Capítulo
98: Miles de caballos desbocados (Fin)
Li
Jiangling asintió.
—Yo
también lo creo. Creo que yo soy uno de esos.
Wu
Ji: “…”
Li
Jiangling se incorporó.
—No
podemos quedarnos aquí disfrutando de la cama y las mantas del palacio. Tenemos
que ir a presentar nuestros respetos a Su Majestad y a Lin Yan. Ayer entramos
así, sin más, qué falta de modales.
Estaba
a punto de bajarse de la cama cuando recordó algo.
—Oye…
creo que antes hablé bastante mal de Su Majestad. Y Su Majestad se llevaba bien
con el Lin Yan anterior. Dime… ¿no me cortará la cabeza?
Wu
Ji se puso los zapatos.
—Su
Majestad no es un tirano.
Li
Jiangling asintió.
—Tienes
razón.
Los
dos explicaron su intención al eunuco, que los condujo hacia los aposentos del Emperador.
Durante
el trayecto, Li Jiangling sabía que en el palacio no debía mirar a todos lados.
Pero la curiosidad podía más que él, así que miraba a escondidas: «El
palacio es hermoso; no es raro que todos quisieran entrar.»
Pero
al levantar la vista y ver el cielo cuadrado sobre su cabeza, Li Jiangling
sintió una ligera sensación de encierro.
—No
sé cómo Lin Yan, con ese carácter tan libre, puede soportar vivir aquí
—murmuró.
—Pregúntaselo.
—No
soy tan tonto —dijo Li Jiangling—. ¿Cómo voy a preguntarle eso dentro del
palacio?
—Anoche
dijiste cosas mucho más tontas. Delante de la gente de Su Majestad dijiste que
Lin Yan era “para vender”.
Li
Jiangling se detuvo en seco: «Es hora de huir.»
Wu
Ji lo agarró del cuello de la ropa.
—La
disciplina del palacio imperial es estricta. Si corres, te atraviesan.
Li
Jiangling se quedó quieto al instante y siguió al eunuco.
Al
llegar frente a los aposentos, un eunuco entró a anunciar su llegada. Al poco
tiempo, regresó diciendo que podían pasar.
Wu
Ji y Li Jiangling avanzaron, pero al llegar a la entrada escucharon voces desde
dentro.
—No
tires, lo vas a romper.
—Si
se rompe, hay más. Y además eres tú el que se mueve. Si no, no quedaría
torcido.
Los
dos se quedaron petrificados: «¿Qué estaban haciendo?»
«¿De
verdad… podemos entrar?»
El
Emperador suspiró.
—¿Cómo
voy a presentarme así delante de la gente?
Li
Jiangling se puso rojo: «Si Su Majestad ya no puede mostrarse, entonces nosotros
definitivamente no podemos entrar.»
Xu
Fuquan, al ver a los dos hombres dudando en la puerta, avanzó y los guio hacia
dentro. Solo entonces descubrieron que Lin Yan estaba ayudando a Qi Zhen a
arreglarse el cinturón.
No
era tan grave como habían imaginado.
Lin
Yan les echó una mirada, y Qi Zhen aprovechó para escapar de las manos de Lin
Yan.
Li
Jiangling y Wu Ji se apresuraron a inclinarse.
La
voz de Qi Zhen fue tranquila:
—Levantaos.
—¿Ya
despertaron? ¿Durmieron bien anoche en el palacio? Yo bebí un poco de más y no
recuerdo muy bien lo que pasó después —preguntó Lin Yan.
—Muy
bien. Todo en el palacio es muy bueno —respondió Li Jiangling.
Lin
Yan miró a Wu Ji.
—Hermano
Wu, tienes ojeras. ¿No dormiste bien?
Wu
Ji se sobresaltó y bajó ligeramente la mirada para ocultarse.
—Este
humilde servidor no duerme bien en lugares desconocidos.
Lin
Yan lo entendió.
—¿Quieres
desayunar con tus amigos? —preguntó Qi Zhen.
