Mad For Love 165

  


Capítulo 165: Extra Parte moderna.

Parte 50.

 

Lin Yan sospechaba que quizá Qi Zhen había estado esperando justo este momento: esperar a que él no pudiera escapar… y entonces empezar a contraatacar.

 

De camino a casa, Lin Yan no dejaba de lamentarse por haber caído en la trampa; incluso publicó en su círculo de amigos: «Ay, me engañaron y se me llevaron». Sin foto, solo el texto.

 

Pero cualquiera que conociera mínimamente a Lin Yan sabía que aquello era una exhibición de cariño.

 

Shen Zhongyang y Lin Jue ni se molestaron en comentar esa publicación que, en apariencia, fingía queja, pero en realidad era una demostración descarada de afecto. Se hicieron los muertos. Lo que no esperaban era que más tarde aquella publicación terminara provocando un buen chiste.

 

La última publicación de Lin Yan en su círculo de amigos había sido en la víspera del Año Nuevo. No tenía texto, solo una foto: un auto.

 

Muchos no entendieron qué significaba; pensaron que solo estaba presumiendo su auto de lujo.

 

Y, casualmente, ahora volvía a decir que lo habían “engañado y se lo habían llevado”.

 

La publicación fue capturada por alguien y usada para una campaña de prevención de fraudes, exhortando a todos a proteger sus pertenencias, a no bajar la guardia: las estafas en línea están en todas partes.

 

Shen Zhongyang, temiendo que Lin Yan no hubiera visto el asunto, le envió la captura. Como Lin Yan no respondió, incluso lo llamó:

—¿Viste la imagen que te mandé?

 

Lin Yan estaba tan molesto que quería bloquearlo.

 

***

 

La fecha de la boda entre Qi Zhen y Lin Yan se fijó para después del rodaje de la película, a comienzos del otoño.

 

Todos pensaban que, durante ese tiempo, Lin Yan y Qi Zhen estarían pegados el uno al otro, inseparables. Pero nadie esperaba que, una mañana, Lin Yan se mudara en silencio a un hotel… y que Qi Zhen no fuera a buscarlo.

 

La hermana Yun quedó en shock. ¡Triple shock!

«¿No que no había crisis emocional?»

 

«¿No que ya habían trasladado el registro domiciliario, firmado la tutela anticipada y estaban listos para casarse?»

 

«¿Entonces qué significa todo esto?»

 

Shen Zhongyang quería invitar a Lin Yan a tomar unas copas. Le envió un mensaje y descubrió que Lin Yan no estaba en casa, sino en un hotel. Dudando, fue a comprobarlo… y sí, Lin Yan estaba realmente en el hotel.

 

Shen Zhongyang no entendía:

—¿Ya están casados y ahora empiezan a pelear?

 

Lin Yan no sabía cómo explicarlo.

—No es eso.

 

«¡Qi Zhen! ¡Ese desgraciado! llevaba todo este tiempo acumulando mucha energía.»

 

Cuando terminaron de trasladar el registro domiciliario, de firmar la tutela anticipada y el cuerpo de Lin Yan estuvo completamente recuperado…

 

Lin Yan, entusiasmado, tiró de Qi Zhen para consumar la noche de bodas. Pero Qi Zhen lo sujetó y lo presionó en la cama, preguntándole si prefería a Ziji o a él.

 

Cualquier respuesta era un error. Y no responder también era un error.

 

Lin Yan aprendió la lección: el corazón de un hombre es como una aguja en el fondo del mar; si se puede evitar provocarlo, sería lo mejor.

 

Shen Zhongyang preguntó:

—¿Entonces qué pasó?

 

Lin Yan bebió un sorbo de agua.

—Siempre estoy sacándole cosas del pasado. Se enfadó un poco y… nos peleamos.

 

Al oír que habían llegado a las manos, Shen Zhongyang se levantó de golpe, escandalizado.

 

—¿Qi Zhen se atrevió a pegarte? —Jamás habría imaginado que ese desgraciado de Qi Zhen fuera, además, un maltratador— ¿Dónde te golpeó?

 

Lin Yan se tapó la cara, dolido y quejumbroso.

—En todas partes.

 

Shen Zhongyang estuvo a punto de ir a exigirle explicaciones a Qi Zhen. Incluso quiso regañar a Lin Yan: antes era alguien que nunca se dejaba pisotear; en su círculo, quien lo pinchaba dos veces recibía diez pinchazos de vuelta.

«¡¿Y ahora que está casado… se ha vuelto tan… afeminado?!»

 

Las palabras para insultarlo estaban ya en la punta de la lengua. Pero de pronto Shen Zhongyang vio los chupetones en la base del cuello de Lin Yan… y se le atragantó todo.

 

Miles de palabrotas rodaron por la mente de Shen Zhongyang. Así que, al final, todo era porque no lo había soportado y se había escapado. Con razón Qi Zhen no había ido a buscarlo.

 

Era él, el pobre soltero, quien no entendía nada.

 

Shen Zhongyang se sentó en silencio.

—¿Qué hiciste para que te golpeara?

 

Los dedos de Lin Yan rozaron distraídamente el borde del vaso.

—Estuve sacando cosas del pasado.

 

No solo le recordó las veces que Qi Zhen se ponía celoso de sí mismo, sino también aquella etapa del inicio del romance, cuando insistía en empezar por tomarse de la mano. Le preguntó qué se sentía tener al esposo —con el que había rodado en la cama ochocientas veces— justo delante y aun así jugar a la pureza y a las casitas.

