RT 217

    

Capítulo 217: Regreso a Jiangnan.

La boda será en Wang Cheng.

 

Diez días después, el gran ejército del Gran Chu levantó el campamento y, bajo el liderazgo del general He, salió de Yumen en el noroeste, en dirección a Wang Cheng. Yang Qingfeng también los acompañaba. Por el camino, los aldeanos se apresuraban y se alineaban para darles la bienvenida; cada vez que pasaban por un pueblo o ciudad, el campo estaba lleno de cantos alegres. La guerra había terminado, y lo que quedaba era solo paz y felicidad sin fin. Solo restaba que llegara una lluvia primaveral, que haría crecer el pasto abundante en los prados y reabrir las rutas comerciales, y aquel gran desierto que había sido devorado por la guerra volvería a llenarse de vida y vigor.

 

En el salón de caridad, la anciana manca estaba sentada en el techo, tomando el sol. Su cabello y ropa estaban limpios y ordenados, y su mirada era tranquila.

 

No muy lejos, en el camino oficial, un carruaje espacioso avanzaba a velocidad; quien lo conducía era Ah Liu, y Xiao Lan montaba su caballo Feisha Hongjiao siguiéndolo de cerca. Detrás de él venía otro caballo de guerra, fuerte pero delgado y completamente dorado, el mismo Qilin dorado que se había perdido antes: después de la muerte de Huda Khan ese día, se asustó y huyó hacia las profundidades del desierto. Por suerte, Xiao Lan fue tres veces después de la batalla a buscarlo hasta traerlo de vuelta.

 

Dentro del carruaje, Lu Zhui se recostaba perezosamente en un diván blando leyendo un libro de poesía, con té aromático y pasteles de ocho tesoros a su lado y un calentador a sus pies, tal como Xiao Lan había dicho, lo cuidaron con algodón y todo era suave, hasta el aire tenía un toque dulce.

 

En el horizonte azul del cielo, unas pocas nubes blancas eran altas y ligeras, estirándose suavemente con el viento.

 

Mientras más hacia el sur avanzaban, más cálido se volvía el clima; cruzaron montañas y el río Baihe, y al elevar la vista se encontraron con la región de Jiangnan, donde la lluvia fina era constante y el agua estaba entretejida como una red. Era principios de verano, la vegetación era intensa y todo rebosaba de vida.

 

En la ciudad de Yangzhi, Tao Yu’er estaba tendiendo la ropa en el patio, cuando de repente escuchó a Yue Dadao gritar sorprendida afuera y suspiró quejándose:

—¡Jovencita! Te lo he dicho tantas veces, no puedes asustarme de esta manera todo el tiempo. ¿Qué fue lo que viste ahora?

 

—¡Ah Liu! ¡es Ah Liu, y el joven maestro y los demás han vuelto! —Yue Dadao se puso de puntillas y agitando un pañuelo vigorosamente, queriendo correr hacia ellos, pero luego sintió que su ropa seguía siendo vieja, así que corrió de nuevo al patio y preguntó— Señora, ¿Me veo linda con este atuendo?

 

—Muy linda, ¿de verdad han vuelto Lan’er y los demás? —Tao Yu’er, al escucharla, también se llenó de alegría, dejando el recipiente de madera tirado en el suelo, sin siquiera limpiar sus manos, salió corriendo afuera, pero desde la puerta ya se escuchaban risas.

 

Lu Zhui desmontó rápidamente del caballo y gritó:

—¡SEÑORA!

 

Tao Yu’er se apresuró a responder, viendo cómo entraba tomado de la mano con Xiao Lan y detrás de ellos Ah Liu y Lu Wuming, los cuatro, aunque un poco polvorientos, tenían sonrisas en el rostro. Yue Dadao no pudo contener la alegría en su corazón, dejando de lado toda la timidez y reserva que había aprendido y saltó como un pajarito al abrazo de Ah Liu, provocando la risa de todos.

 

Xiao Lan se adelantó y saludó:

—Madre.

 

—Por fin han regresado —Tao Yu’er le tomó la mano— ¿Ganaron la batalla?

 

—Sí —Xiao Lan asintió— El ejército del Gran Chu obtuvo una victoria total, la frontera noroeste ha recuperado la tranquilidad, hemos venido a por ti para llevarte a Wang Cheng.

 

—Qué bueno que ganaron, qué bueno que no se han herido —Tao Yu’er también llamó a Lu Zhui, sonriendo— No se queden en el patio, entren a la casa a descansar. Por la noche haremos que la taberna Tianxiang mande una mesa de comida y celebraremos la bienvenida aquí en casa.

 

Lu Zhui respondió con un asentimiento y regresó al alojamiento junto a Xiao Lan. Aunque el dormitorio no había sido ocupado por más de un año, Tao Yu’er y Yue Dadao lo limpiaban todos los días, así que estaba bastante limpio y fresco. Incluso el tarro de té contenía brotes tiernos de Meishan recién recolectados de este año; al verter agua hirviendo en la tetera de arcilla púrpura, toda la habitación se llenaba de una fragancia.

