Capítulo
77: ¿Nos escondemos y nos besamos en secreto?
Lin
Yan se lanzó a los brazos de Qi Zhen, acurrucándose como un pajarito.
—¡Ziji
gege! Dijiste que ibas a jugar conmigo, ¿cómo puedes romper tu palabra?
¿Estás abusando de… ¡mmf!
Qi
Zhen lo abrazó y le tapó la boca de inmediato, antes de que soltara otra de
esas frases escandalosas e incomprensibles como las del desayuno.
Era
más resistente que antes, sí, pero seguía sin ser rival para el Lin Yan
“despierto”. Mejor prevenir.
Los
generales se miraron entre sí.
Habían
escuchado que el Príncipe Regente y el joven Emperador eran cercanos, pero no
imaginaban que “tan cercanos”. Afuera se decía que el regente era un demonio
viviente y este pequeño tonto no solo no le tenía miedo, sino que se metía en
su abrazo como si fuera su refugio.
Y
eso no era lo sorprendente.
Lo
sorprendente era que el regente lo abrazara, con una sonrisa entre resignada y
cariñosa, sin una sola palabra dura. Ni regaños, ni reprimendas.
Qi
Zhen se levantó.
—Este
príncipe se disculpa.
Y
arrastró al joven Emperador fuera del salón.
Lin
Yan pensó que Qi Zhen lo regañaría, pero en cuanto estuvieron solos, Qi Zhen
preguntó:
—¿Por
qué viniste? ¿Ya me extrañabas?
—Dicen
que los hombres serios son los más guapos. Vine a comprobar qué tan guapo eras.
—¿Y
lo soy?
—Tan
guapo que ya no sé dónde queda el norte.
Qi
Zhen no pudo contener la risa.
Lin
Yan guardó silencio dos segundos.
—¿Ya
es seguro? ¿Vas a irte?
Qi
Zhen se irguió, serio.
—Debo
ir. La defensa de la frontera necesita reconstruirse. La traición del Príncipe
Heng también ha revelado fallas en nuestro sistema militar; hay que reformarlo.
Lin
Yan frunció el ceño.
—Pero
aún estás herido.
—No
parto mañana. La vanguardia sale mañana. Yo me quedaré con el ejército para
discutir las nuevas reformas y luego partiré con el resto de las tropas.
—Si
no vas a estar en la capital… ¿quieres que prepare de antemano el edicto de
abdicación? Así evitamos que a la gente de la corte imperial le entren ideas
equivocadas —sugirió Lin Yan.
—No
hace falta apresurarse. Además de que la sucesión es compleja, si tú dejas el
trono mientras yo no estoy en la capital, habrá rufianes que intenten buscarte
problemas. Tu identidad aún sirve para mantenerlos a raya.
Al
mencionar “identidad”, la cara de Lin Yan se desplomó.
—Aquí
solo soy el Emperador. Tu puesto de consorte lo ocupa Song Ming. Qi Zhen, me he
dado cuenta de que estando contigo, ¡tú sales ganando! Yo solo te tengo a ti,
¡pero tú tienes tres esposas!
Qi
Zhen sonrió.
—¿Y
qué hacemos entonces?
Lin
Yan murmuró:
—Si
pudiera usar mi propio cuerpo, podríamos… ya sabes… un par de veces más.
Qi
Zhen besó sus labios húmedos.
—No
importa qué cuerpo uses. Mientras seas tú, es suficiente. En cuanto a Song
Ming… cuando termine la guerra, lo despediré y te recibiré a ti en mi casa.
Lin
Yan pensó en esa escena y no pudo evitar reírse.
Qi
Zhen se casó con tres esposas, todas eran hombres. ¿No se asustarían hasta
morir si se enteraran?
Al
llegar la noche, Lin Yan pensó en algo importante…
Descendencia.
Si
Qi Zhen hereda el trono, la descendencia es un asunto importante.
Lin
Yan le preguntó a Qi Zhen qué planeaba hacer.
Qi
Zhen levantó una ceja.
—¿Estás
dispuesto a tener hijos?
Lin
Yan puso los ojos en blanco y dijo:
—¿Solo
porque yo lo quiera, ya está bien?
Qi
Zhen dejó el pincel.
—Aún
falta mucho para eso. Si me lo dices ahora, voy a pensar que planeas darme un
hijo a escondidas y, cuando yo regrese, encontrarme al niño ya nacido para
darme un susto.
—Tu
sueño es bastante bueno.
