Preceptor del Emperador Loto Negro 34

  

Capítulo 34: Se derrite en la boca.

 

Shen Qingzhuo se volvió. A la luz de la luna apareció la figura limpia y elegante del Preceptor Junior Pei y él lo saludó con cortesía impecable:

—Preceptor Pei.

 

—Joven maestro Shen, ¿qué hace aquí? —Pei Yanxi se detuvo, observándolo a través del resplandor plateado.

 

Shen Qingzhuo no estaba dispuesto a admitir que se había perdido, así que respondió con media verdad y media excusa:

—Acabo de ver a Su Majestad. Estaba por regresar.

 

Pei Yanxi miró alrededor, con una expresión de duda:

—Pero este no es el camino hacia el Pabellón Jiyue.

 

Shen Qingzhu: “…”

 

«¿Cómo es posible?»

 

«¿Por qué el Preceptor Junior Pei conoce mejor el camino de regreso al Pabellón Jiyue que yo?»

 

—Quizá estaba pensando en dos cosas a la vez y tomé un desvío sin darme cuenta —dijo Shen Qingzhuo, avanzando hacia él—. Es tarde. ¿Va a presentarse ante Su Majestad?

 

Pei Yanxi sonrió.

—El joven maestro Shen lo ha adivinado. Fui convocado para una audiencia.

 

—Entonces vayamos juntos. De pronto recordé que dejé algo en el Palacio Zichen —dijo Shen Qingzhuo, invitándolo con naturalidad—. Por favor, Preceptor Pei.

 

Otros se cuelan en banquetes; él se cuela en rutas.

 

La luna era un hilo de seda y los dos hombres, altos y esbeltos, caminaron lado a lado.

 

Tras unos pasos, Pei Yanxi rompió el silencio:

—He oído que hoy el joven maestro Shen registró los palacios. ¿Encontró alguna nueva pista?

 

—No —Shen Qingzhuo soltó un suspiro leve, con preocupación en la voz—. Su Majestad está muy molesto. Si este caso sigue estancado, temo que…

 

Ya habían pasado cinco días desde el asesinato. El palacio no podía permanecer cerrado para siempre. Con el tiempo, la posibilidad de que el culpable hubiera desaparecido aumentaba.

 

—Para ocultar al culpable tan bien, no puede tratarse de alguien común —analizó Pei Yanxi con calma—. Quizá el joven maestro Shen pasó por alto un lugar.

 

Las cejas de Shen Qingzhuo se movieron apenas.

—¿Acaso el Preceptor Pei se refiere al Palacio Changshou?

 

—En resumen, debe ser un lugar que ninguno de nosotros habría imaginado —respondió Pei Yanxi.

 

Shen Qingzhuo meditó un instante y, de pronto, preguntó: 

—Preceptor Pei, ¿está completamente seguro de que el caso de Pan Chong no tiene relación con el Palacio del Este?

 

Pei Yanxi se detuvo. Su voz se volvió solemne:

—Me atrevo a poner mi reputación en ello.

 

—Pero ¿ha considerado la posibilidad de que quizá… —la voz de Shen Qingzhuo flotó como una brisa suave—. quizá usted también esté siendo mantenido en la oscuridad?

 

Pei Yanxi lo miró de inmediato, con una expresión que decía más de lo que callaba.

 

—El Príncipe Heredero es un hombre de pensamientos profundos. Hay asuntos que ni siquiera el Preceptor Pei conoce del todo —dijo Shen Qingzhuo con un suspiro leve, aconsejando con sinceridad—. Si el emperador pregunta por esto esta noche, le ruego al Preceptor Pei que mida bien sus palabras.

 

Al oírlo, la mirada de Pei Yanxi cambió.

—¿El joven maestro Shen está… —su voz llevaba una rara chispa de alegría— preocupado por mí?

 

Shen Qingzhuo guardó silencio unos segundos antes de responder en voz baja:

—Digamos que sí.

 

Fuera porque Pei Yanxi había ayudado al Shen Qingzhuo original, o porque era una lástima que un talento tan brillante hubiera elegido al bando equivocado y estuviera destinado a un final triste… Shen Qingzhuo realmente deseaba que el Preceptor Pei sufriera menos por culpa del Palacio del Este.

 

Y si el Preceptor Pei podía convertirse en aliado de su pequeño aprendiz, mejor aún. Al fin y al cabo, él mismo no se quedaría para siempre. ¿Cómo podría un emperador gobernar un imperio sin buenos ministros? Su aprendiz necesitaría aliados, tantos como fuera posible.

