Cap铆tulo
98: Muchas Chicas.
Est谩n
en el Gran Sal贸n de Loto Rojo.
Lu Wuming mir贸 a los dos con cierta
extra帽eza.
—Con este calor, ¿qu茅 hacen parados
aqu铆?
—Charlando —respondi贸 Lu Zhui.
—Regresen de una vez —Lu Wuming neg贸 con
la cabeza—. A煤n no est谩s completamente recuperado, y estos d铆as no hago m谩s que
verte vagando por ah铆.
—Est谩 bien padre —dijo Lu Zhui.
«Pero ¿qu茅 significa “vagando por ah铆
todos los d铆as”?»
«Yo no he hecho eso.»
Cuando Lu Wuming se march贸, Lu Zhui
dijo:
—Gracias, m茅dico divino Ye.
—¿Y por qu茅 me agradeces? —Ye Jin lo
mir贸 con desconfianza—. No he dicho que te dejar茅 ir a la Tumba Mingyue. Ser谩
mejor que abandones esa idea cuanto antes.
—Solo quiero ver c贸mo est谩n las cosas
all铆.
—¿Qu茅 tiene de interesante una tumba?
—Ye Jin lo mir贸 con desd茅n—. ¿O es que temes que, si no est谩s, 茅l se vaya con
otra persona?
Lu Zhui guard贸 silencio.
—Exactamente —dijo Lu Zhui al final.
—Igual no te dejo ir —replic贸 Ye Jin.
Lu Zhui intent贸 apelar al sentimiento:
—Si en este momento quien estuviera en
la Tumba Mingyue fuera el l铆der de la Alianza Shen…
Ye Jin lo interrumpi贸:
—Entonces yo estar铆a en casa, tirado,
comiendo, bebiendo, escuchando m煤sica y viendo teatro.
Disoluto. Absolutamente disoluto.
En todo el Jianghu, no hab铆a nadie capaz
de desobedecer las 贸rdenes m茅dicas de Lord Ye. Desde la capital imperial hasta
Jiangnan, desde el Emperador Chu hasta el l铆der de la Alianza de Artes Marcial:
¡Nadie!
Lu Zhui suspir贸 largamente y se apoy贸
contra un 谩rbol, mirando el peque帽o fragmento de cielo entre las hojas.
Reconoc铆a que, a veces, s铆 era un poco
impulsivo, un poco temerario. Solo una carta, y su coraz贸n ya hab铆a volado a la
Tumba Mingyue. Aunque fuera solo para verlo un instante. Un instante bastar铆a.
Pero ni su padre, ni el m茅dico divino Ye, ni siquiera Ah Liu aprobar铆an
semejante idea.
Era realmente dif铆cil.
Volvi贸 al estudio, intentando continuar
con el estudio de la Formaci贸n de A帽oranza, que estaba a punto de
descifrar, pero no logr贸 concentrarse. Suspir贸 profundamente y termin贸 agachado
bajo un 谩rbol, mirando una fila de hormigas trasladando su hogar.
Era un h谩bito que hab铆a aprendido de Wen
Liunian: cuando uno estaba molesto o triste, buscaba un 谩rbol grande, se
agachaba con toda correcci贸n y no se mov铆a. Antes no entend铆a qu茅 gracia ten铆a
aquello; ahora llevaba casi media hora en cuclillas y segu铆a sin encontrarle la
gracia.
Sus piernas ya estaban entumecidas.
El Primer Ministro Wen, n煤mero uno del
Gran Chu… no era algo que cualquiera pudiera imitar.
Lu Zhui se apoy贸 en el 谩rbol y se puso
de pie. Justo cuando pensaba volver a la habitaci贸n a beber un poco de t茅,
escuch贸 la voz de Ye Jin detr谩s de 茅l, suave y profunda:
—¿De verdad tienes muchas ganas de ir?
Lu Zhui: “…”
Lu Zhui lo comprendi贸 todo en un
instante.
