Preceptor del Emperador Loto Negro 31

  

Capítulo 31: ¡El preceptor es tan hermoso!

 

 

Algunos despertaron sobresaltados en mitad de un sueño; otros pasaron la noche en vela.

 

En el Palacio del Este, Xiao Yichen, vestido con su atuendo cotidiano, caminaba de un lado a otro, con el ceño fruncido y el ánimo inquieto.

 

El guardia encargado de la búsqueda entró en la sala; antes de que pudiera informar, el Príncipe Heredero preguntó con impaciencia:

—¿La encontraste o no?

 

—Soy un inútil, Alteza —el guardia inclinó la cabeza, avergonzado—. Esa sirvienta parece haberse evaporado del mundo. La he buscado por todas partes, sin resultado.

 

—¡INCONPETENTE! —Xiao Yichen sacudió la manga con furia—. SI ESTÁ VIVA, QUIERO VERLA; SI ESTÁ MUERTA, QUIERO SU CADÁVER. ¡ESA CULPA NO PIENSO CARGARLA YO!

 

—Su Alteza, por favor, calme su ira —El Preceptor Junior Pei, tan sereno como siempre, habló con mesura—. El palacio tiene zonas prohibidas y tras el incidente la vigilancia es aún más estricta. Si esa sirvienta sigue viva, debe de estar escondida en algún rincón del palacio. No puede haber escapado.

 

Xiao Yichen respondió con voz sombría:

—Eso solo demuestra que esa miserable tiene cómplices.

 

—Es evidente que alguien quiere incriminar al Palacio del Este —Pei Yanxi se levantó de su silla, aconsejando con voz templada—. En tiempos turbulentos, más que nunca, Su Alteza, debe conservar la calma.

 

Xiao Yichen inhaló profundamente, pero no pudo contenerse:

—¡MADRE IMPERIAL HA SIDO DEPUESTA Y AHORA QUIEREN COLGARME UN ASESINATO! ¿CÓMO PRETENDES QUE ME MANTENGA TRANQUILO?

 

—Alteza, responder con quietud es la mejor estrategia —la voz de Pei Yanxi era tan serena como el agua, capaz de apaciguar el ánimo—. No existe asesinato sin fisuras. El verdadero culpable siempre deja rastros.

 

Xiao Yichen regresó al asiento principal y masculló entre dientes:

—El problema es ese: el caso lo tomó la Guardia Imperial Élite. No tenemos forma de encontrar pistas. ¡La Oficina de Pacificación del Norte… otra vez Shen Qingzhuo!

 

Desde la cacería de primavera, Shen Qingzhuo había sido nombrado por el Emperador como comisionado de la Oficina de Pacificación del Norte y desde entonces el Palacio del Este no había tenido un solo día de paz.

 

Pei Yanxi vaciló un instante antes de hablar:

—Su Alteza, quizá el tercer joven maestro Shen no sea nuestro enemigo…

 

—¡Y TÚ TODAVÍA LO DEFIENDES! —Xiao Yichen lo fulminó con la mirada—. Desde que entró a la Oficina de Pacificación del Norte ¿qué ha hecho que nos favorezca?

 

—El joven maestro Shen cumple las órdenes de Su Majestad —respondió el Preceptor Junior Pei con calma—. Por ahora no parece que actúe deliberadamente contra el Palacio del Este.

 

Xiao Yichen se quedó sin palabras por un instante e irritado, replicó: 

—Preceptor Pei, él ya no es el Shen Qingzhuo desamparado que vivía en el Palacio del Este hace tres años. ¿Cuánto tiempo llevas sin hablar con él cara a cara?

 

Pei Yanxi guardó silencio un momento y luego cambió de tono:

—En sentido estricto, dentro de la Corte Imperial y del harén, el joven maestro Shen es el único verdaderamente neutral.

 

En la Corte Imperial y fuera de ella, las familias nobles, los linajes militares, los eruditos de origen humilde, los parientes de la Emperatriz, los eunucos… todas las facciones estaban entrelazadas. Solo Shen Qingzhuo tenía raíces poco profundas y, por ahora, no pertenecía a ningún bando.

