Capítulo
150: Buen hogar.
El
lugar del reencuentro después de mucho tiempo.
Aunque la noche anterior se acostaron
tarde, todos tenían demasiadas cosas en la cabeza como para quedarse
remoloneando. Al amanecer, ya había movimiento en el patio.
Xiao Lan dio unas palmadas sobre la
manta.
—¿Dormirás un poco más?
—No puedo —Lu Zhui se incorporó y se
frotó la cara—. Ah Liu vino anoche a toda prisa. Seguro que la dama Tao tenía
algo importante que decir. Vamos a preguntarle.
Xiao Lan lo abrazó por detrás.
—¿Soñaste anoche?
—¿…Mm? —Lu Zhui giró la cabeza—. ¿Qué
hice?
—Nada. Solo que estabas sonriendo todo
el tiempo —Xiao Lan le tomó la mano—. Como si hubieras soñado algo muy bueno.
—¿Sí? —Lu Zhui cerró los ojos, tratando
de recordar.
Él nunca recordaba los sueños: ni buenos
ni malos; al despertar, la mitad ya se había desvanecido. Pero con la pregunta
de Xiao Lan, algo volvió a su mente: un sueño agradable, una barca de toldo
negro deslizándose por un arroyo, tejados oscuros y paredes blancas, un
Jiangnan de tinta y agua, su tierra natal.
Lu Zhui sonrió.
—No te lo voy a contar.
Xiao Lan arqueó una ceja y le dio un
suave toque en el pecho.
***
«Ciudad Feiliu...»
Mientras se lavaba la cara, Lu Zhui
seguía pensando.
Nunca había considerado volver a su
tierra natal. Pero desde que Xiao Lan mencionó que había comprado una casa
allí, de vez en cuando se sorprendía imaginándola: si fuese grande, si hubiese
bambú u orquídeas frente a la ventana… o quizá un enorme macizo de hortensias y
peonías. También estaría bien.
***
El viejo cojo Li, dirigía a los
jardineros para abonar el último trozo de tierra del patio. Tras un invierno de
reposo, en primavera brotarían flores y hierba exuberante. Cuando terminó,
encendió su pipa de agua y se sentó al sol frente a la casa, como un mayordomo
cualquiera.
Había pasado ya varios meses desde que
la señora Tao y Xiao Lan lo enviaron a Feiliu para preparar la propiedad. Todo
estaba listo, pero no sabía cuándo vendrían la señora y el joven maestro a
verla. Mientras pensaba en ello, sacó unos caramelos de cacahuate y los
repartió entre los niños de la calle. Cuando quedaba solo uno, apareció frente
a él un enorme cuenco dorado.
Al levantar la vista, vio a un gordo
monje sonriendo.
—Amitabha.
El viejo cojo Li guardó silencio un
momento y dejó caer el último caramelo dentro del cuenco.
El monje no se quejó. Se lo comió,
chasqueó la lengua y se empeñó en leerle la fortuna gratis.
El viejo cojo Li negó.
—Nunca dejo que me lean la suerte.
—Entonces déjeme leer el fengshui de
esta casa —el monje se puso de pie, observó alrededor y suspiró—. Buen lugar.
—¿En qué sentido? —preguntó el viejo Li.
—Los hilos del destino unen a quienes
están destinados aquí, incluso a mil li de distancia —rio el monje—.
Este será un lugar de reencuentro para dos enamorados.
El viejo cojo Li negó.
—Para reencontrarse, primero hay que
separarse. Eso no suena muy auspicioso, maestro.
—Ah, hermano, ahí se equivoca. A veces
una pequeña separación no es algo malo —el monje frotó los dedos, misterioso.
El viejo cojo Li se levantó, se sacudió
el polvo y volvió a la casa, sin ganas de seguir escuchando disparates.
***
En otro lugar, Lu Zhui estaba apoyado en
la mano, leyendo la carta escrita por Tao Yu’er.
Ye Jin le tomó la muñeca. El pulso
seguía estable, igual que el de una persona normal.
—¿Qué opina el médico divino Ye?
—preguntó Lu Zhui.
—Difícil decirlo —respondió Ye Jin—.
Pero por el pulso, no parece haber peligro. Déjame intentar otra cosa.
—Mi cuerpo le ha dado muchos problemas
al médico divino Ye —se disculpó Lu Zhui.
—Somos familia. No seas tan formal —Ye
Jin negó con la cabeza—. Ya que el Hehuan Gu no puede resolverse de inmediato,
tratemos primero la amnesia.
Xiao Lan: “…”
—¿Qué pasa? —al ver su expresión, Ye Jin
frunció el ceño—. ¿No se puede?
