EIJT 170

  


Capítulo 170: Los misterios siempre deben resolverse.

 

—En realidad, el pueblo del Emperador Bai no está tan lejos de la Ciudad Lamei —dijo Qin Shaoyu—. Pero, durante cientos y miles de años, jamás nadie ha logrado entrar. Antes pensaba que era por la vigilancia de los hermanos Dao Hun y Jian Po; ahora veo que ese no es el único motivo.

 

—¿Entonces cuál es? —preguntó Shen Qianfeng.

 

—Las artes de la antigua adivinación —respondió Qin Shaoyu.

 

Ye Jin frunció el ceño.

—¿Una formación Bagua?

 

—Más o menos —dijo Qin Shaoyu—. Ahora podemos entrar y salir del pueblo montañoso sin obstáculos porque el líder del clan ordenó la retirada de la formación; si fuera antes, me temo que no sería tan fácil para nosotros entrar y salir de esta montaña.

 

—Con razón —dijo Ye Jin—. Ya decía yo que no era normal que pudieran ocultarse tan bien durante tantos siglos.

 

—¿Y qué tiene que ver eso con Zhou Jue? —preguntó Shen Qianfeng.

 

—El Palacio Subterráneo del campo nevado de Jibei, igual que el pueblo del Emperador Bai, también fue construido siguiendo una formación Bagua —explicó Qin Shaoyu—. Y Zhou Jue, naturalmente, no puede conocer estos detalles. Así que lo que ocupa ahora no es más que el salón principal del palacio. En el lado sureste hay tres pabellones secundarios que parecen aislados entre sí, pero en realidad están conectados.

 

—¿Quieres decir que dejemos que el ejército del Gran Chu entre primero a los pabellones secundarios y ataque desde allí? —Ye Jin no estaba nada convencido—. Aun suponiendo que los encuentren, es demasiado arriesgado. Al fin y al cabo, hablamos de decenas de miles de vidas.

 

—El ejército del Gran Chu avanzará hacia el campo nevado, pero no necesita entrar al palacio subterráneo —dijo Qin Shaoyu con una sonrisa. Desenrolló un mapa y señaló dos marcas—. Solo hay que esperar a que Zhou Jue salga por sí mismo. ¿Recuerdan estos dos lugares?

 

—Por supuesto —asintió Ye Jin—. Las casitas de piedra en la nieve: una era el punto de contacto de Huang Yuan para entrar al palacio, y la otra fue la que confesaron esos taoístas.

 

—En realidad, esas dos casitas también forman parte de la gran formación de todo el campo nevado —explicó Qin Shaoyu—. Sumadas al antiguo mapa topográfico del pueblo del Emperador Bai, es fácil calcular la ubicación de los pabellones secundarios.

 

—¿Y cómo hará Zhou Jue para salir por su cuenta? —Ye Jin seguía sin entender; Shen Qianfeng también parecía confundido.

 

—Que en la Ciudad Lamei hayan brotado flores Bruma de Marzo es una señal —dijo Qin Shaoyu—. Significa que las aguas termales subterráneas del campo nevado han empezado a reunirse y fluir de nuevo. Lo que Ling’er y yo vimos aquel día no fue más que una mínima parte. Y debido al relieve, la mayoría de esas aguas termales seguirán fluyendo hacia el norte, derritiendo la nieve y provocando la inundación del campo nevado que antes no lográbamos comprender por qué ocurría.

 

—Con razón —murmuró Ye Jin, comprendiendo al fin.

 

—Según Dao Hun —explica Shen Qianling—, los antiguos libros del pueblo del Emperador Bai registran con precisión cada inundación: cuándo ocurrió y dónde. Los pueblos abandonados que vimos en el campo nevado coinciden con esos lugares, así que no parece haber mentido. Cuando el Emperador Bai construyó el palacio subterráneo, evitó deliberadamente el curso de las aguas termales y reforzó las defensas para que el agua no lo inundara. Pero, tras tantos años, las corrientes subterráneas han erosionado todo bajo la nieve. Si seguimos el patrón de las inundaciones pasadas, es muy probable que ya hayan alcanzado los pabellones secundarios. Solo basta con usar explosivos para romper la última barrera y dejar que las aguas termales irrumpan en el palacio.