 

Xiao Yichen frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir con eso, Preceptor Pei?

 

—Un hombre neutral puede ser utilizado por cualquiera —analizó Pei Yanxi con calma—. Detrás de Shen Qingzhuo está el ejército de Youbei; delante de él, Su Majestad. Las facciones que desean ganárselo son muchas más de las que imaginamos.

 

—No voy a refutar tus palabras —admitió Xiao Yichen.

 

El ejército de Youbei, bajo el mando del Rey Zhenbei, era una fuerza que incluso el Emperador miraba con recelo.

 

Pei Yanxi sonrió levemente:

—Si no podemos moverlo, ¿por qué no hacer que Shen Qingzhuo sea útil para el Palacio del Este?

 

Xiao Yichen guardó silencio unos instantes antes de suspirar:

—Preceptor Pei, ya no puedo verlo con claridad.

 

Si no podía verlo, no podía adivinarlo; si no podía adivinarlo, no podía controlarlo; y sin control, ¿cómo atreverse a confiarle responsabilidades?

 

Pei Yanxi juntó las manos en saludo:

—Su Alteza Príncipe Heredero, permita que este funcionario lo intente.

 

El Príncipe Heredero vaciló, su expresión cambiando varias veces, hasta que finalmente cedió:

—Si puedes hacer que él trabaje para mí, sería lo mejor.

 

—Haré todo lo que esté en mis manos —respondió Pei Yanxi con un asentimiento.

 

Xiao Yichen, ya más calmado, tomó un sorbo de té y preguntó:

—Preceptor, ¿quién crees que sea el verdadero culpable detrás de este caso?

 

—Sin pistas, no me atrevo a emitir un juicio —respondió Pei Yanxi, pensativo—. La Emperatriz Viuda, el Tercer Príncipe, el Quinto Príncipe, e incluso el Sexto y el Séptimo… cualquiera que codicie la posición del Palacio del Este podría ser el instigador.

 

—¿El Séptimo Príncipe? —Xiao Yichen habló con desdén—. Ese inútil… aunque le diera diez agallas, no se atrevería.

 

Pei Yanxi no comentó nada.

 

—Pero el Tercer Príncipe… ¡Humph! —Xiao Yichen soltó un bufido frío, su voz teñida de veneno—. ¿La concubina Xian cree que, tras derribar a la Emperatriz, podrá ocupar el Palacio Zichen? ¡Ilusa!

 

Ese Tercer Hermano Imperial, que aparentaba ser honesto y discreto, llevaba años robándole protagonismo de manera aparentemente casual, esforzándose por destacar ante el Emperador y observando con ojos de tigre la posición de Príncipe Heredero.

 

Si ese era el caso, entonces Xiao Hongyao sería el primero en caer.

 

***

 

Palacio de Changle.

 

Xiao Shen sostenía una fruta y entretenía al loro dentro de la jaula. El ave, de plumaje brillante y multicolor, picoteaba el fruto con su pequeño pico rojo.

 

Un joven eunuco entró a anunciar:

—Su Alteza Séptimo Príncipe, el joven maestro Qi solicita audiencia.

 

Xiao Shen alzó apenas las pestañas y respondió con languidez:

—Que pase.

 

Un momento después, Qi Xianlin irrumpió en el salón interior y, apenas verlo, exclamó a voz en cuello:

—¡Su Alteza, ha ocurrido un desastre!

 

Xiao Shen lo miró de reojo y señaló a los eunucos para que salieran y cerraran bien las puertas. Solo entonces contestó con calma:

—¿Qué clase de desastre puede poner tan nervioso a mi estimado primo?

 

Qi Xianlin avanzó a grandes pasos.

—¿Todavía tienes ánimo para jugar con un pájaro? ¡Pan Chong ha muerto!

 

El movimiento de Xiao Shen se detuvo. Giró la cabeza, sorprendido:

—¿Pan Chong ha muerto? ¿Cuándo ocurrió?

