Capítulo
174: Noche de tormenta de nieve.
Durmiendo
juntos.
Al ver que el recién llegado era solo un
joven erudito, la expresión feroz de aquellos hombres se relajó un poco. Uno de
ellos preguntó con voz áspera:
—¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
—¿No es esto una posada? —Lu Zhui se
quedó en la puerta—. Quisiera alojarme.
—Hace tiempo que dejó de ser posada —uno
de ellos miró detrás de él—. ¿Vienes solo?
—Con un amigo, está afuera —Lu Zhui
sonrió con disculpa—. Si ya no es posada, entonces he molestado. Me retiro.
—En esta ciudad no hay otra posada donde
quedarse —gritó uno desde atrás.
—¿Cómo que no hay posadas? —Lu Zhui se
detuvo, desconcertado—. Este es el camino obligado hacia el noroeste. Debería
haber muchos comerciantes.
—En el oeste hay guerra. ¿Qué
comerciante se atrevería a pasar? —el hombre lo miró con sospecha—. ¿No lo
sabías?
Al ver que parecía dispuesto a tomar la
espada, Lu Zhui asintió rápido:
—Por supuesto que lo sé. Viajo al oeste
para unirme al campamento del ejército del Gran Chu. Voy a buscar a mi hermano.
—Todas las posadas de la ciudad
cerraron. Quédate aquí esta noche —otro señaló las escaleras—. Arriba hay
habitaciones vacías, pero tendrás que limpiarlas tú mismo.
Lu Zhui miró las hachas y espadas
brillando bajo la luz. Dudó un instante.
—Esto no es una guarida de bandidos
—gruñó uno—. No tenemos tiempo para molestarte. Si no te atreves a quedarte,
vete y no estorbes.
—¡Me quedo, me quedo! —Lu Zhui juntó las
manos con una sonrisa—. Gracias, hermanos. Iré a llamar a mi amigo.
Los hombres volvieron a sentarse. Cuando
él salió, uno comentó:
—Este erudito tiene agallas.
—Con la ventisca que viene, si no entra,
se congela ahí afuera —otro bufó—. Y aunque fuéramos una guarida de bandidos,
¿qué podríamos sacarle a un pobre erudito?
—Con esta tormenta, la ciudad por fin
estará tranquila unos días —suspiró uno.
Los demás callaron. En el enorme salón
vacío solo se oía el chisporroteo del carbón en el brasero y el viento aullando
como un fantasma tras las ventanas.
***
—¿Qué tal? —preguntó Xiao Lan, esperando
afuera.
—Parece que los habitantes de esta
ciudad realmente tienen problemas —dijo Lu Zhui—. Dentro hay unos diecisiete o
dieciocho hombres armados. Si no me equivoco, son aldeanos organizados por su
cuenta. Será mejor quedarnos y observar.
Xiao Lan asintió. Llevó el caballo al
cobertizo del patio trasero, le puso heno y agua, y luego entró con él a la
posada. Los hombres seguían alrededor del brasero; al verlos subir, apenas
levantaron los párpados y señalaron las escaleras sin decir nada más.
La escalera crujía. Una gruesa capa de
polvo cubría los peldaños. Al abrir la puerta de la habitación, encontraron un
desastre: el dosel de la cama caído, muebles rotos, aceite de lámpara lleno de
insectos.
—Ve a esperar junto a la escalera —dijo
Xiao Lan—. Yo limpiaré esto primero.
Lu Zhui miró alrededor.
—Voy a traer un brasero.
—Esos hombres no parecen tener buen
carácter —Xiao Lan le pasó la escoba—. Mejor voy yo.
Lu Zhui negó.
—No vamos a pelear. Para pedir cosas, yo
soy más adecuado.
Xiao Lan arqueó una ceja.
—¿Porque tienes la lengua afilada?
—Esa es una razón. La otra es que al
menos parezco amable y educado —Lu Zhui le dio un golpecito en el pecho—. En
cambio tú, cuando te pones serio, pareces un bandido recién bajado de la
montaña.
En un rincón del salón había un montón
de carbón y siete u ocho braseros vacíos. Lu Zhui bajó las escaleras de
puntillas, señaló el carbón y preguntó con cautela:
—¿Podría… comprar un poco? —y añadió,
temblando a propósito—. Arriba hace un frío terrible.