 

Más tarde, Tie Heng, al oír la noticia, también fue a visitarlos acompañado de Tie Yanyan. No solo trajeron vino y delicadezas, sino que también vinieron con el cocinero de su casa, mostrando gran sinceridad de invitado. Esa velada fue disfrutada tanto por los anfitriones como por los invitados y hasta muy tarde en la noche cada uno se retiró. Lu Zhui, con una leve embriaguez, fue llevado de vuelta al dormitorio por Xiao Lan, quien lo miraba con una amplia sonrisa.

 

—¿Te volviste loco? —Xiao Lan le pellizcó la nariz juguetonamente.

 

Lu Zhui se apoyó en la pared de la bañera, con las mejillas sonrojadas, y suspiró:

—El tiempo pasa realmente rápido.

 

—Sí —Xiao Lan le alisó el cabello mojado— Contarte esas historias inventadas en la tumba Mingyue parece que fue ayer, pero en un parpadeo, ya te he llevado de verdad al desierto del noroeste.

 

Lu Zhui rodeó su cuello con los brazos:

—En el futuro iremos a más lugares.

 

—Puedes ir adonde quieras en el futuro, pero hay una cosa que debe ser lo primero. Solo cuando lo hagamos podré estar tranquilo —dijo Xiao Lan.

 

—¿Abrir la tumba Mingyue? —preguntó Lu Zhui.

 

Xiao Lan negó con la cabeza.

—Casarnos.

 

Lu Zhui: “…”

 

Oh…

 

—No necesitas encargarte de nada, solo dime dónde quieres casarte. —Xiao Lan tomó su mano— Lo demás déjamelo a mí.

 

Lu Zhui respondió con calma:

—Em Wang Cheng.

 

Xiao Lan asintió.

—Mañana enviaré gente al norte para comenzar los preparativos.

 

—¿Preparativos de qué? —preguntó Lu Zhui.

 

—La dote y una casa —respondió Xiao Lan— Si nos vamos a casar, no puedo dejar que sigas viviendo en la taberna Shanhaiju, ni en la Mansión del Primer Ministro. No conozco bien Wang Cheng, ¿tienes alguna casa que te guste?

 

—Tú decides —Lu Zhui le pellizcó la oreja— Ya sea una mansión de familia rica o un pequeño patio en un callejón, no importa si no hay sirvientes, ni si los muros del patio están viejos; mientras sea nuestro hogar, solo tú y yo, me gustará de cualquier manera.

 

Dicho con seriedad y ternura, Xiao Lan agarró su muñeca y lo atrajo hacia su pecho, sintiendo un torrente de ternura en su corazón. Luego bajó la mirada hacia esas pestañas rizadas empapadas de rocío y su piel blanca con un ligero rubor, sintiéndose como si estuviera sosteniendo una pieza de jade delicada y preciosa. Pero no del todo: el hombre en sus brazos tenía un rostro y un carácter tan refinado como el jade, pero sin la fragilidad o vulnerabilidad de la piedra; al contrario, era resistente, fuerte, como un pequeño bambú verde y lleno de vida, que el viento no puede romper ni la escarcha doblar.

 

—¿En qué estás pensando? —Lu Zhui sujetó su barbilla con la mano mojada.

 

Xiao Lan levantó a la persona de forma horizontal y la envolvió en una manta hasta ponerla en la cama.

 

Lu Zhui tenía los ojos ligeramente húmedos, y con las yemas de los dedos deslizó lentamente por su nuez de Adán. Xiao Lan sujetó esa delicada muñeca y con la misma mano presionó la palma contra su pecho, diciendo con voz baja y ronca:

—Aquí está todo lleno de ti.

 

Lu Zhui hizo un puchero:

—Siempre debería ser todo por mí.

 

—¿Y qué hay de este lugar? —Xiao Lan besó su pecho y preguntó— ¿De quién está lleno este lugar?

 

Lu Zhui se aclaró la garganta y respondió con calma:

—De muchos…

«Después de todo, los jóvenes maestros de familias nobles son apuestos y encantadores; hay que esperar en la fila.»

 

Xiao Lan deslizó ambas manos por su cintura y siguiéndole el juego añadió:

—Entonces tendré que desempeñarme bien, para ganarme un lugar en tu corazón.

 

El joven maestro Lu respondió generosamente:

—Por supuesto, por supuesto.

 

El dosel de la cama se movió un par de veces y un pequeño frasco de jade rodó hasta sus pies. Lu Zhui preguntó:

—¿Cambiaste la medicina?

 

—Mn —Xiao Lan lo besó en el cuello— El herbolario dice que seguramente te gustará y que, con solo usarlo una vez, querrás más, pensando en mí día y noche.

 

Lu Zhui: “…”

«Eso suena excesivamente lascivo, ¿Se encontró con un estafador del mundo de la medicina que vende afrodisíacos?»

 

Lu Zhui levantó la pierna para patearlo y ordenó:

—No te muevas por ahora, déjame verlo.

