Capítulo 15. Malentendido.
Se oyó un ruido en
la orilla del lago Donghu. Varias mujeres de familias nobles con sus criadas
rodearon a la chica casi ahogada. Empujaron a Wen Chan hacia atrás, dejándolo
parado bajo un sauce llorón.
Una chica vestida
con un conjunto aguamarina se arrastraba en la cola. Toda su apariencia
demostraba una perfección innata. Sus delicadas cejas delgadas estaban
relajadas y sus ojos brillantes escudriñaban la multitud. Luego se quedaron clavados
en el rostro de Wen Chan.
En el momento en
que sus miradas se cruzaron, el corazón de Wen Chan latió violentamente. Miró
detenidamente las cejas, los ojos, la nariz y los labios de la chica. Y en su
mente resurgió la tarde polvorienta en la memoria, aquella tarde teñida de
sangre.
Qiao Yanqi.
En su vida
anterior, las puertas de la capital fueron derribadas por enemigos extranjeros.
En medio de la quema, el saqueo y la matanza, solo Qiao Yanqi, entre todas las
damas de la corte, se puso la armadura, empuñó una lanza y se unió a las filas
para defender el país.
La razón por la
que Wen Chan quería casarse con Qiao Yanqi como emperatriz era porque ella
amaba profundamente a Liang Yanbei.
Un día, agarró a
Wen Chan por el cuello y le dijo con expresión cruel:
—¿Crees que me quité el vestido colorido y
me puse la armadura de hierro para luchar fielmente en el campo de batalla?
¡No! Solo lo hice para estar hombro con hombro con Yanbei-gege. ¡Para
vivir y morir juntos!
Qiao Yanqi, que
aún estaba en la flor de la edad, era de una belleza incomparable. Sus hermosos
ojos parecían solo contener a Liang Yanbei. En su pequeño cuerpo latía un
corazón valiente e intrépido, y estaba dispuesta a renunciar a todo por amor.
Wen Chan la odió
con locura durante un tiempo. Todos en el campamento militar la elogiaban a
ella y a Liang Yanbei como una pareja perfecta, hechos el uno para el otro.
Cada vez que Qiao Yanqi escuchaba esos elogios, corría inmediatamente a imitar
a Liang Yanbei. La forma en que los dos reían y bromeaban, vista por Wen Chan,
le hacía enrojecer los ojos.
Más tarde, en una
batalla, Wen Chan, como refuerzo, llegó un paso tarde, Qiao Yanqi resultó
herida accidentalmente, recibió siete puñaladas, perdió dos piernas y la mano
izquierda. Una de las puñaladas le atravesó el delicado rostro, arruinando su
belleza.
Después de salvar
la vida a duras penas, Qiao Yanqi no soportaba su apariencia. Con el rostro
contorsionado por la rabia, le gritó a Wen Chan, deseando poder morderle la
garganta con sus afilados dientes. Wen Chan, consciente de su error, solo
guardó silencio frente a Qiao Yanqi, sin decir una sola palabra para consolarle.
Qiao Yanqi le laceró
la cabeza a Wen Chan en un arrebato de locura. Los ministros y generales
ancianos estaban furiosos. Todos ellos competían entre sí para exigir que fuera
condenada a muerte. Ni siquiera Liang Yanbei pudo detenerlos. Al final, Qiao
Yanqi le cortó la garganta con un trozo de cuenco de porcelana roto. En pocos
días, esa flor que florecía con una belleza incomparable se marchitó y murió
rápidamente.
Liang Yanbei
erigió su lápida en el lugar donde solía vivir y la enterró junto a Qiao
Xiangcheng, devolviendo la hoja caída a las raíces [1].
El incidente con
Qiao Yanqi fue una piedra pesada en el corazón de Wen Chan. Mucho después de su
muerte, Wen Chan fue atormentado por pesadillas, que no le permitían dormir con
normalidad.
—Joven maestro, ¿por qué me miras así? —Qiao
Yanqi ya se había acercado a Wen Chan. La mirada fija del hombre le pareció
poco diplomática, así que se lo señaló con disgusto.