 

—Hay una formación Bagua entre el vestíbulo lateral y el salón principal, y hay paredes camufladas que bloquean el paso. Puede ser difícil para la gente encontrar la entrada, pero no para el agua —Qin Shaoyu dijo— La cantidad de agua termal subterránea no es menor que la del río Yunlan. Si se añade la nieve derretida y vuelve al palacio subterráneo, será difícil para los rebeldes seguir escondiéndose.

 

—¿Dónde está ahora Qianfan? —pregunta Ye Jin.

 

—En el campo nevado de Jibei, listo para entrar en combate —responde Shen Qianfeng.

 

—No nos atrevíamos a actuar precipitadamente antes porque no sabíamos dónde se escondía Zhou Jue. Si encontramos el salón lateral y expulsamos a los rebeldes del palacio subterráneo, será una batalla entre dos ejércitos —Qin Shaoyu dijo— Aunque no hayamos luchado muchas batallas en el campo de hielo, el ejército del Gran Chu definitivamente no perderá contra Zhou Jue por su fuerza.

 

—Estos hermanos realmente saben mucho —Shen Qianfeng se acarició la barbilla— El anciano Ren Xiaoyao nos ha ayudado mucho esta vez, de lo contrario no habríamos venido a este pueblo. La próxima vez debemos agradecerle adecuadamente.

 

—Si este plan es viable, entonces supongo que tendremos que discutirlo detenidamente —dijo Qin Shaoyu— Sin embargo, antes de eso, primero debemos resolver el problema del pueblo del Emperador Bai, de lo contrario, el jefe del clan, Dao Hun y Jian Po no estarán dispuestos a ayudar.

 

—Aquí probablemente tendremos que esperar tres días más, al menos hasta que la persona de la montaña trasera despierte primero —dijo Ye Jin.

 

Guardian secreto de la Mansión del Sol y la Luna: “…”

«Me siento culpable cada vez que lo escucho.»

 

—Si están dispuestos a ayudarnos así, ¿cuáles son las condiciones de los dos hermanos? —preguntó nuevamente Ye Jin.

 

—Las condiciones existen, pero también son razonables —dijo Qin Shaoyu— Solo qieron que podamos convencer al anciano líder para que no cierre la aldea y permita que aquellos que quieran bajar de la montaña puedan hacerlo.

 

—Decirlo es fácil, pero no deja de ser un trabajo nada sencillo —Ye Jin alzó una ceja— Pero comparado con esta batalla, seguimos del lado ganador.

 

Como había buenas noticias, el cansancio de todos se disipó de inmediato, y continuaron deliberando en el estudio. Solo Mu Hanye y Huang Taixian durmieron plácidamente toda la noche; Xiao Pingzi, por su parte, roncaba en una camita a un lado, con la boca muy fruncida y las manitas aferradas a la manta.

«¿Por qué me bajaron de la cama grande? No me gusta.»

 

Mu Hanye, en cambio, estaba muy satisfecho. Al despertar, abrazó a Huang Taixian y frotó su rostro contra él.

—A’Huang, he cambiado de opinión otra vez.

 

—¿Qué opinión? —preguntó Huang Taixian, somnoliento, hundiendo la cara en su pecho— Tengo sueño.

 

—Será mejor llevarlo de vuelta al Reino Qijue —dijo Mu Hanye—. Se lo dejamos a la nodriza; tú solo tienes que cargarlo un rato durante el día. Las noches debes seguir siendo para mí.

 

—No digas tonterías. Ahora mismo es el único tesoro de la familia Bai. ¿Cómo vamos a robarles a su hijo? —Huang Taixian abrió los ojos—. ¿Qué hora es?

 

—Aún es temprano —respondió Mu Hanye con profunda ternura—. Puedes dormir un poco más. Nadie se ha levantado.

 

Apenas terminó de hablar, se oyó la voz de Shen Qianling desde el patio:

—¡No corras por todas partes mientras estamos comiendo!

 

—¡Chirp! —Maoqiu, con un trozo de carne seca en el pico, abrió las alas y salió disparada. Sus patitas eran pura velocidad.

 

Como pequeña Fénix en plena etapa rebelde, era realmente un dolor de cabeza.

 

El Rey Lobo de nieve lo alcanzó, lo tomó suavemente y lo devolvió a la mesa de piedra.

 

Maoqiu lo miró con sus ojitos negros, llena de protesta.

«¡Aún no he terminado de jugar!»

 

El Rey Lobo le frotó la cabeza con una pata.

