen, sentía la electricidad corriendo sin rumbo por todo el cuerpo.

 

—Gege, no quiero escribir… —quería hacer otra cosa con él.

 

«Por ejemplo, quiero que te dediques a mí»

 

La voz de Qi Zhen se mantuvo estable.

 

—Pronto será Año Nuevo. Hay que escribir los farolillos. ¿Piensas escribir un monigote como en la tablilla de deseos del templo Qianshan?

 

Lin Shouyan quedó sin palabras.

 

«¡No escribí nada ¿de acuerdo?! ¡Las palabras que escribí, las hice a escondidas de Xu Fuquan!»

 

«Xu Fuquan ni siquiera las vio ¿Qué clase de rumores eran esos?»

 

Qi Zhen tomó su mano y la guio para sostener el pincel.

 

—Este príncipe te enseñará a escribir su nombre. Hoy aprenderás solo estos dos caracteres.

 

Levantó el pincel y, trazo por trazo, escribió en el papel:

子稷

 

(N.t= Ziji, es el nombre de cortesía de Qi Zhen)

El nombre de Qi Zhen, escrito de su puño y letra.



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