EIJT EXTRA 20

    


Extra 20: Liancheng Guyue y Yin Wushuang.

Los bandidos.

 

Recientemente, el mundo de las artes marciales está muy animado.

 

El joven maestro Luoxue ha estado muy infeliz últimamente.

 

El Jianghu está animado porque pronto se celebrará la gran reunión de las artes marciales, así que es lo normal.

 

El joven maestro Luoxue no estaba muy contento, ya que nuevamente fue reclutado como hombre fuerte y enviado por su hermano a Jiangnan para participar en la gran reunión de las artes marciales, lo cual naturalmente no le agradaba.

 

Por supuesto, las diversas sectas del mundo marcial, que siempre se entrometen en los asuntos ajenos, también se decepcionaron un poco: originalmente pensaban que podrían ver a las dos grandes bellezas del Jianghu al mismo tiempo, pero al final solo vieron a una.

 

Pero si estaban decepcionados o no, eso claramente no era algo que Yin Wushuang necesitara considerar.

 

En ese momento, él estaba sentado en una silla de bambú en el pequeño patio, mirando a Liancheng Guyue agachado en el suelo limpiando un pez.

 

Como había prometido durante la boda que recorrerían montañas y ríos, Liancheng Guyue no lo olvidó.

 

En abril, el sur estaba en su mejor momento, así que viajaron juntos a Dali y alquilaron una casita de madera junto al lago Erhai para vivir unos días tranquilos.

 

—¿Qué pez es este? —preguntó Yin Wushuang.

 

—No lo sé —Liancheng Guyue lo enjuagó con agua limpia—. La tía Li me lo dio. Dijo que hiciera pescado con tofu para ti, que en esta temporada están bien gordos y es bueno para el cuerpo.

 

Yin Wushuang dejó la pequeña bestia de brocado en la silla y le pasó una toalla limpia.

 

—A todos les caes muy bien —dijo Liancheng Guyue mientras se secaba las manos—. Pensé que al salir de la Montaña Changbai ya no tendría a mi madre regañándome todos los días por no cuidarte bien. Pero aquí… no solo no disminuyó, ¡aumentó diez veces! Después de todo, son como diez tías juntas. Es un escándalo.

 

Yin Wushuang no pudo evitar reír.

 

—Ah y olvidé decirte algo… —continuó Liancheng Guyue—. Mañana la familia Liu casa a su hijo. Nos invitaron a la boda.

 

—Bien —respondió Yin Wushuang.

 

—¿Tan rápido aceptas? —Liancheng Guyue se sorprendió—. Pensé que no te gustaban las ocasiones ruidosas.

 

—No me gusta ver a la gente del Jianghu haciendo alboroto —dijo Yin Wushuang—. Aquí es distinto.

 

—La familia Liu me insistió varias veces en que te llevara —Liancheng Guyue lo tomó de la mano y lo sentó a su lado—. ¿Sabes por qué?

 

—¿Por qué? —preguntó Yin Wushuang, desconcertado.

 

Liancheng Guyue sonrió.

—Hay una costumbre aquí: el primer día que la nueva esposa entra en la casa, si la familia puede invitar a alguien muy guapo, entonces en el futuro tendrán un bebé igual de guapo y gordito.

 

Yin Wushuang: “…”

 

—Y en el próximo mes habrá varias bodas —Liancheng Guyue calculó—. Vamos a comer gratis muchas veces.

 

Yin Wushuang no sabía si reír o llorar.

 

***

 

La cena fue abundante: pescado con tofu en caldo agrio, judías encurtidas salteadas con carne, rábano encurtido guisado con ternera, y un platito de verduras encurtidas.

 

Mientras lavaba los platos, Liancheng Guyue sentía que los dientes se le aflojaban de tanta acidez.

 

***

 

El pueblo era pequeño, así que la boda de una familia era la alegría de todos. Antes del amanecer, la cocina de los Liu ya estaba llena de gente cortando verduras y limpiando pescado, todos felices y ocupados.

 

Al mediodía, Liancheng Guyue y Yin Wushuang llegaron con su regalo. Todo iba bien: solo faltaba que la comitiva regresara con la novia para comenzar la ceremonia.

 

Pero cuando la hora auspiciosa estaba por llegar, el camino de la montaña seguía silencioso.

 

La comitiva que había ido al pueblo vecino a buscar a la novia no aparecía.

 

—¿No habrá pasado algo? —el jefe del pueblo estaba ansioso, apoyado en su bastón, mirando hacia el camino. Los demás no lo decían, pero estaban igual de preocupados.

 

Justo cuando la hora auspiciosa estaba por terminar, por fin se oyó movimiento en el sendero.

 

Pero no era la alegre comitiva con tambores y suona. Era un joven, solo, cubierto de polvo y en un estado lamentable.

 

—¡Segundo hijo! —la tía Liu se llevó un susto y corrió hacia él—. ¿Cómo terminaste así? ¿Y tu hermano mayor? ¿Y tus tíos?