—No es eso —Xiao Lan volvió en sí—. Es
solo que estos días no había oído al médico divino Ye mencionarlo. Pensé que…
no tenía cura.
—¿Cómo no va a tener cura? Solo quiero
ir paso a paso —Ye Jin negó con la cabeza—. A Qiu Zichen, cuyo caso es
exactamente igual al tuyo, lo estudié una y otra vez. Si aun así no pudiera
resolverlo, ¿no sería una vergüenza para el nombre de “médico divino”?
—¿Y cómo se cura? —preguntó Xiao Lan.
—Depende de ti —respondió Ye Jin.
—¿De mí? —Xiao Lan no entendió.
Ye Jin asintió.
—Insertaré una aguja de plata en el
punto superior del cráneo. Si puedes recordar o no… dependerá de ti mismo. En
teoría, el método funciona. Pero Qiu Zichen no recordó nada, así que supongo
que el efecto varía según la persona.
Lu Zhui: “…”
En todo el mundo, solo dos personas
habían perdido la memoria por culpa de ese veneno. Si Qiu Zichen no recordó
nada, ¿por qué él tendría que recuperarlo todo como si fuera lo más natural?
Además, eso de “una aguja en el cráneo”
ya sonaba lo bastante escalofriante.
—¿No me creen? —preguntó Ye Jin.
—Claro que sí —respondieron todos al
unísono.
***
—¿Y si aun así no recuerdo nada?
—preguntó Xiao Lan.
—Si no recuerdas, tampoco pasa nada. Así
estás bien —intervino Lu Zhui—. Pero ya lo dijimos: si vas a recordar, lo
recuerdas todo; si no vas a recordar, entonces nada. No quiero que solo
recuerdes cuando te molestaba de niño y olvides cuando era bueno contigo.
Xiao Lan sonrió.
—Mn.
—¿Cuánto tardará el tratamiento?
—preguntó Lu Zhui.
—Si el veneno Hehuan Gu estuviera
resuelto, bastaría una noche. Pero ahora hay que evitar que interfiera. Tres
días. Si todo va bien, dos —respondió Ye Jin—. Voy a prepararlo todo.
Antes de salir, añadió:
—En el peor de los casos, no servirá de
nada y seguirás sin recordar. Viéndolo así, no hay nada que temer.
—Lo sé. Gracias por el esfuerzo, médico
divino —dijo Xiao Lan.
Cuando Ye Jin se marchó, Yang Qingfeng
suspiró:
—El líder de la Alianza Shen, héroe
entre héroes; Xiao Ye, un médico milagroso… realmente son una pareja
perfecta en el Jianghu.
Luego miró a Xiao Lan y a Lu Zhui,
sonriendo.
—Y ustedes dos también hacen una pareja
excelente. Esta generación de jóvenes del mundo marcial es extraordinaria.
Por supuesto. Ah Liu, al lado, sacó
pecho, convencido de que él también era bastante extraordinario.
—¿Cómo está Ji Hao? —preguntó Lu Zhui.
—Medio muerto. Dice que le duele la
cabeza y no quiere levantarse —respondió Ah Liu—. Padre, ¿qué piensas hacer con
él?
Lu Zhui miró a Lu Wuming.
—Aún no hemos aclarado lo del muñeco. No
puede morir —dijo Lu Wuming—. Tú y Xiao Lan dedíquense a curarse y a resolver
el veneno. Vigilar a Ji Hao déjamelo a mí.
—Está bien. Gracias, padre —respondió Lu
Zhui.
Lu Wuming volvió la mirada hacia Ah Liu.
Ah Liu asintió.
—Voy a volver ahora mismo a la Tumba Mingyue.
Buscaré esos muñecos en la tumba y luego regresaré para informar.
Lu Wuming suspiró.
—Has viajado día y noche sin descanso…
—¿Y qué importa? Mientras padre se
recupere pronto, yo encantado de cabalgar diez veces ida y vuelta —Ah Liu se
dio un golpe en el pecho, despreocupado—. Pero ese Ji Hao es bien siniestro. Si
me voy, padre y abuelo deben tener más cuidado.
—Descansa un día. Mañana partes —dijo Lu
Zhui.
—Con una noche basta. Si lo retraso uno
o dos días, seguro pasa algo más —Ah Liu negó— Padre, no se preocupe por mí. Lo
importante es que usted se cure.
Luego Ah Liu sonrió.
—Si vuelvo antes, también veré antes a
mi futura esposa.
—¿Ya pediste la mano y entregaste
regalos para llamarla “esposa”? —Lu Zhui le dio una patada, riendo—. Menos mal
que los padres de la señorita Yue no están aquí. Si te oyeran aprovechándote de
palabra, te darían una paliza.