—¿Qué
hay de ti?
Qi
Zhen era el Emperador. Si él se quedaba a desayunar allí, los otros dos no
podrían ni sentarse.
—Debo
ir a la corte. Vosotros comed primero.
Dicho
esto, Qi Zhen se marchó. Wu Ji y Li Jiangling desayunaron en el palacio y luego
se retiraron. Lin Yan dejó medio estómago vacío para acompañar a Qi Zhen a
comer cuando regresara.
Qi
Zhen le recordó que en unos días sería la boda de Zhou Xudong.
—¿Lo
olvidaste?
—¡Lo
olvidé!
Mientras
Lin Yan seguía atormentándose sobre qué regalo preparar para la boda de Zhou
Xudong, Qi Zhen lo atrapó en el almacén, donde andaba dando vueltas como una
mosca sin cabeza.
—Antes
de ir, hay algo que debemos hacer.
—¿Qué
cosa?
—Conferirte
un título.
Lin
Yan: ¿…?
—¿Lo
haces a propósito para complicar las cosas? ¿O es espíritu competitivo y
quieres casarte antes que Zhou Xudong?
Qi
Zhen lo pensó un momento.
—En
realidad… tampoco suena mal.
—¿Y
cuál era tu idea original?
—En
la boda de Xudong habrá mucha gente. Quiero llevarte conmigo, como la persona
que está a mi lado.
Lin
Yan lo entendió y una sonrisa se extendió por su rostro.
La
ceremonia para conferir el título de “Guirén” era sencilla, pero aun así causó
un gran revuelo dentro y fuera del palacio imperial.
Dentro
del palacio, porque el rango era demasiado bajo. Con lo mucho que Su Majestad
lo favorecía, no les habría sorprendido que lo nombrara Emperatriz. Pero al
final solo le dio un pequeño título de Guirén.
Fuera
del palacio, el impacto fue otro: los ministros creían que el Emperador solo
estaba encaprichado temporalmente con ese joven y que jamás lo reconocería
oficialmente. Pero ahora lo había hecho. Y no solo eso: lo había nombrado “único”.
Un
enorme harén… con un solo Guirén.
Algunos
ministros, al ver que el emperador por fin tenía “alguien” en el palacio
imperial, empezaron a maquinar. Enviaron muchachas hermosas como flores,
incluso fingieron encuentros casuales.
Una
vez o dos, Qi Zhen lo toleró. Pero cuando se volvió frecuente, se hartó. En la
corte matutina declaró que últimamente veía demasiadas muchachas en la capital.
Que quizá, por el desequilibrio entre hombres y mujeres, sería buena idea
construir un convento para resolver el problema. Después de eso, nadie volvió a
acercarse.
Llegó
abril, con la hierba creciendo y los ruiseñores cantando.
La
boda de Zhou Xudong fue grandiosa y bullicioso.
Desde
el momento en que Qi Zhen entró llevando a Lin Yan a su lado, todos fingían
mirar la boda de la familia Zhou… pero en realidad, todos estaban evaluando a
Lin Yan en secreto.
Algunos
pensaban que era una lástima: «Un joven maestro tan hermoso, y ahora que
está con Su Majestad, nadie más podrá siquiera mirarlo.»
Otros
pensaban: «Con ese rostro, no es raro que al Emperador le guste.»
Y
los que trabajaban con Lin Yan en la academia estaban tan impactados que ni el
vaso podían sostener. Pasaron toda la ceremonia repasando mentalmente si en
algún momento lo habían ofendido.
La
boda era animada, pero Lin Yan no bebió. Puso mil excusas para evitar el
alcohol. Todo porque quería tener energía para “hacer ruido en la cámara
nupcial” por la noche. Estaba entusiasmado… hasta que Zhou Xudong lo agarró del
brazo y le asignó una misión monumental.
—Llévate
a Su Majestad.
Lin
Yan quedó petrificado.