 

El Palacio Zichen ya estaba frente a ellos cuando Pei Yanxi se inclinó:

—Sea cual sea mi elección, el favor que el joven maestro Shen me ha mostrado esta noche, lo recordaré.

 

Shen Qingzhuo devolvió la reverencia.

—El Preceptor Pei exagera.

 

—Lo que dije hace unos días también era sincero —añadió Pei Yanxi con una sonrisa suave—. Espero que el joven maestro Shen considere seriamente mi propuesta.

 

Shen Qingzhuo respondió con perfecta cortesía:

—El Preceptor Pei puede estar tranquilo. La consideraré seriamente.

 

Pei Yanxi asintió y subió los escalones de jade. Al verlo girar para marcharse, no pudo evitar recordarle:

—Joven maestro Shen, aún no ha recuperado lo que dejó en el Palacio Zichen.

 

La espalda de Shen Qingzhu se tensó: “…”

 

«Solo era un pretexto. ¿Por qué el Preceptor Pei tenía que tomárselo tan en serio?»

 

***

 

Según el plan, al día siguiente la Oficina de Pacificación del Norte difundió la noticia: la Guardia Imperial Élite había encontrado un cadáver femenino sin identificar en una cueva de la colina trasera del Jardín Imperial.

 

El calor del verano había hecho estragos. El cuerpo estaba tan devorado por serpientes, insectos y ratas que casi no quedaba forma humana. El rostro, en particular, estaba destruido por completo. Era imposible determinar si se trataba de la sirvienta que había asesinado al eunuco Pan Chong.

 

La investigación volvió a estancarse.

 

El preceptor solo pudo ordenar que conservaran el cadáver como fuera posible y anunció una recompensa generosa para quien pudiera identificarlo.

 

Pero, según decían, cualquiera que salía de ver el cuerpo… vomitaba hasta la bilis.

 

Ese día, Shen Qingzhuo estaba revisando otro expediente cuando un miembro de la Guardia Imperial Élite vino a informar que había otra sirvienta dispuesta a identificar el cuerpo.

 

—¿Oh? —Shen Qingzhuo dejó el expediente y mostró un leve interés—. Que pase.

 

—Señor comisionado —entró una sirvienta de más edad, que se inclinó con respeto ante el preceptor.

 

Shen Qingzhuo se levantó.

—Dices que puedes identificar el cadáver. ¿Qué relación tenías con Lümei?

 

—Majestad, cuando Lümei ingresó al palacio imperial, ella y esta esclava compartieron la misma habitación —respondió la sirvienta.

 

—Imagino que ya has oído que el cuerpo está gravemente dañado —Shen Qingzhuo caminó con las manos a la espalda—. ¿En qué te basas para reconocerla?

 

—El señor comisionado no lo sabe —la sirvienta reunió valor para levantar la cabeza—. Esta esclava vio accidentalmente el cuerpo de Lümei una vez. En la parte interna del muslo tenía un dibujo muy particular. Mientras esa zona no esté destruida, esta esclava puede identificarla.

 

Shen Qingzhuo frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué clase de dibujo? ¿Puedes reproducirlo?

 

La sirvienta dudó.

—Creo… que podría dibujarlo más o menos.

 

Shen Qingzhuo ordenó traer papel y tinta y le indicó que lo dibujara.

 

Un momento después, la sirvienta terminó, rascándose la cabeza con nervios. Un miembro de la Guardia Imperial Élite tomó el papel y se lo entregó al preceptor.

 

Shen Qingzhuo levantó la hoja bajo la luz del día y examinó el dibujo con atención. Parecía un símbolo solar muy abstracto, casi primitivo.

 

No podía sacar nada en claro. Guardó el papel y dijo:

—La piel del cadáver fue completamente devorada. No es necesario que vayas a identificarlo.

 

La sirvienta mostró una profunda decepción.

 

—Aun así, has aportado una pista valiosa —Shen Qingzhuo hizo un gesto a la Guardia Imperial Élite—. Denle una recompensa.

 

—¡Gracias por la recompensa, señor! —la mujer se arrodilló varias veces, emocionada.

 

Una vez que la retiraron, Shen Qingzhuo volvió a sacar el dibujo y lo estudió un rato. No había forma de deducir nada. Finalmente llamó a Kong Shang.

 

—Señor Kong, tú que has visto de todo… ¿has visto antes un símbolo parecido? —le entregó el papel.