***
Por la tarde, Ah Liu salió de la ciudad Huanhua
con la carta y provisiones en el pecho, cabalgando hacia el norte. Lu Zhui, de
pie sobre el tejado, siguió su figura hasta que desapareció por la puerta de la
ciudad. Luego dijo a Xiao Lan:
—Cuando lo llevé al acantilado Chaomu
para gastarle bromas, jamás imaginé que un día sería mi amigo íntimo.
—¿Amigo íntimo? ¿No era tu hijo? —bromeó
Xiao Lan.
Lu Zhui lo empujó riendo y saltó al
patio.
***
Ji Hao seguía dormido, como si fuera a
dormir un siglo entero.
Lu Zhui se quedó un buen rato frente a
la ventana.
La respiración de Ji Hao era estable.
Sabía que alguien lo observaba desde afuera, pero no abrió los ojos.
Necesitaba tiempo. Mucho tiempo, para
digerir la alegría de haber renacido. En ese instante, cada movimiento, cada
fórmula de la Gran Técnica de Traspaso de Almas brillaba con nitidez en su
mente. Fu no lo había engañado.
Pero él sí había engañado a Fu.
La Dama de Jade Blanco, en su corazón,
seguía siendo un cadáver sin importancia. La devoción casi enfermiza de Fu, su
amor fanático, su veneración… él no había heredado nada de eso. Era el único
caso en cientos de años capaz de elegir qué conservar y qué desechar.
Seguía siendo Ji Hao. Solo que ahora
tenía las artes y los recuerdos marciales de Fu. El resultado perfecto.
Cuando oyó que los pasos se alejaban,
una sonrisa apareció por fin en su rostro: oscura, torcida.
***
Ye Jin abrió un pequeño paquete. Dentro
brillaban agujas de plata.
Lu Zhui miró por la rendija de la
ventana un momento, luego se giró hacia Xiao Lan y le indicó con los dedos:
—Así de largas.
Xiao Lan sonrió.
—¿Te preocupa por mí?
«¿Preocuparme? Lo que temo es que te
dejen tonto.»
Lu Zhui entró con las manos a la
espalda, dándole solo la espalda. Pasó un buen rato sin que Xiao Lan entrara,
así que giró la cabeza.
Xiao Lan estaba apoyado en la puerta,
sonriendo.
—¿Cómo es que no estás nervioso? —Lu
Zhui lo pellizcó.
—Cuando un paciente se encuentra con un médico
divino, debería alegrarse, no ponerse nervioso —dijo Xiao Lan—. Lo único es que
siempre pensé que recordaría todo de golpe algún día. No imaginé que el médico
divino Ye pudiera tratarlo.
—¿Recordar de golpe? Eso suena a haber
leído demasiadas novelas —Lu Zhui bufó—. Yo al borde de la muerte, tú
profundamente afectado, y entonces… ¡umm!
Su frase quedó interrumpida.
—No digas “al borde de la muerte” —Xiao
Lan lo abrazó por la cintura y lo besó—. A partir de ahora, todo bien. Sanos,
salvos, y juntos.
—Y ricos —añadió Lu Zhui.
Xiao Lan rio.
—Siempre tan hablador.
—¿Qué tiene de malo? No quiero una vida
pobre y de hambruna. La vida tiene que ser próspera para tener gracia —Lu Zhui
lo miró de reojo—. ¿Mm?
—Mn —Xiao Lan asintió—. Te prometo que
nunca pasarás “hambre”.
Lu Zhui lo observó un instante,
frunciendo el ceño.
—No sé por qué, pero dicho así… suena un
poco ambiguo.
—El joven maestro Mingyu piensa
demasiado —Xiao Lan le tomó la barbilla, riendo en voz baja—. Me refiero a alimentar
esta boca…
Lu Zhui: “…”
—He cambiado de opinión —dijo Lu Zhui—.
Mejor que no recuerdes nada. Si no, seremos dos gamberros juntos. Nada puro.
Xiao Lan no respondió. Solo le sostuvo
la nuca con una mano y lo besó profundamente.
Sus labios se entrelazaron, intensos,
sin separarse.
Las piernas de Lu Zhui se aflojaron; una
neblina cálida oscureció sus ojos hasta volverlos insondables.
Ye Jin estuvo un momento en la puerta.
Luego se retiró en silencio.
«Para poner una aguja, ¿hace falta
tanto… drama?»
«Como el viejo Xu de la Mansión del Sol
y la Luna: cuando le corté un lunar, estaba muy tranquilo.»
«Estos jóvenes… no aguantan nada.»


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