 

—Hace apenas dos días —respondió Qi Xianlin, exaltado—. Murió en su propia habitación, quemado hasta quedar hecho carbón por un incendio.

 

—¿Qué…? —Xiao Shen aspiró hondo—. ¿Quién se atrevería a algo así?

 

Qi Xianlin miró alrededor de manera instintiva y bajó la voz:

—La Guardia Imperial Élite ha sellado toda la información, pero escuché algunos rumores. El fuego lo provocó la sirvienta del Palacio del Este.

 

—Eso… —Xiao Shen abrió los ojos, aún más sorprendido—. ¿Cómo es posible? ¿Esa sirvienta no fue entregada por ti…?

 

—¡Shh! —Qi Xianlin lo interrumpió de inmediato—. ¡No podemos decir eso ahora!

 

—Esto será un problema —Xiao Shen arrojó la fruta y adoptó un tono serio—. Pan Chong era el hijo adoptivo del eunuco Su, además el jefe de Dongchang. Que una simple sirvienta lo haya matado… Padre Imperial, enfurecido, ordenará a la Oficina de Pacificación del Norte investigar a fondo. Si la Guardia Imperial Élite descubre que esa sirvienta llegó a Pan Chong por tu mano…

 

Qi Xianlin, ya inquieto, había venido buscando consuelo. Al escuchar eso, se puso aún más nervioso, como una hormiga sobre brasas:

—¿Entonces qué hago? ¡Esto no tiene nada que ver conmigo! Solo le hice a Pan Chong un favor sin importancia. ¿Cómo iba a saber que terminaría en un asesinato?

 

Xiao Shen escuchó y en sus ojos apareció un destello de burla.

 

Ese primo suyo, con quien apenas tenía relación, era el ejemplo perfecto de un “almohadón bordado lleno de paja”: apariencia vistosa, sustancia nula. Amparado por el apellido Qi y la protección de la Emperatriz Viuda, había obtenido el cargo de comandante de la Guardia Imperial y se paseaba por el Palacio Imperial como si fuera su dueño.

 

La Guardia Imperial del Gran Yong se dividía en tres grandes batallones encargados de proteger la capital y en la guardia personal que custodiaba la Ciudad Imperial. Durante el reinado del Emperador anterior, la Guardia Imperial gozaba de plena confianza y llegó a concentrar un poder inmenso.

 

Hasta que el Emperador actual ascendió al trono y descubrió que la familia Qi ya se había infiltrado profundamente en la Guardia Imperial. Entonces decidió vaciar poco a poco la autoridad de la Guardia de la Ciudad Imperial, separó a la Guardia Imperial Élite como fuerza independiente y repartió el poder entre Dongchang y la propia Guardia Imperial Élite. Desde ese momento, la Guardia Imperial se convirtió en un cargo nominal, un lugar perfecto para que los jóvenes de familias nobles se dedicaran a holgazanear y esperar la muerte.

 

Pero, en los ojos de Xiao Shen, en ese preciso instante, aquel grupo de inútiles tenía por fin otro tipo de utilidad.

 

En aquel entonces, él había ordenado a Pan Dongsheng que, abiertamente y en secreto, insinuara cosas a Qi Xianlin; luego lo había empujado con un par de comentarios “casuales”. Qi Xianlin, con la cabeza nublada, terminó metiéndose en el asunto y colaboró con el eunuco Pan para meter a la sirvienta del Palacio del Este en un saco y enviarla a la cama de Pan Chong.

 

Por supuesto, ese idiota aún no sabía que la sirvienta dentro del saco había sido sustituida por él mismo.

 

—¡Claro que esto no tiene nada que ver contigo! —declaró Xiao Shen con rectitud fingida—. Solo ayudaste al eunuco Pan con un pequeño favor. ¿Cómo ibas a saber que esa sirvienta quería la muerte de Pan Chong?

 

—¡Sí, sí! —Qi Xianlin asintió repetidamente—. ¡Esto no tiene nada que ver conmigo!