 

—Madre… —el joven tenía la voz quebrada—. En la montaña de la familia Lin… nos encontramos con bandidos. Menos yo… ¡a todos los demás se los llevaron!

 

Apenas dijo eso, el lugar estalló en caos.

 

La tía Liu se desmayó, el jefe del pueblo empezó a dar vueltas desesperado y mandó a alguien a la ciudad a avisar a las autoridades.

 

Yin Wushuang frunció el ceño y cruzó una mirada con Liancheng Guyue.

 

—¿Qué vamos a hacer? —el tío Liu estaba al borde del colapso.

 

—No se preocupe, tío Liu —Liancheng Guyue le dio una palmada en el hombro—. ¿Quién sabe algo de esos bandidos de la montaña Lin?

 

—Aparecieron hace medio año —respondió un joven—. Antes no estaban. No sabemos de dónde vinieron. Asaltan a cualquiera que pase. El gobierno ha enviado soldados varias veces, pero nunca pudieron con ellos. Son muy arrogantes.

 

—¿Echamos un vistazo? —preguntó Liancheng Guyue a Yin Wushuang.

 

Yin Wushuang asintió.

—Mn.

 

—¿Ustedes dos pueden rescatar gente? —el jefe del pueblo los miró como si viera salvadores, pero luego dudó—. Pero ni decenas de soldados pudieron con ellos… No se arriesguen. No queremos perderlos también.

 

—No se preocupe —sonrió Liancheng Guyue—. Sabemos lo que hacemos.

 

***

 

La montaña Lin no estaba lejos. Salieron al mediodía y al atardecer ya habían llegado.

 

El terreno era escarpado, fácil de defender y difícil de atacar. No era raro que ni el gobierno pudiera con ellos.

 

Mientras pensaban cómo localizar el escondite, escucharon voces y saltaron a un árbol. Unos bandidos cargaban jarras de vino.

 

—¡Dense prisa! El Gran Rey se casa esta noche. ¡No podemos retrasarlo!

 

Yin Wushuang sintió un dolor de cabeza inmediato.

 

Desde aquel asunto con el “Rey” de los Setenta Palacios del Dragón Azul Celestial y el Tigre Feroz, le daba dolor de cabeza.

 

—No fue fácil —dijo otro bandido—. El Gran Rey esperó muchos días, pero por fin consiguió una novia. ¡Qué alegría!

 

Yin Wushuang los siguió como un gato, silencioso y ágil. Llegaron al “campamento”: una puerta vieja y torcida, un cartel colgando que decía, con letras torcidas: “La Banda Número Uno del Jianghu”.

 

Liancheng Guyue murmuró:

—Parece que todos los que se llaman “gran rey” tienen problemas en la cabeza.

 

Yin Wushuang: “…”

 

Entrar fue tan fácil como caminar por su propia casa. Encontraron a la comitiva encerrada en una celda, pero la novia no estaba.

 

Los guardias comentaban que ya la habían llevado a la habitación del Gran Rey, esperando la noche de bodas.

 

—Quédate aquí vigilando —dijo Yin Wushuang—. Voy a buscar a la muchacha.

 

Liancheng Guyue asintió.

—Ten cuidado.

 

Yin Wushuang subió al árbol más alto. El campamento era pequeño; desde allí se veía todo. Al sur había una casa decorada con cintas rojas: la “boda”.

 

Dentro, el Gran Rey —un hombre barbudo— estaba sentado con las piernas abiertas, riendo mientras sus hombres trabajaban.

—¡Hoy yo me caso! ¡Mañana el segundo rey se casa! ¡En medio año todos tendrán esposa!

 

Los bandidos aplaudieron emocionados.

 

En la habitación, la novia —Xiao Cui— estaba atada, intentando alcanzar unas tijeras olvidadas.

 

Yin Wushuang entró, la inmovilizó con un toque y le susurró:

—¿Xiao Cui?

 

Ella abrió los ojos como platos y asintió con fuerza.

 

—Tu tío Liu me envió —dijo Yin Wushuang, liberándola—. Vámonos.

 

—¿Y mi hermano? —preguntó ella, angustiada.

 

—Los rescatarán. No te preocupes. La boda no se retrasará.

 

—¿Nos vamos así nomás? —Xiao Cui estaba atónita.

 

—¿Si no? —Yin Wushuang arqueó una ceja—. ¿Quieres quedarte?

 

—¡¿Cómo voy a querer quedarme en esta guarida de cabrones?! —explotó Xiao Cui.

 

Yin Wushuang: “…”

 

Xiao Cui: “…”

 

Bueno, la educación de “ser una esposa virtuosa” claramente estaba fallando.

 

—¡Estoy furiosa! —dijo Xiao Cui, ya sin disimular—. ¡Ese idiota quería que yo fuera su mujer! ¡Me ató! ¡Golpeó a mi hombre! ¡Voy a matarlo!

 

Yin Wushuang sonrió.

—¿Tienes algún plan?