 

Con tono descarado, le preguntó si quería volver a ser puro y casto… y tomarse de la mano otra vez.

 

Shen Zhongyang: “…”

 

—Me burlé de él —dijo Lin Yan.

 

Shen Zhongyang: “…”

 

—Y lo piqué con un par de comentarios sarcásticos —agregó Lin Yan.

 

Conociendo a Lin Yan, seguro que no fueron solo dos.

 

—Si no te dio una paliza, fue demasiado suave —dijo Shen Zhongyang—. ¿Y así nada más no vino?

 

—Últimamente está muy ocupado. Ha tenido varias cirugías grandes seguidas.

 

Shen Zhongyang soltó una carcajada.

—¿Tan feroz es Qi Zhen que ni te atreves a volver a casa?

 

Lin Yan se inclinó hacia él y bajó la voz.

—Súper feroz.

 

Shen Zhongyang arqueó una ceja.

 

Lin Yan se puso alerta.

—No irás a querer probar, ¿verdad?

 

Shen Zhongyang pegó un grito:

—¡¿Acaso soy yo un maldito pervertido?! ¿Era necesario que vigilaras a tu Qi Zhen como si fuera un tesoro? ¿Lo tratas como si fuera un pastelito recién salido del horno?

 

—¿Y no lo es?

 

Shen Zhongyang puso los ojos en blanco, sin palabras.

 

—Ya que te escapaste, ¿por qué no te fuiste más lejos? ¿Qué hay aquí? ¿Doscientos metros de tu casa?

 

—¡Son más de quinientos! —protestó Lin Yan.

 

—Solo tardas casi diez minutos caminando.

 

—¡¿Eso no es lejos?!

 

Shen Zhongyang: “…”

 

«Lejos…»

 

«Lejos, mis narices.»

 

Lin Yan añadió:

—Aunque él no ha venido, regalos no han faltado.

 

Flores frescas, pasteles, comida… incluso preparó algunos platos él mismo y pidió a un mensajero que los llevara.

 

Lin Yan estaba casi disfrutándolo demasiado, incapaz de contenerse y presumiendo sin parar ante Shen Zhongyang.

 

Shen Zhongyang tenía la cabeza a punto de estallar de tanto alarde; deseaba encontrar pareja ese mismo día solo para poder presumirle a Lin Yan de vuelta.

 

¡Presumirle hasta dejarlo callado!

 

Lin Yan deslizó el dedo por la pantalla del móvil y, de pronto, dijo:

—Está diciéndome que vuelva.

 

Shen Zhongyang se quedó sin palabras.

—Pero si tu teléfono ni ha sonado. ¿Lo pusiste en silencio?

 

Lin Yan le mostró la pantalla. Era una foto: una fiambrera con un post-it en forma de corazón pegado encima. En el papel estaba escrito: “Bento con amor”.

 

—Solo puedo ver que tu hombre va a tener flores de durazno podridas —comentó Shen Zhongyang.

 

Lin Yan, convencido, respondió:

—Esto es para atraerme a volver y arreglar las cosas.

 

—Ya que lo notaste… —dijo Shen Chongyang—, ¿qué piensas hacer?

 

—¡Volver, por supuesto! ¿Y si es verdad?

 

Shen Zhongyang: “…”

Es tan jodidamente complicado.

 

***

 

En medio de la noche.

 

Lin Yan se deslizó en silencio dentro de la casa. Desde la planta baja podía ver un tenue resplandor saliendo de la habitación de Qi Zhen. Subió con cuidado; al llegar a la puerta, vio una figura en la cama.

 

El corazón de Lin Yan dio un brinco. Se coló dentro, cerró la puerta con sigilo y avanzó de puntillas. Levantó la colcha y, justo cuando se metía debajo, alguien lo atrapó entre los brazos.

 

La voz de Qi Zhen llegó desde la oscuridad:

—¿A medianoche, metiéndote en la cama de un hombre?

 

—¿No estabas dormido?

 

—Te escapaste de casa. ¿Cómo iba a poder dormir?

 

A Lin Yan le picó un poquito la culpa. Escaparse de casa por una noche demasiado intensa también era una de esas cosas vergonzosas de la vida.

—¿Ni siquiera cierras la puerta cuando duermes?

 

—Estaba esperando a que vuelvas.

 

—¿Por qué estabas tan seguro de que volvería hoy?

 

—No la cerré ningún día.

 

El pecho de Lin Yan se calentó un poco; se acurrucó más en su abrazo, aunque la cuenta todavía había que saldarla.

—¿De dónde salió ese “bento con amor”?

 

—Una paciente me lo dio.

 

—¿Qué paciente?

 

—Una abuela.

 

Lin Yan soltó una risita.

—Para atraerme a volver… eres malísimo.

 

—¿Quién es el malo aquí? ¿Cuántos días llevas burlándote de mí?

 

Lin Yan guardó silencio un instante.

—Entonces no vuelvas a hacerlo.

 

Qi Zhen abrió los ojos. Su mirada, pesada y profunda, cayó sobre Lin Yan; en la penumbra de la habitación se veía aún más intensa.

—¿De verdad no? ¿O solo de mentira?

 

Lin Yan: “…”

«Este hombre es realmente malvado.»


Comentarios