 

Kong Shang abrió los ojos como platos. Lo giró, lo volvió a girar, lo miró de arriba abajo. Después de un buen rato, dijo con absoluta confusión:

—¿Esto es…?

 

—Parece que no lo sabes —Shen Qingzhuo suspiró, ligeramente decepcionado—. Debe ser un tótem solar. Un distintivo de identidad de Lümei.

 

Estaba seguro de que ese tatuaje tenía una relación directa con el origen real de la sirvienta.

 

—Señor comisionado, este subordinado podría preguntarle al señor Xue —propuso Kong Shang—. Él siempre fabrica objetos extraños. Quizá haya visto este símbolo.

 

Shen Qingzhuo lo pensó un instante y asintió:

—Bien. Lleva el dibujo y pregúntale.

 

Kong Shang aceptó de inmediato, pero cuando estaba por marcharse, Shen Qingzhuo lo detuvo.

 

—Es un asunto delicado. Debe mantenerse en secreto. Cuando preguntes al señor Xue, no menciones el contexto —ordenó Shen Qingzhuo con calma—. Cuanta menos gente conozca la clave, más seguro será.

 

—Sí, señor comisionado.

 

***

 

Por fin había un avance. Shen Qingzhuo no tenía prisa por obtener la respuesta. Tras terminar sus tareas del día, decidió volver al Pabellón Jiyue para descansar.

 

Caminó mientras pensaba, y sin darse cuenta llegó a la entrada del pabellón. Pero la puerta estaba abierta de par en par, y desde lejos se escuchaba un estruendo de golpes, “pi-li-pa-la”, como si estuvieran derribando el lugar.

 

Shen Qingzhuo se sobresaltó: «¿Hay ladrones en el Pabellón Jiyue?»

 

Aceleró el paso. Apenas cruzó la puerta, vio dos sombras negras en combate cerrado, moviéndose con velocidad extrema, intercambiando golpes sin tregua.

 

En medio del caos, Shen Qingzhuo reconoció a una de las figuras: su pequeño aprendiz.

 

Su corazón cayó de golpe.

—¡Guardián!

 

Pero la otra figura se detuvo de inmediato. Era el guardián secreto.

—Mi señor.

 

Y justo en ese instante, Xiao Shen lanzó un tajo directo a la espada del guardián.

 

Un sonido metálico resonó: La hoja se partió en dos.

 

—Has perdido —dijo Xiao Shen, guardando la espada con una sonrisa provocadora.

 

El guardia respondió con frialdad:

—Aprovechaste que estaba distraído.

 

—¡¿Qué dijiste?! —Xiao Shen se enfureció de nuevo. La hoja blanca volvió a cortar el aire con una fuerza que parecía capaz de partir una montaña.

 

El guardián secreto esquivó de lado y recibió dos golpes con las manos vacías.

 

Shen Qingzhuo tuvo que gritar:

—¡ALTO!

 

Pero los dos estaban cada vez más entusiasmados, sin intención alguna de detenerse. Shen Qingzhuo elevó la voz, esta vez con filo:

—¡XIAO SHEN!

 

El cuerpo del joven se estremeció. Guardó la espada de inmediato, en silencio absoluto. Pero al mismo tiempo, el puño del guardián secreto ya no alcanzó a detenerse.

 

Un golpe seco resonó: El puño chocó contra el hueso con un sonido contundente.

 

—¡AUUUU! —Xiao Shen soltó un alarido y se apresuró a acusar—. ¡SEÑOR! ¡ÉL ME GOLPEÓ!

 

El guardián secreto se quedó helado y retrocedió de inmediato.

 

El corazón de Shen Qingzhuo dio un vuelco. Se acercó rápidamente y vio cómo el pómulo del joven se inflamaba a simple vista, hinchándose como un melocotón golpeado.

 

—Hiss… —Xiao Shen tocó el pómulo con la mano y aspiró de dolor—. Señor… duele mucho…

 

—¡No lo toques! —Shen Qingzhuo estaba entre preocupado y exasperado—. ¿Así que sí sabes que duele? ¿Y por qué estabas molestando al guardián secreto?

 

—¡Él fue quien me molestó a mí! —el joven casi saltó del enojo—. Señor, pregúntele. Solo quería practicar un poco con él. ¿Lo lastimé acaso?

 

El guardián secreto bajó la cabeza.