El motivo por el que Lord Wen gustaba de
agacharse bajo un 谩rbol cuando estaba molesto no era porque observar hormigas
tuviera alg煤n encanto, sino porque al estar agachado uno parec铆a m谩s
desamparado. Y no pasaba ni el tiempo que tarda en prepararse una taza de t茅
antes de que su hermano mayor Zhao viniera a levantarlo, a consolarlo, y a
aceptar todas sus exigencias irracionales: si ped铆a estofado de codillo, le
daba el codillo estofado; si ped铆a pierna de cordero, le compraba la pierna de
cordero.
El dicho “el ni帽o que llora es el que
mama” era exactamente eso.
Cuando Ye Jin lo ayud贸 a entrar en el
sal贸n, la admiraci贸n de Lu Zhui por Wen Liunian alcanz贸 nuevas alturas.
La habitaci贸n estaba en silencio. Ye
Jin, con las manos a la espalda, caminaba de un lado a otro.
«Al volver a casa y pensarlo bien, si
Shen Qianfeng estuviera ahora mismo en la Tumba Mingyue, rodeado de peligros,
tambi茅n ir铆a sin dudarlo.»
«Aunque no fu茅ramos cercanos.»
«¡Pero ir铆a!»
«Adem谩s, si sigue as铆, preocupado,
agach谩ndose todos los d铆as, aunque su cuerpo sane, acabar铆a enfermando del
coraz贸n.»
La mirada de Ye Jin se volvi贸 profunda.
—M茅dico divino Ye… —dijo Lu Zhui.
—¿Es absolutamente necesario ir?
—pregunt贸 Ye Jin.
—Si el m茅dico divino Ye considera que mi
estado no permite viajar ni dormir a la intemperie, entonces no es
indispensable —respondi贸 Lu Zhui con sinceridad—. Pero si las consecuencias no
son tan graves… quiero ir.
Ye Jin lo mir贸 con seriedad durante un
largo rato antes de decir:
—Lo pensar茅.
Lu Zhui solt贸 un suspiro de alivio,
sincero:
—Gracias, m茅dico divino Ye.
***
En la Tumba Mingyue, Xiao Lan estaba en
la tumba de la Dama de Jade Blanco, mirando el f茅retro de jade sobre la
plataforma.
Esa misma ma帽ana hab铆a recibido la carta
de Lu Zhui, donde se detallaban todas las leyendas y conjeturas sobre la Dama
de Jade Blanco. Al ver aquel rostro sereno, como dormido, era imposible
imaginar que hubiera vivido una vida tan tr谩gica y accidentada.
Kong Kong Miaoshou estaba abajo y
pregunt贸:
—¿Cu谩nto tiempo piensas quedarte
mir谩ndola?
Xiao Lan se dio la vuelta y baj贸 los
escalones.
Kong Kong Miaoshou lo observ贸 con
detenimiento durante un buen rato, hasta asegurarse de que no hab铆a nada
extra帽o, y entonces dijo:
—¿De verdad est谩s bien? ¿Ni un poco te
ha hechizado?
Xiao Lan sonri贸.
—Por el tono del anciano, parece que
est谩 un poco decepcionado.
«No tiene sentido…» Kong Kong Miaoshou estaba, en efecto,
algo frustrado. No ten铆a nada que ver con si Xiao Lan era o no su nieto. Hab铆a
recorrido tumbas toda su vida, crey茅ndose invencible, pero justo esta tumba de
la Dama de Jade Blanco casi lo hab铆a llevado a la locura. Y, sin embargo, este
muchacho pod铆a quedarse mir谩ndola medio d铆a sin sufrir nada.
—Ya lo dije la vez pasada —explic贸 Xiao
Lan—. Tal vez es porque no tengo ning煤n pensamiento impuro hacia ella. Por eso
no caigo en la ilusi贸n.
Kong Kong Miaoshou se enfureci贸, su
bigote temblando.
—¡Tu abuelo es muy mayor! ¿C贸mo podr铆a
tener pensamientos indebidos hacia ella?
Xiao Lan aclar贸:
—Pero s铆 hay, al menos, “algo” en ella
que le interesa al anciano, ¿no?