Wen Chan volvió en
sí de inmediato y se sintió avergonzado. Él respondió rápidamente:
—Pensé que te había pasado algo. No quería
ofender, lo siento, señorita.
No se sabe si le
creyeron o no. Qiao Yanqi no respondió y se acercó al grupo de otras mujeres.
Tenía
aproximadamente la misma edad que Wen Chan, pero era una chica muy joven y ya
tenía un aspecto llamativo. Wen Chan al ver su espalda alejarse con gracia,
suspiró en secreto y pensó: «Afortunadamente, aún es demasiado pronto.»
Un grupo de
personas le puso un abrigo grueso a la doncella que se había caído al agua, la
consolaron y la cuidaron, todo en un caos. Qinqi y Shuhua también rescataron a
los dos sirvientes restantes que estaban en la orilla. Aunque los cuerpos de
los que practican artes marciales son fuertes, no pudieron soportar el frío
penetrante. Wen Chan vio que Qinqi y Shuhua tenían mala cara, así que
rápidamente pateó a A-Fu, que estaba medio muerto en el suelo, y se preparó
para irse.
Pero justo en ese
momento, no se sabía de qué familia, una muchacha con muy buena vista, con voz
aguda, preguntó:
—Ah Yun, ¿no perdiste tu pañuelo hace un
momento? ¿Cómo lo encontraste de nuevo?
Wen Chan, al oír
esto, se alegró enormemente. Al principio, le preocupaba que la persona que
había perdido el pañuelo le culpara por recogerlo. Pero ahora, aparentemente,
sus miedos resultaron ser trivialidades. Accidentalmente devolvió el pañuelo al
dueño, evitando problemas.
Mientras pensaba
esto, personas que no entendían de qué hablaban de repente giraron la cabeza
hacia Wen Chan. Rodeada de la multitud, la chica de la que goteaba el agua
también le miraba con una expresión inescrutable. Sus dedos apretaron el
pañuelo con fuerza.
Al notar que todos
le miraban, Wen Chan supo que era hora de explicarse. Abrió la boca y estaba a
punto de decir algo, pero fue interrumpido.
—¡Qué joven maestro tan depravado! ¡Qué cruel!
Wen Chan se quedó
atónito.
—¡¿Qué?!
—Dime, ¿cómo te llamas? ¿En dónde vives?
¿Quién es tu padre? —Otra chica bombardeaba con preguntas, lo
que confundió a Wen Chan.
Shuhua exprimió el
agua de su ropa. Al oír el tono autoritario, frunció el ceño.
—¿Por qué haces estas preguntas, señorita?
—Tu amo ha desacreditado el honor de A-Yun.
Obviamente, quiero saber de qué tipo de familia es para poder ir allí y
conseguir justicia por ella —Respondió la chica indignada.
Qinqi y Shuhua
giraron la mirada hacia Wen Chan al mismo tiempo, como preguntando: «Su Alteza, solo nos retiramos para salvar gente, ¿qué habéis
hecho otra vez?»
Wen Chan también
sentía curiosidad por lo que había hecho que se le miraba de forma tan extraña.
Dijo confundido:
—Señorita, no te aconsejo que me difames.
¿Cuándo desacredité el honor de esta señorita llamada A-Yun?
—¿Eres un cobarde que no se atreve a asumir
la responsabilidad? —La chica se agachó y, cogiendo el pañuelo
de brocado amarillo, lo levantó con confianza en el aire— ¿No robaste ese pañuelo? No es de extrañar que los sirvientes
enviados por A-Yun no lo encontraran. Resulta que estaba escondido en tu manga,
¡Hmph!
Wen Chan se
estremeció al oír el último sonido e involuntariamente, dio medio paso atrás.
Miró el pañuelo y a la chica mojada y objetó:
—¡Este pañuelo lo recogí yo! Originalmente
iba a entregarlo a las autoridades…
—¡No puedes salirte con la tuya con una
excusa! Sabías perfectamente que era el pañuelo de A-Yun, si no, ¿cómo se lo
habrías dado directamente en sus manos? Creo que te gusta, pero ¡no se te
ocurrió nada más y cometiste un acto tan atroz!