 

—Pero… —Xiao Shen cambió el tono, fingiendo duda—. Pero si la Guardia Imperial Élite realmente rastrea todo hasta ti y concluye que estás implicado en el asesinato, entonces…

 

—¿Y… y qué hago entonces? —Qi Xianlin agarró el brazo del Séptimo Príncipe, desesperado—. Primo, ¡tienes que testificar por mí llegado el momento!

 

—Primero, cálmate —Xiao Shen le sostuvo el hombro con una sola mano—. Para empezar, solo tú, yo y el eunuco Pan Dong Sheng sabemos de esto. Mientras ninguno lo diga, la Guardia Imperial Élite jamás podrá relacionarte con el caso.

 

—¿Pan… Pan Dong Sheng realmente no me delatará? —preguntó Qi Xianlin, inseguro.

 

Xiao Shen lo miró con aire tranquilizador.

—Además, ¿no tienes a la Emperatriz Viuda detrás de ti? La Abuela Imperial te protegerá.

 

—La Emperatriz Viuda… ay… —Qi Xianlin soltó un largo suspiro—. Ella siempre ha detestado que los jóvenes provoquen problemas. La muerte de Pan Chong no es poca cosa. Si… si ella decide que no puede protegerme… no sé, no sé…

 

Xiao Shen lo comprendió y se dio un golpe en el pecho, asegurando:

—Déjame encargarme de esto, primo. Yo lo resolveré.

 

—¿Cómo piensa Su Alteza Séptimo Príncipe resolverlo? —preguntó Qi Xianlin con ansiedad.

 

—Los hombres mueren por riqueza, los pájaros por comida; con dinero, hasta los fantasmas obedecen —Xiao Shen volvió a alimentar al loro—. ¿No estamos hablando solo del eunuco Pan Dong Sheng? Ya pensaré en cómo hacer que mantenga la boca cerrada.

 

Pareció que aquellas palabras iluminaron a Qi Xianlin, quien murmuró con vacilación:

—Entonces… quizá podríamos simplemente… —Hizo un gesto de cortar el cuello.

 

Solo la boca de un muerto permanece cerrada para siempre.

 

Xiao Shen lo miró de reojo y negó con la cabeza:

—Pan Chong acaba de morir. Pan Dong Sheng es el único testigo. Si ahora te arriesgas a matarlo, solo levantarás sospechas y alertarás a todos.

 

—También es verdad… —Qi Xianlin frunció el ceño, angustiado—. El nuevo comisionado de la Oficina de Pacificación del Norte… ¡un momento!

 

Qi Xianlin dio una palmada:

—El comisionado de la Oficina de Pacificación del Norte, Shen Jun Nuo… ¿no es el Preceptor Imperial de Su Alteza?

 

Xiao Shen respondió sin cambiar el semblante:

—Así es. Por eso, si la Oficina de Pacificación del Norte hace algún movimiento, buscaré la manera de avisarte.

 

—¡Entonces todo dependerá de Su Alteza! —Qi Xianlin, por fin tranquilo, dejó que su mente volviera a divagar—. ¿Y este pájaro suyo? ¿Ya habla como la gente?

 

—Un animalito sin entendimiento… enseñarle no es tan fácil —Xiao Shen jugueteó con las plumas de la cola del loro, aburrido—. Ya que has venido desde tan lejos, toma una taza de té antes de marcharte.

 

—Después de tanto hablar, sí que tengo sed —dijo Qi Xianlin, dejándose caer en la silla sin el menor recato.

 

Xiao Shen alzó la voz:

—¡Que alguien venga!

 

Una sirvienta que aguardaba fuera de la sala entró con paso delicado y se inclinó con gracia:

—Su Alteza. Joven maestro Qi.

 

Qi Xianlin la miró sin intención alguna de disimular. Sus ojos se iluminaron de inmediato y la expresión descarada que se le clavó en el rostro dejaba claro lo que estaba pensando.

 

Xiao Shen torció ligeramente los labios y preguntó con indiferencia.

—¿Qué pasa, primo? ¿Te ha gustado esta pequeña sirvienta?

 

La sirvienta, al oírlo, levantó sus ojos almendrados con timidez hacia el comandante Qi. Su rostro bello y frágil tenía una suavidad que despertaba compasión.