 

Xiao Lan, naturalmente, no le hizo caso. No solo no escuchó, sino que además le tapó la boca con la mano y se dedicó a hacer lo siguiente de manera aún más dedicada y responsable, demostrando con su propio cuerpo al joven maestro Lu que esa medicina realmente era buena, sin exagerar, tenía un efecto sorprendente.

 

Lu Zhui, con ojos llorosos, dijo:

—Duerme.

 

Xiao Lan giró sus dedos suavemente y sonrió con picardía.

—¿Ahora sí hay un lugar para mí en tu corazón?

 

Lu Zhui juntó los puños en señal de súplica:

—Es todo tuyo el lugar en mí corazón, es todo tuyo.

 

Xiao Lan lo abrazó por la espalda.

 

El joven maestro Lu estaba débil y devastado:

—¿Mi corazón es todo tuyo y aun así no me dejas dormir contigo?

 

—Sí puedes dormir conmigo —Xiao Lan mordió el lóbulo de su oreja— ¿Por qué no? puedes dormir conmigo como quieras.

 

Lu Zhui: “…”

«No me refiero a ese “dormir contigo”.»

 

Lu Zhui cerró los ojos, sintiéndose completamente derrotado.

«Después de un largo viaje, ¿no debería descansar bien?»

 

Aquella noche el viento soplaba fuerte y la lluvia caía de repente, haciendo que hasta los huesos se sintieran fríos y la cabeza pesada por una dulce brumosa sensación; uno se dejaba llevar sin saber dónde estaba. Entregándose a un revoltijo de sueños embriagadores. Cuando finalmente abrió los ojos, ya era mediodía con un sol abrasador, y afuera las calles estaban bulliciosas—apenas da tiempo de salir a almorzar.

 

Xiao Lan empujó la puerta y entró:

—¿Has despertado?

 

Lu Zhui miró con ojos profundos y volvió a recostarse.

 

Xiao Lan sonrió y preguntó:

—¿Estás enfadado conmigo?

 

El joven maestro Lu lo reprendió con ira:

—¡Nunca estás satisfecho!

«¿Qué significa esto de cegado por la lujuria? Estoy igual que tú.»

 

—Eso también es porque eres demasiado encantador —Xiao Lan lo ayudó a sentarse— Mamá hizo sopa de pollo, ¿quieres comer?

 

—¡Sí! —Lu Zhui se recostó en la cama.

 

—Tranquilo, frente a los demás solo diré que tienes un resfriado y que no te has aclimatado al lugar —Xiao Lan le tocó la nariz— No es vergonzoso.

 

—Entonces esa medicina, ¿de quién la compraste? —Lu Zhui interrogó— Habla con sinceridad.

 

Xiao Lan respondió sin rodeos:

—De Hehuan.

«El maestro Fengyue… sus habilidades eran extraordinarios desde el principio.»

 

«Ya sabía que no era una persona respetable.» El joven maestro Mingyu movió un poco la muñeca; «la próxima vez que lo vea, sin importar las consecuencias, primero le daré una buena paliza.»

 

El patio estaba en completo silencio, los demás habían ido temprano por la mañana a la tumba Mingyue en la montaña trasera. Tras almorzar, Lu Zhui también fue junto a Xiao Lan a buscarla, y vieron que los soldados en la Cresta Fuhun eran más que antes. Tao Yu’er también dijo que el gobierno enviaba refuerzos cada tres meses, y desde lejos, toda la montaña estaba cubierta por una masa oscura de soldados. No solo las personas del Jianghu, incluso los ladrones de tumbas expertos, probablemente ni se atreverían a acercarse.

 

—Solo Kong Kong Miaoshou puede entrar —dijo Tao Yu’er— Ese viejo ya ha desmontado casi todo por dentro, pero la puerta principal aún no la toca; todos los días espera ansioso que vuelvas para enseñarte el mundo.

 

—¿Vamos a entrar? —preguntó Xiao Lan.

 

Lu Zhui asintió:

—Sí.

 

Xiao Lan sonrió y le extendió la mano.

 

Lu Zhui naturalmente entrelazó sus dedos con los de él, y ambos se pusieron de pie uno al lado del otro. Al mirar de nuevo la formación Espejismo Floral frente a ellos donde la luz y las sombras se movían, ya no parecía tan peligrosa como antes, sino más bien una puerta que conecta el pasado y el presente. —Y la persona que, en el pasado, aunque lleno de cicatrices y en un estado lamentable, aún quería ver, ahora finalmente estaba a su lado, con la calidez de sus palmas transmitiéndose mutuamente, aliviando suavemente cada cicatriz dejada atrás.

 

Xiao Lan advirtió:

—Ten cuidado al bajar los escalones.

 

Lu Zhui respondió:

—Mn.

 

Ah Liu, que venía detrás, rápidamente imitó:

—Ten cuidado al bajar los escalones.

 

Yue Dadao saltaba y caminaba de tres en tres escalones sin preocupación:

—¿Por qué habría que tener cuidado?

 

Ah Liu: “…”

«Yo también quiero tomarte de la mano.»

 

«¿No podrías aprender un poco de mi padre?»

 

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