Los hombres apenas movieron la mano, sin
ganas de hablar con él. Lu Zhui agradeció de inmediato, llenó un cuenco de
metal con carbón y subió. Luego volvió a bajar y dejó unas monedas de cobre
sobre la mesa.
—El dinero del alojamiento.
Silencio absoluto. Nadie lo miró
siquiera. Lu Zhui soltó dos risitas incómodas y subió corriendo.
Xiao Lan comentó:
—Claramente no quieren hablar contigo,
pero tú insistes una y otra vez. Así te van a golpear algún día.
—Si nos hacemos familiares, mañana será
más fácil averiguar qué ocurre —Lu Zhui encendió el brasero. La habitación por
fin empezó a calentarse.
Al cabo de un rato, afuera comenzó a
caer una nevada espesa, copos grandes como plumas de ganso. En poco tiempo, la
calle quedó cubierta por una capa gruesa. Xiao Lan tiró todas las mantas rotas
y el dosel destrozado a la habitación de al lado, sacó de su fardo un abrigo de
piel y ropa acolchada, y preparó una cama decente. Lu Zhui, por su parte,
limpió mesa, sillas y taburetes con esmero, luego bajó a la cocina a hervir
agua y lavar el juego de té. Entre los dos trabajaron casi una hora hasta que
la habitación, antes ruinosa, quedó presentable.
—Debes estar agotado —Xiao Lan le ofreció
una taza de té caliente—. Siéntate un rato. Voy a comprar algo de comer.
—Conformémonos con un par de pasteles de
sésamo —Lu Zhui lo detuvo—. Ya los molestamos una vez al pedir alojamiento,
otra al pedir carbón, y luego con el ruido en la cocina. Si vas ahora, de
verdad nos echan a la calle.
—En la tarde estabas diciendo que tenías
hambre. Pensé que al llegar a la ciudad podríamos comer algo bueno —Xiao Lan
negó con la cabeza—. ¿Quién iba a imaginar algo tan desolado?
—¿Qué crees que pasó en esta ciudad?
—preguntó Lu Zhui.
—Por cómo todo el mundo está en vilo
—dijo Xiao Lan, tostando el pastel en el fuego hasta dejarlo crujiente—, sea
persona o fantasma, lo que sea que ronda esta ciudad no es poca cosa. Tocará
pasar la noche aquí, es un poco incómodo.
—Mientras no pasemos hambre, no es incómodo
—Lu Zhui apoyó la cabeza en una mano, escuchando el viento aullar afuera—. Esta
es nuestra primera nevada.
—Una lástima —Xiao Lan le pasó el pastel
caliente—. La primera nevada debería verse desde una habitación cómoda y
cálida, los dos de pie junto a la ventana, mirando la nieve cubrir los tejados
negros, con un guiso de cordero hirviendo en la mesa y un buen vino añejo. Así,
tan desolados como ahora, ¿quién puede apreciar el paisaje? Solo podemos
fallarle a la nieve que cae afuera.
—Suena bastante poético —Lu Zhui
chasqueó la lengua—. Nada mal, hermano Xiao. Has mejorado.
—Lo aprendí de ti —sonrió Xiao Lan—.
Para ver la nieve, hay que calentar el vino; para ver la lluvia, hay que mirar
las flores.
Lu Zhui siguió el juego:
—Y los pasteles de sésamo se acompañan
con té claro.
Xiao Lan asintió, y con naturalidad le
quitó una semilla de sésamo de la comisura de los labios.
—El joven maestro Lu habla con razón.
El roce cálido lo estremeció. Lu Zhui lo
miró, sintiendo un temblor suave en el pecho.
«Este sabor ácido y dulce… demasiado
familiar. Como si ya hubiera pasado muchas veces.»
—¿Qué ocurre? —preguntó Xiao Lan.
—Nada —Lu Zhui sostuvo la taza con ambas
manos, mirando el techo—. Estoy cansado.
—Hay agua caliente en la jarra. Lávate y
duerme temprano —dijo Xiao Lan—. Mañana no hay prisa. Puedes dormir hasta
tarde.
—Oye… solo hay una cama —comentó Lu Zhui
con tono casual, tan casual que era obvio que no lo era.
—Tú duerme tranquilo. Yo me arreglo en
la mesa —respondió Xiao Lan.