 

—¿Escapamos y luego quemamos todo? —preguntó ella, muy seria. Los cuentacuentos siempre lo decían así.

 

—No hace falta —respondió Yin Wushuang.

 

—¿Entonces?

 

—Los golpeamos directamente.

 

Xiao Cui se quedó helada.

—Pero… son muchos.

 

—Aunque fueran diez veces más —dijo Yin Wushuang—. No importa.

 

Xiao Cui tragó saliva. Lo miró como si viera un inmortal.

 

—Vamos —sonrió Yin Wushuang—. A vengarnos.

 

Xiao Cui se bajó de la cama, pero antes de ponerse los zapatos, la puerta se abrió de golpe. El hombre barbudo entró, limpiándose los dientes, listo para ver a su “novia”. Jamás imaginó que habría otra persona allí.

 

El viento de la montaña entró y levantó el velo de Yin Wushuang.

 

El Gran Rey quedó petrificado. Era como si hubiera visto a un ser celestial.

 

Xiao Cui también abrió los ojos: «¡Qué guapo!»

 

—¿Ya miraste suficiente? —preguntó Yin Wushuang, frío como el hielo.

 

El Gran Rey volvió en sí, intentando recuperar su “autoridad”.

—¿Quién eres tú?

 

Yin Wushuang lo miró sin expresión.

 

El jefe sintió que el alma se le derretía. Era más hermoso que la novia que había secuestrado. Blanco, delicado… ¡Perfecto!

 

Intentó acercarse para tocarle la cara. Pero antes de dar dos pasos, una ráfaga lo golpeó de frente. Salió volando como un saco de arroz.

 

—¡Gran Rey! —los bandidos corrieron—. ¡La señora es muy feroz!

 

El Gran Rey escupió sangre y se desmayó.

 

Los bandidos se quedaron helados. Miraron hacia la puerta: Un hombre de blanco, hermoso como un sueño, pero con ojos fríos como estrellas. No se atrevieron a mirarlo dos veces.

 

«¿No era una mujer? ¿Era un espíritu de la montaña?»

 

Entraron en pánico. Tiraron sus armas y se rindieron.

 

—¿Vamos a vengarnos? —preguntó Yin Wushuang—. Terminamos y volvemos a casa.

 

—No ahora —dijo Xiao Cui, levantando un banco—. ¡Quiero esperar a mi hombre para golpearlos juntos!

 

Yin Wushuang sonrió y lanzó una señal al cielo.

 

***

 

Días después, el gobierno subió a la montaña y destruyó el campamento. Los aldeanos se enteraron de que los bandidos eran restos de una banda de Xiangxi que había huido tras ser derrotada.

 

Aunque el anuncio oficial no lo decía, todos sabían que había sido gracias a “dos expertos misteriosos”. Así que prepararon regalos y los llevaron al pequeño pueblo pesquero de Dali.

 

—¿Por qué todo es agrio? —Liancheng Guyue revisó los regalos: pescado encurtido, judías encurtidas, rábano encurtido…

 

Ayer habían terminado su último frasco de encurtidos. Ahora tenían ocho más.

 

—Mn —Yin Wushuang tomaba el sol, acariciando su bestia de brocado, sonriendo.

 

En el pueblo sonaban las suonas: la familia Liu celebraba la boda.

 

Xiao Cui, tímida y sonrojada, servía té a los mayores junto a su marido.

 

Todos comentaban que el hijo mayor de los Liu tenía buena suerte: Una esposa tan dulce, y además habían eliminado a los bandidos. Valía la pena.

 

***

 

Al atardecer, Liancheng Guyue entró con una manta y la puso sobre Yin Wushuang. Intentó quitarle la bestia de brocado.

 

Yin Wushuang lo sujetó con fuerza.

 

Las cejas de Liancheng Guyue se contrajeron.

 

Yin Wushuang insistió.

 

Liancheng Guyue se lo arrebató.

 

Yin Wushuang frunció el ceño.

 

Liancheng Guyue se metió en la cama y lo abrazó.

 

—Hace calor —dijo Yin Wushuang—. ¡Bájate!

 

—No —Liancheng Guyue lo abrazó más fuerte.

 

Yin Wushuang le dio una palmada.

 

Liancheng Guyue no se movió.

 

Yin Wushuang: “…”

 

Liancheng Guyue tomó su mano y la besó.

 

Yin Wushuang estaba entre molesto y divertido.

 

Las manos de Liancheng Guyue empezaron a ponerse traviesas.

 

Yin Wushuang suspiró, dejó de resistirse y miró hacia otro lado.

 

La bestia de brocado, con la boca abierta, lo miraba desde la escalera.

 

Yin Wushuang: “…”

 

Liancheng Guyue se desató el cinturón y acarició su piel tersa.

 

Yin Wushuang frunció el ceño y le dio una patada.

 

Las nubes se movían en el cielo, la brisa de la montaña era suave y las flores blancas cubrían todo el paisaje.

 

Una paz y una belleza que el Jianghu jamás podría ofrecer.

 

[FIN]


 

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