Esta chica alta y
grande, con voz aguda, tenía las cejas muy gruesas. Frunciendo el ceño, era un
demonio en persona. Su mirada feroz hacia Wen Chan le hizo pensar solo una
cosa: «Es una tigresa [2].»
—NO SABÍA QUE ESTA SEÑORITA ERA LA DUEÑA DEL
PAÑUELO. SE LA PASÉ PARA QUE SE SECARA EL AGUA DE LA CARA. ¡ME ACUSAS
INJUSTAMENTE! —exclamó Wen Chan en voz alta.
Esta vez sí que
pudo comprobar de primera mano la agudeza de la lengua de las mujeres.
—¡¿Dónde está la injusticia en eso?!
—¡Se nota que está inventando excusas!
—Realmente depravado. No conozco a ningún
joven maestro que haya hecho algo así.
—Es terrible…
Todas esas chicas
pusieron una cara de «no lo creo, no lo escucho, estás diciendo tonterías» de
manera prepotente, y Wen Chan se puso tan ansioso que le sudaba la nariz. De
repente, recordó que antes de recoger el pañuelo de brocado, A-Fu había estado
un rato en la lancha, y A-Fu definitivamente había visto el pañuelo.
Él fue
inmediatamente a patear a A-Fu.
—¡A-Fu! ¡Despierta rápido!
Shuhua dio un paso
adelante, cubriendo a Wen Chan, y dijo en voz baja.
—Queridas doncellas, mi señor acaba de
llegar al lago Donghu y ha salido inmediatamente a pasear. No vio a nadie más.
Podría haber recogido ese pañuelo en el barco. Creo que lo malinterpretaron
todo.
Había significado
en esas palabras. Al fin y al cabo, estas chicas realmente navegaban en un
barco, y la versión de que el pañuelo se dejó allí también es razonable. Las
chicas guardaron silencio, y la chica alta y grande sonrió sarcásticamente.
—¿Quién sabe? Naturalmente, te inclinarás
hacia el lado de tu amo.
Tras sus palabras,
las chicas dudaron de nuevo.
Wen Chan dejó de
gritar el nombre de A-Fu. Aunque A-Fu fuera testigo, rechazarían sus palabras
por la misma razón. Miró enfadado a la chica grosera y pensó: «¡Esta chica
claramente estaba entrando en conflicto a propósito!»
Como no habían
escuchado ninguna explicación, Wen Chan no quiso meterse más con esas
buscapleitos y respondió de forma grosera:
—Como dije, recogí este pañuelo, aunque no
lo creas. Me voy.
Señaló a Qinqi y
Shuhua con la mirada hacia el desconectado A-Fu. Estaban a punto de
escabullirse de allí, pero estaban rodeados por una banda de sirvientes. La voz
de Qiao Yanqi resonó desde atrás.
—No tengas prisa, joven maestro. Dime tu
nombre primero.
Estos sirvientes lucían
muy fuertes. Aunque no podían compararse con Qinqi y Shuhua en cuanto a
habilidades de combate, eran muchos. Wen Chan no necesitaba meterse en una
pelea con los plebeyos, así que se dio la vuelta, se quitó el colgante de jade
de las manos y se lo mostró a unas pocas damas nobles.
—Wen Chan, mi residencia es la corte
imperial, mi padre es el emperador actual —guardó el colgante y preguntó con desgana— Ahora, señoritas, ¿puedo irme?
Nadie esperaba que
la persona que salió del palacio con solo tres sirvientes fuera el príncipe
actual. Las chicas que hace un momento gritaban por justicia se quedaron
atónitas, y la mujer alta y robusta que más había maldecido a Wen Chan frunció
los labios y retrocedió unos pasos en silencio.
Después de que Wen
Chan revelara su identidad, la agitación en la orilla se calmó al instante.