Kong Kong Miaoshou qued贸 sin palabras.
脡l s铆 deseaba ese anillo de nieve, el
que llevaba la Dama de Jade Blanco en la mano: deslumbrante, 煤nico en el mundo,
capaz de mantener un cad谩ver intacto durante cien a帽os, v铆vido como en vida.
Lo deseaba con locura.
—Est谩 bien —Kongkong Miaoshou se dej贸
caer al suelo—. Esta vez ganas t煤.
—No quiero competir con usted —Xiao Lan
se agach贸 frente a 茅l—. Si el anciano quiere ese anillo de nieve, vaya y
t贸melo.
Kong Kong Miaoshou se sobresalt贸.
—¡¿Qu茅 has dicho?!
—Pienso decirle a mi t铆a d贸nde est谩 esta
tumba —respondi贸 Xiao Lan—. Seg煤n la conozco, ese anillo lo tomar谩 sin dudar.
Kong Kong Miaoshou vacil贸. Mir贸 de reojo
el f茅retro de jade sobre la plataforma.
No ten铆a inter茅s en las mujeres, pero s铆
era un fan谩tico de los tesoros. Todo lo bello y delicado lo apreciaba
profundamente. Tomar el anillo significaba que el cuerpo de aquella belleza
incomparable se convertir铆a en polvo. No quer铆a hacerlo. No pod铆a.
—Solo le advierto al anciano —dijo Xiao
Lan—: si no quiere tomarlo, d茅jelo donde est谩.
Kong Kong Miaoshou mostr贸 una expresi贸n
de angustia. Camin贸 en c铆rculos con las manos a la espalda. Finalmente, como si
hubiera tomado una decisi贸n, corri贸 hacia la plataforma y extendi贸 la mano para
tomar el anillo… pero se detuvo de golpe. Al final, regres贸 con las manos
vac铆as.
—Parece que el anciano no lo quiere
—dijo Xiao Lan.
—S铆 lo quiero —gru帽贸 Kong Kong Miaoshou—.
Que tu t铆a lo tome. Una vez en sus manos, yo puedo recuperarlo. Pero destruir
la belleza de una mujer… eso no lo har茅.
Xiao Lan asinti贸.
—Muy bien.
—¿Cu谩ndo piensas decirle a la t铆a
Fantasma d贸nde est谩 esta tumba? —pregunt贸 Kong Kong Miaoshou.
—Dentro de tres d铆as.
—Black Spider no va a esperar tres d铆as
—dijo Kong Kong Miaoshou.
Xiao Lan frunci贸 el ce帽o.
—¿Qu茅 quiere decir el anciano?
Kong Kong Miaoshou se inclin贸 y le
susurr贸 unas palabras al o铆do.
—¿De verdad cree que despu茅s de tantos
a帽os nadie ha descubierto lo que ha hecho en secreto? —pregunt贸 Xiao Lan.
—O quiz谩 sabe que ya no tiene salida, y
por eso se arriesgar谩 a contraatacar —respondi贸 Kong Kong Miaoshou—. Si pierde,
solo muere. Si gana, lo obtiene todo. Ten cuidado. Ese tipo de personas pelea a
muerte.
Xiao Lan asinti贸.
—Lo s茅.
Cuando sali贸 de la tumba, el cielo ya
estaba completamente oscuro. Camin贸 fuera del Gran Sal贸n del Loto Rojo y salt贸
hacia una colina alta.
Las estrellas titilaban en el horizonte.
En la hierba alta y exuberante, busc贸 con paciencia, arrancando tallos fuertes
uno tras otro, hasta reunir un buen pu帽ado.
La brisa del verano le rozaba el rostro,
agradable. Xiao Lan se sent贸 apoyado en un 谩rbol y empez贸 a torcer los tallos
entre los dedos, sin que nadie supiera qu茅 estaba haciendo. Los disc铆pulos que
patrullaban la tumba lo vieron desde lejos, pero no se atrevieron a acercarse.