—¿Cómo va a ser eso? —Lu Zhui sonrió con
amabilidad sospechosa.
—¿Y por qué no? —preguntó Xiao Lan.
—Vamos a quedarnos aquí cuatro o cinco
días. ¿Vas a dormir en la mesa todas las noches? —Lu Zhui sugirió con falsa
inocencia—. Podemos turnarnos. Un día cada uno.
—También puede ser —dijo Xiao Lan.
Lu Zhui: “…”
«¿También puede ser? ¿Así de fácil?»
Xiao Lan le preparó el agua caliente,
sacó sal fina del fardo, lo atendió con una dedicación casi exagerada. Solo le
faltó escurrirle la toalla y ofrecérsela con ambas manos.
Con semejante seriedad, Lu Zhui no pudo
decir nada. Se lavó la cara, se sentó en la cama y empezó a pensar cómo, sin
quedar en evidencia, lograr que ese hombre terminara dentro de la manta.
La cama no era grande, pero tampoco
pequeña. Dos personas cabían perfectamente. ¿Para qué dormir en la mesa?
Lu Zhui carraspeó.
—Digo yo, hermano Xiao…
—¿Mm? —Xiao Lan estaba enjuagándose la
boca.
—Dormir en la mesa te va a resfriar
—explicó Lu Zhui con paciencia—. Hace frío.
—Por eso te dije que durmieras tranquilo
en la cama, sin preocuparte por mí —respondió Xiao Lan—. En campaña he dormido
hasta en agujeros de nieve. Estoy acostumbrado.
«¿Pero este hombre tiene remedio o no?»
Lu Zhui se metió bajo la manta y tosió
con dramatismo, casi expulsando los pulmones.
Xiao Lan se asustó de inmediato. Se
sentó a su lado y le tocó la frente.
—¿Te resfriaste?
—Parece que sí —respondió Lu Zhui con
gravedad solemne.
Xiao Lan sacó medicina del fardo.
—Tómala.
Bajo su mirada insistente, Lu Zhui abrió
la boca y tragó la pastilla amarga.
«¡Qué pérdida!»
Xiao Lan acercó el brasero a la cama.
«¡Eso! ¡Justo esto estaba esperando!»
Lu Zhui se movió hacia adentro de la
cama.
—Sube.
Xiao Lan parpadeó.
—¿Qué?
—La mesa está muy fría. Podemos
apretarnos un poco —Lu Zhui levantó una esquina de la manta, invitándolo.
Xiao Lan sonrió.
—¿Y si duermo inquieto?
«Sí, claro. En Feiliu también dijiste
eso. Me pasé media noche esperando y no pasó nada.»
Recordarlo le despertó un resentimiento
inexplicable. Se dio la vuelta, dándole la espalda.
Un momento después, el colchón se
hundió. Xiao Lan se metió en la cama.
La habitación quedó en silencio. Con la
nieve cayendo afuera, el brasero encendido y la cama caliente, era el escenario
perfecto para dormir. Pero ninguno de los dos tenía sueño.
Pasó un instante.
—¿Sigues con frío? —preguntó Xiao Lan.
—Sí —respondió Lu Zhui.
—Entonces… ¿quieres que te abrace?
—propuso Xiao Lan.
Lu Zhui sintió que un trueno le
explotaba en la oreja.
«Hermano ¿Qué has dicho?»
Xiao Lan lo rodeó con un brazo y lo
atrajo hacia su pecho.
—Así estarás más cálido.
Lu Zhui respiró hondo, intentando que su
voz sonara tranquila.
—Es cierto.
—Duerme —susurró Xiao Lan junto a su
oído, con un tono suave.
Lu Zhui se quedó rígido, el corazón
golpeando como un tambor.
—Mn.
Xiao Lan sonrió y lo abrazó un poco más
fuerte.
Lu Zhui tanteó su mano y la sostuvo.
Algo en esa escena le resultaba familiar, como si hubieran compartido muchas
noches así, cálidas y cercanas. Pero luego recordó que llevaba todo el viaje
fantaseando con él, que había tenido sueños románticos casi cada noche.
«Quizá esta sensación de “ya vivido” no
era más que mi imaginación desbordada.»
Mensaje de Jin:
Recuerda dejar tu comentario si te ha gustado el capítulo 💖.


Comentarios
Publicar un comentario
Deja tu opinión ❤️