Respiró hondo y se volvió hacia Qinqi y Shuhua.
—Nos vamos.
Esta vez, nadie se
atrevió a detenerlos, todos se retiraron humildemente. Wen Chan dejó el lago
Donghu con un regusto desagradable.
Al subir al
carruaje, se sintió indignado. Ya había encendido incienso antes de bañarse,
¿por qué volvió a meterse en líos al salir del palacio? ¿Es realmente una
maldición?
Al principio, todo
esto era de esperar, pero estas chicas le cubrieron de maldiciones, sin
entender qué era qué. Todos estaban incómodos.
Wen Chan se
recostó contra el suave cojín y agarró a A-Fu, que aún se desmayaba, por el
rabillo del ojo. La rabia hervía dentro de él, y lo empujó dándole una patada.
Aunque la patada no fue lo suficientemente fuerte para animarle, A-Fu abrió los
ojos y refunfuñó. Se levantó, miró a su alrededor y preguntó a Wen Chan.
—Su Alteza, ¿cómo hemos vuelto al carruaje?
Wen Chan se
enfureció aún más.
—Te he dado tantas patadas antes y no te has
despertado. ¿Estabas fingiendo?
A-Fu no lo negó.
Se rascó la cabeza tímidamente y dijo en voz baja:
—Su Alteza, no le des importancia a esta
ocasión. Estas chicas tienen dientes y bocas afiladas, como caníbales. ¿Cómo me
iba a atrever a levantarme?
—¡Qué bien te lo has montado! —Casi
salía humo de las fosas nasales de Wen Chan— Fingiendo
estar inconsciente ¡¿sabes que casi me comen esas chicas hace un momento?!
—¿Cómo se atreverían a comerte, Alteza? —murmuró
A-Fu.
—¿Para qué quiero a este inútil? —dijo
Wen Chan, abofeteando el sombrero de A Fu—
¡Vete a conducir el carruaje!
¡No quiero verte ahora!
A-Fu saltó
ágilmente del carruaje, luego miró dentro y dijo a Wen Chan.
—Su Alteza, le admiro inmensamente desde el
fondo de mi corazón. Aún no me atreví a recoger ese pañuelo de brocado y no
solo lo tomó usted, sino que también lo sacó delante de todos…
Con cada palabra
que pronunciaba, Wen Chan se volvía bestial.
—¡FUERA!
Agarró un abrigo
de piel suave y lo lanzó hacia A-Fu, pero este lo esquivó. Wen Chan recogió el abrigo
nuevamente y se tumbó sobre él, cubriéndose los párpados.
Cuanto más lo
pensaba, más enfadado se ponía. Era mejor no pensar en absoluto.
A-Fu, Qinqi y Shuhua
estaban apretados juntos, y sus ropas aún estaban húmedas. Después de sentarse
un rato, la ropa de A-Fu también se mojó. Hizo un puchero y se tocó la manga.
—¿A dónde vamos?
—Su Alteza dijo que tiene que pasar por la
tienda para comprar ropa nueva antes de ir al pabellón Heyue
—respondió Qinqi.
—¿Y por qué al pabellón Heyue? ¿No tenemos
que ir al palacio? —preguntó A-Fu, desconcertado. Cuando Wen
Chan había sufrido varios reveses en sus salidas anteriores, regresaba
inmediatamente al palacio sin detenerse.
—Quiere comer pollo estofado. La última vez
fue interrumpido y no comió con normalidad —suspiró
Qinqi y rezó sinceramente—
Que las bendiciones del cielo
recaigan sobre Su Alteza para que esta vez pruebe el pollo estofado sin
problemas.
—Qué así sea —dijo
A-Fu.
—Qué así sea —repitió
Shuhua tras él.
Glosario:
1.
落叶归根 (luòyè guīgēn) — arr. para regresar a la
tierra natal tras largas peregrinaciones.
2.
母老虎
(mǔlǎohǔ) también es un arreglo sobre una mujer enfadada y enfurecida.


Comentarios
Publicar un comentario
Deja tu opinión ❤️