Mad For Love 131

   


Capítulo 131: Extra Parte moderna.

Parte 16.

 

El caso se volvía cada vez más enrevesado. Todos parecían el asesino, y al mismo tiempo, nadie lo parecía.

 

Llegado el momento de la votación, cada invitado debía emitir su voto por separado.

 

La “niñera” entró en la habitación y empezó a murmurar para sí misma:

—Primero me descarto a mí. Luego descarto al profesor Lin. Si el maestro Lin fuera el asesino, no habría dicho algo como “ha tomado somníferos, sería muy fácil matarlo”, una frase que hace que cualquiera sospeche de él. La víctima sí tomó somníferos, y la coartada de la esposa no es muy sólida. Muy bien, ¡eres tú!

 

Desde fuera, la hermana Yun observaba a aquella “niñera” de aspecto inocente: «Aspecto inocente, sí… pero una mente bien calculadora.»

 

Ese murmullo constante, ese proceso de deducción en voz alta, no era más que una forma de asegurarse de que su toma quedara en el montaje final y así aumentar su tiempo en pantalla.

 

En cuanto al “jardinero”, era aún más divertido: se balanceaba de un lado a otro, con el rostro lleno de dudas, tratando de adivinar. Solo en balancearse ya había perdido varios minutos.

 

La hermana Yun los miró, uno más astuto que el otro y terminó cansándose. Se giró para mirar a su propio artista.

 

Su artista estaba agarrado de la manga del médico, susurrándole algo.

 

Hermana Yun: “…”

 

Su propio artista era, sencillamente, imposible de ver sin llevarse la mano a la frente.

 

—¿Te parece aburrido? —preguntó Lin Yan.

 

—Está bien —respondió Qi Zhen, agachándose para apretarle la pantorrilla—. ¿Cómo va la pierna? ¿Quieres ponerte de pie y caminar un poco?

 

Durante toda la grabación del programa, Lin Yan había permanecido sentado en la silla de ruedas.

 

—No hace falta, ya casi es mi turno para votar. ¿Tú has adivinado quién es el asesino?

 

No.

 

Había estado demasiado ocupado mirando al hijo biológico de la víctima, que no dejaba de correr detrás de Lin Yan como un perro faldero.

 

—Tu hermano —dijo Qi Zhen.

 

Lin Yan se quedó perplejo.

 

—Tiene cara de no ser buena persona —añadió Qi Zhen.

 

Lin Yan se quedó aún más perplejo y giró la cabeza para mirar a Qiao Shanyu.

 

Como todavía no era su turno para votar y no estaban grabando su toma, él también estaba fuera charlando con otras personas.

 

La verdad sea dicha: Qiao Shanyu era bastante guapo. ¿Cómo podía decir que tenía “cara de mala persona”?

 

—¿Este tipo de rostro te parece de mala persona?

 

El entrecejo de Qi Zhen se frunció aún más, claramente molesto; por dentro, la bilis le subía como ácido.

—¿Así que te parece guapo?

 

—Es que está bien —respondió Lin Yan—. Si no, ¿cómo tendría tantos fans?

 

Qi Zhen apretó los dientes en silencio.

 

En ningún círculo hay tantos guapos y guapas como en el mundo del entretenimiento.

 

Lin Yan veía bellezas todos los días.

 

—Doctor Qi, aunque su cara no sea de tu gusto, tampoco puedes juzgar a la gente solo por su apariencia.

 

Qi Zhen ya estaba en plena explosión de celos; al oír eso, fue peor. Sentía el corazón sumergido en un cubo de vinagre y le daban ganas de llevárselo cargado en brazos. Y justo en ese momento, Qiao Shanyu miró hacia ellos.

—A él le gusta mirarte y a ti te gusta mirarlo. ¿Por qué no vas y te enamoras de él?

 

—¿Cómo que le gusta mirar…? —La mente de Lin Yan hizo clic de repente. Se inclinó un poco para observar la expresión de Qi Zhen.

 

Está celoso…

 

«¡¿Ya está celoso?!»

 

«Si todo esto era actuación… ¿cuánto vinagre beberá en el futuro?»

 

Lin Yan quería decirlo abiertamente, pero temía que Qi Zhen se avergonzara y se marchara.

 

Se detuvo un segundo, cambió el rumbo de la frase sin alterar el tono y lo mimó con una naturalidad impecable:

—Los ojos están en su cara, ¿qué quieres que haga, ir a tapárselos? Además, que mire o no, ¿qué tiene que ver conmigo? Fans que me miran hay un montón.

 

El rostro de Qi Zhen se relajó un poco.

 

Lin Yan tiró suavemente de su ropa y bajó la voz:

—A mí me gusta mirarte a ti.

 

El rostro de Qi Zhen mejoró visiblemente. Le dio un golpecito para apartarle la mano.

—A quién te guste mirar no tiene nada que ver conmigo.

 

«Ah ¿sí?»

 

«¿Ahora te haces el orgulloso?»

 

«Porque esa cara de hace un momento decía otra cosa.»