Qi
Zhen se echó a reír.
—¿Por
qué de repente dices esto?
Lin
Yan se quedó en silencio de inmediato, sus orejas se sonrojaron ligeramente.
—Qi
Zhen, me gustas, solo tú. Así que, también quiero que solo me quieras a mí, que
no haya nadie más.
Lin
Yan sabía que aquí era la antigüedad.
Qi
Zhen es un noble de la familia imperial, y en el futuro heredará el trono.
«Tres palacios y seis patios, esposas encantadoras y
concubinas hermosas.»
[1]
—Te
lo prometo —Qi Zhen dijo con seriedad.
Lin
Yan no podía creerlo: ¡¿…?!
«¿Lo
promete así de fácil? ¿Tan sencillo?»
—En
realidad, también pensaba así, solo quiero estar contigo —Qi Zhen sonrió
levemente— Te lo prometo, siempre estarás conmigo, ¿de acuerdo?
—¡Está
bien! —Lin Yan aceptó sin pensarlo.
Sentía
el corazón y la boca tan dulces como si hubiera comido un gran bocado de miel.
Qi
Zhen miró a la persona frente a él, viendo cómo una sonrisa radiante iluminaba
su rostro, brillante como la luz y su corazón se volvía increíblemente suave.
Acaban
de enamorarse, es el momento de la pasión, pero el cuerpo de Lin Yan…
—Quiero
un beso…
—Solo
un beso…
—Está
bien.
***
A
medida que se acerca el día de la expedición, Qi Zhen estaba cada vez más
ocupado.
Elaborar
políticas, reclutar tropas, había demasiadas cosas que hacer.
Lin
Yan también se encontró un trabajo. En la academia, enseñaba a los niños a
reconocer caracteres. Su academia era realmente muy popular, casi todos los
niños de la capital iban a estudiar y aprender a leer y escribir.
Hay
más niños, pero no suficientes profesores.
Lin
Yan fue simplemente para completar la cuenta.
La
academia tiene clases de medio día, y las clases no empiezan temprano. Cuando
Lin Yan se levantó, Qi Zhen ya había ido a la reunión. Él simplemente se subía
al carruaje del palacio para ir al trabajo. Cuando llegue el mediodía, Qi Zhen
vendrá a recogerlo para que regresen a casa a almorzar.
Aquellos
días apenas duraron diez jornadas antes de que Qi Zhen tuviera que partir a la
guerra.
Antes
de la expedición, Qi Zhen comió con ganas. El sentimiento de renuencia de Lin
Yan alcanzó su punto máximo, se aferró a él y durmió toda la noche, y al día
siguiente Qi Zhen lo despertó.
Los
dos eran increíblemente absurdos.
Lin
Yan no podía levantarse.
Qi
Zhen no quería que él lo acompañe.
Lin
Yan lo le hizo caso. Después de todo, están en la etapa de enamoramiento, con
una química tan intensa que parece que están pegados, y ya tenían que separarse.
¿Cómo podría despedirse?
Él
se esforzó por levantarse y acompañó a Qi Zhen hasta la puerta.
«Cuanto
más me acerco a la puerta, más me duele el corazón.»
Lin
Yan murmuraba:
—Mi
esposo es tan apuesto, salir a la guerra así, no me da ninguna tranquilidad. Si
es que alguna princesa, condesa, príncipe o duque del país enemigo se fija en
él, ¡me volveré loco!
Qi
Zhen no sabía si aquel hombre iba a llegar a desesperarlo… lo que sí sabía es
que, en ese momento, lo estaba matando de ternura.
«No
quiero irme, no quiero irme en absoluto.»
Él
pensó, si Lin Yan dijera una palabra, una palabra, “no te vayas”, tal vez
realmente se quedaría impulsivamente.
Pero
Lin Yan no dirá nada.
Él
no será la cadena de Qi Zhen, ni su carga.
Su
mayor capricho es que, bajo la mirada de todos, aferrándose con renuencia a la
muñeca de Qi Zhen, le pregunta:
—¿Podemos
retrasarnos un momento y escondernos para besarnos en secreto?
Nota de la traductora:
1.
Tres
palacios y seis patios, esposas encantadoras y concubinas hermosas: Fórmula fija para describir el harén
imperial, evocando abundancia y jerarquía. “Esposa encantadora y concubinas
hermosas”, una imagen típica de prosperidad masculina en la literatura
clásica.

Comentarios
Publicar un comentario
Deja tu opinión ❤️