Mad For Love 84

  

Capítulo 84: Me temo que se sacrificará.

Tengo que traerlo de vuelta.

 

Desde que recibió la noticia de que Lin Yan había ido al campamento enemigo, Qi Zhen no tuvo paz ni para comer ni para dormir. Varias veces tomó su espada dispuesto a ir a rescatarlo, pero sus hombres de confianza —arrodillados en masa— lo detuvieron con la misma excusa:

«Aunque vaya Su Alteza, mientras no obtengamos el paradero de esos niños, el Emperador no regresará con usted.»

 

Noticias de Lin Yan llegaban a su escritorio cada hora.

 

«El joven Emperador llegó a la frontera.»

 

«El joven Emperador fue llevado por los huihures.»

 

«El joven Emperador fue llevado a la tienda del Tercer Príncipe Huihu.»

 

«El joven Emperador se atragantó con su comida, causando caos en el campamento enemigo mientras todos buscaban agua para él.»

 

«El joven Emperador se cayó de su cama mientras dormía por la noche, sobresaltando al tercer príncipe Huihu. Los soldados huihures pensaron que era un ataque enemigo y causaron otra conmoción.»

 

El espía continuó informando:

—Los soldados huihures estaban violando a mujeres y niños dentro del Paso Qingming cuando Su Majestad los sorprendió. Su Majestad parecía no darse cuenta, se agachó y observó durante un largo rato, diciendo que los huihures tenían los penes pequeños. Al escucharlo, comenzaron a perseguirlo. Su Majestad echó a correr y mientras lo hacía, iba disculpándose, diciendo…

 

La voz de Qi Zhen se volvió grave.

—¿Qué decía?

 

El explorador respiró hondo.

—Su Majestad dijo: «Los penes pequeñitos también son muy adorables.»

 

La Mansión del Regente cayó en un silencio sepulcral.

 

—Pff…

 

Una repentina carcajada pareció particularmente abrupta.

 

Los generales en el salón casi no pudieron contener la risa, pero al ver el rostro severo del Regente, inmediatamente se pusieron serios y reprimieron su risa.

 

En voz baja, comenzaron a murmurar entre ellos.

 

—¿De verdad Su Majestad no es alguien que nosotros enviamos para torturar a los huihures?

 

—Pienso lo mismo. Parece completamente un agente nuestro.

 

—Pero si es un tonto. ¿Cómo es que los huihures lograron secuestrarlo?

 

—Dicen que los huihures creyeron que tenía muy buena relación con el Príncipe Regente.

 

—¿Y se tragaron ese rumor?

 

—Qué más da si lo creen o no. Igual Su Majestad es increíble.

 

Zhou Xudong, al oír esto, miró hacia Qi Zhen.


Estaba sentado en su escritorio, en silencio, con el rostro sombrío. La luz parpadeante de la vela a su lado lo hacía parecer una antigua y lúgubre pintura.

 

Afuera, la noche era larga.

 

Zhou Xudong tenía un mal presentimiento.

 

Efectivamente, después de que el explorador terminara su informe, Qi Zhen despidió a todos los generales en el salón y se giró para tomar su espada.

 

Zhou Xudong rápidamente se adelantó para detenerlo, presionando a Qi Zhen con firmeza, sin atreverse a aflojar su agarre ni un ápice.

 

Los ojos de Qi Zhen eran fríos. —¡Quítate de mi camino!

 

—¿Qué piensas hacer? Ahora mismo está a salvo en el campamento enemigo. Si vas, los huihures sabrán exactamente cuánto significa él para ti. ¡Y entonces su situación será aún más peligrosa! Aunque no pienses en ti, ¡piensa en él! Tiene la cabeza bien puesta, ha puesto el campamento enemigo patas arriba; no le pasará nada. Además, ¿no te ha enviado mensajes? Todo está preparado. Solo tienes que esperar a la negociación y recuperarlo con calma. ¿No es lo más sensato?

 

Qi Zhen empujó de repente a Zhou Xudong a un lado, con su espada larga desenvainada.

 

Un amigo de más de diez años. Por primera vez, Qi Zhen desenvainó su espada contra Zhou Xudong.

 

La hoja brilló fríamente.

 

—¿Un hombre o diez mil personas? ¿Qué eliges?

 

Zhou Xudong se quedó sin palabras.