 

El equipo de dirección vino a llamar a Lin Yan para grabar su toma individual de votación. Lin Yan manejó la silla de ruedas y entró en la pequeña cabina. Sin dudarlo, depositó su voto sobre sí mismo y dijo a la cámara:

—Fui yo. Él merecía morir. Estoy dispuesto a asumir la responsabilidad. Que nadie cargue con la culpa por mí.

 

Al terminar, se dio la vuelta y salió, limpio y contundente.

 

La hermana Yun, desde fuera, le levantó un pulgar en silencio.

 

Ese gesto y esa frase… era imposible no llamarlo el momento más brillante de Lin Yan en todo el programa.

 

¿Que su tiempo en pantalla era corto? No importaba. Mientras cada aparición fuera efectiva, bastaba.

 

El director también se sorprendió de que Lin Yan votara por sí mismo; en sus ojos se encendió una chispa de alegría.

 

«¡Puro contenido! ¡Puro contenido!»

 

El siguiente era Qiao Shanyu. Frente a la cámara, también votó por sí mismo y dijo:

—Hermano, sé que eres tú. Esta casa es tu prisión. Esta vez me toca a mí entrar. Te dejo libre.

 

La hermana Yun se quedó boquiabierta: «Demasiado bueno.»

 

Ya podía imaginar cuántos fans empezarían a shippear a Lin Yan y Qiao Shanyu en cuanto el episodio saliera al aire.

 

El director estaba eufórico: «¡Más contenido! ¡Más contenido!»

 

Terminó la votación.

 

La que recibió más votos fue la “esposa”, y la encerraron en la celda.

 

Después, el equipo de dirección reveló al verdadero asesino: Lin Yan.

 

El “hijo adoptivo” hacía rato que podía levantarse de la silla de ruedas; tenía capacidad para matar. El informe médico que lo demostraba estaba escondido dentro de aquel muñeco. Lin Yan lo agitó deliberadamente delante de todos, lo que, en lugar de aumentar las sospechas, hizo que bajaran la guardia.

 

No solo eso: si desmontaban la radio, encontrarían dentro un enredo de cables de cobre, con mechones del cabello de la víctima adheridos.

 

La “niñera” quedó atónita.

—¿Así que todos esos gestos tuyos, que parecían aburridos, eran fingidos?

 

Lin Yan sonrió.

—Sí.

 

Incluida aquella frase de “ha tomado somníferos, sería fácil matarlo”. Lo dijo a propósito para atraer las miradas hacia él, y luego se apresuró a justificarse, dando la impresión de que no era bueno en este tipo de juegos.

 

Parecía aumentar sus sospechas, pero en realidad las reducía.

 

Además, no responder al “jardinero” también era parte de la estrategia: no llamar la atención y, de paso, reforzar su imagen de persona frágil, disminuyendo aún más las sospechas.

 

Los miembros fijos del programa no pudieron evitar aplaudirle.

 

Lin Yan ganó el juego y el equipo del programa le entregó una barra de oro.

 

La barra pesaba bastante.

 

Para un adulto sano no sería problema, pero Lin Yan aún tenía limitaciones físicas. Qiao Shanyu dio un paso para ayudarlo; su mano ni siquiera había tocado la caja cuando alguien se adelantó.

 

Al girarse, vio que era el médico de Lin Yan.

 

La mirada del médico se posó en Lin Yan. Con una mano tomó la caja con la barra de oro; con la otra, lo sostuvo del brazo y lo atrajo hacia su lado.

 

Qiao Shanyu se quedó un instante desconcertado.

 

Cuando el maestro Lin había entrado, no parecía tan frágil.

—¿Está cansado, maestro Lin?

 

Lin Yan aprovechó la oportunidad; no pensaba desperdiciar un momento para estar cerca de su novio.

—Ah… un poco.

 

Qiao Shanyu sacó su teléfono.

—Si no le molesta, maestro Lin, ¿podemos agregarnos en WeChat?

 

Lin Yan asintió. Tomó el móvil que le pasó la hermana Yun, escaneó el código de Qiao Shanyu y envió la solicitud de amistad.

 

Fue aceptada al instante.

 

Qiao Shanyu abrió la boca para decir algo más, pero justo entonces Qi Zhen habló:

—Vámonos. ¿Quieres que tu pierna deje de funcionar?

 

Qiao Shanyu se tensó al instante. No se atrevió a seguir hablando ni a retrasar el regreso de Lin Yan.

 

Lin Yan sonrió con torpeza.

—No es para tanto.

 

Qi Zhen entregó la caja con la barra de oro al asistente de Lin Yan y, rodeándolo por detrás, lo abrazó por la cintura.

—¿Tú eres médico o soy yo?

 

Lin Yan cerró la boca de inmediato y se apoyó en su pecho.

 

Estaba satisfecho.

 

Eso contaba como un abrazo…

 

El director, preocupado, se acercó a la agente.

—¿El maestro Lin se siente mal?

 

La hermana Yun sonrió.

—No se preocupe, solo está cansado. El médico dijo que no era nada grave.

 

«Lo que pasa es que está de lo más cariñoso y no quiere despegarse de él.»

 

Aunque… Lin Yan era comprensible.

 

Pero Qi Zhen… hoy estaba extraño.

 

Especialmente hace un momento: parecía mostrar cercanía a propósito frente a Qiao Shanyu, como un león que siente que han invadido su territorio.


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