 

Maoqiu inhaló hondo y salió disparado como un proyectil.

 

—¡Ayoo! —Ye Jin, tomado por sorpresa, casi dejó caer su cuenco de sopa.

 

—¡Te estás buscando una paliza! —gruñó Shen Xiaoshou, remangándose.

 

—¡Chirp, chirp, chirp! —Maoqiu estaba encantado, saltando por todo el patio y esquivando a su madre.

 

En un instante, el patio entero era un caos. Hasta Xiao Pingzi despertó, se incorporó frotándose los ojos y bostezó con pereza.

 

Huang Taixian miró a Mu Hanye.

—¿Esto es lo que llamas “nadie se ha levantado”?

 

—Claro —asintió Mu Hanye con total serenidad, manteniendo su descaro habitual. Su habilidad para mentir sin pestañear merecía aplausos.

 

—Vamos, levántate —Huang Taixian ya no quiso discutir—. Todos salieron anoche a investigar. Hay que preguntar si obtuvieron resultados.

 

—Por supuesto que hubo resultados —asintió Mu Hanye.

 

—¿Cómo lo sabes? —Huang Taixian se quedó sorprendido.

 

—Anoche, después de que todos regresaran, no pegaron un ojo. Estuvieron hablando hasta el amanecer —explicó Mu Hanye—. Es lógico que hayan hecho un gran descubrimiento.

 

Huang Taixian sintió el ánimo un poco complicado.

—Y nosotros durmiendo toda la noche…

«Comparado con los demás, parecemos casi… ociosos.»

 

—¿Y qué importa? —Mu Hanye le dio un beso—. Me encanta ver a A’Huang dormir.

 

—Hay un niño presente —Huang Taixian, sin palabras, lo empujó con la mano. Al girar la cabeza, vio que Xiao Pingzi ya se había puesto la ropa él solito. Estaba algo torcida, sí, pero para su edad era sorprendentemente hábil.

 

—¡Abrazo! —pidió el niño, con vocecita dulce al ver que Huang Taixian lo miraba.

 

Ante esos ojitos negros y brillantes, Huang Taixian sintió que el corazón se le derretía. Se bajó de la cama, lo tomó en brazos y le apretó suavemente las mejillas.

«Es realmente adorable.»

 

—Ya que A’Huang quiere tanto a los niños… —Mu Hanye, tímido, estrujó la manta entre los dedos—. ¿Y si yo le doy uno a A’Huang?

 

Sintió un trueno en cielo despejado. A Huang Taixian le hormigueó el cuero cabelludo del susto.

 

A veces, de verdad quería coserle la boca a este hombre.

 

Después del desayuno, Shen Qianfeng se quedó en el estudio para contarle a Mu Hanye lo que habían descubierto la noche anterior. Qin Shaoyu, en cambio, salió con Shen Qianling y fueron directamente a la casa de la familia Bai. Liancheng Guyue había bajado de la montaña al amanecer: ya había demasiada gente allí arriba y, una vez confirmado que en el pueblo del Emperador Bai no había peligro, regresó temporalmente a la Ciudad Lamei para ayudar a Wei Yang.

 

Según las costumbres del pueblo, Hua Niang había sido enterrada la noche anterior. El altar funerario ya había sido retirado y solo quedaban las tiras de tela blanca y negra colgadas en la puerta, avisando a los forasteros de que la familia acababa de sufrir una pérdida.

 

Bai Fang ya tenía la salud frágil, y el doble golpe de perder a su esposa y ver desaparecer a su cuñado lo había dejado postrado en cama, incapaz de levantarse. El patriarca del clan había asignado a varios jóvenes del pueblo para turnarse y cuidarlo cada día.

 

—¿Cómo es que ni el hermano Ye pudo curarlo? —preguntó Shen Qianling, intrigado—. Ya tomó el antídoto, ¿no?

 

—¿Y cómo se cura una pena del corazón? —Qin Shaoyu le rozó la nariz con un dedo—. Vamos, veamos el patio trasero.

 

—¿El lugar donde Bai A-Liu podría haber trepado la pared? —preguntó Shen Qianling.

 

Qin Shaoyu asintió y fueron juntos al patio trasero. Bajo el muro crecían flores silvestres, y en el patio, aparte de unas herramientas agrícolas abandonadas, no había gran cosa.

 

—Tampoco hay marcas de que hayan puesto una escalera —observó Shen Qianling—. El muro es tan liso, y no hay ni un árbol cerca. Una persona normal no podría subir.