Las nubes se reunieron lentamente en el
cielo, cubriendo la luna. Las estrellas brillaron a煤n m谩s, y la V铆a L谩ctea
cruz贸 el firmamento, pura y resplandeciente.
Xiao Lan sonri贸 al ver el peque帽o
saltamontes que hab铆a tejido: verde brillante, puntiagudo en ambos extremos,
con un tenue aroma a hierba fresca.
Lo apret贸 en la palma, se levant贸 y
regres贸 al Gran Sal贸n del Loto Rojo. Tom贸 una cajita y lo guard贸 dentro.
Kong Kong Miaoshou, con medio bollo
colgando de la boca, pregunt贸:
—¿Qu茅 est谩s haciendo?
—Artesan铆a —respondi贸 Xiao Lan.
Kong Kong Miaoshou qued贸 sin palabras.
Xiao Lan no pensaba explicarle. Solo le
dijo que descansara temprano y se llev贸 la caja a su habitaci贸n.
Quer铆a preparar algunas cositas para Lu
Zhui. No hab铆a un motivo especial. Solo quer铆a darle algo cuando se
reencontraran. Aunque fuera solo para verlo sonre铆r, val铆a la pena.
En la Tumba Mingyue hab铆a monta帽as de
tesoros, pero todos pertenec铆an a la familia Lu; no ten铆an nada que ver con 茅l.
Y aunque se los regalara, quiz谩 Lu Zhui no los apreciar铆a.
Visto as铆, realmente era un joven
maestro de familia noble y elegante… acompa帽ado por alguien pobre, sin nada, y
con una memoria no muy confiable.
Xiao Lan solt贸 una risita. Su mirada se
volvi贸 suave. Se recost贸 sobre el brazo y sigui贸 mirando el techo, perdido en
sus pensamientos.
Mientras tanto, en la Mansi贸n del Sol y la
Luna, Lu Zhui dec铆a:
—Contin煤a.
—Ya lo cont茅 todo —se lament贸 Ahun.
—No lo contaste todo.
Ahun tuvo que exprimir la memoria y
a帽adir un par de an茅cdotas exageradas sobre lo que Xiao Lan hab铆a hecho en la
tumba.
Se sent铆a miserable. Hab铆a viajado d铆a y
noche hasta la pr贸spera Ciudad Qianye, solo hab铆a comido un plato de dimsum y
un taz贸n de fideos, y enseguida Lu Zhui lo arrastr贸 hasta all铆 para hablar del
joven maestro Xiao durante dos horas. Cuando ya no ten铆a nada m谩s que decir,
empez贸 a describir las comidas diarias: fideos por la ma帽ana, arroz por la
noche, y todos los platos que acompa帽aban… y aun as铆 pod铆a hablar medio d铆a.
—Tofu fermentado con gachas, y tres
bollos —dijo Ahun.
Lu Zhui escuchaba con inter茅s.
Ahun ten铆a la boca seca, casi deseando
morir.
—¿Solo eso? —pregunt贸 Lu Zhui.
Ahun asinti贸 r谩pidamente.
—S铆, s铆, s铆.
Lu Zhui apoy贸 la mejilla en una mano y
lo mir贸.
Ahun estuvo a punto de llorar.
«¡De verdad no hay m谩s!»
—Bueno…
«Hay una cosa m谩s, pero no puedo
decirla.»
Lu Zhui sonri贸 apenas.
—Aj谩.
El vello de la nuca de Ahun se eriz贸. Al
final, tuvo que decir:
—La t铆a… busc贸 muchas… muchas muchachas
bonitas. Todas las instal贸 en el Gran Sal贸n del Loto Rojo.
«El joven maestro Lu es demasiado
aterrador. No decirlo no era opci贸n.»
—Muchas… —repiti贸 Lu Zhui.
—Unas… diez y tantas… —balbuce贸 Ahun.
Los ojos de Lu Zhui se curvaron, como
una peque帽a luna creciente.
—Oh.
Mensaje de Jin:
Recuerda dejar tu comentario si te ha gustado el cap铆tulo 馃挅.


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