Zhou
Xudong explicó:
—Con
el Emperador aquí, ¿quién se atreve a divertirse? Ni siquiera durante la comida
la gente estaba cómoda.
Que
el Emperador asistiera era un honor inmenso, sí, pero también una presión
enorme. Aunque Qi Zhen se retiró antes y fue a comer a otro sitio, la familia
Zhou seguía tensa.
—La
broma de la cámara nupcial es para divertirse. Con el emperador presente, no
solo no habrá broma… ¡ni cámara nupcial habrá! —dijo Zhou Xudong, desesperado. Apretó
los hombros de Lin Yan— Te recompensaré generosamente después.
—¡Pero
yo también quiero ver la broma!
—La
próxima vez. Yo te acompaño a hacerle broma de boda a otro.
—¿Y
quién se va a casar pronto?
—Ya
saldrá alguien, ya saldrá. Te dejo a Su Majestad. Yo me voy a la cámara
nupcial. Que mi hijo pueda reencarnarse esta noche depende de ti.
—¡Oye!
¡Zhou Xudong, no tienes corazón!
Zhou
Xudong salió corriendo y poco después apareció Qi Zhen.
—Xudong
dijo que te habías perdido y que viniera a buscarte. ¿Este lugar… es tan grande
como para perderte?
Había
poca gente alrededor.
Qi
Zhen caminó hasta colocarse frente a Lin Yan y le tomó la mano.
—¿Me
llamaste con mimos para que viniera a buscarte?
—¡No!
—Lin Yan, indignado, le contó el pésimo plan de Zhou Xudong.
Qi
Zhen no pudo contener la risa.
—Si
quieres, te acompaño a divertirte.
«Como
si Zhou Xudong se atreviera a negarse.»
Lin
Yan lo pensó.
—Mejor
no arruinarle la noche. Tiene que concentrarse en que su hijo se reencarne. Pero
¿cómo se atreve? ¡Decirle al Emperador que no vaya a la broma de la cámara
nupcial!
—Mi
relación con Xudong no se rompe por algo así. Y lo más importante: quiere mucho
a su esposa.
Lin
Yan había visto a la novia antes. Él mismo la había salvado de las manos de
Song Ming. Recordaba que no era especialmente hermosa, pero sí tenía la
elegancia de una dama de familia respetable.
De
pronto, un estallido resonó en el cielo sobre la residencia Zhou. Una enorme
flor de fuego se abrió en la oscuridad, seguida de otra y otra, como si
hubieran destapado un nido de fuegos artificiales. La noche se volvió tan
brillante como el día.
Muchos
sirvientes salieron corriendo a mirar.
Qi
Zhen sonrió.
—Apuesto
a que echó a todos los que querían hacer bromas en la cámara nupcial.
Lin
Yan entendió.
—Solo
quiere ver los fuegos artificiales con su esposa. Mira tú… qué romántico le
salió.
Qi
Zhen lo atrajo hacia su pecho.
—Un
buen paisaje debe compartirse con la persona adecuada.
Lin
Yan miró los fuegos artificiales.
—Pensé
que a Xudong le gustarían las chicas vivaces.
—El
afecto nace del corazón.
Lin
Yan lo pinchó con humor.
—¿Y
que te guste yo también nace del corazón?
—Por
supuesto.
—¿No
hubo resistencia? ¿Ni un intento de aguantar?
Qi
Zhen lo pensó y sonrió.
—Sí
que aguanté. Pero cuando el corazón se mueve… es como si miles de caballos
desbocados corren miles de millas sin detenerse.
El
corazón de Lin Yan se llenó de dulzura. Miró los fuegos artificiales,
aprovechando la atmósfera romántica, y apretó con fuerza la mano de Qi Zhen.
—Pues
que corran. No los amarres, no te contengas. Si te gusto… no te vas a
arrepentir.
Qi
Zhen lo miró.
—Nunca
me he arrepentido.
[Fin de la Historia Principal]
A partir de aquí, comienzan los extras.

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