 

—Pero hay huellas de zapatos en la pared —dijo Qin Shaoyu.

 

—¿En serio? —Shen Qianling se sorprendió—. ¿Dónde?

 

Qin Shaoyu lo levantó en brazos para que ambos quedaran a la misma altura y señaló con la barbilla.

—¿Ahora las ves?

 

Desde ese ángulo, efectivamente se distinguían dos líneas muy tenues de huellas. Si uno no miraba con atención, era imposible verlas; y aun mirándolas, no era fácil.

 

Shen Qianling frunció el ceño.

—¿Entonces Bai A-Liu sí sabe artes marciales? No puede ser… Se veía tan bonachón. Eso de “experto oculto” no tiene sentido.

 

—Vamos a preguntarle a Bai Fang —dijo Qin Shaoyu, dejándolo en el suelo.

 

—Mn —asintió Shen Xiaoshou, tomándolo de la mano mientras regresaban. Tras pensarlo un momento, miró a su esposo y murmuró—: Oye… quizá yo todavía crezca. Llegar a medir nueve chi no es imposible.

 

Qin Shaoyu se quedó pasmado un instante y luego contuvo la risa.

—Por supuesto.

 

—¡No eres nada sincero! —Shen Xiaoshou se indignó. Aunque, en realidad… tampoco era imposible.

 

—¿Cómo va a ser? —Qin Shaoyu se puso serio—. Con esa apariencia, solo con ver tu figura uno sabe que eres imponente.

 

Shen Qianling, indignado, le estiró las mejillas.

«¿No puede decir algo bonito por una vez? Mi hombre es insoportable.»

 

—Ha venido el joven maestro Shen —el muchacho encargado de cuidar a Bai Fang los vio y levantó la cortina con prisa—. Pasen, por favor.

 

—¿Cómo está Bai Fang? —preguntó Shen Qianling.

 

—Tomó la medicina y justo estaba por dormir —respondió el joven—. Siéntense, voy a calentar agua para preparar té.

 

—Gracias —asintió Qin Shaoyu. Cuando el muchacho salió, se sentó en el banquillo y preguntó a Bai Fang—: ¿Te sientes mejor hoy?

 

—Agradezco la preocupación del Líder Qin, ya estoy bien —Bai Fang, recostado, respiraba con cierta dificultad—. ¿Han encontrado el paradero de A-Liu? La muerte de Hua Niang aún está reciente, y ahora A-Liu desaparece… ¿Cómo voy a presentarme ante mis suegros en el más allá? —Los ojos se le enrojecieron; la ansiedad era evidente.

 

—Aún estamos investigando el paradero de Bai A-Liu, pero tengo una pregunta —dijo Qin Shaoyu.

 

—¿Qué pregunta? —respondió Bai Fang.

 

—Parece que sabe algo de artes marciales —dijo Qin Shaoyu—. ¿Lo sabías?

 

—¿A-Liu? —Bai Fang se sorprendió— Líder Qin, debe de estar bromeando. ¿Cómo podría él saber artes marciales?

 

—¿Seguro que no? —Qin Shaoyu frunció el ceño.

 

Bai Fang negó con firmeza.

—A-Liu creció pobre. Mis padres lo criaron la mayor parte del tiempo. Hemos estado juntos desde pequeños y jamás lo vi aprender artes marciales. Además, en el pueblo hay reglas: salvo los guardianes de la entrada, nadie puede practicar. Temen que los vecinos se peleen y arruinen la paz heredada de los ancestros. Y A-Liu nunca salió del pueblo. ¿Cómo habría tenido oportunidad de aprender?

 

—Será mejor que lo pienses bien antes de responder —advirtió Qin Shaoyu—. Si he venido a preguntarte, es porque tengo pruebas. Si quieres recuperar a tu cuñado, no puedes mentir ni una sola palabra. Cualquier falsedad retrasará todo.

 

Ante esas palabras, Bai Fang no se atrevió a tomarlo a la ligera. Pensó largo rato, hasta que de pronto se le puso la cara pálida, como si recordara algo.

 

—¿Lo recordaste? —preguntó Qin Shaoyu.

 

Bai Fang vaciló.

—Eso…

 

—No tengas miedo —dijo Shen Qianling—. Si es algo que no puede saberse, guardaremos el secreto.