—Señor…

 

—¿Practicar qué? Él es mi guardián secreto. ¿Crees que puede pelear en serio contigo? —Shen Qingzhuo le torció la oreja blanca y suave—. ¿Es que si no te golpean tres días, te subes al techo?

 

—¡Señor, está siendo parcial! —Xiao Shen ladeó la cabeza; era imposible saber si acercaba la oreja a la mano del preceptor a propósito o si intentaba escapar—. ¡Ay, ay, ay…!

 

Shen Qingzhuo lo arrastró de la oreja hacia el interior del pabellón.

—Habla menos. Entra.

 

Le dio una patada suave para hacerlo cruzar la puerta y luego se volvió hacia el guardián, que seguía de pie en el patio como una estatua.

 

—El Séptimo Príncipe es dado a las travesuras. ¿Y tú lo sigues en sus locuras? —preguntó Shen Qingzhuo con un tono que no era alto, pero sí muy claro.

 

El guardián secreto cayó de rodillas.

—Pido castigo del señor.

 

—¿Castigarte por qué? —Shen Qingzhuo bajó los escalones—. Vi que el séptimo príncipe maneja bien la espada. ¿Tú le enseñaste?

 

El guardián secreto negó con la cabeza.

—No.

 

—Entonces no hay problema. Levántate —dijo Shen Qingzhuo.

 

El guardián secreto obedeció y se puso de pie.

 

Shen Qingzhuo entornó los ojos y ordenó: 

—Si el Séptimo Príncipe vuelve a buscarte para practicar, no tienes por qué contenerte como hoy. Pelea en serio. Si sufre una derrota, no volverá a molestarte.

 

Al oírlo, el guardián secreto frunció el ceño sin que se notara demasiado.

 

Hoy no se había contenido a propósito. Aunque por su posición no podía usar fuerza letal como en una misión, tampoco había bajado la guardia frente a los ataques del príncipe. Si el preceptor no hubiera intervenido, el resultado aún sería incierto.

 

—¿Entiendes lo que digo? —insistió Shen Qingzhuo.

 

El guardián ya no dudó.

—Sí, mi señor.

 

No importaba la verdad: su deber era obedecer.

 

—Puedes retirarte a descansar —dijo Shen Qingzhuo con un gesto—. Esta noche no necesito protección. Con el Séptimo Príncipe aquí, no habrá peligro.

 

El guardián secreto abrió la boca, como si quisiera decir algo, pero la cerró enseguida. Luego desapareció en la oscuridad sin hacer ruido.

 

Shen Qingzhuo soltó un largo suspiro y regresó al interior del pabellón.

 

Al entrar, vio a su aprendiz tumbado boca abajo en la cama, con el trasero apuntando hacia él. Solo por los mechones de cabello levantados en la coronilla podía adivinar que el muchacho estaba tan hinchado de indignación como de dolor.

 

—¿Xiao Qi? —lo llamó con cautela.

 

Como era de esperar, no obtuvo respuesta.

 

—Xiao Qi, ¿ya estás dormido? —preguntó mientras se acercaba con pasos suaves.

 

El joven siguió inmóvil, como si fuera una escultura ofendida.

 

Shen Qingzhuo murmuró para sí:

—Parece que sí se durmió. Entonces ya no le duele la cara. Será mejor que vaya a ver si el guardián secreto está herido…

 

—¡Señor! —El muchacho saltó de la cama como un resorte. Con los dedos largos y delgados se apretó el pómulo hinchado—. ¡Míreme! ¡El herido soy yo!

 

El cachorro de lobo tenía la cara caída, los ojos alargados con las comisuras bajas y una expresión que mezclaba indignación y tristeza. En apenas unos minutos, la hinchazón rojiza se había vuelto azulada. Era una mezcla perfecta de patético y adorable.

 

Shen Qingzhuo apretó los labios rojos, haciendo un esfuerzo monumental por no reír y empeorar la situación.

 

Los dos se miraron por un momento, el preceptor Shen aclaró su garganta:

—¡Ejem! Está bien, ahora este preceptor te ayudará a resolverlo.

 

Xiao Shen frunció el ceño mientras se sentaba al borde de la cama, murmurando:

—Desde que apareció ese guardián secreto, el preceptor ya no me quiere, por una persona de origen desconocido, me ha regañado varias veces…

 

—¿Cuándo te ha regañado este preceptor? —Shen Qingzhuo abrió el botiquín y, al escuchar eso, respondió con desdén.