 

La guerra se acercaba a su fin, con solo una ciudad por recuperar. La razón para no continuar el ataque y optar por sentarse a negociar la paz era que los huihures controlaban el Paso de Qingming, y la población de la ciudad estaba en sus manos.

 

Proteger al pueblo, elegir las negociaciones de paz.

 

Pero ahora los huihures tenían a Lin Yan en sus manos, e inevitablemente harían exigencias exorbitantes, ofreciendo condiciones inaceptables para ellos.

 

Pero por muy inaceptables que fueran, Zhou Xudong presentía que Qi Zhen desafiaría las objeciones y aceptaría.

 

Los ojos de Qi Zhen estaban inyectados en sangre, pero no frunció el ceño, no se ahogó, simplemente sostuvo su espada, derramando lágrimas en silencio.

 

Las lágrimas caían de sus ojos como gotas de sangre.

—¡Él eligió! ¡Eligió al pueblo! ¡No me eligió a mí!

 

Zhou Xudong estaba atónito. Estas palabras sonaban algo resentidas.

 

No podía seguir ese hilo de pensamiento.

 

Resultó que no se refería a Qi Zhen en sí, sino a Lin Yan.

 

La voz de Qi Zhen era ronca:

—Si realmente estuviera esperando que lo trajera de vuelta, no habría causado tal escena en el campamento enemigo.

 

El joven Emperador era solo una moneda de cambio; todo lo que necesitaba hacer era esperar tranquilamente a que Qi Zhen lo llevara a casa.

 

—No lo entiendes, no lo conoces. No hay nadie más tonto que él en este mundo. Nunca ha disfrutado un solo día de ser Emperador, sin embargo, insiste en asumir las responsabilidades. Me temo que se sacrificará; tengo que ir. Tengo que traerlo de vuelta a la fuerza.

 

Dos horas antes:

 

Lin Yan se cayó deliberadamente de la cama, gritando “¡Ayuda!” y causando un alboroto. Hizo esto para medir el tamaño de las fuerzas huihures en el campamento.

 

Volvió a subirse a la cama y, en silencio, comentó al sistema: “Hay mucha gente. Me va a costar muchísimo escapar.”

 

El sistema respondió: [Espera a que tu esposo venga a llevarte a casa. Deja de hacer líos.]

 

Lin Yan: [Si fuera tan fácil, los huihures no habrían gastado tantos recursos para secuestrarme. ¿No viste a ese príncipe mayor? Tiene cara de villano. Solo a él se le ocurren ideas tan ruines. ¿De verdad crees que la negociación va a ir bien? ¡Seguro que pedirán un precio desorbitado! Todo lo que no deberían pedir… lo van a pedir.]

 

El sistema: [¿Y qué? Tu esposo seguro que acepta.]

 

Lin Yan alzó la barbilla, fingiendo reprenderlo: [¡No lo digas así! Es muy molesto, ¿sabías?]

 

El sistema: […]

 

Sistema: [Si las condiciones de la negociación son demasiado excesivas, ¿de verdad piensas…?]

 

El sistema no alcanzó a terminar la frase.

 

Afuera de la tienda, de pronto, se escuchó el grito agudo de una mujer, seguido de las risas vulgares de los soldados.

 

Lin Yan se incorporó.

 

Pang Tele también seguía despierto y obviamente había oído el ruido, pero estaba acostumbrado y no se incorporó. Miró al joven Emperador sentado en la noche y dijo:

—Su Majestad, vaya a dormir. Solo están jugando.

 

Esto no parecía una broma. A juzgar por el ruido, había más de una mujer.

 

—¡Vamos! ¡Este es un regalo de Su Alteza, hermanos, dense prisa!

 

Lin Yan se quitó las sábanas de encima, saltó de la cama y salió corriendo.

 

Pang Tele se sobresaltó y se levantó apresuradamente para seguirlo.

 

El joven Emperador se detuvo bruscamente después de salir corriendo de la tienda, tal vez aterrorizado por la escena que tenía delante.

 

El Paso de Qingming estaba ocupado por los huihures y actualmente se encontraba en negociaciones de paz; los habitantes de la ciudad estaban todos bajo control Huihur.

 

Nadie sabía quién controlaría finalmente el Paso de Qingming después de las negociaciones de paz, pero, en cualquier caso, la actual quema, asesinato y saqueo de los huihures era una situación ventajosa para ellos.

 

Casi todas las noches, Pang Tsu dirigía a sus hombres, buscando casa por casa mujeres para “entretener” a los soldados.