 

Comparado con Qin Shaoyu, Shen Xiaoshou era claramente más cercano y tranquilizador. Bai Fang respiró hondo y, por fin, reunió valor.

—En realidad sí hubo algo… pero fue hace más de diez años.

 

—¿Qué cosa? —preguntó Qin Shaoyu.

 

—Puedo contarlo, pero les ruego que no se lo digan a nadie —pidió Bai Fang, con expresión difícil—. Si el patriarca se entera, no solo me expulsarán del pueblo; incluso las tumbas de mis padres serían trasladadas.

 

«¿Qué podía ser tan grave?» Shen Qianling se sorprendió. «Incluso perturbar la paz de los muertos…»

 

—Por supuesto —asintió Qin Shaoyu—. Si te doy mi palabra, la cumplo.

 

—Bien, bien… —Bai Fang pareció aliviado—. Hace más de diez años, un forastero entró al pueblo. Mi padre estaba cortando leña en la montaña y aquel hombre cayó rodando desde arriba, muy malherido. Según las reglas del pueblo, los intrusos deben morir, pero mi padre tuvo compasión y lo escondió en una cueva. Al día siguiente volvió con hierbas medicinales y comida.

 

—Su padre era un hombre de gran bondad —dijo Shen Qianling.

 

—Era medio curandero, no soportaba ver morir a alguien sin ayudar —explicó Bai Fang—. Ese hombre tenía la vida dura; se recuperó rápido. A-Liu y yo éramos pequeños. Mi padre nos dijo que era alguien del Jianghu, así que íbamos a la montaña a escuchar sus historias. A-Liu iba aún más que yo. De niño tenía episodios de amnesia: no eran graves, pero olvidaba las cosas a los pocos días. Por eso cada historia le parecía nueva y la escuchaba con entusiasmo.

 

—¿Y después? —preguntó Qin Shaoyu.

 

—Después, aquel hombre dejó el pueblo y nunca volvió —dijo Bai Fang—. A-Liu pasaba mucho tiempo a solas con él. Si aprendió artes marciales en ese entonces… tampoco sería imposible.

 

—¿Cómo se llamaba? —preguntó Qin Shaoyu.

 

—Solo sé que se apellidaba Zhang —respondió Bai Fang—. Dijo que había gente afuera intentando matarlo y que no podía salir. Por eso vivió en la montaña casi medio año antes de irse.

 

«Diez años atrás… Apellido Zhang… Perseguido por enemigos...» Qin Shaoyu se tocó la barbilla, claramente pensando.

 

—Aparte de eso, no sé nada más —dijo Bai Fang.

 

—Con esto basta —sonrió Qin Shaoyu—. Gracias por hoy.

 

—El líder Qin es muy amable —respondió Bai Fang—. Si encuentran pronto a A-Liu, el agradecido seré yo.

 

—Descansa. Nosotros nos vamos —Qin Shaoyu se levantó.

 

Bai Fang asintió y los acompañó con la mirada hasta que salieron del patio.

 

—Si lo que dijo Bai Fang es cierto, entonces Bai A-Liu sí podría saber artes marciales —comentó Shen Qianling—. Es increíble. ¡Un hombre que olvida poner las hojas de té al preparar té, resultó ser un experto oculto! Es casi fantasía.

 

Qin Shaoyu asintió.

—Mn.

 

—¿“Mn” qué? —Shen Xiaoshou frunció el ceño—. ¿Me estás escuchando?

 

—Por supuesto —Qin Shaoyu lo miró con seriedad.

 

—¿Ah, sí? —Shen Xiaoshou lo observó con sospecha—. Entonces dime, ¿qué estaba diciendo?

 

Qin Shaoyu: “…”

 

Shen Xiaoshou apretó el puño.

 

—Estabas diciendo… ¿qué vamos a comer luego? —aventuró Qin Shaoyu.

 

«¡Lo sabía!» Shen Xiaoshou se enfureció. «Humano hipócrita.»

 

—Está bien, estaba pensando en otra cosa —Qin Shaoyu levantó las manos en rendición—. Me equivoqué. ¿Qué estabas diciendo?

 

—Olvídalo —Shen Qianling le dio unas palmaditas—. Mejor dime tú qué estabas pensando.

 

Qin Shaoyu se inclinó y le susurró unas palabras al oído.

 

Shen Qianling inhaló bruscamente.