 

Qi Xianlin soltó una risita y respondió:

—En el palacio de Su Alteza el Séptimo Príncipe, escondida una belleza así…

 

—Sí, es muy bonita —Xiao Shen la observó como si fuera la primera vez que la veía y luego hizo un gesto despreocupado con la mano—. Si te gusta, llévatela para que te sirva.

 

—Esto… —Qi Xianlin fingió modestia—. Un caballero no arrebata lo que otro aprecia. ¿Cómo podría hacerlo?

 

—Mi primo y yo somos como una sola familia. No distinguimos entre lo tuyo y lo mío —Xiao Shen señaló a la sirvienta—. ¿Quieres ir a servir al comandante Qi? Decide tú misma.

 

La sirvienta frunció las cejas con delicadeza. Tras pensarlo un instante, volvió a inclinarse:

—Servir al comandante Qi sería una fortuna para esta humilde esclava.

 

Qi Xianlin soltó una carcajada satisfecha:

—¡Bien! ¡Muy bien!

 

La sonrisa triunfal en su rostro mostraba que ya había olvidado por completo la lección que dejó la muerte de Pan Chong.

 

Xiao Shen también sonrió, aunque en el fondo oscuro de sus ojos solo había una fría indiferencia.

 

***

 

Apenas despidió a su primo y regresó a la estancia interior, la voz de un eunuco resonó desde fuera:

—¡Su Alteza, el joven maestro Shen ha llegado!

 

Xiao Shen se estremeció de pies a cabeza y, acto seguido, avanzó con pasos casi saltarines para recibirlo.

 

—Qué raro… —comentó Shen Qingzhuo al entrar, con un leve gesto de extrañeza— ¿Desde cuándo tus eunucos anuncian mi llegada? Normalmente entro al Palacio Changle como si fuera tierra de nadie.

 

Xiao Shen mantuvo el rostro impasible y soltó una excusa al vuelo:

—Quién sabe. Tal vez quieren demostrar que no son unos inútiles que no hacen nada.

 

—Suena razonable —Shen Qingzhuo sonrió, sin darle más vueltas al asunto. Luego extendió la mano para medir la altura de su pequeño aprendiz— Xiao Qi, creo que ya eres más alto que este preceptor.

 

Los ojos de Xiao Shen se abrieron de par en par, llenos de alegría:

—¿De verdad?

 

—Yo diría que sí… ¡ah! —exclamó Shen Qingzhuo cuando el muchacho lo rodeó por la cintura y lo levantó del suelo, girando con él en brazos.

 

—¡Soy más alto que el preceptor! ¡Ahora puedo protegerlo! —El joven lo bajó enseguida, pero seguía restregando la nariz contra su cuello, emocionado como un cachorro.

 

—¿Tienes energía de sobra y no sabes dónde ponerla? —Shen Qingzhuo, entre divertido y resignado, le dio unas palmadas para apartarlo— Quédate quieto. Este preceptor tiene algo que decirte.

 

—¿Eh? —Xiao Shen se enderezó de inmediato— ¿Qué quiere decirme el señor?

 

Shen Qingzhuo acomodó su ropa y habló con serenidad:

—El caso de Pan Chong ha tenido nuevos avances. Tu hermano, el Príncipe Heredero, ya no puede mantenerse tranquilo en su asiento del Palacio del Este. Quiere reclutarme.

 

—¿Qué tontería es esa? —Xiao Shen frunció el ceño con rapidez—. ¿Se golpeó la cabeza?

 

—¡Pffff! —Shen Qingzhuo casi soltó una carcajada— No te equivocas. Su cabeza, efectivamente, parece haber sido pateada por un burro.

 

Xiao Shen apretó los labios y preguntó con urgencia:

—El señor no aceptó ¿verdad?

 

—Aunque fingiera someterme al Palacio del Este, el Príncipe Heredero jamás confiaría de verdad en mí —respondió Shen Qingzhuo, moviendo la mano con despreocupación—. Pero tampoco lo rechacé. Ahora lo que toca es jugar una guerra psicológica.