 

—¡Hmph! —Xiao Shen cruzó los brazos sobre el pecho, soltó un fuerte resoplido y comenzó a contar con los dedos cuántas veces había sido.

 

Shen Qingzhuo escuchó y se sonrojó.

—Eres un resentido, ¿cómo puedes recordar tan claramente algo tan insignificante?

 

—¿Es un asunto insignificante? —Xiao Shen levantó la cara y dijo palabra por palabra— Todo lo relacionado con el preceptor es de suma importancia para mí.

 

Shen Qingzhuo sintió un calor en el corazón y, sin poder evitarlo, dijo conmovido:

—Si pudieras considerar solo las bondades de este preceptor hacia ti como lo más importante, sería aún mejor.

 

Ahora finalmente entiende por qué el original murió de manera tan trágica. Su pequeño aprendiz debe tener un cuaderno de rencores en su corazón, anotando con claridad cada cosa que el original le hizo. Cuando llegue el momento, se lo devolverá cuchillada por cuchillada.

 

Los ojos oscuros se fijaron en él, y el joven respondió:

—¿Acaso usted me ha hecho algo malo, señor?

 

—Xiao Shen —Shen Qingzhuo sosteniendo el ungüento, se acercó y bromeó— Este preceptor, lo sostiene en la palma de la mano por miedo a que se caiga, y lo guarda en la boca por miedo a que se derrita.

 

Xiao Shen se animó y preguntó:

—¿Señor, realmente quiere tenerme en su boca?

 

Shen Qingzhuo: “…”

 

Xiao Shen preguntó activamente:

—¿Cómo quiere que contenerme, señor?

 

—Eso es una exageración, no lo tomes en serio —Shen Qingzhuo le dio un ligero golpe en la frente con resignación.

 

La luz en los ojos del joven se desvaneció rápidamente.

—Oh…

 

Shen Qingzhuo levantó el mentón de su pequeño aprendiz con la yema de los dedos, observando detenidamente las heridas en su rostro.

—Está bien, no es tan grave, solo necesita un poco de medicina.

 

El joven obedientemente permitió que el preceptor actuara, la yema de los dedos cálidos extendió el ungüento, frotándolo ardientemente en la piel, el dolor y la sensación de hormigueo llegaron juntos, y él no pudo evitar estremecerse por la estimulación.

 

—¿Te duele mucho? —Shen Qingzhuo detuvo ligeramente su dedo, y en sus ojos apareció involuntariamente una chispa de compasión.

 

Una carita tan bonita, si realmente se desfigurara, sería una verdadera lástima.

 

Pero no sabía que esos ojos de melocotón, medio embriagados, pero aún cariñosos, habían hechizado al joven tan profundamente que parecía ahogarse voluntariamente en su mirada.

 

—Señor… —Xiao Shen no pudo contenerse y lo llamó, levantando la cara como si algo la atrajera, acercándose poco a poco a ese rostro que aparecía en sus sueños cada noche.

 

—Ah, cierto —Shen Qingzhuo de repente pareció recordar algo, se enderezó de manera decidida y clara— Olvidé preguntarte… ¡¿Eh?!

 

El joven, con el cuello cada vez más largo, no pudo controlarse y, con la cabeza más pesada que los pies, se cayó de rodillas frente al preceptor con un “plop”.

 

Las manos, de manera instintiva, agarraron su dobladillo.

 

Entonces, con un “ras”, la versión delgada del uniforme rojo de pez volador, especialmente personalizada para el verano, se rasgó desde la cintura.

 

Shen Qingzhuo: “…”

 

—¡XIAO! ¡XIAO QI! —Una voz alta y clara salió del palacio, asustando a los pájaros que estaban posados en las ramas de los árboles afuera, haciéndolos volar.

 

El guardián secreto saltó del tejado con una velocidad asombrosa, abrió la ventana con destreza, pero vio a su preceptor de pie frente a la cama con la ropa hecha jirones, mientras que el Séptimo Príncipe estaba arrodillado ante él, sosteniendo dos trozos de tela.

 

El guardián secreto se quedó atónito en el acto.

 

La situación actual, evidentemente, ha superado su capacidad de comprensión.

 

El autor tiene algo que decir:

 

Guardián secreto: Como era de esperar, cuando no hay peligro, el Séptimo Príncipe es el mayor peligro.

 

Cachorro de lobo: Versión simple de “Desgarrando la ropa.mp4”

 

Señor comisionado Shen: ¡Págame mi uniforme de trabajo!


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