 

—Solo es una conjetura —Qin Shaoyu le pellizcó la mejilla—. Vamos, volvamos con Qianfeng.

 

***

 

—Hace más de diez años, perseguido en el noreste, apellido Zhang —Ye Jin frunció el ceño al escucharlo—. El rango es demasiado amplio. En el Jianghu persiguen gente todos los días, y apellidarse Zhang es de lo más común. Si fuera un apellido compuesto, todavía.

 

—¿Zhang Anli? —dijo de pronto Shen Qianfeng.

 

Qin Shaoyu sonrió de lado.

—Yo también pensé en él.

 

Ye Jin se quedó boquiabierto.

—¿Cómo pueden adivinar eso?

«¿No es demasiado increíble? Además, hace diez años todos aquí tendrían… ¿qué? ¿Diez años?»

 

—Está en los libros… —explicó Shen Qianfeng—. Si uno se convierte en Líder de la Alianza Marcial, debe revisar décadas de historia del Jianghu.

 

Ye Jin: “…”

«Si lo hubiera sabido, ¡no le habría dejado aceptar el cargo!»

 

«Con razón, cuando estabas en la Mansión del Sol y la Luna, siempre lo veía estudiando como si fuera a presentar exámenes imperiales.»

 

—Seguro no has oído hablar de él —dijo Qin Shaoyu, mirando a Ye Jin.

 

—¿Y qué? —Ye Jin se indignó—. ¡Él tampoco lo ha oído!

 

Señaló a alguien al azar.

 

Shen Xiaoshou se escondió detrás de su marido para evitar ser señalado.

 

En ese momento, Mu Hanye entró con Huang Taixian.

—¿Por qué Lord Ye está señalando a mi A’Huang? —preguntó, desconcertado.

 

Ye Jin: “…”

 

Shen Xiaoshou, con ojos brillantes:

—¿Has oído hablar de Anli?

 

—¿Quién? —preguntó Huang Taixian, sin oír bien.

 

—Zhang Anli —explicó Shen Qianfeng—. Un bandido del noreste, hace décadas.

 

—Ah, él —asintió Huang Taixian—. Sí, lo he oído.

 

Qin Shaoyu arqueó una ceja.

 

Ye Jin: “…”

«Tampoco es para tanto.»

 

Mu Hanye, orgulloso:

—A’Huang sabe incluso eso.

 

—Aunque Zhou Jue vivía en el palacio subterráneo, siempre recopilaba información y tenía muchos libros —explicó Huang Taixian—. Yo los leía cuando no tenía nada que hacer. Vi su nombre alguna vez.

 

— Solo es un rufián, ni siquiera uno famoso en el Jianghu —dijo Shen Qianfeng—. No era ningún experto. Es normal no haber oído hablar de él.

«No olvidó suavizar las cosas para su esposa ni siquiera en ese momento. ¡Es realmente un buen hombre!»

 

—Entonces, según ustedes, Zhang Anli cayó por un acantilado hace más de diez años, fue salvado por los padres de Bai Fang y Bai A-Liu aprendió artes marciales de él —resumió Ye Jin—. ¿Y luego se ocultó durante diez años solo para envenenar a su hermana y huir?

 

Shen Qianling: “…”

 

Qin Shaoyu respondió:

—¿Te parece posible?

 

«Posible, mis narices.» Ye Jin resopló en su interior.

 

—Entonces, ¿cómo encaja todo esto?

 

—En realidad hay otra posibilidad —sonrió Qin Shaoyu, mirando a Shen Qianfeng.

 

—Así es —asintió Shen Qianfeng.

 

Ye Jin estaba aún más perdido.

 

—Lo veremos esta noche —dijo Qin Shaoyu—. Aún no podemos afirmarlo.

 

—Bien —dijo Shen Qianfeng—. Iré yo mismo.

 

«¡Ya basta!» Ye Jin estaba al borde de explotar. «¿Hasta cuándo van a hablar en acertijos? Tengo muchas ganas de golpear a alguien.»

 

—¿Qué está pasando exactamente? —Mu Hanye y Huang Taixian tampoco habían entendido mucho.

 

Qin Shaoyu resumió la situación.

 

—¿De verdad? —Mu Hanye frunció el ceño.

 

—Aún no podemos asegurarlo —sonrió Qin Shaoyu—. Pero estamos cerca. Hermano Mu, espera un poco. A más tardar mañana tendremos resultados.


 

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