 

Al fin y al cabo, quien vino a persuadirlo fue el Preceptor Junior Pei. Ambos se tantearon durante un buen rato, cada uno ocultando sus cartas, sin lograr arrancar de la otra parte información útil.

 

Por eso, Shen Qingzhuo le dio una respuesta ambigua: podía interpretarse de una manera… o de la contraria.

 

Pero Xiao Shen no parecía entenderlo del todo; su ceño se fruncía cada vez más.

 

—¿Qué quiere hacer el señor?

 

—Si no entras en la guarida del tigre, no puedes atrapar a sus cachorros —Shen Qingzhuo avanzó unos pasos hacia el interior del salón, su voz tornándose fría—. Este preceptor quiere enviar al Príncipe Heredero a reunirse con su madre depuesta, para que disfruten juntos de la armonía familiar.

 

Apenas terminó de hablar, los ojos de Xiao Shen se entornaron y una densa y sangrienta intención asesina brotó en su mirada.

 

El preceptor y él… pensaban exactamente lo mismo.

 

Pero él no quería que su preceptor se expusiera a ningún peligro.

 

—¡Preceptor! ¡Preceptor! —De pronto, una voz aguda resonó en el aire, imitando con claridad.

 

Shen Qingzhuo se sobresaltó y buscó la fuente del sonido.

—¿Eh? ¿De dónde sacaste este loro?

 

—La Emperatriz Viuda me lo regaló —Xiao Shen apagó de inmediato la ferocidad que le hervía en los ojos—. Dijo que tener un loro me serviría para entretenerme… aunque seguramente espera que me distraiga y me vuelva inútil.

 

—Ya que hablamos de la Emperatriz Viuda… deberías dejar de ir tan seguido a su palacio —recordó Shen Qingzhuo, pensando en la relación entre la familia Qi y el caso de Pan Chong.

 

—Está bien —respondió Xiao Shen, con un leve sobresalto. Caminó hacia la jaula y cambió de tema—. Pero es extraño. Llevo días con este loro y no importa cuánto intento enseñarle, no aprende. Hoy, al verte, decidió hablar.

 

Shen Qingzhuo soltó una risa suave.

—¿De verdad?

 

—¡De verdad! —Xiao Shen acarició al loro con interés—. A ver, di algo más.

 

Pero el loro cerró el pico con firmeza, como si no quisiera prestarle atención.

 

Shen Qingzhuo también se acercó:

—Hace un momento me llamó “Preceptor”. Quizá lo estás enseñando mal. Ten paciencia.

 

—¡Preceptor! ¡Preceptor! —apenas terminó de hablar, el loro volvió a gritar—. ¡El preceptor es tan hermoso!

 

—¿Mn? —Shen Qingzhuo no pudo evitar reírse— Xiao Qi, ya no necesitas enseñarle nada. Este loro habla perfectamente.

 

Las comisuras de los labios se levantaron involuntariamente, y el tono del joven llevaba un poco de orgullo genuino:

—Mire, incluso este loro tonto sabe lo hermoso que es mi preceptor.

 

Shen Qingzhuo chasqueó suavemente la lengua y, sonriendo, bromeó:

—Realmente, como el dueño, así es el loro. El loro que cuida Xiao Qi es tan dulce como él.

 

El loro, como si hubiera recibido un estímulo, movió su cabeza roja y se animó más:

—¡Preceptor, qué hermoso! ¡Preceptor, es increíble! ¡Ngh…! ¡Se siente tan rico!

 

El último “Ngh” se alargó en tono y el leve temblor del final sonaba de una manera… indescriptible…

 

¿Cómo la sensación de clímax?

 

La comisura de los labios del joven aprendiz se congeló de repente.

 

Xiao Shen: ¡…!

 

Shen Qingzhuo: ¿…?

 

El autor tiene algo que decir:

 

Xiao Qi: ¡Señor! ¡Déjame explicarte! ¡No es lo que piensas!

 

Preceptor: ¿Qué es lo que pienso…?

 

¡Gran espectáculo de desastre del cachorro de lobo, jajajaja!


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