 

Si no había ninguna en edad de ser secuestrada, mujeres mayores o más jóvenes también servían.

 

Lin Yan miró con incredulidad a las muchachas secuestradas, inmovilizadas en el suelo por los despiadados soldados, con la ropa hecha jirones. Los gritos y lamentos de las muchachas no despertaron compasión alguna, sino que solo provocaron risas aún más arrogantes en los hombres, humillándolas sin piedad.

 

Apretó los puños con tanta fuerza que le crujieron los huesos.

 

—Majestad, deje de mirar, volvamos…

 

Lin Yan apretó los dientes. No podía quedarse de brazos cruzados, ni quería hacerlo.

—Bestias.

 

La sangre le hervía por dentro.

 

Pang Tele no lo oyó bien.

—¿Qué?

 

Lin Yan respiró hondo, se agachó y señaló a los soldados, gritando:

—¡ALTEZA! ¡MIRE, SUS PENES SON TAN PEQUEÑOS!

 

Pang Tele se quedó paralizado: ¡¿…?!

 

Los soldados también quedaron atónitos por el grito de Lin Yan. Después de un momento, estallaron en furia.

—¡MALDITA SEA! ¡¿QUÉ ESTÁ DICIENDO ESE IDIOTA?!

 

—¡Maldita sea! ¡Nunca me han insultado así! ¡Vamos a darle una lección!

 

—Tercer Príncipe, todos somos hombres del Primer Príncipe. ¡No lo proteja cuando nos hablen así!

 

Pang Tele protegió al joven Emperador detrás de él.

—No entiende nada.

 

Al ver que la situación era grave, el joven Emperador se dio la vuelta y echó a correr. Los soldados se subieron los pantalones y lo persiguieron. Las chicas que habían sido capturadas aprovecharon esta oportunidad para hacerse a un lado. Aunque no pudieron escapar, estaban a salvo temporalmente.

 

El joven Emperador corrió delante, y los soldados lo persiguieron. Superado en número y casi alcanzado varias veces, el joven Emperador pareció darse cuenta de su error y corrió gritando:

—¡LO SIENTO, SÉ QUE ME EQUIVOQUÉ! ¡TENER PENE PEQUEÑITO TAMBIÉN ES ADORABLE!

 

Esto solo echó más leña al fuego. Todo el campamento se despertó. Los soldados a quienes el joven Emperador había llamado pequeños lo persiguieron. Los demás, habiendo escuchado toda la historia, observaban con los brazos cruzados, riendo a carcajadas.

 

Pang Tsu salió de su tienda y gritó:

—¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!

 

Un guardia explicó la situación y Pang Tsu se burló e hio señas al joven Emperador:

—¿Qué pasa? ¿El joven Emperador es más grande? ¡Ven aquí!

 

Quería bajarle los pantalones al joven Emperador para echar un vistazo.

 

El joven emperador, que antes se había negado a acercarse, ahora parecía acorralado y corrió hacia Pang Tsu.

 

Justo cuando llegó junto a Pang Tsu, el joven Emperador sacó repentinamente la espada del guardia que estaba junto a Pang Tsu y le cortó la garganta de un solo tajo.

 

La sangre goteaba de la hoja.

 

Pang Tsu se quedó paralizado, incrédulo. El agudo dolor en su cuello y el torrente de sangre le recordaron que le habían cortado la garganta. La persona frente a él tenía sangre salpicada en la cara y ojos fríos, no la expresión de un tonto.

 

Pang Tsu, un guerrero experimentado, instintivamente se agarró el cuello y pateó al joven Emperador a una distancia considerable. El caos estalló en el campamento militar.

 

—¡SU ALTEZA...!

 

—¡HERMANO MAYOR...!

 

Lin Yan rodó varias veces por el suelo antes de vomitar una bocanada de sangre. Se quedó tendido en el suelo, mirando a través de los huecos de la multitud que corría a las chicas que temblaban en los rincones.

 

«Corran.»

 

“…”

 

“…”

 

“…”

 

Seamos realistas… El cuerpo del joven emperador es inútil. La fuerza interior de Lin Yan se limita a trabajos con cables para saltos de altura; su único entrenamiento es en esgrima, de ahí su velocidad y el ataque sorpresa. Más allá de eso, no esperes que haga nada trascendental.

 

En la guerra, el enemigo no es estúpido.


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